septiembre 02, 2015

Guía Sufuriana de Estocolmo

Me fastidia que me maten la imaginación: tengo poca, y encima sale cara. Por eso siempre compro guías de viaje que no tengan fotos y nunca me las leo antes de llegar a los sitios que visito. Me gusta que mi primera impresión de un lugar no esté condicionada por ideas preconcebidas. Esto resulta imposible de hacer en lugares universalmente conocidos como Nueva York, París o Albacete, pero es medianamente posible en otros muchos destinos. Me gusta que mi primer paseo por una ciudad nueva sea sin ruta y sin destino fijado. Luego, posteriormente, leo sobre lo que he visto, y ya preparo un plan de visitas para los demás días de estancia en el lugar.

En Estocolmo me funcionó perfectamente. Los paisajes de las películas de Millenium no se me habían quedado precisamente en la memoria (¿por qué será?) y, más allá de comentarios acerca de lo bonita que era la ciudad y de lo hermosa que es la luz allí a finales de verano, no tenía mucha idea de lo que me iba a encontrar.

Cuando uno camina así, sin datos previos, descubre la verdadera historia de la ciudad, la buena, que es por supuesto la que se va inventando uno sobre la marcha. Si a Pío Moa le funciona, ¿por qué no a mí? Surgen así las Guías Sufurianas, que os enseñarán a ver las principales ciudades del mundo con otros ojos. Cuatro, concretamente.

ESTOCOLMO

Cuenta la leyenda escandinava que el poderoso Odín, rey de los aesires y padre de dioses, se casó con la no menos poderosa Frigga, la cual tenía un hermano, Friji, que si bien no era tan poderoso como su cuñado siempre se las apañaba para quedar por encima de él en las cenas familiares, ya fuera contando que se había comprado un coche nuevo, o que había conseguido un nuevo ascenso en la empresa de chinchetas en la que trabajaba, o que él si que sería capaz de arreglar la Economía si fuera presidente. A Odín las interminables cenas del Valhalla se le hacía insufribles por culpa de su cuñado, hasta que un buen día, harto de todo, construyó un grandioso barco, el Vanangutumheim, se hizo a la mar explicando que tenía que salir a por tabaco, y huyó de los salones de Asgard. Al fiordo al que llegó se le llamó desde entonces Stöckholme, de las palabras stöckis, "reposo", y holmegaard, "hijo-de-suegra". Ese es el origen de Estocolmo, según el mito, y eso explicaría por qué los suecos son tan poderosos marinos y por qué nunca visitan a la familia política, si pueden evitarlo.

Estocolmo, ciudad marinera (como las almejas al mismo nombre)

Pilingui de proa, en sueco "mozåbukken"

Toda gran civilización que se precie desciende de piratas, saqueadores y violadores
Un clásico navío para la pesca recreativa de arenques
Los suecos, personas pacíficas a las que no les gustan los intrusos ni molestar a la policía, que bastante ocupada está ya apaleando inmigrantes
Sogas para ahorcar intrusos
Leyendas aparte, hoy se sabe que Estocolmo fue fundada como ciudad bien compacta. Allí suben las tribus, las tribus del señor (dicho sea de paso). Estocolmo se encuentra en la región oriental de la península de Macedonia y limita al norte con el Polo, al sur con el otro Polo (el Sur), al este con un montón de agua y al oeste con Bilbao.

Uno de los puentes que conecta Estocolmo con Sestao

La ciudad se extiende sobre más de una docena de islas, conectadas entre sí por puentes, barcos y caca flotando en el agua. Cuenta con una población de unos dos millones de suecos, salvo en verano, que se van todos a Mallorca: en agosto se calcula que la población total de la ciudad asciende a diecisiete personas, un par de palomas torcaces y un gato que se ha dejado olvidado en casa la señora Sigfriegdottir. La ciudad debe su fama a los arenques, las galletas Oreo y a los paparajotes, que se fabrican aquí para abastecer a Murcia de alimento. También son fuente de riqueza la fábrica de pelucas de la rubia de Abba, el museo de Elvis Presley y las exportaciones de arenques. El clima cálido de los fiordos favorece la proliferación de especies autóctonas tan pintorescas como el cóndor escandinavo, de unos quince centrímetros de envergadura, o el papanatas de cuello rojo, que nidifica en la ciudad durante el curso aprovechando el programa Erasmus.

