octubre 17, 2014

Soy mala persona

- Yo iba mucho academio espaniol. Pero dejo de ir porrque yo no necesita.

- ¡Claro que no! ¡Si hablas español mejor que yo mismo!
Este fragmento de conversación escuchado en el gimnasio ha bastado para sacar a la luz la bestia que llevo en mi interior. Una de ellas, al menos. Concretamente, la Marica Mala que hay en mí. 

Antes de continuar, tal vez convenga que el amable lector repase mi sistema taxonómico de gimnasio. Facilitará la comprensión del texto que viene a continuación.




La conversación que reproduzco al comienzo de la entrada tuvo lugar esta tarde entre La Follavanessos y Vishnú. Vishnú es un morenazo de tipo lagartijo tirando a ladrillo (podarcis pectoralia) con cuerpo de dios y muchísimos brazos, de ahí su apodo, mientras que La Follavanessos es una muchacha con cara de llamarse Irina o Miroslava. Ambos pelaban la pava junto a las máquinas como si su conversación tuviera algún tipo de finalidad, noción absurda donde las haya dado que desde el primer momento estaba cantado que ambos acabarán copulando, de forma inevitable, al margen de cualquier cosa que digan o hagan. A mí me encantaría trincarme a Vishnú, y por tanto mi Marica Mala interior me inundó al momento de oleadas de envidia desaforada.

Y es que mi Marica Mala interior odia a la Follavanessos con todas sus fuerzas. La Follavanessos es la clase de chica que va al gimnasio a levantar pequeñas pesas, a hacer ejercicios de glúteos y, fundamentalmente, a dejarse ver por los hombres. Su historial es intachable:

Primero estuvo saliendo una temporada con Empotrador. El Empotrador es una montaña (mostrenco giganticus) de mirada turbia y cabello empezando a encanecer que hace que todas las maricas del gimnasio -y somos muchas, no todas ellas en las duchas- mojemos nuestros aussiebums, y no por estar haciendo cardio precisamente: se trata de la clase de hombre que todos quisiéramos que nos desnucara a pollazo limpio contra una pared durante el descanso del partido de fútbol. Pero fue la Follavanessos la empotrada, hay que asumirlo.

Tras dejar a Empotrador la Follavanessos empezó a ser vista con el Eslavón Perdido. El Eslavón Perdido es un mullido-pornstar (merendabilis croatia) con cuerpo de cromañón y pasaporte de la antigua Yugoslavia que levanta mancuernas como quien manda un WhatsApp. Durante el tiempo que la Follavanessos y el Eslavón Perdido estuvieron juntos, él perdió un par de arrobas, que yo achaco a la erosión sexual. Paciencia.

Después la Follavanessos centró su atención en Mili, o tal vez fuera Pili. Pili y Mili son dos mellizos idénticos de subgénero cachorro en transición a atlético (gymnastica sportii puber), que aún siguen siendo guapísimos de cara a pesar de dedicarse al boxeo. No solo eso, sino que además deben conservar alguna que otra neurona. Durante el tiempo que estuvieron juntos, Mili no dejaba a la Follavanessos a solas pues, conociendo su historial, tal vez veía inevitable que ella acabara pegándosela con otra masa de músculos. Él se sentaba al lado de ella con cara de perro pastor enfadado mientras la muchacha tensaba los glúteos y tonificaba los pechotes. Y luego la esperaba a la salida del vestuario para llevarla a casa y, evidentemente, follarla con fruición. Grrr.


Su vigilancia no le sirvió de mucho. La Follavanessos es muy de volar libre y a las pocas semanas estaba muy acaramelada con un especímen del género musculoca, que no me dio tiempo a catalogar con un mote porque el verano descoloca todos los horarios y no lo he vuelto a ver. Pero es de esperar que ella lo disfrutaría con entusiasmo. Zorra suertuda...

Y así llegamos hasta la escena de hoy entre ella y Vishnú. Posiblemente a estas horas estén fornicando ya. ¡Qué puñetera envidia!

La criaturita está pasando de mano en mano por todo el grupo de Vanessos de mi gimnasio, como una pelota de rugby (o más bien como un buen par de balones), y ella tan contenta. Es imaginármela con todos esos tipos, siendo bombeada en oleadas de testosterona y analfabetismo, y preguntarme, ¿qué tiene ella que yo no?



Fácil: juventud, belleza, cierto descaro y tetas, muchas tetas. 

No se puede competir contra las tetas.


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