junio 23, 2014

El principio del fin

Todo está inventado.

Ser original es prácticamente imposible, y más en este país de opereta en el que me ha tocado nacer. Basta asomarse por cualquier red social para verlo:
“Ola soi una persona marabillosa y única y kiero k sepan k a pesar de k digan lo k digan los demás mi corasón siempre vuela libre porque soy auténtico y fiel a lo que viene siendo yo mismo y para demostrarlo voi a escrivir una cita de Claudio Coelho sakada de contesto y a poner una foto de un atardeser mui bonito. Que la lus del sol no te impida ber las estrellas y tal"
Esta plaga de originalidad no se limita a Facebook, sino que contamina nuestras calles con fenómenos cíclicos de franquicias destinadas al más espantoso de los fracasos:
“Ola soi un emprendedor y para demostrar k tengo unas ideas originales i estupendas voi a poner una tienda de [yogur helado / cigarrillos electrónicos / perfumes genéricos / panes con semillas / inserte su propia memez aquí], que es algo mui de moda k seguro k no se le ha okurrido a nadie más que a mi"
De esta forma, en el mes de junio de 2012 abrieron en Santander cinco establecimientos de venta de yogur helado, de los que hoy sobrevive solo uno (uno más de lo que debería, en mi opinión). Durante ese otoño se abrieron cuatro tiendas de “perfumes para el hogar”, de las que no queda ninguna. El año pasado sufrimos la explosión de las tiendas de cigarrillos electrónicos, que van colapsando una a una a medida que la idiotesca moda del “vapeo” perece. Y así sucesivamente...

Cuando abrieron la tienda de donuts que está frente al instituto Santa Clara, temí que se tratara de una nueva moda perecedera… y me dio mucha pena. Pienso que toda ciudad que se precie debe tener una buena fábrica de colesterol en forma toroidal, con glaseados de alegres colores, para poder ser un lugar donde merezca la vida vivir (y morir de enfermedad cardiovascular). Durante un par de meses, la tienda se mantuvo solitaria, única, idiosincrásica: una esperanza de permanencia de la masa frita en un desierto de alimentos de alta calidad. ¡Oh el placer de envenenarse lentamente con rosquillas glaseadas!



Pero mis temores se han confirmado. Ayer vi en rápida sucesión dos nuevas tiendas de donuts. No hay ciudad para tanta grasa. Los donuts están condenados a desaparecer de Santander...



1 comentario:

daniel westk dijo...

¡Sarcasmo exquisito! jajajajaja. ¿Eres de Santander? ¡VIVA CANTABRIA!

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