diciembre 09, 2013

Fin de semana social

No tengo yo mucha afición ni mucha costumbre de usar el blog para contar qué he hecho el fin de semana, salvo que haya fotos de por medio. Esto es así por dos motivos: a) que mi vida, vistas panorámicas aparte, es más aburrida que Rubalcaba leyendo durante seis horas el listín telefónico y b) que las pocas cosas interesantes que hago yo durante los fines de semana suelen tener como protagonistas a otras personas, cuya intimidad puede sentirse vulnerada por aparecer en una página que recibe todos estos cientos de miles de visitas al día: cero.

Pero hoy me salto la regla porque ha sido un fin de semana de mucho ajetreo, muchas risas y pocas horas de sueño.

El osezno y yo, ignorando las más elementales normas del sentido común, decidimos ir a Madrid con sólo unas pocas horas de adelanto: pillamos unos billetes de avión en tarifa infrahumana de Iberia, agarramos el único alojamiento que quedaba libre en puente tan señalado por el centro de Madrid (un hostal-picadero en pleno barrio de señoritas prostitutas) y nos lanzamos a la aventura. Lo de la tarifa infrahumana de Iberia merece una explicación más detallada: nuestra adorada aerolínea patria, envidiosa de los logros de abyección y maldad alcanzados por la puta Ryanair, ha lanzado unos vuelos baratos dentro de lo que es la Iberia "normal" (no hablo de ese engendro llamado Iberia Express, sino de ese otro engendro llamado Iberia a secas) cuyo gran ahorro para el infortunado viajero consiste en lo siguiente: los horarios son destructivos, debes pagar de antemano si deseas seleccionar tu asiento, y tienes que pagar aparte si quieres facturar maleta. De todo esto nos informó en el propio aeropuerto una empleada de la compañía, hermosa y radiante como un amanecer visto desde el interior de una fosa séptica, mientras se reía de nosotros por no haber leído la letra pequeña con estas precisas palabras: ja, ja

Nosotros tuvimos que pagar la cantidad de euros treinta para facturar una de nuestras maletas. Y se preguntarán ustedes: ¿qué motiva a un ser humano a tener que facturar maleta para un viaje de dos días? La respuesta se resume en una sola palabra: líquidos. El desglose es uno de esos detalles aburridos que no quiero compartir, pero sí he de apuntar una cosa: una respetable pareja de maricones como nosotros nunca va a ninguna parte sin llevar litros y litros de lubricante hidrosoluble.

Era el fin de semana del MadBear y de la MIBB Week, dos úrsidos festivales que coinciden en geografía y fechas como monumento al pelo, la testosterona y las ganas que tienen los empresarios del ambiente de joderse unos a otros, y no precisamente de la manera agradable. Era, pues, el festival de los hombres con tripa, barriga y pelos hasta bajo los párpados, es decir: lo más parecido al paraíso para mí y, sobre todo, para las ladillas. Teniendo en cuenta eso, organizamos nuestra agenda con los amigos siguiendo esta regla: las horas de sol para los heteros, la noche para los maricones.




Llegamos a la capital del Reino a las nueve de la mañana, hora indecente, y tuvimos suerte loca al conseguir que nos dieran habitación tan pronto. El osezno estaba derrengado y se echó a dormir. Yo, por contra, soy incapaz de dormir durante el día, y menos con una ciudad excitante y llena de plantígrados a mis puertas. Salí a darme un paseo y a tomarme un café.

Primer acto social. Me encontré por un absoluta casualidad con un viejo amigo absolutamente des-pam-pa-nan-te al que llevaba meses sin ver. Nos tomamos un café en un sitio muy chic y muy tonto de Chueca, charlamos y nos reímos, y al terminar nos hicimos una foto para ponerla en Facebook. No habían pasado ni cinco minutos cuando mi ex alumno brutal nos comentó la foto: "¡anda, qué casualidad, no sabía que os conocierais vosotros dos!". Y a los diez minutos, otro amigo de Canarias: "¡anda, cosas no sabía que os conocierais entre los tres!". Lo cual demuestra dos cosas: que el mundo es muy pequeño, y que tengo amigos más putas que las gallinas.

