Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas

septiembre 04, 2017

All I can think about is...

Coldplay.

Últimamente parece que da un poco de reparo decir que te gusta Coldplay. Se han convertido en un grupo tan mainstream que escucharlos se ha vuelto sinónimo de carecer de todo gusto musical. No como pasa con Donkiet Kong, que siempre están reinventándose a sí mismos y son por tanto el epítome del sibaritismo hipstérico: 

Extraído de "The Ladybird Book of the Hipster"

A las críticas hay que reconocerles gran parte de razón. Es cierto que Coldplay lleva más de diez años sacando al mercado la misma canción, una y otra vez. Es algo que le ocurre también a muchos otros artistas, por ejemplo Manolo García, que hizo carrera musical con una única canción (la reconoceréis en cualquier cosa suya). Pero a diferencia que ocurre con este, la canción de Coldplay resulta que me gusta. Es una canción espaciosa, con ondulaciones azules y doradas, que le pega bien al verano. Resulta que Colplay ha sacado nuevo álbum (bueno, en realidad es solo un EP) hace casi un mes y yo no me había enterado hasta hace cuatro días. En consecuencia, y dada mi personalidad obsesiva, llevo todos estos días escuchando una y otra vez la primera de las canciones, "All I can think about is you", que es precisamente lo que estaba esperando:

La misma canción de siempre, esa que tanto me gusta, sobre todo a partir del tercer minuto.


Y que ha conseguido, bastante soprendentemente, alargar un poco mi verano interior hasta entrado septiembre.

abril 29, 2016

The Book of Mormon

La lobá (consúltese el diccionario Mocho-Español) del viaje fueron dos entradas para ver The Book of Mormon, el musical más irreverente y chalado del West End. Y fue una lobá en toda regla: 97 libras y media por persona, sin contar el vinillo del intermedio. Pero mereció la pena: estuvimos en tercera fila, lo suficientemente cerca como para ver los esputos de los actores pero lo suficientemente lejos como para no ser rociados por ellos, y lo pasamos como enanos.







Curioso tema para un musical, el mormonismo. De todas las religiones absurdas que conozco, la mormona es una de mis favoritas, no solamente por sus orígenes surrealistas sino por lo de los títulos: una religión en la que el rango más bajo posible lleva el nombre de "elder" –anciano– es lo más parecido que existe a mi fantasía de fundar una sociedad secreta en la que nada más entrar ya seas "Gran e Ilustrísimo Maestre de las Siete Llaves del Contabernáculo Celeste con Ribetes Decorativos", y de ahí en adelante.

El tema se aparta del clásico argumento del típico musical (el tenor quiere follarse a la soprano, pero el barítono se interpone). Éste va sobre una parejita de misioneros mormones novatos (elders), uno un poco tontaina y bonachón y el otro un poco tontaina y ambicioso, a los que asignan su primer destino. Es el momento de hacer grandes cosas, de dejar huella en el mundo, de pasar a la posteridad los dos, pero sobre todo uno de los dos.


Ese uno de los dos sueña con que su primer destino sea el lugar más maravilloso y mágico del mundo, la tierra prometida a la que todos desean ir: Orlando. 

Lógicamente, les destinan a Uganda.

Los dos jóvenes llegan con toda la ilusión de evangelizar y se encuentran con una población que no puede estar menos interesadas en chorradas teológicas, teniendo como tienen que ocuparse de cosas más apremiantes como la tiranía de los señores de la guerra, la miseria, el SIDA, el hambre y las sequías. Cuando los mormones preguntan a los nativos qué relación tienen con Dios, éstos les responden con un tema que nos recuerda al Hakuna Matata de El Rey León: "Hasa diga eebowai". Literamente: "¡que te follen, Dios!" (en el coño).


Enfrentados a una misión imposible y a la pasividad de sus propios compañeros, los muchachos se ven obligados a elegir entre fracasar en su misión o hacer lo que se supone que un mormón nunca debe hacer (aparte de beber café): mentir como un bellaco.

Y esto da una idea del tono general del musical:  lenguaje no apto para menores, señores de la guerra obsesionados con la amenaza de los clítoris, jefes de misión con homosexualidad reprimida (o no tan reprimida), mentiras, metáforas, gente que se folla lagartos y mucha, muchísima mala leche. Eso sí, como ya estáis oyendo el nivel musical no es ni mucho menos el de un West Side Story, ni el de un Los Miserables, ni siquiera el de un Cats. Está más bien en la liga de un Spamalot, y casi igual de divertido.


