agosto 12, 2011

Un señor de mediana edad

Hace más o menos un año, uno de los compañeros de mus de mi padre se acercó a mi ilustre progenitor y le dijo: "oye, mi chico está pensando estudiar Física en la Universidad. El tuyo se dedica a eso, ¿verdad? ¿Qué tal si le dices que queden un día a tomar un café y así le da un par de consejos?". Así que aprovechando mis vacaciones quedé una tarde con el chaval y le estuve ofreciendo esas sesudas e inútiles perlas de sabiduría que da la experiencia y que al que está escuchando le entran por un oído y le salen por el otro sin provocar la menor interferencia en su tejido neuronal.

No, malpensados, no me lo tiré.

Estuvimos hablando un buen rato y mientras lo hacíamos yo no dejaba de sentir unos vértigos y unas angustias tremendas pensando que el chico tenía dieciocho años y yo exactamente el doble: que cuando yo empecé a ir a la Universidad él estaba aún pegándole patadas al endometrio de su madre, que cuando yo acababa la carrera él jugaba con cochecitos de plástico y que si no fuera porque estamos en Universidades diferentes yo podría perfectamente llegar a catearle en Física Cuántica durante la carrera.

Pocas veces me he sentido tan viejuno.

Hace unos meses salí de copas con un par de compañeros de trabajo más jóvenes que yo. Ambos están haciendo la tesis y pese al la diferencia de edad nos entendemos bien porque siempre podemos hablar de frikadas, que son cosas atemporales. El caso es que después de haberme bebido unos cuantos gintonics salimos a la calle, y nada más cruzar la puerta me topé de bruces con un corrillo de alumnas mías de segundo curso. Mi primer pensamiento fue: "si estas petardas estudiaran más en vez de salir de borrachera, otro gallo les cantaría". Mi segundo pensamiento fue: "¡cielos, que no vean que estoy pedo!". Y mi tercer pensamiento fue: "joder, estoy empezando a pensar como un abuelo". Me deprimí mucho.



Luego está el asunto de las tres canas que me han salido en la perilla, las dos que tengo en el pecho y las tropecientas que tendría en la cabeza si no estuviera calvo como una rana. Y el tema de los achaques que va de mal en peor, con sus inevitables y lamentables consecuencias para la vida cotidiana.

A uno le van cambiando la mentalidad y los estilismos: si hace unos meses decidí cambiar de estilo de gorra para estar más de acuerdo con mi edad, ahora ha llegado el turno de las camisas. Yo era muy de camisetas, cuando era más joven y estaba medianamente bueno. Pero llegado a un punto de perímetro de tripa y de blandura pectoral, lo más digno que puede hacer uno es dejar de vestir de Ajaxx63 o de Rufskin y empezar a llevar camisa, que es algo como muy de virilidad madura. Y en esa transición estoy últimamente. Peor aún, estoy empezando a considerar seriamente los chalecos...





Total: que soy un señor de mediana edad. Hoy cumplo treinta y siete años, pero desde hace un tiempo me siento como si estuviera en plena crisis de los cuarenta. No es que me sienta físicamente viejo (bueno, un poco si), sino algo más profundo: me miro a mi mismo y no tengo muy claro ni donde he llegado en la vida ni adonde quiero ir, siento que hay cosas en mí que no me gustan pero no me veo capaz de cambiarlas, noto que voy adquiriendo los miedos que vienen con lo años pero no la sabiduría que debería acompañarlos, y el tiempo pasa cada vez más deprisa...

Casi es una buena noticia porque he notado que la gente se vuelve mucho más interesante una vez que consigue superar la crisis de la mediana edad (y por eso siempre me han gustado los maduros). A ver si me ocurre también a mí. Entre tanto, hoy he comido cochinillo y tarta, y eso siempre eleva la moral. ¡Algo es algo!




10 comentarios:

Gárgamel dijo...

Hombre, más que en los chalecos igual debería pensar usted en las fajas... :P

Diga usted que no, que donde esté un cuarentón bien puesto que se quiten todos los adolescentes del mundo!

DiegoC dijo...

No te quejes tanto,que yo te saco casi tres años (me caen los 40 en noviembre) y no es para tanto.Apúntate a un gimnasio,que eso da mucha vidilla.Te puedo asegurar que a mí me ha servido para ligar más que en todos mis veintitantos (claro que,estando casado,no sé si es una buena recomendación).

Allau dijo...

Desde los casi 20 años que nos separan, contemplo con ternura esas pamplinadas juveniles que te inquietan.

hm dijo...

Ay, Sufur, Sufur, con lo majo e interesante que es usted... esto es un bajón tonto y ya está... ahora lo de los chalecos suena la mar de interesante... seguro que causa estragos entre sus jóvenes alumnos.

Lo único que me preocupa de todo el texto es que no se cepillara al chavalillo... si defrauda así sus espectativas, no va a meterse a física... :p

starfighter dijo...

Ay Sufur de mis amores, ¿ya estás así? ¿Que no llevas camisetas? ¿chalecos? Tienes que salir ya mismo de la pérfida Albión, que vas camino de un clon del orejas Charles.

Si te digo que con casi 41 que me llegan dentro de tres semanas estoy mejor que hace quince... De verdad que no me cambio por dos de 20.

Sufur dijo...

Si opino igual que usted, Gárgamel... me encantan los cuarentones, excepto uno: yo. Admito que ando bajo de autoestima, últimamente.

No, si en un gimnasio estoy desde hace años, DiegoC: es lo único que se interpone entre mi y la obesidad a la que me predispone mi genética. Y yo que creía que los ligues de gimnasio solo pasaban en las pelis porno...

¡Qué bien sienta un poco de perspectiva, Allau!

Me cuentan, señor Hm, que el muchacho no solo entró en la Facultad, sino que ha sacado notazas en el primer curso. Eso sí que es alarmante...

La verdad es que si, Starfighter: estás estupendo :-)

Gárgamel dijo...

Hombre, otra opción es pasarse al corsé, como su admirada Mrs Frost. Refuerza la cintura y realza el pechamen. Y ya si lo complementa con unas botas de plataforma va a ser usted el terror de las islas :P

Sufur dijo...

Hombre, con una buena peluca rubia y unos taconazos, igual podría convertirme en una Srta. Frost de pesadilla :-)

Sr_Skyzos dijo...

No me jodas, que voy camino de 34...

Yo también me he planteado en dejar de ir a comprar al Pull & Bear y lanzarme de cabeza a Massimo Dutti, más que nada porque creo que ya les doblo la edad también a los clientes de las primeras tiendas...

Le Morbo dijo...

Yo creo que aceptar que hay prendas que van quedando peor, y que otras van quedando mejor incluso que antes, es un paso muy saludable cuando uno va cambiando, porque no hay nada peor que un canoso fofo envuelto en lycra.

Hay que potenciar las virtudes, y la madurez en cierto modo es una y muy atractiva.

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