Segundo acto social. Apareció el osezno y nos fuimos a Sol, donde habíamos quedado con mi amigo V. Grave error táctico: la plaza de Sol, antes y durante la Navidad, recuerda a las escenas de zombis agolpándose unos sobre otros de la película Guerra Mundial Z.


Conseguimos vernos con V. con apenas hora y media de retraso y tras dos o tres cambios de planes. Acabamos comiendo en La Gorda, restaurante peruano donde un personal amable pero altamente ineficiente nos atendió gradual, paulatinamente. Eso estuvo bien: no llevábamos prisa y así pudimos charlar tranquilamente con V, hombre fascinante y chulazo atípico a quien le habría propuesto matrimonio años atrás si no fuera porque es hetero y porque le quiero como a un hermano desde el siglo pasado.

Tercer acto social. Volvimos al hotel a tiempo para ducharnos y que pudiéramos ponerse guapo, el osezno, y tapar mis mayores defectos, yo. Tras otra arriesgada incursión a través del territorio zombi conseguimos quedar con el señor Hm, eximio blogger y además la persona más achuchable que conozco. El señor Hm pertenece a una especie sumamente peligrosa y feroz, el cazador de chasers, pero por debajo de su apariencia de osazo de escándalo se esconde un corazón de oro y un cerebro de primera magnitud. Nos dimos muchos abrazos los tres y luego, como ovejas, fuimos al Matadero. Allí nos reunimos con otros dos amigos, J. y B: la pareja más follable que se pueda encontrar entre Getafe y Getxo. Juntos, los cinco nos entregamos a las angustias y zozobras existencial(istas) de El Malentendido de Camus. Julieta Serrano y, un poco a mi pesar, una enorme Cayetana Guillén Cuervo se comen el escenario, eclipsando por completo al resto del reparto, en un escenario prácticamente vacío.



Hacía sorprendentemente bueno en Madrid, así que fuimos andando tranquilamente hacia Chueca, pasando por La Latina y un restaurante indio lleno de guiris. La noche transcurrió entre copas, pelos y un singular combate de camisas a cuadros contra camisas a rayas en Distrito. Después de que nos echaran del garito, nos fuimos cada uno a su cubil, excepto el sr. Hm, cuya energía es inagotable.

Cuarto acto social. Recuperamos la consciencia a tiempo para ir a comer con N. y S., otra adorable pareja, pero en versión hetero. Ambos elevan la alegría de vivir a una nueva dimensión. El tiempo se nos pasó echando puñetas y nos quedamos sin siesta, pero ni falta que hacía (habiendo cafeína).

Quinto acto social. Tras unas rápidas compras, vino la desvirtualización del año: la del señor Nils. Blogger de talento, magnífico escritor, políglota, hombre culto, inteligente y viajado, el señor Nils está además como un tren: al ver tantas cualidades juntas uno podría ser presa de la envidia y decir que no hay justicia en el mundo, pero al saber la cantidad de tesón y de trabajo que hay tras de ellas no queda otro remedio que inclinarse, quitarse el sombrero y dejarse inundar por la admiración. En apenas hora y media de charla, el señor Nils nos conquistó al osezno y a un servidor. Miento: a mí ya me tenía conquistado desde mucho antes. Estoy deseando volver a verle y tomar ese café a solas que nos tenemos prometidos el uno al otro desde hace años.

Sexto acto social. De nuevo, fue ducharnos, arreglarnos y salir a cenar. B, J, el osezno y un servidor comimos cómodamente sentados en Minabo. Después nos unimos al señor Hm en el bar de Enfrente, donde vimos, entre otras cosas, camareros despampanantes, una reina con arnés, vídeos de top models despatarrándose sobre la pasarela y el fenómeno más fascinante de todos: la migración del oso borracho. A eso de las tres de la mañana, el bar pasa de estar abarrotado a vaciarse como por encanto. En apenas unos minutos, como por combustión espontánea, sólo quedan un cierto aroma a feromona rancia, unas pocas botas humeantes y un camarero de bíceps como melones secándose el sudor del pecho con una bayeta. Cuando yo muera, quiero reencarnarme en esa bayeta...