We are the sunrise on the Savannah...
A monkey with a banana...
A tribal woman who doesn't wear a bra...

Curiosamente, aunque sea satírico The Book of Mormon no es un musical que deje particularmente mal parada a la religión. Solo se mete con los que se escudan en los altos ideales la religión para olvidarse de los problemas reales del mundo. Los propios mormones, que son listos como ellos solos, aprovechan en Estados Unidos para contratar publicidad en el Playbill: "ahora que has visto el musical, ¿qué tal si te lees el Libro?". ¡Tengo la sospecha de que la Iglesia Católica no tendría tanto sentido del humor en su lugar!




septiembre 10, 2015

Feliz año nuevo

Ya lo he comentado en varias ocasiones: para quienes no hemos dejado nunca la academia, el año no comienza en enero sino en septiembre. Por eso, lógicamente, toca poner como fondo musical "Aguas de marzo":


¿Perdón? ¿Aguas de marzo en septiembre? Lógico, pues es un tema brasileño y en el Hemisferio Sur, recordemos, el otoño empieza en marzo: "são as águas de março fechando o verão, é a promessa de vida no teu coração". Últimamente estoy muy brasileño yo, y no solo por motivos profesionales.

En Santander el verano es una época lluviosa y cálida que comienza allá por San Fermín y termina más o menos por Santiago Apóstol. Es decir, hace ya tiempo que se acabó el verano, pero como he estado de viaje durante todo agosto yo no me había dado mucha cuenta hasta ahora.




No falla: llega el día uno y de repente los alumnos que tienen asignaturas para septiembre se acuerdan de ponerse a estudiar y a preguntar sobre sus dudas. El examen era el día dos. Los resultados no sorprenden a nadie, salvo tal vez a los propios alumnos, que viven en un perpetuo estado de estupor. Hay dos clases de alumnos que se presentan a los exámenes de septiembre: los que suspendieron en junio y los que dejaron la asignatura para el verano por motivos estratégicos. Los primeros muy rara vez aprueban: cuatro meses de no enterarse de nada seguidos por un verano de tampoco enterarse de nada suman exactamente la siguiente cantidad: nada. Los que dejaron la asignatura para centrarse en otras y atacan durante el verano, por otro lado, son algo totalmente distinto: bastantes aprueban y lo hacen con buena nota. He aquí la diferencia entre estrategia y tozudez.

Igual de desastre que los alumnos somos sus profesores. Organizo un congreso para la semana que viene. El plazo límite para registrarse era el 20 de agosto y por tanto, lógicamente, más de la mitad de los participantes se lo saltaron y se registraron durante la extensión de plazo que (evidentemente) concedimos. Ya estaba previsto: siempre es así. Lo que me ha sorprendido un poco (no mucho, la verdad) es que a cuatro días del comienzo del congreso aún haya gente apuntándose. No me voy a quejar: los congresos, como las orgías, son más divertidos cuanta más gente participe.

He vuelto también al gimnasio, a.k.a. Vanessolandia. El verano se ha saldado con un +2 kilos que hay que fundir. Esto en 88 kilos, mi máximo histórico, igualando a los que tenía a los 20 años, con la única diferencia de que antes yo era 100% tocino y ahora soy 80% tocino, 20% músculo. Los pantalones me aprietan, las camisas no me valen y tengo agujeros en los calcetines. Esto último no es culpa de mi aumento de peso, sino de mi vagancia a la hora de ir de compras. Mi gimnasio ha comprado un taller de coches que había al lado y lo ha transformado en un espacio para crossfit: putas modas. Lo bueno es que ahora los Vanessos se reparten entre ambos locales y tengo algo más de espacio para renquear y resolplar como un cachalote varado entre mancuernas y otros aparatos de tortura. En cuanto a los Vanessos en sí, el año comienza con unos cuantos ejemplares nuevos, incluyendo un par de esos que los ves y te entran unas ganas enormes de eyacularles en la cara.


El osezno, para equilibrar mi balanza energética, ha vuelto a los fogones por todo lo alto: ceviche de rape y langostinos, ensalada de toronja y aguacate y budín de pan con arándanos. Cómo cocina ese hombre, por Dior. Qué peligro. Delicioso peligro...




julio 23, 2015

Momentos Románticos con Pablo Alborán

Es una verdad universalmente reconocida que, de entre todos los seres que pueblan la creación, aquellos que con mayor habilidad y crueldad despiadada practican ese arte bélico llamado "chantaje emocional" son las madres. Pero ellas no son las únicas capaces de conseguir un un ligero tono de decepción que un hombretón de dos por dos metros se convierta en una masa de gelatina temblorosa sin voluntad: para eso también se las apañan divinamente los amigos. 

