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marzo 24, 2017

Gestión de conflictos

Mi problema, tal vez, es que nunca he tenido problemas.

No sé bien cómo gestionar las situaciones de conflicto. La vida me ha tratado tan bien que no he tenido muchas oportunidades para aprender.  

No tengo hermanos, así que nunca he tenido con quién pelearme de forma regular. Por supuesto que de niño tuve mis riñas de patio de colegio, como todo el mundo, pero desde entonces todo me ha ido bastante rodado: estoy a cuatrocientos kilómetros de las broncas familiares, en mi entorno laboral inmediato si hay broncas yo nunca las he visto, y he tenido la tremenda suerte de encontrarme con un osezno con el que en diecisiete años solo he tenido un enfado digno de mención, y sólo nos duró unas pocas horas. Con él, la disputa más gorda suele ser a qué cafetería vamos para desayunar por la mañana. La gente me pregunta cuál es el secreto para tener una relación tan duradera en estos tiempos, y siempre respondo que cómo sería posible no tenerla, estando al lado un chollo de persona como es el osezno.  En mi vida solo me he enfrentado a un enemigo, yo mismo, y yo, como rival, la verdad es soy bastante birrioso. 

No es que me queje del asunto. ¡Líbreme el todopoderoso Monstruo Espagueti Volador Gigante! Pero hay una consecuencia de todo esto, y es que casi nunca he tenido que enfrentarme a las consecuencias emocionales del conflicto. No sé bien cómo gestionar mis emociones en situaciones de enfrentamiento. Como muestra, un botón: la última vez que tuve un rifirrafe dialéctico fue en una discusión banal de escalera de vecinos, y dormí mal durante casi una semana. Tras aquella pelea de tres al cuarto con la vecina, un buen amigo me dio un consejo inapreciable:

"No le puedes caer bien a todo el mundo. Acéptalo."

Y creo que más o menos lo he aceptado, intelectualmente al menos, pero aunque ya no me llevo un disgusto personal cada vez que alguien me mira mal, eso no significa que me haya aprendido a manejar mis emociones.

No me estoy refiriendo a la agresividad. Es verdad que en las raras veces en que discuto por algo tiendo a calientarme y perder cierto control, sí, y eso es un problema muy serio. No me siento nada orgulloso de ello y es algo sobre  lo que tengo que trabajar duramente, pero tampoco creo que mi forma de reaccionar sea más virulenta que la de la mayoría de las personas.  Tal vez alce mi voz más de lo debido o diga algo de lo que luego me arrepienta, pero creo que no soy de los de sacar el bate de béisbol y los puños americanos en un arrebato. No, lo que me trae frito hoy es una cosa diferente: el llamado "post-pelea", que me está dando un día un poco horripilante.



La culpa es de las puñeteras Vicisitudes de la Vida: son ellas las que me han colocado en una posición en la que me toca luchar y hacer mías peleas de otros. Esta mañana he tenido una de ellas, con una de las conversaciones de teléfono más absurdas y desagradables que he tenido el disgusto de mantener nunca. Menos mal que la conversación, por llamarla de alguna manera, se vio interrumpida por la llegada de un paquete postal que tenía que bajar a firmar, que si no aún estaríamos agarrados al auricular y la escalada de las hostilidades habría sido de ríete tú de la Guerra de los Cien Años. Pero la cosa no se va a quedar aquí, y preveo que las próximas semanas van a ser interesantes de lo lindo.

Aquí es donde viene mi petición de auxilio: ¿qué hago yo ahora con este disgusto que llevo dentro? ¿Cómo se maneja esto? Esa sensación de ardor que te revuelve las tripas y no te deja reposar, que te acelera el pulso y te lleva una y otra vez a revivir la conversación; a imaginar respuestas mordaces y certeras que jamás llegarán a ser dichas en su momento justo. Esa especie de sentimiento de culpa por atacar y haber sido atacado. Esa sensación de inferioridad, la duda de si el otro habrá tenido la razón o si simplemente es que es mala persona... todo eso que lleva dándome vueltas a la cabeza todo el día, y seguirá haciéndolo sin duda todo el fin de semana, y que me lleva a estar intentando desahogarme en estas líneas en vez de hacer lo que debería hacer, que es concentrarme en mi trabajo y responder al referee de mi artículo, que ya va siendo hora. Con la pequeña tortura adicional de ser consciente de que todo esto en es el fondo por una soplapollez. ¿Qué será cuando tenga que enfrentarme a un conflicto de verdad?

En serio, ¿cómo hacéis, los que tenéis experiencia peleadora? ¿Esto mejora con el tiempo o va a ser siempre así? Porque, sinceramente, me entran ganas de meterme a alguna otra profesión que me obligue a aislarme por siempre de mis semejantes, como monje, informático o algo así. 

marzo 21, 2017

Mosqueo térmico

Ayer entré en una tienda. En la entrada tenía un dispositivo maravilloso: un botón. Llegabas, pulsabas el botón,  la puerta se abría automáticamente, pasabas y la puerta se cerraba sola. Todo un invento. 

Puede que esto suene a anécdota intrascendente, pero tiene más importancia de lo que parece. Vivo en una ciudad con clima atlántico moderado. Eso significa inviernos lluviosos con temperaturas que no suelen bajar de los 5-10 grados, primaveras y otoños larguísimos de tiempo caótico, y veranos inexistentes desde cualquier punto de vista que no sea el meramente astronómico. 

Esto tiene la ventaja de que en Santander es muy improbable que mueras congelado en mitad de un alud de nieve, lo cual es muy bueno para el organismo, pero la desventaja de que nueve de cada doce meses son tirando a incómodos. No hace un helor de morirse, pero sí un frío húmedo, insidioso y reumático, que se te mete en los huesos y te resbala por la nariz, y que se vuelve especialmente molesto en los días cortos, oscuros y feos de noviembre a abril. Un frío de mierda, y creedme que sé de lo que hablo cuando se refiere al frío: soy segoviano.

Cabría pensar que en un entorno así deberían florecer lugares públicos acogedores y cálidos que inviten a la gente a reunirse dentro, pero no es así.

Es un fenómeno puramente local. No parece darse en otras latitudes. Pongamos el caso de los pubs británicos: lugares lúgubres y mugrientos que sin embargo ofrecen un refugio cálido frente a las inclemencias meteorológicas. Son sitios llenos de roña y ácaros en los que, por algún motivo (el tamaño de las jarras de cerveza influye bastante, pero no es lo único), apetece quedarse. En otras palabras: si me dan a elegir entre el ambiente exterior de las calles de Aberystwyth, en pleno enero y tras la caída del sol, y el interior de uno de esos tugurios galeses, gana el tugurio. Vamos, de calle.

En Santander no existe nada parecido. Los bares, cafeterías y tiendas de mi ciudad adoptiva son todos fríos y repelentes. En muchos casos se está más calentito fuera del local que dentro.

En santander hay dos tipos de locales, a cual más odioso. Están por un lado los que no tienen ningún tipo de climatización. Total, para qué, si hace una estupenda temperatura de trece grados. ¡Tampoco es para tanto! Y da gracias a que al menos dentro del bar no llueve. Esta es una actitud recia y sufrida, muy propia del Norte, sí, pero solo del norte peninsular: probad a utilizar esa filosofía empresarial en Rotterdam, y ya verás lo bien que os va. Yo sospecho que se trata de algún tipo de perversa estrategia comercial: hacer que el cliente se sienta todo lo incómodo posible para que llegue, consuma y se vaya rápidamente a algún sitio más confortable, como por ejemplo el fondo de la Bahía. Inluso se da la paradoja de cafeterías que se molestan en instalar una decoración que parece cálida y acogedora, pero que luego mantienen temperaturas internas capaces de cuajar el benceno.

Pero mucho peores son los otros tipos de establecimiento: esos que sí tienen calefacción dentro, pero que dejan la puerta abierta constantemente. En ellos se establece un perverso gradiente de temperatura entre el fondo del local, donde el plomo de las juntas de las tuberías se derrite lentamente, y la puerta, donde una corriente huracanada hace volar las pelucas de las señoras. ¿Cuál es el sentido de algo así? Alguno tendrá, porque se trata de una estrategia deliberada: el otro día, en una conocida cafetería-panadería-pastelería-tienda-de-cosas del centro de Santander, cuyo nombre completo no voy a decir pero que comienza por "La Gallof..." y termina por "...a Gallofa", pregunté a la dependienta si podía cerrar la puerta, por favor, si no era molestia, porque me hubiera agradadado enormemente no pillar una pulmonía.
– No puedo –me respondió la muchacha– la dirección nos lo tiene prohibido. 
La misma respuesta me dio una vez el aterido cajero de un supermercado del que tampoco voy a decir el nombre, salvo que comienza por "Carrerfour Expres..." y termina por "...arrefour Express". El chico temblaba de frío después de llevar seis horas trabajando en mitad de una corriente que ríete tú de las del paso de Cirith Ungol frente a una puerta estúpidamente, obstinada y obligatoriamente abierta, porque le habían mandado que no la cerrara.

