marzo 17, 2009

Vísceras

Soy la prueba viviente de que ser un Doctor en Ciencias no es incompatible con comportarse como un auténtico neanderthal. Lo mismo me pongo el birrete y te canto el gaudeamus igitur que te arreo una pedrada entre los ojos, te llevo arrastrándote por los pelos hasta mi cueva y te pongo mirando a Cuenca.

La estupenda bodega La Montaña de Santander celebra estos días las Jornadas Gastronómicas de la Casquería, ofreciendo a precios razonables platos de toda la vida como son la sopa de higadillos, los riñones a la plancha, la asadurilla o los morros de cerdo en salsa. Y allí que nos hemos plantado el osezno y yo, dispuestos a ponernos como cerdos comiendo ídem.

Reconozco que buena parte de la fiesta empieza horas antes de ir al restaurante, cuando comento en el trabajo mis intenciones y veo las caras de repelús que ponen mis compañeros, que no ven inconveniente en comerse a cucharadas la papilla de vísceras inidentificadas y órganos semidisueltos del interior de un centollo pero sienten náuseas cuando se les plantea el masticar oreja frita de cerdo. Llamadme raro, pero he de admitir que disfruto mucho con el inocente placer de provocar arcadas a mis amigos.

Aunque ese placer no es nada al lado de meterse en la boca una porción de callos, con esa salsa espesa y roja ligeramente picante que se extiende por toda la boca inundándola de calor, mientras las diferentes texturas de los trozos de carne se van fundiendo y disolviendo sobre las papilas gustativas.

O el de saborear un plato de tiernas mollejas a la sartén, con ese gusto sutil pero a la vez intenso que va ganando en consistencia durante un tiempo aun después de haber tragado. Se trata de un sabor profundo, graso, telúrico, con una cualidad decadente que recuerda lejanamente a la de la trufa, lleno de matices y capaz de despertar emociones sin nombre ni forma, primarias, oscuras. Tal vez por eso lo mejor es acompañarlas con un sofrito de ajos capaz de devolvernos a la realidad entre bocado y bocado.

O el mayor de todos, el placer definitivo de regalarse con un plato de sesos rebozados: más suaves que el paté, más cremosos que la bechamel, más crujientes que la crema catalana... la delicia. El éxtasis. La gloria bendita.

Ahora entiendo a los zombis. Uno no sabe lo que es el cielo hasta que no ha devorado el cerebro de otro ser vivo.



12 comentarios:

Nyc dijo...

Para gustos colores... Más de la mitad de cosas que mencionas como comida me provocan justamente eso que te gusta provocar...
Ay gente pa to... ;)

Sero dijo...

"Llamadme raro, pero he de admitir que disfruto mucho con el inocente placer de provocar arcadas a mis amigos."
cuando pasa esto te da la impresión de que la tienes más grande pero bueno hay gente que tiene más vida más allá de la campanilla.
por otro lado almudena grandes dijo una vez a través de un personaje de un libro suyo que no te puedes fiar de un hombre (o mujer) a quien no le guste las vísceras.
a mi menos los sesos y pulmones me gusta casi de to

Thiago dijo...

jaaj por dios, por dios, por dios... Si hay algo que no puedo tomar son los fritos de sesos... Es lo único que me abro a vomitos. En eso no soy como mi madre, que le gusta el higado... y le encantan los riñones, pero que no esten muy lavados, que huelan un poquito a pis, como dice ella, jaaja

Guarro, entresijero... jajaja

Bezos

Peritoni dijo...

Ay!, la casquería qué poco me gusta!...donde haya un buen filete para qué comerse un seso...aaaarrggghhhh!
Que te aproveche, jajajajajajaja

PasaelMocho dijo...

Mi debilidad son los riñones y los higaditos.

Problema: mi uricemia se vuelve loquísima del potorro con la casquería, y tengo que tener cuidado si no quiero tener un encantador y megahiperdoloroso ataque de gota.

Aún recuerdo mis vanos intentos de que el peritoni comiese uns zarajos conquenses, qué ricos...

Yo ya se sabe, no puedo con la cebolla.

starfighter dijo...

"Llamadme raro, pero he de admitir que disfruto mucho con el inocente placer de provocar arcadas a mis amigos". Y a los inocentes lectores de este blog, por lo que se ve, jejeje.

Sufur dijo...

No sabéis cuánto me alegra causaros tanta repugnancia. Ahora me siento lleno de felicidad y de ácido úrico a partes iguales jajaja :-)

¡Muy bueno lo de tenerla más grande, Sero!

Nils dijo...

me encantan las mollejas, pero no aguanto casi nada más de casquería, así que est epost apenas lo he podido terminar... ¡estarás contento!

gaysinley dijo...

Ay que acabo de cenar, esto se avisa... por Dios encima como te gusta recrearte en los detalles... se me ha cortao la digestión... jajaja!

Por cierto, no vale poner la foto de Cuenca, porque yo esperaba otra cosa... y uno se ilusiona y nada, así que me pondré quisquilloso, como venganza por lo de las visceras... jiji... la foto de Cuenca, tiene un fallo, hay una casa que se ha evaporado la mitad... jejeje!

Un besuco. Alber

Sufur dijo...

¡Jiar jiar jiar qué malo soy!

rickisimus2 dijo...

Los sesos son uno de los manjares de la Creación.

BIRA dijo...

A mí como al Arguiñano, del cerdo me gustan hasta los andares.

Ya que no te decides a dedicarte a escribir novela negra, bien podrías forrarte haciendo críticas gastronómicas.

En estos post en los que hablas de comida puedo llegar a salivar al estilo Homer sin ningún pudor. Un día de estos jodo el teclado. a ver después qué hacemos!

Un besote

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