"Jo, es que quiero ir a ese concierto pero no encuentro a nadie que venga conmigo" es una frase que, según las tablas de catástrofes humanitarias que maneja la ONU, equivale a un terremoto de magnitud 7.3 en la escala de Richter. En opinión de los expertos en ese perido histórico, la antigua civilización Olmeca se extinguió en su totalidad por culpa de un amigo que no quería sacrificarse a los dioses en soledad. El individuo hizo sentirse a todos los demás olmecas tan culpables por no acompañarle, que éstos prefirieron suicidarse de todas formas, poniendo fin a siglos de una cultura rica y sofisticada de la forma más idiota posible.

Algo parecido, que veremos si acaba conduciendo también a la extinción o no, me ha ocurrido con el concierto de Pablo Alborán al que me veo condenado esta noche.

Mi relación con Pablo Alborán es la siguiente: por la parte musical le escuché cantar una vez en un programa de la tele, eso me llevó a comprarme un disco suyo (soy una persona de ideas y costumbres estrafalarias: pago por la música que oigo, por los libros que leo y por las películas que veo), que escuché dos veces, y desde entonces no he vuelto a pensar en él. Por la parte no musical, me lo follaría vivo varias veces.




Así que esta noche, mientras a mi alrededor las doncellas núbiles enjuagan sus lagrimitas, yo estaré pensando en lo mucho que me gustaría empotrarme al artista. Él cantará sobre delicados sentimientos y yo imaginaré que le desnuco a empellones contra el cabecero de la cama. Él tocará el piano o la guitarra y yo fantasearé con darle mandanga de la buena, ponerle fino filipino, atragantarle a golpe de salami o rellenarle como a un pavo, hasta que se le salgan los ojos a pollazos. La de posturas sexuales que se puede uno imaginar en dos horas de concierto.

Pura poesía.

Va a ser una noche romántica que te cagas.



julio 03, 2015

Ganas de viajar

Mis ganas de viajar, siempre grandes y limitadas únicamente por mi escasez de tiempo y dinero, se ven multiplicadas por cien en verano. Cuando el cielo se aclara y permite ver las montañas a lo lejos siento deseos irrefrenables de cruzarlas y ver qué hay al otro lado. Me imagino a mí mismo recorriendo los senderos, cabalgando entre praderas, atravesando el país en un descapotable o sobrevolándolo en avioneta. Lo importante en mi sueño no es el destino, sino el ir más allá.

Porque mis sueños viajeros de verano no se limitan a conocer Praga o a bañarme en alguna playa del Golfo de Méjico. Los viajes que yo quisiera hacer son un poco más complicados de realizar.









Lo hablaba el otro día con un amigo: creo que sería capaz de alistarme a una expedición tripulada de solo ida a Marte, si me dejaran. Pero como no hay expedición, y si la hubiera yo no podría aportar nada a ella, me tendré que conformar una vez más con viajar con la imaginación.

El verano es la estación de la ciencia-ficción.

Para esta temporada me he hecho con los siguientes títulos:


Alastair Reynolds es mi escritor de ciencia-ficción actual favorito. Sabe de lo que habla (es astrofísico y trabaja para la Agencia Europea del Espacio) y además escribe historias interesantes, con que enganchan, con miga. ¿Elefantes africanos en el espacio exterior? Todo es cuestión de proponérselo...


De Ann Leckie no tengo ninguna experiencia, pero hay que probar cosas nuevas y esta novela se llevó el año pasado los tres pesos pesados de los premios de la ciencia-ficción: el Hugo, el Nebula y el Locus. Tiene buena pinta.

Y en el rato de mis vacaciones que no esté leyendo, estaré jugando al Civilizations: Beyond Earth. Ya puestos...



marzo 26, 2015

Lo bueno (4)

Yo, siempre lo he dicho, tengo tanto oído musical como un bote de ketchup y tanto ritmo al bailar como un buzón de correos. El baile, el sentir el latido la percusión, el llevar el ritmo y el ser capaz de coordinarlo con otra persona son cosas que sé que existen, y que les suceden a otras personas, probablemente en otra galaxia. O en Brasil.