Puedo llegar a entender parte de la aparente lógica del asunto. Una puerta abierta es una invitación al cliente para que entre. Pero también es una invitación a que se vaya. Y no vuelva. Incómodo me parece ir a una desapacible cafetería sin calefacción y tener que tomarme el mediano con el abrigo puesto, pero de verdad me ofende el desperdicio energético que supone tener todos esos kilovatios vertidos a la atmósfera a lo tonto. Podría decirse que allá cada propietario con su factura eléctrica, que es cosa de ellos lo que quieran malgastar, pero uno tiene algo de conciencia ecológica. Estas cosas me sientan como una patada.

Si en este país hubiera alguna agencia que se tomara realmente en serio las cuestiones de eficiencia energética y esa agencia tuviera algún tipo de poder, me sé de diez o doce establecimientos de esta ciudad que ya tendrían una denuncia por mi parte. Pero como no la hay, me toca joderme y hacer un pequeño boicot personal a esos sitios. El problema es que a este paso me voy a quedar sin bares a los que ir...


diciembre 06, 2015

Mala hostia dominical

A mi Santa Madre, cuando vengo de visita a Segovia, le gusta que vaya con ella a misa los domingos. Es una pequeña tradición familiar y yo la acompaño con gusto, sin exteriorizar esa sonrisilla interior que me asalta al imaginarme entrando en el templo y echándome a arder como un vampiro de película de serie B. Por suerte, hasta el momento no he sufrido ninguna combustión espontánea. 

Ateo como soy, no me desagradan necesariamente los tres cuartos de hora de misa, siempre y cuando se produzcan con una frecuencia no mayor que una vez al mes. Es un rato que tengo para hacer compañía a mi Madre y al mismo tiempo estar pensando en mis cosas, en una sala fresquita en verano y cálida en invierno, preferiblemente con algo de románico que contemplar. El ambiente de parroquia vieja castellana, con sus señoras achaparradas desafinando las canciones, sus curas sudamericanos intentando por todos los medios (sin éxito) ser aceptados en la comunidad y sus responsos recitados en automático a ritmo de metralleta, tiene algo de siniestro pero es a la vez extrañamente reconfortante: uno de esos pequeños sinsentidos cristianos que dan sabor a la vida. Tras la misa, salimos y tomamos el vermú, que es esa costumbre castellana consistente en tomar cerdo muerto acompañado por cualquier bebida que NO sea vermut.

Este plácido panorama dominical se ve alterado cuando mi Madre decide ir a la misa de doce de la iglesia de ese colegio donde estudié de niño. Es la temible Misa de los Niños, en la que los protagonistas son las probres criaturas que se preparan para tomar la Primera Comunión ese año. A mi Madre le encanta la misa de los niños. A mí me horroriza.




Es una cuestión ética. Me repuga contemplar el triste espectáculo de la programación de la mente infantil. Los niños van subiendo frente al altar a leer pequeñas oraciones y a recibir las risas condescendientes de los adultos cuando se equivocan al pronunciar alguna palabra. ¡Son tan ricos! Como las focas en el zoo cuando saltan y dan palmas. Cantan canciones adorando a un amigo invisible, en un acto de esquizofrenia socialmente aceptada, y recitan las lecciones que el cura les ha estado enseñando durante la semana. A la hora del Padrenuestro, cantado, mueven sus manitas en una bochornosa coreografía en la que abundan el mover los hombros, juntar las palmas, inclinar la carita y hacer mohínes de niño bueno, como robotitos bien programados.

Se me llevan los demonios. Salgo siempre de la iglesia con un cabreo monumental, que me trago religiosamente -nunca mejor dicho- por bien de la armonía familiar.

Me pongo en el lugar de esos niños y me recuerdo a mí mismo a su edad, cuando yo me tragaba toda esa basura, y me estremezco. Del niño santurrón y convencido de ser el favorito de Dios que fui surge el adulto neurótico y emocionalmente dañado que soy hoy en día.

"A mí me parece bien", suele decir una adulta, a la que no se puede acusar de ser en absoluto religiosa, que conozco: "al menos allí no les enseñan nada malo". A lo que se refiere es que uno puede estar o no de acuerdo con las fantasías religiosas, pero que al fin y al cabo en la catequesis a los niños se les enseña una serie de valores buenos: la bondad, el perdón, la fraternidad, el respeto a los mayores, etcétera. La idea es que el enseñar religión es un envoltorio adecuado para una serie de mensajes positivos que forman adecuadamente a los niños.

Le niego la mayor.

Hagamos el siguiente ejercicio mental: imaginemos que la catequesis la sustituyéramos por unas clases del mismo nombre e idéntico contenido, salvo que sustituyéramos toda referencia a dioses, ángeles, elfos, santos y vírgenes por menciones a un partido político. Que los niños una vez por semana hicieran un acto en el que profesan su amor y devoción a, yo que sé, el Partido Popular, que rezaran al Presidente del Partido en vez de a Dios, y que les enseñaran que hay que ser buenos y perdonar y todas esas virtudes maravillosas e indudablemente positivas porque es lo que les pide el Partido. ¿Cómo nos sonaría eso? A adoctrinamiento, puro y duro: se montaría un escándalo de tomo y lomo, y con toda la razón. Pero no pasa nada si todo eso se hace en un marco religioso, porque al fin y al cabo es a lo que estamos acostumbrados.

Educar a los niños es la labor más seria y trascendental que puede hacer un adulto. Dejar esa eduación en manos de sacerdotes, imanes, chamanes, rabinos, gurús y santones me parece una escandalosa y vergonzosa dejación de responsabilidad educativa por parte de los padres y los gobiernos. Como se suele decir (normalmente por la misma gente que cree adecuado educar cerebros maleables e indefensos en supersticiones variadas): "¡Los niños! ¿Es que nadie va a pensar en los niños?"








enero 09, 2015

"No pretendo convencerte"

Como conté hace un par de entradas, uno de mis errores tácticos durante estas vacaciones fue involucrarme en un debate sobre religión en un bar de copas, a altas horas de la noche: un error achacable en gran parte a que todos íbamos borrachos como cubas. 

Hablar de religión con amigos es una pésima idea por dos motivos: porque es una soberana pérdida de tiempo (es hablar sobre una quimera y encima es prácticamente imposible no ya cambiar el punto de vista del otro, sino siquiera hacerle entender al otro tu punto de vista), y porque las cuatro formas más rápidas de perder una amistad de años son precisamente discutir sobre política, hacerlo sobre religión, follarse al novio/a de tu amigo o meterse en líos de dineros.

Pero una vez caídos en el error, qué menos que regodearse un poco en ello, ¿verdad?

Mi amigo el religioso es otro de esos protestantes que se creen que son católicos. Ya hablé de este tipo tan común de persona en otra ocasión. Este chico, en concreto, afirma profesar todos y cada uno de los dogmas de la Iglesia Católica. Pero se engaña. No lo hace. Véase a continuación.

Hoy en día, cuando un creyente debate con un ateo, tarde o temprano se acaba llegando a la siguiente frase, o alguna muy parecida: "no voy a entrar a rebatir tu lógica, porque esto es una cuestión de fe, y la fe no tiene lógica. Yo sé lo que he experimentado, y no pretendo convencerte de nada [del mismo modo que nada de lo que me digas me va a convencer a mí]". Lo que va entre paréntesis es algo implícito que suele omitirse en la frase concreta, pero que está ahí. Y digo "hoy en día" porque hace quinientos años el ateo acababa directamente en la hoguera. Los cristianos de hoy en día se jactan de lo mucho que ha avanzado su fe en cuestión de derechos humanos, olvidándose del hecho histórico de que los derechos humanos han avanzado a pesar de, y no a causa de, la fe: las iglesias, tanto católica como protestantes, y no digamos en otros credos, han ido siempre a remolque de los avances sociales, aceptándolos a regañadientes cuando no quedaba otra... y allí donde la religión aún sigue siendo fuerte, los derechos humanos se demoran en llegar. La relativa libertad religiosa que tenemos hoy en día no se la debemos a los papas ni a los obispos, sino al Renacimiento, los Ilustrados, los Padres Fundadores de la revolución americana y los filósofos laicos de los siglos XIX y XX. Pero me estoy desviando del tema.

Me hace mucha gracia la frase "no pretendo convencerte" viniendo de un supuesto católico. Es un sinsentido, como la mayor parte de su religión. De acuerdo: está de moda "no intentar convencer" a nadie. Es políticamente correcto, y pretende transmitir a la otra persona una imagen de tolerancia y superioridad ética muy acorde con el zeitgeist. Pero si algo no es el "no pretender convencer", es católico. Es muy fácil de entender.