Una de las tropecientas mil islas
El poderoso Cóndor Escandinavo

El centro histórico de la ciudad se encuentra en la isla de Gamla Stan. Se trata de un islote de forma redondeada y coronado por una pequeña colina, gracias a la cual la isla tiene, vista de lejos, el aspecto de una albóndiga medio hundida en salsa. De ahí el plato insignia de Estocolmo y de ahí también el nombre de la isla, ya que "gamlastån" significa, precisamente "bola sospechosa de carne de dudoso origen". Maravillas de concisión de los lenguajes nórdicos. El trazado de las calles es hermoso y pintoresco, lleno de estrechos callejones que hoy en día sirven para albergar carísimas tiendas de mazapanes, pero que en su momento se diseñaron para que no pudieran entrar los osos salvajes.

Típico callejón con suecos haciéndose los ídem
Callejón no apto para osos
Túnel bajo la calle Güaltrappagatan
En cualquier rincón puede acechar alguien intentando venderte cualquier mierda carísima
Mazapanes que dan calores anales, pero al menos sin gluten
Fachadas antiadherentes a prueba de osos

Gamla Stan alberga tesoros arquitectónicos de belleza señorial, como el grandioso Museo del Arenque, la Iglesia de Nuestra Señora del Pincho y la estatua de San Mostacho Venciendo a la Hipoteca.

The Royal Pickled Herring Museum of Stockholm
Nuestra Señora del Pincho, obra maestra del gótico picudo
Obsérvese el realismo con el que el artista ha reflejado a la Hipoteca

Al norte de Gamla Stan se encuentran los barrios de Ikea y Absolut. El primero de ellos se vertebra en torno a la calle comercial Bråviken, llamada así en honor al conocido lavabo. Los edificios de alrededor, señoriales a la par que modulares, fueron montados en una tarde sin que sobraran más que tres tornillos que se guardan aún en el Museo del Mobiliario.

El famoso Edificio Losjön
Aparcamiento para bicicletas modelo Skönniën
Detalle de la fachada del edificio Enudden. Los relieves presentan una alegoría de la felicidad que se siente al usar una escobilla de baño en perfecto estado de conservación

Plaza Stenstorp
Fachadas modulares de colores, modelo Billy/Oxberg
Teléfono especial para pedir Risketos, modelo Äpplarö
Depósito Municipal de Serpientes. Es como una perrera, pero los escandinavos son raros hasta con las mascotas

El barrio anejo de Absolut, abreviatura de Absolutvødkåpedden, es donde se concentran las zonas de marcha de Estocolmo más de moda. Aquí los estocolminos, o estocolmados (el gentilicio no está claro) se reúnen para beber y practicar su diversión favorita: pensar en la muerte. Morirse es uno de los pasatiempos más populares en Suecia y se calcula que la inmensa mayoría de los suecos que han existido lo han practicado en algún momento de sus vidas (normalmente el último).

Jovenzuelo divirtiéndose a lo loco
Vomitar mientras una amiga te graba para subirlo a Twitter, otro pasatiempo popular
La casa del Acné, destino popular de los adolescentes estocolminos
Alistarse en la Guardia Imperial, otro pasatiempo para jovenzuelos

Cementerio público. Aquí la gente sí que sabe divertirse
"Aquí vomité yo", una frase que aparece mucho en los pavimentos
Volviendo hacia el mar, cosa fácil porque por aquí está en todas las direcciones, volvemos a encontrarnos con fachadas monumentales a la par que elegantes, como la del Instituto del Mondadientes o la sobria Giralda de Estocolmo, construida con motivo del hermanamiento de la capital sueca con Sevilla en 1880: el mejor turrón del mundo.

Instituto del Mondadientes
La famosa Giralda de Estocolmo, donde la Pantoja da sus conciertos en sus frecuentes visitas a Suecia
Casas mahometanas de Estocolmo
Otra vista (porque vistas nos sobran) del Instituto del Mondadientes
Persona deslumbrada por tanta belleza
Continuamos nuestro tour atravesando la plaza Askvoll, pasando junto a la estatua de la zorra harapienta y dando de comer a los patos radioactivos que subsisten en las aguas portuarias; llegamos al pulmón verde de la ciudad, el Parque Åtchiss, fuente de toda alergia. El parque está lleno de murcianos hablando de sus cosas, árboles, bichos y museos, siendo el más importante el Nordiska, o Museo del Edredón Nórdico. Otros museos de gran relevancia que se encuentran en este parque son el Museo de los Cuernos (que recoge una tradición de maridos cornudos que se remonta a la época de los vikingos) y la Galería de Rictus.