Allí cada garito tiene sus propios músicos actuando en vivo. Al principio sospeché que se trataba de un paripé para turistas.
- Esto en los bares normales, donde va la gente local, no es así, ¿verdad? -les preguntaba yo a mis compañeros brasileños.

- Oh, sí, sí que es así.
La gente se levanta y baila. Da gloria mirar cómo se mueven ellos y ellas. Bailan muy pegados, unos con otros, en contacto estrecho cuerpo con cuerpo, y no tiene ningún significado oculto. Bailan por el placer de bailar y aunque parece que se vayan a quedar embarazados después del tercer o cuarto compás, no existe ninguna intención sexual en todo ello. Van cambiado de pareja alegremente y perfectamente natural que todos bailen con todos a lo largo de la noche. De hecho, el choque cultural viene cuando llegamos los europeos con nuestros prejuicios. Una chica que conocí allí, madrileña que lleva unos meses trabajando en Río, me contaba su primera experiencia en un bar de copas:
"Allí estaba yo, con mi caipirinha en la mano, y de repente se acercó un chico a bailar conmigo. Naturalmente, le hice la cobra. El chico se quedó pálido, sorprendido, sin saber cómo reaccionar. Parecía que se iba a echar a llorar en cualquier momento. Probablemente nunca le habían negado un baile. Mis compañeras brasileñas se acercaron a preguntarme que por qué me comportaba tan rudamente. Y entonces comprendí que ya no estaba en Malasaña".
La noche que salí vi a chicos bailando con chicas, chicas bailando con chicas y chicos bailando con chicos. Los únicos que no bailamos fuimos servidor y los de Teruel. Me sentí levemente minusválido. A cambio, cayeron bastantes más caipirinhas de la cuenta. Y volví al hotel con una alegría que normalmente no siento cuando vuelvo a mi casa de una noche de copas por Santander.

Los vídeos que grabé con el móvil son espantosos: se oyen fatal y se ven peor. Tentado he estado de no subirlos, pero me da algo de pena no compartirlos, así que ahí van:


marzo 20, 2015

Lo bueno (3)

I

Conocí en el congreso a una chica brasileña que había estado trabajando una temporada en España. Me contó que una vez le habían robado el bolso en Madrid y que cuando fue a la policía a notificarlo, ésta se lo tomó como un asunto de gran gravedad. Más tarde la muchacha encontró tirados en el suelo sus documentos de identidad, pero no el dinero ni las tarjetas. En cuanto se lo dijo a los agentes de comisaría, éstos se quedaron mucho más tranquilos y dieron por cerrado el caso.
- Oiga, pero mi dinero y tarjetas no han aparecido.

- Ni aparecerán. Lo que nos preocupaba es que tuvieran su pasarporte. Lo demás, da igual.
La chica se quedó extrañada y preguntó a santo de qué la desaparición de su pasaporte había causado tanto revuelo. La explicación fue que los pasaportes brasileños tienen mucho valor en el mercado negro, mucho más que los de otros países. ¿Por qué? Porque Brasil es un país de mestizaje desde hace mucho tiempo y nadie desentona allí. Uno puede tener rasgos orientales, llamarse Gustavo y apedillarse Schmidt, siendo brasileño de tercera generación. Por ese motivo cada vez que un agente secreto en una película recibe un juego de pasaportes falsos, siempre hay entre ellos alguno de Brasil.

Esta anécdota viene a cuento porque a la hora de hablar de hombres del país, conviene irse olvidando del mito del brasileño mulato zumbón. Los brasileños vienen en todas las formas, tonalidades y tamaños. La ventaja, como decía antes, es que en ningún lado desentonas. La desventaja, al mismo tiempo, es que a nadie resultas exótico: seas como seas, y con la población que tiene ese país, los brasileños siempre habrán visto a veinte mejores que tú.

El mestizaje, además, produce belleza.


II


Hay tres cosas que me fascinan del clásico "la chica de Ipanema". La primera es de qué forma tan dulce pronuncia Jobim la palabra "sozinho": prueba irrefutable de que el portugués es más difícil de lo que parece, y de que el español es el idioma más fonéticamente sosainas que conozco. La segunda cosa que me fascina es lo escandalosamente pegadiza que es la canción: llevo diez días sin quitármela de la cabeza. Por último, lo tremendamente melancólica y triste que es (por muy tropical que sea), si uno se fija en la letra.