Según el Catecismo católico, la Salvación es un don de Dios, que el hombre puede aceptar o rechazar mediante sus obras (o creencias). Quien rechaza la salvación, sufre su opuesto, la condenación, que además es eterna, en el Infierno (real o metafórico, dependiendo de a qué Papa infalible le preguntes). Ahora bien, el cristianismo predica el amor al prójimo, actitud loable se mire por donde se mire. Por lo tanto, un buen cristiano, especialmente si es católico, no puede permanecer indiferente ante un prójimo que se aleja del buen camino. Un creyente que ama tiene la obligación moral de intentar salvar a su prójimo. Por eso el catolicismo es proselitista ("Misionero") y Radical: no puede permanecer indiferente ante el error ajeno. Un católico de verdad tiene que intentar convencerte. Si no, es que no te ama, o que no cree en la salvación/condenación: en ninguno de los dos casos es realmente católico. Es un protestante encubierto, o directamente un fraude.

Lavarse las manos, como Pilatos, no es cristiano. El "yo me salvo, tú haz lo que quieras" no es católico. El católico debe implicarse, debe ser proactivo. Debe entrometerse, por tu bien. Por eso no debemos sorprendernos o escandalizarnos cuando los obispos presionan para imponer su moral a los gobernantes: es lo que se supone que deben hacer. Pueden estar equivocados, ser irritantes, resultar molestos o ser directamente un peligro para la sociedad, pero al menos están haciendo lo que se espera de ellos. Están siendo coherentes con las estupideces que creen.

Claro, el argumento clásico para rebatir lo anterior es el siguiente:
- Yo sí que hago algo. Rezo por ti.

- O sea, le pides a Dios que me salve aunque yo me aleje de él.

- Eso mismo.

- Es decir, le estás diciendo que o bien me haga volver al redil (coartando el libre albedrío que Él me ha dado) o que cambie sus normas (alterando su Plan Divino), porque en el fondo tú eres más bondadoso que Él y quieres que me salve. Pero aparte de recordarle que debe ser bueno conmigo, lo dejas todo en Sus Manos...

- No lo entiendes.

- En eso estamos de acuerdo.
Y por eso si algún día os encontráis por accidente en mitad de una discusión teológica con un católico que te mira con pena y te dice "no pretendo convencerte [animalito]", sabed que os encontráis ante un timo.



PD. Por todo esto, en muchas ocasiones yo si que querría convencer. Porque creo que la religión es una fuerza destructiva sobre el ser humano, y me duele ver a mis amigos hablando con amigos invisibles y siguiendo dogmas en vez de desarrollar sus vidas de forma adulta y responsable. El problema, claro, es que solamente se puede convencer a quien desea ser convencido, independientemente de la fortaleza de tus argumentos...

PD2. Y después de lo ocurrido esta semana con el atentado de París, más convencido estoy de que la religión es una influencia maligna.

 

diciembre 02, 2014

Ciber Borde

Las cosas hay que decirlas claras: soy un tipo muy fácil a la hora de llevarme a la cama, pero muy difícil para mantener una conversación a través de internet.

Ocurre por tres motivos. El primero, que soy un desagradable, es algo que no se nota mucho en las conversaciones en directo porque sucede también que soy un blando. Me cuesta trabajo decirle a alguien a la cara que sus ideas me parecen una solemne estupidez. Mi compañero, y sin embargo amigo P., está más evolucionado que yo y no tiene este problema: él es mi faro y guía en el comportamiento social, pero aún me queda mucho que recorrer hasta llegar a ser como él, mi ídolo.

Permítaseme aquí un inciso. No estoy de acuerdo con el "buenrollismo". Considero que las personas son todas igualmente dignas de respeto en cuanto seres humanos que son, pero no creo que todas sus acciones o sus idas sean igualmente respetables. Igual que hay acciones criminales, hay ideas estúpidas que pueden resultar, según cómo afecten al mundo tangible, desde meramente molestas a directamente peligrosas. Y contra las ideas estúpidas hay que luchar, porque si no luchas contra ellas, se propagan y te comen. Ejemplos de ideas estúpidas peligrosas: Dios existe, no hay que vacunar a los niños, el calentamiento global no existe, las mujeres son menos inteligentes que los hombres, los sudacas vienen a quitarnos los trabajos, los Piscis son amables. 

En este punto difiero de la opinión mayoritaria, y que muchos de mis lectores puede que compartan, de que vivir en una sociedad libre equivale a un "vive y deja vivir" que, en la práctica, consiste en dejar correr las cosas y no criticar nada, a cambio de que no te critiquen a ti. Nones. A quienes penséis así, os niego la mayor. Hay muchos tipos de sociedad libre imaginables, y la del completo laissez faire lleva al abandono de la responsabilidad colectiva por parte de cada individuo. Yo abogo por una sociedad libre y crítica al mismo tiempo, en la que nadie (salvo la ley, esta es una cuestión que merece ser discutida en otro momento) tenga poder de coaccionar a nadie, pero en la que haya debate de ideas, y cada individuo pueda proponer sus ideas y rebatir las de los demás utilizando el diálogo y la argumentación. 

Se debe respetar a las personas, pero no automáticamente a las ideas que tienen dichas personas. Ser socialmente responsable implica defender críticamente una serie de principios e ideas, y estar dispuesto a recibir y aceptar las críticas de los demás, estableciéndose un diálogo continuo que no debe escalar en violencia. Y con esto acabo el inciso.

Volvemos a los motivos por los cuales soy un tipo difícil para hablar a través de internet, y es que no soy demasiado educado. Lo que decía antes de respetar a la persona pero no necesariamente sus ideas requiere, si no deseamos acabar dándonos de tortas unos a otros, dos cosas: que el que ataca una idea sea educado en la forma de hacerlo, y que el que recibe la crítica sea lo suficientemente maduro como para no tomarse una crítica a sus ideas como un ataque personal. Admito que a mí me pierden muchas veces las formas, pero al mismo tiempo hago notar que encontrar a una persona que sea capaz de distinguir entre una crítica y un insulto, separando bien la parte emocional de la racional, es algo rarísimo. De hecho, creo que en toda mi vida solo he encontrado dos o tres personas capaces de hacerlo. Mi compañero, y sin embargo amigo, P. es uno de ellos.

Me dan ganas de decir, cuando me meto en una discusión de este tipo, la siguiente frase: "a ver, no te estoy llamando estúpido, sólo te estoy diciendo que tu idea es una solemne estupidez". Pero parece ser que genética o culturalmente no estamos programados para entender esta frase. Salvo honrosas excepciones.

Y llegamos al tercer problema con el que me encuentro, y es que soy de letras.

Oh, sí, tengo un doctorado en astrofísica, y sé distinguir entre cosas que a la mayor parte de la gente lían como pueden ser "dirección" y "sentido", pero en el fondo soy bastante de letras. En el instituto siempre sacaba mis mejores notas en lengua, literatura, historia y filosofía. Leo mucho y se me da muy bien escribir, siempre y cuando no intente ponerme poético. Expreso ideas con claridad y las estructuro bien: por eso soy, contra todo pronóstico, bastante buen profesor.

Y por eso cuando me pongo a discutir de cualquier cosa, sobre todo por escrito, que es cuando tengo tiempo de pensar con detalle lo que quiero decir, y lo hago sobre un tema que tengo ya meditado con anterioridad, tiendo a avasallar. Porque muestro convencimiento, porque tiendo a hablar sólo de aquello sobre lo que sé, y porque se me da rematadamente bien hilar palabras, frases y argumentos.

Mi amigo B. lo llama mi "rodillo cartesiano", aunque a veces se irrita tanto conmigo que lo más que rodillo lo llama "apisonadora".

Juntad mi rodillo cartesiano más mi escasa voluntad de dorar la píldora más la tendencia de la gente a percibir ataques personales donde no los hay, y entenderéis por qué soy tan poco popular en las redes sociales.

noviembre 27, 2014

Mala ciencia

"Bad science" es el título de un maravilloso blog británico, y también el de un libro escrito hace unos pocos años por el autor del mencionado blog. Ben Goldacre es un médico que se ha especializado en la difícil tarea de explicar la ciencia y de desmontar la creciente marea de estafas pseudo-científicas que inundan los medios de comunicación, desde los "tratamientos detoxificantes" a las dietas milagro, pasando por timos tan clásicos y tan escandalosos como el de la homeopatía, la osteopatía o el antivacunacionismo. 

Otros de los campos de batalla de Bad Science son el pésimo uso de la estadística que se da en los medios de comunicación de masas, y la manía de meter en noticias y en publicidad falsos datos o imágenes que suenan a científico con el fin de dar mayor empaque y respetabilidad a la memez que esté diciendo en ese momento el periodista/publicista de turno. Todos tenemos en mente las chulísimas animaciones de pelotitas de colores que se supone que son moléculas de detergente vaporizando manchas en los anuncios de la tele, o nos sentimos impresionados cuando un anuncio de cosméticos habla de "molécula QX-210 con sérum regenerativo", o idioteces similares por por 60 euros el bote, cuando lo que realmente están vendiendo es pulpa machacada de tallo de ortiga, que uno se podría fabricar en casa por bastante menos de un euro el kilo.