La Zorra Harapienta, metáfora de los países del Sur de Europa
Pato superviviente
El Nordiska, considerado por muchos como el museo más relajante y calentito del mundo
No dejen de visitar la Exposición Permanente de Fundas Estampadas
Detalle de la entrada al Museo de la Cornamenta
Cartel señalizador de la ruta para microcéfalos
El Capricho de Gaudí de Comillas, provincia de Estocolmo
"Anciana Molesta con Bicho", obra de Matthias Åvarssön expuesta en la Galería de Rictus
"Monumento al Petimetre", de Siegfrid Mëmø
"Con Faldas y a lo Sueco", otro gran "hit" de la Galería de Rictus
"Thor con Faldita", obra maestra del escultor y taquimecanógrafo Knut Knutson
Un bello ejemplar de papagayo escandinavo, captado en un charco de la islita de Storskit
Más al sur, o al norte si se sostiene el mapa del revés, se encuentra el distrito de Snarkning, que es el más bohemio y artístico de la ciudad. Aquí se veneran los nombres de las grandes estrellas del Séptimo Arte que ha dado Suecia: la inolvidable Greta Garbo, el genial Ingmar Bergman, la pizpireta pero tristemente encasillada Pippi Långstrump (luchó toda su vida por hacerse un nombre en la industria del cine porno, pero sólo la llamaban para interpretar papeles de niña con mono) y el gran Alfred Lånder, que por su estatura poco nórdica tuvo que buscarse la vida emigrando al sur de Europa y acabó triunfando en el cine español con el seudónimo de Alfredo Landa (quiso el cruel destino que le tocara interpretar el papel de galán seductor de turistas suecas, ¡qué paradoja!).

Típica calle empedrada de Skarkning. Aquí intentó suicidarse Greta Garbo antes de escapar del deprimente clima de Suecia
El número 16a de la calle Pingvin. Aquí intentó suicidarse Bergman antes de escapar del deprimente clima de Suecia
Callejón Dryckesgränd. Aquí intentó suicidarse Pippi Långstrump antes de rodar "guarrillas pelirrojas II: ahora con monos"
La célebre Galería del Suicida
Vistas desde la Galería del Suicidio. La gente se molestó bastante porque no me animé a saltar

Estocolmo es famoso además por sus fábricas. Tal vez la más conocida entre la gente culta sea la fábrica donde se hacen los medallones que se entregan en las ceremonias de los Premios Nobel, que son como los premios MTV de la industria del tabaco, pero con menos tetas. La fábrica de medallas Nobel se puede visitar si eres ninja y te cuelas sigilosamente por la noche, o bien disfrazándote de mano de obra barata del Magreb.

El cuarto de baño de caballeros de la fábrica de medallas Nobel. Sobriedad, elegancia y urinarios de talla XXL
Lámpara de pulpo. En Suecia no se conocen las arañas, porque mueren todas de frío
Señor con pinta de estar colocado y señora con cara de loca, representando la realidad sueca durante el mes de febrero
Bufé de arenques, cortesía del ayuntamiento
"Trabaja, esclavo": estatua conmemorativa a la puerta de la fábrica de medallones

Tirando hacia el sur-nordeste, y luego girando a mano izquierda, nos encontramos con el moderno Almacén de Pechos de Silicona:


Un poco más hacia barlovento se expone la regadera con la que intentó suicidarse Agnetha Fältskog, del grupo músico-vocal ABBA:


Muy cerca, en la calle Pysslingar, se encuentra el Byggnadsomminteharnågonlogik (literalmente: "edificio carente de toda lógica"), la única edificación del genial arquitecto y terrorista internacional valenciano Santiago Calatrava en Estocolmo:



Desde apenas siete kilómetros de este punto se divisan unas hermosas vistas del skyline estocolminiano (¿o era estocolmante? Malditos gentilicios):

En estas fotos se puede apreciar perfectamente la influencia de la escuela de arquitectura de Badajoz en las fachadas suecas

Anochece y el paisaje cambia. En estas latitudes nórdicas, la puesta de sol suele estar acompañada por un curioso cambio de color del cielo, que pasa de ser azul o gris a volverse negro. Como adaptación a esta inclemencia medioambiental, los suecos han dotado a sus calles de dispositivos de iluminación llamados farolas. De ahí que el vestido tradicional de las mujeres suecas se denomine "traje de farolaes".

La Plaza de Toros Monumental de Estocolmo, al anochecer. En realidad no se hacen corridas de toros, sino de renos
Otro útil punto desde el que suicidarse
Calle Sofá Landskrona
Bella zagala sueca, con su tradicional traje de farolaes, por artista anónimo y avergonzado

Y según van avanzando las horas, el cielo se oscurece más y más, y ya no es posible hacer fotos decentes sin trípode. Momento ideal para irse a dormir (porque de ligar con suecos olvídate, monada) y cerrar este capítulo de las Guías de Viajes Sufurianas.




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