marzo 22, 2010

Music, sweet music

Es sorprendente lo que te puedes encontrar en un bar de carretera: desde aquella ansiada cassette que faltaba en tu colección a todo un surtido de ladillas cedidas por algún motero voluntarioso en los baños del área de descanso. Volviendo ayer de la Castor-boda nos dió por parar en Unquera a tomar un ligero refrigerio, consistente en:
  • Para el intrépido conductor, una coca-cola light
  • Para la no menos intrépida copiloto, otra coca-cola light
  • Para el osezno, un botellín de agua mineral, del tiempo
  • Para Sufur, un tazón de chocolate, del tamaño aproximado del Mar Caspio, y cuatro corbatas para remojar.
Con el fin de hacer pasar el engrudo de cacao y mantequilla que se estaba formando en mi esófago tuve que beberme casi todo el agua del osezno. Previsor y sabiendo que aún nos esperaba un trecho en coche antes de llegar a casa, decidí pasar por los servicios del local, donde me esperaba el primer hallazgo de la tarde. No, mal pensados, no me refiero a esto, sino a esto otro:


Da gloria saber que no se ha perdido la famosa sutileza tan propia del vending patrio. De vuelta a la mesa me esperaba el segundo hallazgo de la tarde: uno de mis compañeros (y sin embargo amigo) se había quedado encandilado de algo que encontró en uno de los mostradores. Estoy hablando ni más ni menos que de... ¡los genuinos Melody Pops!


Quién iba a pensar que tantos años después aún siguieran fabricándose. Mientras salíamos pitando (literalmente) del bar me dio por pensar sobre el oficio de fabricante de silbatos de caramelo:

(cortinilla ondulante, indicando ensoñación, que da paso a la siguiente imagen)

Es una noche tormentosa. El viento silba entre las ramas desnudas del jardín, soplando alrededor de los nobles y envejecidos muros de una opulenta mansión. Dentro, en su lecho de dolor y rodeado de enfermeras, familiares y criados, agoniza Algernon W. Pops, "el Rey de la Piruleta Musical". El casi legendario filántropo y magnate, que levantó con sus propias manos todo un imperio comercial a partir de una mísera tienda de gominolas, se ve ahora reducido a la impotencia, sus últimas fuerzas consumiéndose en vana batalla contra la terrible caries que está extinguiendo su vida. Mira a su alrededor y se desespera al descubrir la ambición y la avidez en las miradas de cuantos le rodean. Todos quieren arrimarse al gran hombre en sus últimos momentos, esperando como buitres la hora de repartirse la tarta de la herencia. Algernon los desprecia a todos: a Virginia, la retorcida y cínica esposa, a Boomer, el pusilánime y reblandecido hijo, a Candy, la decadente hija... incluso Juanola, la criada hispana, parece estar pidiendo una parte de las incalculables riquezas de la familia en pago por sus servicios domésticos. ¡Malditos todos ellos! Algernon W. Pops quisiera echarlos a todos, pero las fuerzas le fallan...

(otra cortinilla ondulante, con su cambio de escena)

El funeral de Algernon W. Pops. Tras la solemne misa en la abadía de Westminster, suenan los majestuosos acordes de la Sinfonía número 5 en do mayor, op. 94, de Rommerstein, quien fuera gran amigo personal del difunto. Rommerstein fue el primer gran compositor contemporáneo capaz de armonizar perfectamente en la orquesta las cuerdas, los metales y los caramelos. Ejemplo perfecto de ello es la mencionada Quinta Sinfonía, comúnmente conocida como "la Golosa", en la que los Melody Pops asumen por fin su merecido protagonismo. Especialmente famoso es su tercer movimiento, un andante con moto que comienza con el suave arrullo de los Peta Zetas y prosigue in crescendo hasta alcanzar un grandioso final con el impactante estallido de cien globos de chicle. Los asistentes, conmovidos, guardan respetuoso silencio mientras avanza del féretro con los restos mortales del hombre de negocios.

(cortinilla ondulante)

Diez años más tarde. Un enorme cartel de "se vende" cuelga en uno de los otrora señoriales balcones de la mansión. La familia Pops, después de años de litigios para ver quién se hacía con las riendas de la multinacional seguidos por una interminable sucesión de pésimas decisiones comerciales, se enfrenta a la ruina. Tal vez sea que el mercado ha cambiado, pues los silbatos de caramelo ya no se venden como antes. Todos los intentos por buscar nuevos materiales han sido un fracaso: los silbatos de chocolate con leche, que parecían tan prometedores, se derriten a las primeras de cambio, mientras que los de chicle de fresa ácida se deforman y desafinan terriblemente. Otros materiales nobles (gominola, regaliz, arroz con leche) tampoco resultan satisfactorios. Resulta evidente que sin la visión y el empuje del viejo patriarca la marca Melody Pops está condenada a desaparecer. ¡Si es que siempre se van los mejores!




6 comentarios:

Fisher Sapphire dijo...

Me ha matado la máquina de condones... eso es aprovechar la noticia... jajaja!

starfighter dijo...

Dime que estás escribiendo guiones de series televisivas y se los vas a mandar a HBO, la Fox o la ABC (O a todas ellas a la vez). Cualquiera de tus historias deja a una serie española a la altura del talón de Torrebruno. Esa escena del féretro y la Quinta Sinfonía de Rommerstein... qué recuerdos... ;)

Peritoni dijo...

Como una cabra!

Por cierto, esos caramelos se llamaban antes "Pitagol", jajjajajajaja soy una revieja del blues!

Thiago dijo...

jaja hacia tiempo que no te leía una de estos post con tus historias tan disparatadas como divertidas... y tan currada y bien, como se dice..., documentada, jaja esos caramelos que pitan no se llamaban antes de otra manera? Igual en Galicia, jaaj Lo de ponerle Clinton a un condón es genial, solo falta que sorteen una noche con una becaria, jaaj

Y tu osezno bebe el agua del tiempo? de verdad que oso polar no debe ser, jaaj

Bezos

Thiago dijo...

Ah, ahora leo a Peritoni, ¡Pitagol! por dios, eso debia de ser antes de la guerra, no? Es que me suena que hace poco alguien uso uno en mi pandilla para contar el chiste de ese que va a Canarias y le encargan cosas, y Pepito le daba un euro para un pito.. total que el chiste consiste en decir: "Pepito, tú pitarás". Bueno, contado de aquella manera, jajaa


bezos.

MMdeplanetamurciano dijo...

¿ Seguro ke el chocolate ke se metió entre pecho y espalda era solo chocolate?
A mí se me ocurrió regalarle hace poco un Melodypop a mi sobrino y maldito el momento...

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