Es una verdadera epidemia de insensatez. El otro día, hojeando el periódico local, leí una noticia sobre los nuevos planes del Ayuntamiento para colocar más rampas mecánicas para salvar varias de las cuestas locales. Santander tiene una topografía salvaje y este tipo de rampas móviles están ayudando mucho a facilitar la vida de las personas mayores que viven junto a cuestas pronunciadas. Hasta aquí todo bien, pero en un momento dado de la noticia al redactor se le ocurrió poner esta bonita gráfica:


Analicemos la gráfica. Unidades del eje y: metros. Unidades del eje x: no pone nada. ¿Está el dibujo a escala? Leyendo el texto del reportaje en detalle, resulta claro que no (el trazado de las rampas cubre un desnivel de 61 metros en una distancia horizontal que abarca casi un kilómetro). En resumidas cuentas, ¿qué significa este gráfico? NADA. ¿Qué aporta a la noticia? NADA. ¿Permite al lector hacerse una idea correcta de lo que se va a hacer? NO. Todo lo contrario. Este gráfico engaña: hace pensar que las rampas van a ser mucho más formidables de lo que van a ser realmente. ¿Cuál es el objetivo de meter semejante diagrama en la noticia? Pues los siguientes:
  • Hacer pensar al lector que está leyendo un algo muy técnico y trascendental. Es decir: engañar.
  • Ocupar espacio de página a lo tonto. Es decir: hacer el equivalente metafórico del clásico calcetín bajo el calzoncillo cuado un adolescente inseguro va a la discoteca a intentar ligar.
  • Magnificar las hazañas heroicas del Ayuntamiento en aras de sus votantes ciudadanos. Es decir: hacer propaganda gratuita.
Es un caso bastante inocente, pero da muestra de esa moda tan molesta (y a veces peligrosa) de colar en cualquier parte algo "que parece científico" para hacer que algo suene más serio y rimbombante... como ocurre en la publicidad. Conmigo, que suelo ver el timo, consiguen el efecto contrario...





noviembre 11, 2014

Maldita costumbre

Maldita costumbre mía, la de siempre acabar los libros que empiezo. No sabéis lo que me está costando terminar el ensayo que tengo entre manos en estos momentos:


El libro, veréis, va sobre un tema de rabiosa actualidad: los... ¿jetas? ¿caraduras? ¿tocapelotas? ¿gilipollas? Ninguna de las traducciones que he intentado se ajusta demasiado bien al significado que tiene la palabra asshole en inglés. El autor hace una definición de asshole basada en los siguientes elementos:
  1. Un asshole se apropia, de forma sistemática, de ventajas con respecto a los demás en el juego social. Por ejemplo, se salta las colas, o interrumpe constantemente al hablar, o espera librarse de la cárcel tras un bonito desfalco.
  2. El asshole, además, hace estas cosas desde el profundo convencimiento interior de que se merece disfrutar de estas condiciones ventajosas.
  3. Finalmente, en su convencimiento de merecer estas ventajas, el asshole es inmune a las quejas de los demás. Simplemente, las ignora.
El ejemplo que pone el autor es muy ilustrativo: la sociedad cooperativa funciona porque todos acuerdan un conjunto de reglas, que en ocasiones especiales o de emergencia pueden saltarse en aras del "hoy por mi, mañana por ti", como cuando una ambulancia se salta los semáforos por una crisis médica o como cuando un individuo recibe regalos de todos los demás por ser su cumpleaños. Otro día será el cumpleaños de otros, y a largo plazo se preserva el equilibrio. El asshole se comporta como si creyera que todos los días son su cumpleaños.

El asshole no suele ser un criminal directo. Opera en las zonas grises del contrato social, sin llegar a cruzar la línea del delito. Pero en su comportamiento de asshole se niega a tratar a los demás como iguales morales, y por eso el asshole resulta repugnante y profundamente irritante.

Resulta muy difícil tratar con un asshole, y es imposible evitar toparse con alguno al menos que uno decida irse a vivir a una cueva en el desierto. Ciertas sociedades resultan más proclives que otras al florecimiento de los assholes. Un buen ejemplo de cultura de assholes es Italia o, sin ir más lejos, la actual España. Las culturas que favorecen el desarrollo de los assholes tienden a erosionarse y degradarse por tres motivos: el propio comportamiento piratesco de los assholes, la práctica imposibilidad de reeducarles para ser miembros productivos de la sociedad, y algo aún más peligroso: cuando el número de assholes crece lo suficiente, el resto de los ciudadanos pierden la fe en el sistema cooperativo de la sociedad y en sus instituciones, y cae en el desánimo. Cunde la sensación de impunidad y de "todo vale". Esto es lo que estamos viendo en nuestro propio país.

Bien: el tema es interesante y ciertamente importante. De hecho, es absolutamente necesario tener una buena teoría sobre los gilipollas. El problema es que el autor, a pesar de estar bastante bueno, es filósofo:


No tengo nada en contra de los filósofos (al contrario, creo que son fundamentales en cualquier mundo que merezca la pena ser vivido), salvo una cosa: cómo escriben.

Cielos, qué peñazo. Y eso que al menos es un filósofo anglosajón, que son más de ir al grano. Si llega a ser francés, me pego un tiro.

Doscientas páginas para decir exactamente lo mismo que he dicho yo (que no soy un ejemplo de concisión, precisamente) en cinco párrafos.

Y encima una carta abierta a un asshole al final del libro,  intentando hacerle escuchar mediante invocaciones a Aristófanes y demás familia.

Un mes llevo intentando forzarme a terminarlo. ¡Con la de otras lecturas que me aguardan!


junio 07, 2014

Se ha convertido en algo personal

La puta monarquía, siempre dando por culo.

Para ser un rojo, ateo y maricón, tengo que admitir que mi disgusto con la monarquía era bastante moderado. Soy republicano por principios, pero siempre dije que de todos los males que aquejan a este país, los actuales Borbones son uno de los más pequeños. Que sobran, sí. Que es de paletos tener reyes y reinas y princesas e infantas a estas alturas del siglo XXI, también. Pero al menos la Familia Real era para mí un grupito de parásitos más o menos inofensivos, y la mar de graciosos. Un rey putero y senil, un príncipe inoperante, una princesa anoréxica, un yerno chorizo y un nieto pendenciero eran motivos de innumerables chistes, por no hablar de los pantalones de Marichalar y el retraso mental de su ex. Nada mejor para un español que reírse de quienes tienen más suerte en la vida de él.

Pero todo esto ha cambiado en unos pocos días. De repente, sin comerlo ni beberlo, y a raíz de la abdicación del payaso de turno, se ha montado una tragedia editorial: la compañía editora de la revista “El Jueves” ha declarado que es política de empresa lamerle el culo a los Borbones y ha vetado una portada bastante inofensiva en la que El Campechano le pasaba una corona cubierta de mierda a su hijo. Buena parte de la plantilla de la revista ha decidido que eso viola su libertad creativa y se ha largado de la revista.

Yo les apoyo: la prensa satírica no solo es divertida, sino que cumple una función social no dejando títere con cabeza y profanando todos los altares reales o metafóricos que pueda haber. Por eso se llama satírica. La empresa tiene derecho a tener una línea editorial, por estúpida que esta resulta, pero los dibujantes y guionistas que se han marchado de la revista han mostrado una integridad y un compromiso ético que sólo hace que les admire aún más de lo que ya hacía. Les apoyo de todo corazón.

Pero el caso es que mi principal entretenimiento de los miércoles, mi revista favorita, la que me lleva haciendo pasar grandes momentos desde hace dos décadas, ha quedado descabezada y a partir de ahora va a estar mutilada, sin muchos de sus mejores dibujantes, guionistas y personajes.

Queda por ver si seguiré siendo fiel lector o no. Tendré que ver en qué queda la cosa. Pero desde luego ya no va a ser lo mismo.

Y aunque la culpa directa no es de ese inmenso cretino que aún tenemos como rey, para mí mi republicanismo ha dejado de ser una cuestión puramente filosófica. Ahora es personal. Borbones: váyanse todos a la mierda.

 

 

marzo 26, 2014

Morirse: algunas reflexiones

Tengo que rendirme ante lo inevitable: soy castellano, tengo ya una cierta edad (prácticamente geológica) y, por todo ello, estoy genética y culturalmente abocado a pasar cada vez más tiempo practicando el pasatiempo favorito de mis antepasados, que es pensar en la muerte o, directamente, morirse.

