junio 24, 2016

Vidas Ejemplares de Políticos IX y de Santos (y Santas) VI

En estos momentos tan especiales y bonitos que estamos viviendo, es más apropiado que nunca que juntemos en una sola columna nuestra serie sobre Vidas Ejemplares de Políticos y nuestro Rincón de Hagiógrafo para hablar de 

Don Sísifo José de Pedralbes y Sopeña-Bífidus, Santo Patrón de los Ministros y Subsecretarios de Estado

Don Sísifo José, a diferencia de otros muchos notables de su Partido, no entró en política para forrarse, sino por puro y simple mandato divino.  

Lo tuvo muy claro desde pequeñito. En vez de jugar al fútbol en los recreos con sus compañeros de clase, el joven Sísisfo José se pasaba los ratos libres hablando con las voces ultraterrenas que sólo él era capaz de oír. Todas las tardes después de la merienda solía recibir visitas divinas, ya fueran del mismísimo Dios persona o, si Éste tenía algún problema de agenda, de algún sustituto apropiado, ya fuere de un ángel, querubín, serafín, potestad, principado o algún otro estamento de la jerarquía celeste. Sus padres estaban encantados, porque veían a su hijo crecer feliz y acompañado de presencias invisibles, con lo que se ahorraban un dineral en invitaciones a fiestas de cumpleaños y otras absurdas celebraciones sociales de compromiso.

Don Sísifo José crecía en sabiduría, en estatura y en Gracia para con Dios y los hombres, aunque más para con el primero que para con los últimos, y más para con éstos que para con las mujeres, que no se acercaban a él ni para tocarle con un palo. Tampoco es que él lo quisiera, siendo como era uña y carne con la Santísima Virgen, con quien tomaba café todas las mañanas después del Ángelus. Cabría haber esperado que un muchacho tan bien relacionado con las altas esferas celestiales se hubiese metido a cura, pero no: para sorpresa de todos, Sísifo José se metió en política. 

Fue el propio Dios quien se lo ordenó, una cálida mañana de enero: "Sísifo, cariño, te he elegido para que seas Faro de la Fe y Luz de los Pueblos, siempre y cuando esos Pueblos sean gente de bien, no moros ni rojos ni feministas ni perroflautas ni independentistas ni mierdas de esas. A esos, porrazo limpio y que aprendan lo que es bueno". 

"Qué ilusión", oró internamente el joven Sísifo mientras tiraba de la cadena (porque Dios, cuando se aparece, no se anda con miramientos ni se para a preguntar a su interlocutor si le pilla en buen momento o si prefiere que llame un poco más tarde), "¿voy a ser Papa?".   

"No", le respondió telepáticamente el Altísimo, "¿con esa pinta de besugo hervido que tienes? Estás tonto. Tú vas a ser algo mucho mejor que Sumo Pontífice, chaval: te voy a hacer Ministro"

Al día siguiente Sísifo José se presentó en la sede del partido y le dijo al conserje: "Hola, buenas, vengo porque unas voces me han dicho que me presente para lo de ministro". Aquello impresionó al conserje, porque era lo más sensato que había oído en ese lugar durante los últimos treinta años, así que, previendo que ese muchacho iba a llegar muy lejos, le abrió las puertas de la sede, le dio un recogedor y una escoba, y le dijo que lo dejara todo bien limpio para la mañana siguiente.

Comenzó así una de las carreras políticas más meteóricas que jamás se hayan visto. Don Sísifo José reunía en su persona todas las cualidades que definen a un gran hombre de estado: un completo alejamiento de la realidad, unas férreas convicciones (que le dictaba punto por punto su confesor) y la asombrosa capacidad de no estar nunca equivocado ya que, si alguna vez se le achacaba algún error, siempre podía echarle las culpas a algún ángel que no le hubiera transmitido bien los designios divinos.


Y tal como estaba escrito, don Sísifo José llegó a Ministro. Tuvo la sabiduría de rodearse de un Gabinete de personas preparadísimas para ayudarle en su gestión: en concreto, a la Primera Persona (o Hipóstasis) de la Santísima Trinidad la nombró Viceministra, a la Segunda Persona, Secretaria de Estado, a la Tercera Persona (también conocida como Paloma) la nombró Subsecretaria y a la Virgen la nombró Portavoz e imagen pública de los asuntos ministeriales. Las ruedas de prensa fueron sustituidas por Apariciones, las publicaciones en el BOE se incorporaron como versículos adicionales al Credo Niceno y el proceso de acceso al funcionariado por oposciones públicas fue reemplazado por un complicado pero elegante sistema de cónclaves y fumatas blancas o negras la mar de resultón. Algunas de las medidas más notorias de su mandato fueron la declaración de una Santa Cruzada contra los refugiados sirios, la ilegalización de los pechos femeninos y la concesión del título de Campeón de la Liga de Fútbol a Santo Tomás de Aquino. Ninguna de estas medidas resultó ser ni siquiera ligeramente controvertida, ya que toda discrepancia había sido declarada Contraria a la Fe y objeto de persecución por el tribunal de la Santa Inquisición, restituido a sus plenas funciones y poderes por el mismísimo Dios Nuestro Señor a través de su siervo, don Sísifo José de Pedralbes y Sopeña-Bífidus, Ministro de España por la gracia del Ídem. 

En un acto milagroso propio de él, don Sísifo José fue canonizado en vida, durante su mandato como Ministro en Funciones en uno de aquellos periodos tontos entre elecciones generales propios de la época, o al menos eso es lo que a él le dijeron al oído Las Voces.

Larga vida a San Sísifo José, santo patrón de los ministros, amén Jesús.



LinkWithin

Blog Widget by LinkWithin

Adoradores