La historia, en versión resumida, es esta: el cantante ve pasar cada día a una muchacha que camina hacia la playa. Ella es hermosa, él siempre la sonríe, y ella ni siquiera le ve. La canción acierta de lleno en mi diana emocional, pues para mí la belleza ajena siempre ha tenido un punto doloroso. No estoy hablando del clásico resentimiento del feo hacia los guapos, sino de algo más profundo. Ves pasar ante tus ojos la belleza, te despierta un sentimiento de adoración, quieres ponerla en un pedestal, y sin embargo sabes que no solamente no podrás tenerla entre tus brazos, sino que además esa belleza es algo efímero, que en poco tiempo desaparecerá. Incluso te da algo de rabia que se desperdicie de esa manera.

Brasil está tan lleno de belleza, humana y también natural, que me entraban ganas de llorar. 

Y eso que hubo al menos uno  que sí que me vio y me devolvió la sonrisa.


III

Lo malo de viajar con el tiempo justo, a una ciudad pequeña, a finales de verano (de allí) y entre semana es que te pasas casi todo el tiempo trabajando, y cuando sales la mayor parte de los nativos están ocupados en sus cosas. El único día que nos llevaron a la playa, era miércoles y ésta estaba casi vacía. 

Los chulazos, como los vampiros, salen al anochecer. Al caer la tarde los chicos salían a correr junto al río, y daba gloria mirar sus cuerpos bronceados (y frecuentemente tatuados, hay que ver qué afición le tienen en Brasil a la aguja) mientras hacían ejercicio. Pero a esas horas y con esa luz, no había quien los fotografiara. Por eso de este viaje no guardo casi ninguna foto de hombres merendables. Se queda lo mejor, me temo, en mi retina...





febrero 27, 2015

El músico

Seguro que os sabéis esa canción que suena así:
Chuuuun, chun, chunnn, chun, chururún,
(chun-chururún, chun-chururún)
Chuuun, chun, chururú chun chururúuuuun
(chun-chururún, chun-chururún) 
Chuuuun, chun, chunnn, chun, chururún,
(chun-chururún, chun-chururún)
Chuuun, chun, chururú chun chururúuuuun
(chun-chururún, chun-chururún) 
Chuuuun, chuuuuun chuchúuuuuun
Chuuuun, chun, chúruruuuuun
(chun-chururún, chun-chururún) 
Y así sucesivamente. En efecto, todos la habéis reconocido: se trata del tema principal de la serie de tevisión / heptalogía inconclusa / marca de leotardos (ahora también en supositorios) "Juego de Tronos", a.k.a. "A Game of Thrones", a.k.a. "Aquí no queda vivo ni el tato". Es una sintonía medievaloide a la par que pegadiza, con cierta marcha (lo que se nota en las estrofas que hacen chun-chururún, chun-chururún), y por eso la tengo en mi lista de reproducción "strolling", que escucho cuando doy paseos vigorosos.

Pues bien, hoy he dado uno de esos (me refiero a los paseos vigorosos, no a los chun-chururunes), y me ha entrado curiosidad por quién podría ser el autor de tanto chun chun. Y este es:








Se llama Ramin Djawadi, como indica la útima foto, tiene 40 añitos, es de origen germano-iraní y, no sé a vosotros, a mi me parece super follable. ¡Viva el mestizaje!

octubre 27, 2014

La entrada Duquesa de Alba

Me he pasado la noche en vela pensando en un título para esta entrada. Bueno, en realidad ha sido por la acidez de estómago, pero queda más intelectual lo primero. Estas últimas noventa y seis horas han sido tan intensas y tan ricas que un solo título no puede recogerlo todo. Por tanto, esta va a ser una entrada con muchos títulos, como la Duquesa. Y además hay un motivo adicional para llamarla así, como se verá hacia el final.


Resaca en Diferido

En estos días he viajado de Santander a Madrid, de allí a Granada, he asistido a una reunión muy intensa, he dado una charla en ella, he vuelto a ver después de muchos años a algunos amigos que la vida ha colocado geográficamente lejanos, he conocido gente nueva e interesante, he vuelto a Santander vía Madrid, he marchado a Bilbao, de allí a Alicante, de allí a Murcia, he tenido el honor de asistir a la boda del año, he desvirtualizado amigos, he bailado como un poseso, he maltratado mi hígado y he hecho el camino inverso. Hasta anoche me parecía que no era para tanto. Pero hoy me he levantado molido. Me duele todo: la cabeza, la espalda, el estómago, el culo. Pero mi principal dolencia es anímica. Estoy de bajón. Y es que se me ha hecho cortísimo, leñe. Volver a la rutina diaria tras unos días tan alegres y movidos es un poco triste. ¡Pero que me quiten lo bailao!