La muerte es por lo general un contratiempo bastante molesto, que fastidia muchos planes, y que puede resultar terriblemente doloroso, ya sea la propia o la de los seres queridos. En estos casos la muerte no tiene nada de divertido y me niego a frivolizar sobre ella. Es más, como castellano que soy encuentro desagradable esta costumbre moderna de intentar ocultar la muerte, de evitar pensar en ella y de meterla (metafóricamente) debajo de la alfombra a la menor oportunidad. Forma parte doliente de la vida y hay que aceptarla y llevarla con dignidad, dentro de lo posible.

En otras ocasiones la muerte también resulta dolorosa aunque uno no conozca personalmente al finado. Es normal y humano sentir pena al leer en las noticias la muerte de un artista al que se admira y que le ha hecho feliz a uno con su obra, o sentir un estremecimiento ante las imágenes de un accidente o una catástrofe natural. El cerebro humano, por suerte o por desgracia, se las arregla muy bien para filtrar el impacto emocional de las muertes lejanas, pero aun así dice mucho a favor de nosotros como especie que seamos capaces de lamentar el mal para nuestros congéneres aunque no les conozcamos personalmente.

Sin embargo, esta costumbre tan nuestra de esperar a que alguien se muera para ensalzarle y ponerle por las nubes me parece un acto de hipocresía supina. Estos días hemos asistido al funeral del ex presidente Adolfo Suárez y hemos sido bombardeados con cientos de panegíricos alabando la figura del gran estadista, Padre de la Patria, digno político que se nos ha ido. Curiosamente, muchas de las personas que se han manifestando públicamente ensalzando al fallecido han sido los mismos que en su momento se dedicaron a traicionarlo, humillarlo, perseguirlo públicamente, ningunearlo, destruir su carrera política y despedazarlo por todos los medios posibles.

Yo tengo, como decía, una edad, y aunque en aquellos tiempos yo era bastante jovencito aún soy capaz de recordar cómo a Suárez se le hizo polvo de forma sistemática desde fuera y dentro de su propio partido, cómo fue forzado a dimitir, cómo se le trató como un apestado y cómo se le dio caña desde todos los lados, hasta obligarle a desaparecer de la escena pública. Algunos de los que más se ensañaron con él hoy ocupan ministerios o dirigen periódicos, y han sido los primeros en colocarse en la foto despidiendo con lágrimas de cocodrilo el féretro durante el funeral de Estado. Cabrones de mierda, ojalá se mueran pronto.

También recuerdo a Suárez como el hombre que legalizó el Partido Comunista, que auspició la creación de la Constitución, y como una de las tres personas que no se cagó en los pantalones y supo mantenerse firme durante el golpe de estado de 1981. Las otras dos personas, cada una en un lado opuesto del espectro político, también me caían bien.

Menciono esto no solamente para recalcar la hipocresía y el hijoputismo general de tantos políticos y periodistas que padecemos, sino también para denunciar ese buenrollismo generalizado que nos empuja a todos a sólo echar flores sobre la figura de un recién fallecido.

Pues no: yo soy un animal mamífero, tengo un sistema límbico en plenas capacidades de funcionamiento, y me parece tan antinatural no alegrarse ante la muerte de un ser odiado como no entristecerse ante la muerte de un ser amado.

Mi compañero y sin embargo amigo P., hombre a quien admiro entre otras cosas por tener una brújula ética fortísima e inflexible, lleva muchos años diciéndomelo. Cada vez que alguien me hace una putada, P me consuela: "¿no te alegra pensar que esa persona va acabar muerta y comida por los gusanos?". Pues lo cierto es que sí, un poco.

Alegrarse al pensar en la muerte, preferiblemente dolorosa, de un hijoputa es algo que es constantemente criticado por dos motivos igualmente absurdos: la corrección política y el argumento, psicológicamente potente pero estadísticamente inope, de que uno mismo también va a acabar muriendo. La corrección política es una idea que tiene una intención loable, pero que se ha llevado al absurdo, mientras que el segundo argumento se cae por su propio peso en cuanto uno se pone a hacer unos pocos números:

En efecto, todos acabaremos en el hoyo. Yo, personalmente, no tengo ninguna gana de morirme y también me aterra pensar en la muerte de mis familiares, amigos y seres queridos. Pero por otra parte las leyes de la estadística y la observación antropológica comprueban una observación muy cotidiana: por cada persona querida, buena o valiosa en el mundo, existen mil cabrones, malvados o estúpidos  que convierten este por otra parte adorable planeta en un tugurio que deja mucho que desear.

Es verdad que la muerte hace poco por solucionar este desequilibrio, porque los estúpidos y los cabrones son reemplazados en igual o superior número a medida que van pereciendo, sin que se agote nunca la reserva de gente despreciable. Pero aun así, siendo honesto no puedo (ni quiero) negar que es una satisfacción ir viendo caer a tanto hijoputa.




No quiere decir eso que apoye el homicidio, faltaría más. Mi propia brújula moral me impide si quiera pensar en hacer daño activamente a nadie. Pero la fantasía es libre y pocas cosas me resultan tan satisfactorias como imaginarme meando sobre la lápida de algún que otro cabronazo con pintas.

De este modo, admito que me alegré mucho con la muerte del despreciable Pinochet, que celebré el momento en que esa bruja apellidada Thatcher la palmó, que bailaré cuando la casque Aznar y que me propongo escupir sobre la tumba y la memoria de la mayor parte de los políticos de estos últimos años. Tengo ganas de ver a Esperanza Aguirre muerta y enterrada, disfruto imaginándome a Botín pudriéndose en su lujoso panteón, cuento los minutos y segundos hasta que el odioso Berlusconi nos deje en paz, convirtiendo con su defunción este mundo en un lugar mejor, y así sucesivamente.

Admito en todo momento que estos sentimientos míos son totalmente irracionales y que están moldeados por ideologías y por medios de comunicación que me manipulan sin poderlo yo evitar del todo, y que seguramente hay muchas personas en mi lista de "ojalá se mueran" que no lo merecen tanto como yo creo (y al revés, habrá muchos que no están en mi lista que merecerían ser atropellados por un tranvía hoy mismo), pero qué queréis que os diga: tengo muchos defectos. Espero solamente que al menos la hipocresía vaya bajando puestos en la lista.



febrero 21, 2014

Deportes de invierno

Todos tenemos nuestro pequeño racista dentro. En mi caso, me avergüenza admitir que mi racista interior la tiene tomada con Rusia, ya desde mucho antes de la llegada de Putin. Por injusto que resulte, es así: la rodina me inspira tanto amor como un cubo lleno de sanguijuelas. Mis experiencias en Rusia y con los rusos han sido escasas, he de decirlo, pero siempre desagradables, y a lo largo de mis viajes sólo he conocido un ruso que me haya caído bien, y su nombre empieza por V. Ellos me parecen vagos, indolentes, prepotentes, machistas y patibularios. Ellas, muñequitas de porcelana esclavizadas por su imagen y por los energúmenos de sus compatriotas. Todo esto lo digo, repito, desde lo más profundo de mi cerebro reptiliano e irracional.

Todo esto viene a cuento porque ayer, tomando unos vinos en un bar, no pudimos evitar fijarnos en la pantalla de la televisión donde estaban retransmitiendo los juegos olímpicos de invierno. Los Juegos Olímpicos son una de esas cosas a las que sólo presto atención cuando aparecen nadadores, gimnastas o luchadores potentorros. Pero como en los Juegos de Invierno todos salen muy tapados, no suelo hacer ningún caso de este tipo de eventos. Al parecer este año se celebran en una ciudad de estúpido nombre, famosa porque, en palabras de su alcalde, en ella no existen maricones. Ya me le imagino yo ofreciendo una recepción a los competidores masculinos de patinaje artístico: ¿tendrá el morro de preguntarles por sus mujeres e hijos?

Al grano, que me desvío más que un comisionado olímpico de Moscú inspeccionando los vericuetos la Sauna Príncipe. Lo que nos fascinó tanto ayer fue la retransmisión de una de las pruebas de curling, improbable deporte que es olímpico desde los juegos de Nagano en 1998. El curling es la apoteosis del pulir y frotar, la locura orgásmica de las amas de casa obsesivo-compulsivas, y no voy a seguir haciendo leña del árbol caído porque no hay chiste sobre curling que pueda superar al capítulo de los Simpsons Boy Metts Curl, que si aún no habéis visto, ya estáis tardado demasiado.

"Fatov", mascota olímpica de los juegos de Sochi según los Simpsons, y que en palabras de Bart "representa el espíritu ruso de la pereza y el alcoholismo"

Nos lo ponen muy difícil a los bloggers que vivimos de la parodia simplona y la maledicencia: a ver qué imaginación calenturienta es capaz de superar en ridiculez y banalidad a un deporte tan memo como el curling, y en cutrez e hipocresía a una organización como la rusa. Menos mal que siempre podemos recurrir a la realidad, que nos pilla bastante a mano, y buscar inspiración en algo aún más ridículo, banal, cutre e hipócrita: España.