Fuimos, de forma inevitable, al Bearbie. El camarero de la barra delantera era un dechado de virtudes hosteleras santanderinas: no era ni guapo, ni amable, ni trabajador, ni eficiente, de lo que se deduce que debe chupársela de maravilla a su jefe. Si no, no se entiende que conserve el empleo. Más de lo mismo, es decir: osos y más osos. Yo, manteniendo los superpoderes de invisibilidad que me permiten atravesar un local de osos sin que nadie se fije en mi, me dediqué a estudiar zoología y etología. La estrella del local era un cub judío absolutamente arrebatador. ¿Que cómo sé que era judío? Bastaba con mirarle la punta... de la cabeza, donde lucía una kippah bastante incongruente en un sitio así. El chaval tenía, no exagero, como veinte adoradores bailando a su alrededor. En el otro extremo del espectro humano estaba una especie de mamífero que me recordaba al actor porno Hussein: musculoso y peludísimo, pero más feo que un pecado, y además con superpoderes malignos, porque consiguió atravesar mi velo de invisibilidad osuna y me costó un trabajo enorme sacarme su lengua del esófago. Para ser paletos de provincias, conocíamos a unos cuantos de los parroquianos, en su mayoría amigos o adoradores del osezno de pasadas visitas. La música era perfecta para bailarla estando al borde del coma etílico: no tenía ningún sentido. Y así poco a poco fue llegando la Hora del Desguace, perdimos de vista al señor Hm en brazos de un turgente italiano, y nosotros nos fuimos recogiendo a nuestra base de operaciones temporal para recoger la maleta y largarnos, sin haber dormido nada, al aeropuerto.

Pero yo, al menos, me comí un donut de chocolate.

 



11 comentarios:

starfighter dijo...

Y para constatar que este mundo es un kleenex te diré que conozco a tu amigo de Canarias porque es amigo de mi chico. ¿Cómo se te queda el cuerpo?

PD.: después de esa vida social tan ajetreada necesitaría una semana de vacaciones para recuperarme ;p

Driver GT dijo...

Tampoco es tan pequeño, que por lo que veo coincidimos en el Distrito, ¡y ni siquiera lo sabíamos! Una lástima, podíamos habernos saludado.

Sufur dijo...

Creo que su chico tiene amigos muy guapos, sr. Starfighter. Lógico, dado que él mismo es un guapo de primera categoría ;-)

Cachis, sr. Driver, mu hubiera encantado tomarme algo con usted. Pegas de no conocernos ni en foto. La próxima visita, fijo

PasaElMocho dijo...

Cuánto lenocinio.

Yo no paré de recibir mensajes de cómo es que se nos había ocurrido largarnos de Madrid en estas fechas.

Deric dijo...

Y ayer a descansar, no?

Anónimo dijo...

Vaya, así que el nuevo novio vizcaíno de J. se llama B. Espero que con él sea más feliz. A mí lo de llorar de estos cuatro meses ya se me pasará...

Nils dijo...

No tengo palabras para agradecer suficiente tanto halago. Pero sí quiero dejar claro que para mí fue mucho más que una desvirtualización. Conocerte por fin ha sido muy grande, uno de los momentos top del año, y sí, tenemos pendiente una charla más tranquila a gusto nosotros dos. Y el osezno me ha conquistado, qué simpático y qué buena gente que es! Pero eso tú ya lo sabías ; ) Encantado de haberle descubierto TenKey.

Eleuterio dijo...

Muy divertido todo.

Anónimo dijo...

El comentario eliminado ya había sido leído: ojalá sus efectos se pudieran borrar con tanta facilidad.

MM de planetamurciano dijo...

"Aroma a feromona rancia" si eso no es poesía...
Sospecho que el señor HM fue en otra vida sereno de los que cuidaban las calles por las noches, porque le aseguro que sus sospechas son ciertas; es el último que se va de todos los bares hasta el último de los bares que estén abiertos. Un portento, oiga.

DiegoC dijo...

Anda,qué fuerte que hayáis estado AL LADO DE MI CASA y no me hayáis dicho nada...fatalfatalfatal

LinkWithin

Blog Widget by LinkWithin

Adoradores