Falta de lógica

El motivo de tanta kilometrada absurda, arriba y abajo por la Península, es en gran parte burocrático. Desde que entraron en vigor las nuevas normas del Ministerio para desplazamientos de trabajo, es prácticamente obligatorio empezar y terminar un viaje de trabajo en el mismo sitio y en las fechas más ajustadas posibles, aunque eso salga más caro que buscar un trayecto alternativo. España es un país en el que nos pensamos que poner muchas normas es lo mismo que ser organizados. Así nos va. Conozco al menos dos casos en los que esta normativa ha costado a la salud de compañeros míos, a sus proyectos de investigación y en último término al bolsillo de los contribuyentes miles de euros que podrían haberse ahorrado con solo posponer un viaje de vuelta uno o dos días. En fin. Un día de estos hablaré largo y tendido, soltando todo el vitriolo que llevo dentro, de la tiranía de los chupatintas, pero no hoy.

Caminando por Granada, creo que por la calle Elvira o por ahí, observé una placa muy llamativa: "Asociación Andaluza de Restaurantes Gastronómicos". Mi pregunta es: ¿existen los restaurantes (andaluces) no gastronómicos? ¿Qué pondrán en sus cartas, zapatos? ¿Tendrán su propia asociación andaluza?

En una de mis paradas aeroportuarias me entró el capricho de sentarme en un Starbucks y pedir uno de esos imposibles cafés con nombres tipo "strawberry caramel macchiato frappé with cinnamon swirls and aromatic organic cocoa drops", que sirven para que echando unas gotas de sirope el café de toda la vida cueste cinco euros más. Qué se le va a hacer, a veces uno cae en estos timos. Lo bueno del Starbucks es que los intolerantes podemos pedir nuestro café con leche de soja o leche sin lactosa. Así se lo pedí al camarero, un chulángano con nivel de follabilidad 9.5 en la escala de Sufur. El chulángano me hizo religiosamente el café con leche sin lactosa... y acto seguido procedió a cubrirlo todo bajo abundantes capas de nata montada. Para haberlo estrangulado. Pero claro, luego el cabrón me lo sirvió con una sonrisa y guiñándome un ojo, y no fui capaz de protestar más que con un "hi hi hi" de colegiala histérica. Putas hormonas...



Un mundo de imanes y milagros

En ningún momento me he planteado el blog como una forma de hacer amigos. Me gusta que me lean y me comenten, pero sobre todo es una válvula de escape y un divertimento. No tengo una gran fe en la capacidad de la tecnología para facilitar la amistad. Por ese motivo suelo rechazar las ofertas para participar en "kedadas" (odiosa palabra) de bloggers.

Y sin embargo, en franca contradicción con el párrafo anterior, hay algo muy especial en este tipo de relación cibernética. Es algo va más allá del mero "el roce hace el cariño". Van pasando los meses y te vuelves asiduo de aquellos blogs cuyos escritores te cautivan por su inteligencia, su sentido del humor, su ironía, su forma de escribir. Empiezas a conocer un poco a personas a las que al principio solo identificas por nicks ridículos y avatares absurdos. Se convierten en parte de tu día a día. Y así, casi sin quererlo, empiezas a quererlos.

Pasan los años y por goteo empiezas a conocer en persona ("desvirtualizar") a algunos de ellos. Les pones rostro y nombre. A veces el contacto directo rompe la magia y ahí se acaba el acercamiento. Otras veces se confirma la buena impresión inicial y nace una relación real. Gracias al blog he conocido a figuras como Gaysinley, cuyo blog ya no existe, el osazo intelectual Hm (que para mi alegría también estuvo en la boda de la que voy a hablar a continuación), el escritor de éxito Pasaelmocho o el dulce y suculento periodista Nils: personas que enriquecen mi vida aunque nos veamos de pascuas a ramos.