Ya me estoy imaginando la escena: Huesca, 1054: el cambio climático ha traído los glaciares a Aragón, el trópico a Guadalajara y ahora el Polo Norte se encuentra en algún punto entre Lugo y Calasparra. Los Juegos Olímpicos de Invierno se inauguran bajo los auspicios de la Presidentrix del Imperio PanhispánicoTM, a la sazón una hidra-clon transgénica de tres cabezas: la de la momia de Esperanza Aguirre, la de Dolores de Cospedal y la de Belén Esteban. Una de las cabezas escupe fuego, la otra nubes tóxicas de laca, y la tercera chorros de bótox. Los juegos comienzan con un desfile amenizado por La Fura dels Baus, y en esta ocasión se presentan tres nuevas disciplinas olímpicas de demostración, basadas en la más popular tradición ibérica. Una de ellas se convertirá en deporte olímpico oficial. Estas tres nuevas disciplinas son:
  • Potatoball, una adaptación a los tiempos modernos del tradicional deporte español de pasarse los unos a los otros la patata caliente. Consiste en que los distintos jugadores se van echando las culpas de un pufo unos a otros hasta que al final nadie sabe quién es el responsable, y todos se van de rositas sin que cambie nada.
  • Spanish Polo: una señora con un peinado estupendo arroja a los pobres una de las perlas de los collares de la difunta Carmen Polo. Los pobres pelean a muerte por ella, hasta que solo sobreviva uno.
  • Caspatlón: consiste en presumir de que en ningún sitio se vive como en España, y de que aquí tenemos sol y playa y mucho arte, y mirar con mucha penica y como por encima del hombro a los pobres extranjeros que en lugar de todo eso tienen cultura, ciencia, educación, prosperidad, justicia, dinero y un mínimo de honradez.
Estoy seguro de que serán un gran éxito de público y crítica, a pesar del asuntillo ese de los sacrificios humanos para mantener apaciguada a la Presidentrix.



enero 27, 2014

Dragones y Mazmorras Pedorras

Supongamos que te llamas, por poner un ejemplo, Mari Jenny Desirée y que tienes un novio con un peinado que se podría utilizar para asar sardinas. Tú y tus amigas cajeras del Lupa habéis salido con vuestros chicos y estáis quemando la noche santanderina con vuestras risas, vuestras mechas y vuestros meneos de caderas protocelulíticas. Pero, oh desolación, llegan las tantas de la mañana y los bares de calimocho que frecuentáis cierran. Tenéis ganas de proseguir la juerga, pero ¿dónde podéis ir?



Molto facile e divertente: existen tres o cuatro discotecas que abren hasta las seis de la mañana en el centro de la ciudad y, por lo tanto, no vais a ninguna de ellas. Es mucho más divertido ir a la disco de los maricones.

La discoteca (supuestamente) gay de Santander es uno de estos sitios que sólamente pueden existir porque el tejido del espacio-tiempo tiene más grietas que un auditorio de Calatrava: la clásica discoteca gay con un camarero hetero que es hijo del hermano gay del dueño hetero del local. ¿Que resulta difícil de seguir y de entender? Pues es lo más sencillo de todo ese sitio: todo lo que sucede entre esas paredes desafía cualquier explicación, desde esa decoración tardofranquista, digna de un programa de Cuarto Milenio, a esas actuaciones de drag queens que llevan haciendo el mismo número desde la despedida de soltera de Isabel la Católica. El ambiente es deprimente, la bebida es mala, la música es horripilante, a los cuartos de baño sólo se puede entrar con traje de buzo y escafandra completa. ¿Que por qué sigue uno yendo? Pues porque no hay otro sitio, básicamente.

Muy de tanto en tanto, pongamos una vez cada veinte meses, uno hace de tripas corazón y se acerca a ese lugar para estar un rato relajado rodeado de otros maricones. ¿Y qué es lo que se encuentra? A Mari Jenny Desirée y a las petardas de sus amigas luciendo a sus novios y muriéndose de risa porque los sarasas ya no saben a qué atenerse. El sábado estuve con un amigo, con su patilla derecha y con su patilla izquierda, y los cuatro nos quedamos patidifusos al comprobar que en todo el bar sólo había chonis y novios de chonis. Los poquitos gays que quedaban en el local se apelotonaban en una esquina, acobardados, o se refugiaban en busca de una bocanada de aire fresco en, paradójicamente, los mefíticos laberintos del cuarto oscuro. Un escándalo.

¿Se debe prohibir el acceso a pedorras a los bares gays? Tengo una opinión muy fuerte al respecto: no. No hay que discriminar a nadie, ni siquiera a las tontas del culo. Yo lo que propongo es mucho más sencillo, rápido y humano: aniquilarlas a todas. O, si acaso, dejar vivir a unas cuantas en lugares bien alejados de nosotros: al fin y al cabo, alguien tendrá que parir a la próxima generación de empotradores...

diciembre 13, 2013

Próxima parada, Vodafone Sol

No, no vuelvo de viaje a Madrid otra vez. Acabo de volver de Canarias, por Dior, déjenme descansar.

El título de hoy viene por este nuevo peldaño que hemos descendido en nuestra escalera a los abismos de la comercialización de absolutamente todo. Empezó con la esponsorización de la cultura: de repente empezaron a suceder cosas tales como que el Teatro Calderón de toda la vida pasara a llamarse Teatro Häagen-Dazs (y posteriormente Teatro Caser Calderón). Luego vino la conversión de la decoración navideña en propaganda descarada de compañías telefónicas. Y desde hace ya bastantes meses tenemos que la castiza parada de metro de Sol ahora se llama Vodafone-Sol. Me imagino qué cara se le debió poner a la señora que pone la voz a la megafonía del metro cuando le pidieron que grabara el nuevo nombre...

No es que me moleste por lo feo que resulta: es que me indigna y me asusta que hasta los espacios públicos de nuestras ciudades se estén convirtiendo en vallas publicitarias. Mal me parecía lo de los teatros, pero al fin y al cabo es entendible que un teatro es un negocio privado y que el empresario puede hacer lo que considere apropiado por ingresar unos euros en su cuenta. Que ocurra lo mismo con estaciones, plazas, calles y parques me parece indignante y aterrador.

Pero como soy lo suficientemente viejo y cínico como para saber, a estas alturas, que cuando no puedes vencer a un enemigo debes unirte a él, no solamente no me opongo a la venta descarada de bienes comunes a los logotipos corporativos, sino que además propongo nuevas ideas:

Porque, ¿no sería divertidísimo hacer un recorrido en metro por Madrid empezando en la estación de Támpax-Moncloa, cogiendo la línea Puleva con Omega 3, haciendo trasbordo en la estación de McDonalds-Callao, para llegar a Fajas Soras-Ópera? Así uno podría salir a visitar el Palacio Real Madrid F.C., admirar la fachada neoclásica de la Catedral de Mercadona, recorrer las callejas del Madrid de Austrias-Volkswagen, pararse a tomar una relaxing cup of café con leche en la Plaza del Banco de Sabadell, bajar por la Calle Seat Toledo, contemplar las escenas más castizas del barrio de Samsung y acabar la velada tomando unas tapas por las venerables tascas de L'Oréal Con Colágeno Juvenil. 


¿Pero por qué parar en los nombres de estaciones, monumentos y calles? Yo propongo que pasemos a esponsorizar directamente a nuestros hijos. Así no habrá problemas ni discusiones a la hora de elegir los nombres: si es niña la llamaremos Pepsi y, si es niño, Seguros Ocaso. La compañía en cuestión, a cambio de que la criatura lleve tatuado el logotipo de la empresa en la frente, pagará a los padres el material escolar de los niños, o les regalará calcetines durante toda la vida. Pero lo mejor de todo es que al ritmo que vamos no hará falta ni que sea una multinacional la que esponsorice a las nuevas generaciones: por un mendrugo de pan seco la gente dejará encantada que sus hijos se llamen Freiduría Manolo, Pensión Paqui, Restaurante Chino Gran Muralla o Club Para Caballeros El Pezón Feliz, con descuentos razonables en los locales correspondientes.

¡Todo son ventajas!

diciembre 03, 2013

Escritor de ponis

Escribir la carta a los Reyes Magos y redactar una solicitud pidiendo fondos para un proyecto de investigación son dos cosas que se parecen mucho.

En ambos casos, uno empieza explicándole al ser mágico de turno lo bueno que ha sido durante el año pasado. Lo que para un niño consiste en no haber mentido demasiado ni haberle robado muchos juguetes a sus hermanas ni haber estrangulado accidentalmente a nadie durante el recreo, para un vulgar catedrático viene a ser haber publicado mucho y haber participado en montones de colaboraciones internacionales, haber organizado congresos, haber dirigido muchas tesis doctorales y haber sacado patentes a triscapellejo.

