julio 29, 2015

Tito Sufur

El verano invita a cierto tipo de excesos que no pueden ser nada buenos para la salud, como por ejemplo el de sacar a la calle los carritos con los niños y pasar las horas muertas con ellos de terraza en terraza. En mi calidad de canguro oficioso, esto supone una carga adicional para las sinapsis.

Como ayer: el osezno y un servidor quedamos a tomar algo con la novia del osezno, el marido de la novia del osezno, los hijos del marido de la novia del osezno y los hermanos de los hijos del marido de la novia del osezno. Estos últimos tienen edades comprendidas entre los tres y los seis años. Querían que les contara cuentos.

Los niños de hoy en día se las saben todas. Cenicienta les parece una noñez machista y trasnochada, Blancanieves un cuento de explotación enanil y lo de los Tres Cerditos lo consideran una mala metáfora de la burbuja inmobiliaria. Ellos querían que les contara cuentos inventados.

De modo que tuve que recurrir a mis grandes clásicos de la literatura infantil inexistente, como por ejemplo el cuento de la niña que quería ser taxidermista:

"Había una vez, en una Comunidad Autónoma muy, muy lejana, una niña que de mayor quería ser taxidermista. Pero en su ciudad la única universidad donde se podía estudiar Taxidermia era privada,  y la niña no podía pagar las tasas académicas. Por lo tanto, se hizo abogada. Y al final todos fueron felices, menos la niña, sus padres, sus amigos y sus clientes, y comieron tofu."

Otros cuentos que tuve que contarles fueron el de la Vitamina Coja, el de las dos motos que eran compañeras de piso (una de ellas muy ordenada y la otra un desastre en las tareas del hogar), el del Pulpo Orfebre, el de los Pingüinitos Fritos, el de la Salmonelosis Incomprendida y el del Secretario de Estado Honrado. Este último, no se lo creyeron.

Ello a cambio me contaron la espeluznante historia de zombi que comía lobos, me robaron los hielos del mojito, me metieron palillos por los ojos e intentaron pisotearme el occipucio.

Los padres, encantados de poder olvidarse durante un rato de ese drama humano llamado Vacaciones De Los Niños. 

La situación la resume a la perfección el hijo pequeño de otro compañero y sin embargo amigo:
- ¡Sufur es tonto!
Y luego dicen que la juventud de hoy en día no tiene las cosas claras...




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