El caso de Shepperdsen y el Sr. Skyzos es doblemente especial. Conocí sus blogs de forma independiente y luego me enteré de que formaban pareja en la vida real. Una noche de noviembre nos conocimos en Madrid los cuatro (ellos dos, el osezno y un servidor) y hubo química al instante. Nació una amistad a cuatro bandas, a pesar de la distancia, fundamentada una buena cantidad de experiencias comunes, grandes dosis de frikismo (en el caso del Sr. Skyzos y el mío), un trasfondo profesional similar (el de Shepperdsen y el osezno), gustos parecidos (tanto al osezno como a mí nos encantan por igual Shepperdsen y el Sr. Skyzos, je je) y, vaya, que son buena, pero que muy buena, gente los dos. Les queremos.

Por eso fue un honor que nos invitaran a su boda, y un placer acudir a ella. Vivimos en un mundo de milagros cotidianos: de teléfonos móviles, realidad aumentada y reactores que atraviesan mil kilómetros en cuarenta minutos: con un poco de dinero y buena planificación, ya no hay distancias. ¡Cómo nos lo íbamos a perder!


No pongo foto de los novios para preservar su intimidad. Pero estaban guapos a rabiar.

Viva San Frutos (Pajarero)

El Sr. Skyzos y Shepperdsen, con gran devoción católica y pensando únicamente en mi honor de segoviano, tuvieron la amabilidad de celebrar San Frutos, patrón de Segovia, organizando su boda el 25 de octubre, día en que se celebra la sego-fiesta. San Frutos, ermitaño, santo, hermano de santos y quién sabe si padre de santos, fue un ascético varón que ya cuatrocientos años antes que San Francisco de Asís tomó la costumbre de hablar con los pájaros del campo. Siendo segoviano, imagino que después de hablar con ellos, se los comería.




Más desvirtualizaciones

Pudimos por fin conocer al alma creadora del desaparecido, pero no olvidado, Planeta Murciano, y actual mente maestra de Atroz con Leche. Y ya iba siendo hora. MM es un personaje que resiste todo intento de definición, por lo que lo mejor que puedo hacer es reproducir su propia introducción en el Atroz:
Venida de otro Planeta, el Murciano más concretamente, llevo más años dando castigo por esas interneses de Dios que en el cuarto oscuro de la Metropol, que ya es dicir. Absurda y cantamañanas, no tengo ni idea de na pero hablaré de to como si fuera experta cum laude. Soy la escritora de guardia y traeré las noticias frescas y en tira cual papel higiénico pa limpiarse el culo. Además puntualmente, escribiré sobre otros temas muy interesantes según las amebas.
Tengo que reconocer que yo iba nervioso, intimidado, al encuentro. El señor MM no es un blogger más. Es EL BLOGGER: centro y motor de todo un sistema planetario de cultura paralela, escritor deslumbrante, crítico apasionado, polifacético, referente, creador de un lenguaje personal propio e inconfundible, que lo mismo te habla de pollas o de farándula que te da una lección de humanidad doliente que te deja conmovido y hecho un trapo. Yo, como decía, iba asustado a la boda, temiéndome ir a quemarme como una polilla cuando se acerca a una luz demasiado intensa.



Me imaginaba su aspecto de otra forma, no sé por qué: tenía en mente algún tipo de oso huertano y barbudo de piel morena. Pero no: es un tiazo alto, de aspecto nórdico y ojos azules como brocas con punta de diamante. El osazo despampanante es su novio. Tras mis primeros momentos de nervios, estuve estupendamente con los dos. ¡Menudas risas!


La Marimesa

Éramos todo hombres en la mesa número 14: la mesa Noa Noa. ¡Y qué hombres! ¿Es que los novios no tienen amigos feos? Yo me los habría tirado a todos. En palabras de MM, aquella mesa olía a cuarto oscuro, a poppers y a glory hole. Y yo me pregunto, ¿a qué huele un agujero? Mi propuesta fue rebautizar la mesa como "Mesa Bukkake".




El tener una mesa solo masculina causaba pequeños problemas protocolarios a la camarera. Esa costumbre tan hispana de empezar a servir por la dama de mayor edad o rango social allí no se aplicaba. Esto llevó a despistes y pequeños momentos de incomodidad, como cuando parecía que no iba a llegar el sorbete que me faltaba. Al final todo se solucionó y no llegó la sangre al río. Yo, por el sorbete, mato.