Después viene la parte de pedir cosas: una playstation, una muñeca que llora y hace pipí y popó, un monopatín o unos euros para contratar durante un par de años a un doctorando por un sueldo que haría enrojecer de vergüenza ajena al jefe de esclavos que supervisó la construcción de la Gran Pirámide de Gizah. La ventaja que tienen los niños es que no tienen que explicar en detalle en qué van a emplear los regalos, mientras que el investigador tiene que desglosar hasta el último céntimo en qué se va a usar la subvención, añadiendo además qué resultados se van a obtener de la investigación, a pesar de que por definición misma del proceso de investigación es imposible saber de antemano y con precisión qué se va a encontrar.


La Carta a los Reyes termina con una promesa/chantaje por parte del niño, diciendo que si se le traen los regalos que ha pedido continuará siendo bueno un año más. En particular, seguirán sin producirse sospechosos incendios espontáneos en distintos puntos de la casa. En el caso del proyecto de investigación la cosa es un poco más complicada. No sólo tiene uno que prometer que va a descubrir unas cosas interesantísimas que puede que no existan, sino que además tiene que asegurar, siguiendo las últimas tendencias en corrección política y lenguaje burocrático de moda, que el proyecto redundará en beneficio completo de la sociedad, de los más necesitados, de las minorías étnicas y religiosas, y varias tonterías más. Aquí es donde entran en juego palabras absurdas de nuevo cuño tales como "sinergia", "transversalidad", "interdisciplinariedad", "integralidad", "excelencia" y, desde que tenemos a un retrasado mental al cargo del Ministerio, "competitividad".

Esta última parte es lo que se conoce, en los elevados círculos académicos e intelectuales, como el blablablá de los proyectos.

Esta similitud entre las periódicas y angustiosas solicitudes de financiación pública para la investigación y la Carta a los Reyes Magos es lo que me lleva siempre a decir frases tales como: "si este año nos dan el Proyecto, pretendo comprarme un poni".

Cualquiera que tenga la desgracia de ser seguidor habitual de este blog sabe que, si algo se me da bien, es decir blablablá. Por eso cada vez que en mi grupo de investigación surge la necesidad de redactar un proyecto la gente se mira entre sí con ojos intrigantes, se cuchichea un poco y luego todos se vuelven hacia mi, me echan miradas como sacacorchos y me dicen: "Sufur, ¿podrías encargarte del blablablá?". Cómo me conocen.

Y yo acepto encantado, y me lanzo a producir frases como esta:
 "Gracias al carisma multisciplinar de nuestro grupo y a su capacidad para fomentar las sinergias transversales entre organismos operativos internacionalmente competitivos, proponemos un plan integral de investigación que promueve el establecimiento de núcleos de excelencia a todos los niveles, desde el local al transnacional".
Y me quedo tan ancho. Lo bueno de este tipo de frases es que son prácticamente inagotables. Basta cambiar un poco el orden de los términos que no significan nada:
"Nuestra propuesta integral es a la par interdisciplinar y competitiva, puesto que desde una perspectiva transversal favorece la aparición de sinergias y la consolidación de nuestro instituto como un centro de excelencia mundial e interplanetario que..."
Es divertidísimo y da igual lo que uno ponga. La próxima vez creo que me limitaré a escribir algo así:
"Sinergia sinergia sinergia sinergia, sinergia excelencia sinergia transversal excelencia integral sinergia sinergia sinergia sinergia, sinergia excelencia sinergia transversal excelencia integral sinergia sinergia gia gia giá".
Total, para lo que va a servir...  Al final, la respuesta será algo de este pelaje:
"Estimado Dr Mindundi. A pesar de que su propuesta científica ha obtenido la máxima calificación por parte del grupo de expertos mundiales que nos hemos visto obligados a consultar para que parezca que esto no lo decidimos a dedo, lamentamos comunicarle que este año no podremos financiar su proyecto porque no es lo suficientemente sinérgico/integral. Como premio de consolación, le daremos sin embargo esto:"
Un jodido pedazo de carbón dulce.




octubre 12, 2013

Doce de Octubre

Más de quinientos años celebrando lo mejor de nosotros mismos:



Y dando por culo con desfiles de tambores, trompetas y otras mandangas a las nueve de la mañana, mientras intentas recuperar el sueño perdido durante la semana de trabajo

octubre 08, 2013

Semos jilipoyas

Ola ke asen

Disen los señores de la OCDE ke los ejpañoles semos una panda de hanalfabetos, unos palurdos y ke no savemos aser la o con un kanuto

Ya hetamos akostumbraos a ke lo digan de los mozos ke van a la hescuela porke tol mundo save ke la juventuz está podría por dentro y la kulpa es de la ESO esa kes una mierda pinchá en un palo. Pero lo güeno biene aora porke los señores de la OCDE san dao kuenta en de ke no solo los mozos sino tanbien los hadulteros de asta zezenta i 5 anios estemos mui por abajo de la media de nosecuantos paises del extrangero. En de ke resulta ke un chinorris de Japon  con kinze años save leer y eskribir mejor ke un unibersitario español i además los amerikanos, ke sienpre emos dixo ke son mú burros resulta ke hestan por enzima de nosotros en toas las kategorias. Tié kojones la kosa disen ke los ejpanioles no savemos konprender un pospezto de una melecina ni hinterpretá la fastura de la lud i ke votamos komo vorregos porke al ser hinbeciles se nos malipula con fasilidaz

Porke digo llo, si aora rezulta ke no solo los xavales sino tanbien los hadulteros semos hanalfabetos, entonzes la kulpa no es de la ESO esa sino ke akí sestá asiendo todo mal desde la hepoca de marikastaña lo menos o antes hincluso


E estao preguntando a unos kolegas y el 120% de eyos disen ke los señores de la OCDE son unos korrutos y unos fanzine... facile.. falo... nerosos o komo se diga. Primero nos rovan los Juebos Olinpikos y luego kieren joder la Marka Ejpaña con un hinforme manipulao y enzima hescrtio es hingles o algo estrangero deso pa ke no sentienda na

Pos ke sepan ke aki semos jente kon kultura i ademas en ningun pais se bibe de vien komo en Ejpaña, qellos igual puén saver lo ke es una metefuera y leer sin apuntar con el dedo las palavras y desirlas bajito, pero ke nosotros tenemos plalla y siesta y hademas aora los toros son vien de interes kultural i eso les da enbidia coxina. enbidiosoz esos lo ke son.







septiembre 19, 2013

Coleccionables de Otoño 2013


Septiembre es un mes famoso por tres costumbres ancestrales, que se remontan a la época de los Fenicios: 1) los anuncios de vuelta al cole del Corte Inglés, 2) las hordas de oficinistas que se esconden tras las mamparas de sus cubículos intentando escapar del plasta de su jefe, que quiere torturarles con una sesión de fotos de sus vacaciones en Formentera, y 3) la proliferación de coleccionables por fascículos en los quioscos de nuestras ciudades. 

Los coleccionables vienen siempre con Sensacionales Ofertas de Lanzamiento y grandes, enormes envoltorios de cartón que molestan a quiosqueros y clientes por igual. Se estima que el 83% de la superficie deforestada anualmente en la cuenca del Amazonas se debe a los cartones de los coleccionables de Planeta-Agostini. 

Un equipo de investigación compuesto por mi mismo y un amigo imaginario al que llamo Flambercio ha recorrido los quioscos de Santander para encontrar las mejores promociones de fascículos coleccionables de esta temporada. Estos son los cinco mejores del 2013:
  • Sobres de España: ¡colecciona los más elegantes sobres, en los que podrás meter sobresueldos para tus políticos amigos! Se acabó esa cutrada de meter los billetes de quinientos euros en bolsas de basura. ¡Utiliza sobres como los del PP! Con el primer ejemplar, un sobre de color crudo como los utilizados por Bárcenas, y un sobre más pequeño en color crema para la calderilla. ¡Sensacional Oferta de Lanzamiento! 
 
 
  • Construye tu propio cachorro: para los más pequeños de la casa, que siempre han deseado un perrito para compartir juegos y diversión. Con esta educativa colección, los niños y niñas aprenderán a ser responsables con su mascota, y de paso útiles conocimientos de anatomía animal. Con el primer fascículo, un ojo (derecho), un riñón (izquierdo) y litro y medio de sangre de perro.

  • Céntimos de Euro de Ayer y de Hoy: por fin, en una sola colección, los mejores ejemplares de moneda de céntimo de euro, ordenados por año y país. Una bonita y educativa colección que hará las delicias de los aficionados a la numismática. Con el primer ejemplar, un céntimo belga de 2002 y un céntimo griego de 2005. Precio especial de lanzamiento: 22 euros más IVA.
 

  • Estatuillas de Dioses Hindúes: ¿sabía usted que la mitología de la India cuenta con más de veinticinco mil dioses? ¡Almacene una estatuilla de cada uno de ellos en su casa, como usted siempre soñó! Cada estatuilla está elaborada a mano con plástico de primera calidad y viene policromada por las tiernas manitas de un niño trabajador del tercer mundo. En la primera entrega, Shuriwandalamaputra, diosa de las manivelas, Bhutambrahmetán, dios de los globos de helio de colores, y tres brazos (izquierdos) de repuesto.

