abril 12, 2015

Sea usted feliz: yo se lo mando

Leer revistas literarias es de perdedores. Incluso dedicar más de cinco minutos a leer el suplemento Babelia es algo inútil: el verdadero pulso del mercado editorial lo marcan los supermercados.

Al menos, el mío. Cada vez que me toca hacer cola para pagar unos sucedáneos de yogures con sabor a sucedáneo de frutas, veo en los expositores junto a la caja tres tipos de cosas: chicles, condones y best sellers. Estos últimos, a su vez, corresponden siempre a tres categorías: mierdas pseudohistóricas escritas por Pérez-Reverte, pasteladas de Federico Moccia y libros de autoayuda. 

Paulo Coelho es la estrella indiscutible de mi supermercado. A él corresponden títulos tan esenciales como "Descubre la magia de tus uñas" o "El fontanero del amor", y frases tan inolvidables como "tu sonrisa es el arma con el que llenas de flores el corazón de la Luna", y otras gilipolleces del mismo calibre.

Es sabido que la Ciencia no me da para pagarme mis vicios: a mis cuarenta años, aún no he podido cumplir mi sueño de tener un poni para hacérmelo en tempura. Mi Santa Madre me dice que mi pobreza se debe a dos cosas: a mi desmesurada afición a los lacasitos, y a que no aprovecho los dones que me ha dado nosequé señor. Y yo me pregunto: ¿qué tiene de malo gastarse doscientos euros al día en lacasitos?

Aunque a lo que se refiere mi Santa Madre, en este contexto, es a mis dotes para escribir páginas y páginas sin decir nada en absoluto. Tal vez debiera hacer caso a mi Santa Madre y probar los M&Ms. O escribir unos cuantos libros de autoayuda llenos de vaguedades y forrarme a costa de la credulidad de los pobres desesperados de la Tierra.

Claro que yo no daría recetas vacías para hallar la Felicidad. Mis consejos serían concretos y realizables. Por ejemplo, se me ocurre que una vía estupenda para alcanzar la felicidad es el tocino. Siempre, he dicho siempre, se puede confiar en el tocino. A diferencia de la religión, la creencia en el tocino se basa en algo que no solo existe, sino que además es delicioso. Y a diferencia de los que buscan la felicidad en chorradas tales como el amor y los amigos, quienes confíen en el tocino saben que una vez que éste entre en sus cuerpos, nunca les abandonará. El tocino, además, puede excelentes propiedades como aislante y da mucho sabor a los cocidos.

En mi libro "Compre este libro porque aquí sí que encontrará la receta a la felicidad, no en esos truños que escriben el resto de tipos que viven de esto" extenderé estas ideas, dando explicaciones sobre mi Camino A La Felicidad En Cuatro Cómodos Pasos, que son:
  1. Salga de casa y diríjase a un establecimiento adecuado.
  2. Compre tocino.
  3. Cómase el tocino.
  4. Sea feliz, hostias.
Si usted se come en una tarde cuarenta kilos de tocino y no se queda feliz, le devolvemos el dinero.

4 comentarios:

Alex dijo...

Funciona para mi... pero... qué hacer si tu pareja es vegetariano?
Compro el tocino y me excomulga!

Sufur dijo...

Lo que has de hacer, Álex, es comer tocino a escondidas. Tú serás feliz y tu novio será feliz viéndote feliz. Y el vendedor de tocino también será feliz, y tu cardiólogo será feliz... todo será taaaan bonito...

Mugen dijo...

Es verdad cuando comes tocino se te queda de recuerdo, es muy agradecido.

Driver GT dijo...

¿Y si eres más de panceta?

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