The Croquette Report

Pero llegamos a la parte que todos estabais esperando: el informe de croquetas. Ya lo dijo Elvira Lindo: lo que nos hermana a todos los españoles, desactivando todo nacionalismo, son las croquetas. Una boda española sin croquetas es algo inconcebible (del mismo modo que una boda segoviana sin algún tipo de cachorro asado es algo imposible de considerar). Y da la casualidad de que yo, en mis ratos libres, soy reportero de croquetas. Ya me tocó hacer ese duro pero satisfactorio trabajo en la boda de Robin, y no iba a hacer menos aquí.



Por poco no lo cuento. Lo de las croquetas, digo. Estuve a punto de perdérmelas por culpa del jamón. Vaya jamones. Dos esforzados camareros se partieron la espalda cortando a cuchillo dos estupendos jamones de Guijuelo. Yo estuve unos valiosos minutos haciendo cola para conseguir un plato de la porcina delicia para mi corro de corbatas, y cuando volví las croquetas habían desaparecido, devoradas con unas ansias dignas de una manada de lobos famélicos. Menos mal que uno de los novios se apiadó de mi y le pidió a la camarera que me sacara unas pocas. Mi veredicto: sobresalientes. Se notaba el ligero picor que noto en la parte posterior de mi paladar cuando el jamón es ibérico. Pequeñas, bien formadas, crujientes, nada aceitosas. ¡Larga vida a la croqueta!


Momento "Duchess of Alba"

El alcohol, fuente y a la vez solución de todos los problemas del mundo en palabras de Homero (Simpson), es un poderoso crecepelo, y si cabe alguna duda al respecto sólo hay que mirar la siguiente imagen:

Vaya napias que tengo. Nunca me había fijado

Murcia, qué hermosa eres, pijo

No tuvimos mucho tiempo para turismo, la verdad. Lo bueno de celebrar una boda por la mañana es que es mucho más llevadero para el organismo de las personas de avanzada edad, como yo, pero lo malo es que no deja mucho tiempo para apreciar el barroco. Lo poco que vi de Murcia me sorprendió muy agradablemente. Ya esperaba bastante gracias a los fotos y textos llenos de amor patrio del Planeta Murciano, pero verla en persona, y con este tiempo primaveral típico de finales de octubre en la era del Antropoceno, supera todas las expectativas. Dejo que las fotos hablen por sí solas añadiendo, eso sí, que soy de los que opinan que la nueva fachada de Moneo sí encaja bien, haciendo un buen contrapunto, frente a las puertas de la Catedral.








Pajas aeroportuarias

Alicante no sé si será o no "la millor terreta del món", como dicen ellos, pero desde luego sorprendente lo es un rato. En una de las boutiques del aeropuerto tenían como producto estrella esto:

Para aquellos ignorantes incultos y embrutecidos que no sepan lo que es un huevo Tenga, este aséptico dibujo puede ayudar a ilustrar su funcionamiento:

En el anterior dibujo, basta sustituir el elegante cilindro central por una buena polla tiesa para entender exactamente cual es la finalidad del invento. Yo soy un gran fan de los huevos Tenga, que proporcionan unos momentos la mar de entretenidos a la par que agradables, y los usaría mucho si tuviera dinero para poder permitírmelos. Lo que no es habitual es verlos fuera de mis sexshops favoritas, lo cual es una pena. Ojalá todos los aeropuertos del mundo sigan el ejemplo del de Alicante, lo cual ayudaría a contener la epidemia de ladillas que parece extenderse desde ciertos cuartos de baño de algunas terminales que todos conocemos...


Puntualidad germánica

Hay que decir que, para haber tomado doce medios de transporte distintos en pocos días, todo salió a la perfección, como un reloj. Las mayores esperas fueron las de la cola del control de seguridad del aeropuerto, y porque la gente es idiota. No, señora, su bote de laca del tamaño de un obús no puede pasar a la zona de embarque, por muy digna que usted se ponga y a pesar de que el pobre encargado de seguridad "no sepa con quién está hablando".  Esta vez, por desgracia, no me cacheó ningún segurata buenorro. Todo lo demás -aviones, autobuses, coches, tranvías, carromatos, zepelines- funcionó como la seda. Al final va a ser verdad lo que me dijo una vez mi suegro: "va a resultar que sí que éramos un país muy rico, si después de que hayan robado tanto aún nos queda todo lo que tenemos..."


Y gracias a ese perfectamente engrasado mecanismo de emisiones de carbono y otros contaminantes, esta noche he podido caer semicomatoso en mi propia cama. ¡Viva el progreso!


LinkWithin

Blog Widget by LinkWithin

Adoradores