febrero 13, 2009

Viva el arte moderno

Ya que últimamente este blog parece un funeral, creo que merece la pena un esfuerzo para levantar un poco los ánimos. Tampoco mucho esfuerzo, porque no tengo tiempo para florituras. Así que éste es un buen momento para volver a "arrebuscar en el baúl de los recuerdos" y recuperar algo que escribí hace ya muchos meses, antes de empezar este blog. Algunos de vosotros ya lo habréis leído, sintiéndolo mucho.

Así que esto va por mis nuevos lectores, y por los capitalinos que estos días están disfrutando -o, más probablemente, no- de ARCO:



Me he dado cuenta de que he errado en mi vocación: yo tendría que haberme dedicado al arte conceptual moderno. Es duro darse cuenta a estas alturas de la vida de que toda mi trayectoria vital ha estado desviada, pero aún soy joven y confío en poder reconducir mi vida por otros derroteros más creativos y útiles para la sociedad. Ya estoy imaginando la entrevista que me publicará el IFEMA cuando haga mi primera exposición en ARCO:

ARCO: Sufur (Madrid, 1974) es una de las jóvenes promesas del panorama nacional e internacional actual. En esta, su primera exposición, nos presenta un conjunto de arriesgadas propuestas cuyo denominador común, que da nombre a esta muestra, es el ciclo formativo del pingüino o pájaro bobo. Otro elemento común de las obra que forman esta muestra es el impacto visivo que se consigue a través de la ultilización de recursos multimedia dentro de un marco de calculada anarquía, que nos retrotrae a elementos ya presentes en otros artistas tales como Ericka Junghermass o Fabrizio P. Mirtilli. ¿Podría decirse que te has visto influído por la obra de dichos artistas?

Sufur: En un cierto sentido, podría decirse que no. Es cierto que utilizamos técnicas figurativas en común, como por ejemplo el uso de tubos catódicos pintados a mano y la repetición incesante de diapositivas que son siempre idénticas entre sí, pero mientras que ellos aplican estas técnicas dentro un marco narrativo lineal, yo transgredo estas limitaciones en búsqueda de una meta-narrativa propia. Yo diría que mis fuentes se encuentran más bien en el movimiento underground de Shibuya, que surgió alrededor de un grupo de figuras marginales que aunaban elementos clásicos del neón-gótico (neologismo acuñado por Wang Garret, uno de mis mentores) con una nueva visión de las artes plásticas. Yo juego con conceptos deconstruídos y vueltos a construir en formas que reflejan la alteridad del ser humano, ser social. Eso me permite crear cataclismos irónico-trascendentales, como hace Sigmar Polke.




A: Has hablado de la repetición de imágenes diapositivas y eso nos retrotrae a la obra central de esta exposición, "Calíope desencadenada". ¿Puedes comentar algo acerca de esta obra?

S: Se trata, en efecto, de la obra central de la exposición, no solo geométrica sino también metafóricamente. El visitante de la exposición entra en una sala de paredes acolchadas con tapones de botella de agua mineral: la sala representa el espacio vacío, germen y a la vez destino de toda incertidumbre, y los tapones, cada uno de ellos distinto de todos los demás, marcan una complejidad difusa. Una voz en "off", previamente grabada y distorsionada con elementos de ruido electrónico, grita una serie de palabras en swahili. Hay luces estroboscópicas que inundan la sala en ráfagas espasmódicas, que inducen en el visitante un sentimiento de indefensión, o bien directamente catatonia. El espacio conceptual de la obra, ya de por sí multidimensional, se desdobla con la aparición de un nuevo elemento: una imagen holográfica de una mujer vestida de rojo que, a cámara lenta, alimenta a unas ocas desesperanzadas. Al espacio se añade una nueva realidad: el tiempo. La habitación empieza a inundarse de vísceras de pescado, y el visitante de la exposición siente que nace en su interior un nuevo sentimiento: el deseo que de le devuelvan su dinero. Con un crujido aterrador, el escenario representativo se desgarra, colapsa en una alegoría de los epifenómenos de la globalización, y se repliega hasta formar una nueva realidad: en concreto, una palangana.

A: La mujer de rojo parece estar presente en todas tus obras...

S: Sí, en efecto, la Mujer De Rojo es un elemento recurrente en mi producción. Es al mismo tiempo una evocación de la inmortalidad a la que todos aspiramos y un recordatorio de la ineluctable historicidad de nuestros afanes. En ese sentido, la Mujer De Rojo es un ente polimórfico que va tomando distintas apariencias, ya sea una niña que sostiene una amapola, un rinoceronte lanudo o una serie atonal de sonidos que se desplazan en cascadas concéntricas.




A: ¿No te preocupa que puedas, por tanto, ser encasillado?

S: En una palabra: puede.

A: En una reciente reseña dedicada a los artistas conceptuales mayores de 34 años y menores de 35, publicada por la revista "Metrominimal", Jack D. Sparrow define tu obra como "coprofagia intelectual". ¿Qué tienes que decir a propósito de este comentario?

S: Sparrow es un amargado. Desde que su propuesta de cubrir el Taj Mahal con un cubo de gelatina de frutas en la que nadan ardillas vivas fuera un fracaso de público y crítica, no ha sido capaz de crear nada. Desesperado, se ha vendido a los poderes fácticos por un plato de lentejas y ha adoptado una posición reaccionaria, diría incluso que falócrata, desde la cual ataca a todo lo nuevo. ¿Recuerdan cómo hace unos meses tildó a Tchvjinoski de impostor por intentar vender en Sotheby's un jarrón de metacrilato lleno de genuina saudade portuguesa? El jarrón se vendió por medio millón de dólares, demostrando una vez más que Sparrow ha perdido por completo el norte. No tengo más que añadir al respecto.

A: Para terminar, esta es tu primera exposición en solitario. Anteriormente habías participado en exposiciones colectivas y en muestras antisistema. ¿A partir de ahora, seguirás con el camino en solitario o volverás a las obras corales de tus orígenes?

S: Eso depende, fundamentalmente, de las ventas.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Como artista ke sepa ke no ha inventado nada, ke la coprofagia intelectual la practicamos todos un poco bastante, hombreya.

Nyc dijo...

Qué difícil es ser un artista modelno, bueno postmodelno, o postpost lo que sea, unos incomprendidos somos, sí señor
(uy!! he usado la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo ser!!!! en qué estaría pensando....) ;)

gaysinley dijo...

Pero aquí falta Isabel con los Ferrero Rocher... para darle el toque de glamour a semejante exposición... jajaja!

Buen fin de semana, amigo mío.

Un besazo. Alber

hm dijo...

Jajajajaja, me meo, me meo, jajajaja.

¿Y dónde dice que me puedo hacer con una de sus obras?... ¿Me recomienda alguna en concreto para mi salón?

BIRA dijo...

El otro día leí este post y no fui capaz de comentar. No por no tener el vocabulario "artístico" activado, no, no, si no porque no sé qué coño le pasaba a blogger que no me dejaba. Al grano!

Hay "arte" moderno que a mí más bien me parece una tomadura de pelo, y encima, de las de mal gusto. Y además muchos de esos "artistazos" ni siquiera saben hablar. Así que tú, con ese palabrerío que te gastas, con esa labia y con tu forma fabulosa de fotografiar las cosas bien podrías ser un Artista, pero con mayúsculas y sin comillas. Anda que no!

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