 
  • Chistes sobre lo que Folla Julio Iglesias: ¿estás triste porque eres el único de tus amigos que no da la brasa a los demás mandando por WhatsApp montones de fotos imbéciles de Julio Iglesias con textos supuestamente humorísticos? ¿Te sientes un bicho raro porque no llenas de spam a tus conocidos y familiares? No te preocupes: ahora, con esta colección podrás demostras que tienes el cerebro tan muerto y podrido como cualquier otro. Con el primer número doble, Julio Iglesias diciendo haberse follado a Ana Botella, y Julio Iglesias presumiendo de haberse follado al feo de los Hermanos Calatrava. ¡No lo dejes escapar!

julio 11, 2013

Asertividad

Escena: Santander, en lo que sería una fría y brumosa mañana de noviembre si no fuera un mes de julio a las cuatro de la tarde. Dos ejemplares de masculinidad marica hablan de sus cosas, abriéndose los corazones, en la terraza de un bar. Sus corazones, por cierto, están llenos de aurículas, ventrículos y otras cosas igualmente asquerosas.

Entran (por la derecha) dos nubes de laca envolviendo sendas matas de pelo pajizo y mal teñido de un rubio inverosímil. Bajo semejantes armatostes se adivinan las siluetas pellejudas de dos típicas señoronas santenderinas, requemadas bajo la lámpara de rayos UVA hasta límites cercanos al melanoma. Entre las garras enjoyadas de cada una de las cariátides se observan copas de algo que puede ser cerveza o un análisis de orina.


Las lamentables gorgonas miran a su alrededor, buscando una mesa vacía y unas sillas donde aposentar sus huesudos despojos humanos. No hay ninguna. Es entonces cuando una de las momias, en un comportamiento clásicamente español, deja su cerveza sobre la mesa de los mancebos.

Vieja: No os importa que deje la cerveza aquí, ¿verdad?. No se trata de una pregunta, sino una aseveración.

Sufur: Pues la verdad es que sí nos importa. Estamos teniendo una conversación privada, si nos disculpa.

Ante esta frase, las dos antiguallas se alejan, totalmente indignadas y escandalizadas, mururando algo sobre mala educación. Esto, señores, es España: el único país del mundo donde al parecer ser educado consiste en aguantar con una sonrisa la mala educación de los demás...



abril 05, 2013

Ah, vacaciones...

Agenda para un día de vacaciones:
  • 7:00: levantarse.
  • 7:20: desayunar, hacer la cama, preparar la ropa del día.
  • 8:00: ir corriendo al gimnasio.
  • 10:00: ir corriendo a casa.
  • 11:00: ir corriendo al dentista.
  • 12:00: ir corriendo a la Mutua a hacer papeleos.
  • 13:00: ir corriendo al supermercado.
  • 14:00: ir corriendo a casa. Preparar la comida. Comer.
  • 16:00: ir corriendo a clase de fotografía.
  • 19:00: ir corriendo a casa. Afeitarse. Ducharse. Intentar disimular los estragos de la edad.
  • 20:00: ir corriendo al bar.
  • 21:30: cena.
  • 23:30: caerse de puro sueño y cansancio mientras los demás proponen ir de copas. Es entonces cuando algún listo dice: "¿a qué viene esa cara? ¡Si estás de vacaciones!"
  • 24:00: entrar en Comisaría detenido por homicidio.

diciembre 01, 2012

Hoy toca repartir collejas

Hoy celebramos un año más el Día Mundial del Sida, y cuando digo "celebrar" lo digo en el mismo sentido que se celebra un entierro o un velatorio. Ha sido un año marcado por las malas noticias también en esto, con toda una batería de medidas de recorte y desatención por parte de nuestro Gobierno que me hacen hervir la sangre, aunque se veían venir. En Dosmanzanas está una nota de prensa que refleja muy bien el balance del primer año de gobierno de Rajoy:

y

La actuación del Gobierno sólo puede calificarse de canallesca y asesina: no solo desatiende la salud de los ciudadanos, sino que sus políticas se van a traducir en una aceleración de la expansión de ésta y otras epidemias a través de los sectores de la población que quedan fuera de la cobertura sanitaria. Esto es un crimen contra la humanidad y por lo tanto aprovecho para llamar desde aquí a Mariano Rajoy, a la ministra de Sanidad Ana Mato, al ministro de Hacienda Cristóbal Montono, así como al resto del despreciable Gobierno que tenemos la desgracia de padecer, lo que son: criminales, asesinos y malhechores.

Por supuesto también incluyo en mi ataque a la jerarquía de la Iglesia Católica, por su obstinada guerra contra el único método de prevención medianamente fiable que existe, el preservativo. La (i)lógica religiosa lleva a la Iglesia a por un lado prohibir las relaciones sexuales con preservativo y por el otro a cuidar amorosamente de las personas que enferman por cumplir con esa misma prohibición; a sus ojos, lo segundo compensa con creces lo primero, pero su lógica hace aguas por todas partes. Ratzinger y la caterva de ancianos enjoyados que pueblan los palacios obispales se merecen también el calificativo de asesinos.

Pero no acabo aquí con mi oleada de ataques furibundos. Hay un tercer grupo a quien quiero dirigir hoy mis improperios, y ese grupo somos nosotros mismos.

Está muy bien criticar a la panda de sinvergüenzas que nos gobierna y al aquelarre de hipócritas que supuestamente vela por la salud de nuestras almas, pero la mejor crítica ha de empezar siempre por uno mismo. 

Durante los últimos años, el número de relaciones sexuales sin protección ha aumentado de forma alarmante tanto entre homosexuales como heterosexuales. Esto se debe en buena medida a que la existencia de fármacos antirretrovirales ha convertido el Sida (en la mayor parte de los casos, y solo en los países industrializados) en una enfermedad crónica, y eso nos ha hecho bajar la guardia. Pero también se debe al cansancio que experimenta la sociedad tras treinta años de campañas de concienciación. Se trata de un peligroso efecto rebote que los trabajadores sociales y los activistas conocen muy bien: la prevención implica restricción, la restricción crea un tabú, y no hay nada tan excitante como romper un tabú.

Admitámoslo: la fantasía del bareback (follar a pelo) está en su mejor momento. Las páginas web y productoras de porno sin goma proliferan como setas; salvo honrosas excepciones, la mayoría de las compañías de entretenimiento para adultos que se han resistido al bareback han entrado en quiebra. Mientras el debate público entre detractores y defensores de esta práctica continúa, las cifras de ventas y las predilecciones del pueblo (¡cuántas veces hemos oído la frase "yo es que si veo un condón se me va todo el morbo"!) demuestran que la  batalla la tiene ya ganada el bareback. Y estoy hablando exclusivamente del porno gay: en el porno hetero, la batalla ni siquiera llegó a empezar (la mayoría de las escenas han sido siempre a pelo). Por mucho que se diga que la fantasía es solo eso, fantasía, lo cierto es que al final se acaba filtrando a nuestros comportamientos, sobre todo cuando el alcohol y otras drogas debilitan nuestras inhibiciones.

Yo soy el primero que reconozco el poder tremendo y transgresor que tiene sobre mí el deseo de romper con el tabú del sexo seguro: al igual que tantos otros, fantaseo con imágenes de salvajes bukkakes, de tíos que se lo tragan todo y culos rellenos como pavos. Como primates humanos que somos, contradictorios y algo ciclotímicos, queremos jugar con el fuego, aun sabiendo que nos vamos a quemar.

Existe todo un movimiento filosófico e incluso un sistema ético centrados en defender las prácticas de riesgo, con un discurso sorprendentemente bien articulado que no es trivial rebatir; no voy a repetir aquí sus argumentos pero sí decir que hay personas que, consciente y meditadamente, se ponen en riesgo (y ponen en riesgo a otros) teniendo muy claras las probables consecuencias de sus actos. Ya no es solamente un problema de falta de información o de tener un desliz o un accidente: el efecto rebote al que antes aludía se ha materializado en un rechazo voluntario del sexo seguro entre un sector creciente de la población. Y esto, por mucho que pueda ser defendido como una opción personal, es un problema colectivo.

Así que también lanzo una colleja compartida hacia nosotros mismos: porque al final los responsables últimos de nuestra salud no son ni el Gobierno ni los clérigos, sino cada uno de nosotros. Si los primeros pueden ser acusados de asesinos, los segundos podemos serlo de suicidas. Separemos la fantasía de la realidad. No bajemos la guardia. Seamos solidarios: es un problema de todos, una batalla de todos. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad, como en todos los demás aspectos de la vida. Hoy y durante todo el año, protejámonos unos a otros.




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