junio 29, 2009

El amor y el odio: un comentario sobre el Orgullo

Si es que no sirvo para hacer promesas: dije hace dos días que no iba a entrar al trapo en el debate sobre las formas de Orgullo, y antes de querer darme cuenta me encuentro escribiendo un comentario del tamaño del lago Michigan en el blog del amigo Nils, con quien a ver si coincido para tomarnos ese café prometido de una santa vez.

Tan largo me quedó el comentario de las narices que creo que da para una entrada en sí misma, así que aquí lo reproduzco íntegro:



Yo creo que el amor-odio [por las fiestas del Orgullo en Madrid] lo sentimos todos. Mi relación con el Orgullo ha sido siempre muy agridulce. He aquí mi historia:

Cuando vivía en Madrid era un chico acomplejado y armarizado, pero concienciado. Me asustaba la manifestación del Orgullo por lo que representaba de exponerse en público y porque rodearme de tanta gente guapa me hacía sentirme un escarabajo pelotero. Pero por otra parte me parecía importante estar allí y apoyar aunque sólo fuera con mi presencia todo aquello. Así que ese día me escapaba de mi Colegio Mayor, me acercaba sigilosamente a la Puerta de Alcalá, miraba desde la barrera y muerto de miedo cómo se iba formando el pelotón y cuando la cosa se ponía en marcha me incorporaba silenciosamente, intentando evitar las cámaras, y hacía el recorrido, solo entre tanta gente, en silencio. Luego me volvía con el corazón en un puño a mi cuarto y no comentaba con nadie lo que acababa de hacer.

Pienso que, en aquellas condiciones prácticamente psiquiátricas en las que estaba, ir allí era cada año una conquista personal.

Y quiero pensar que de algo sirvió, porque pasados los años ya no me importa si me ve la gente, ni mucho menos las cámaras, y los complejos de inferioridad los tengo casi todo el tiempo bajo control.

De modo que sigo celebrando el Orgullo reivindicativo en Santander: este año se ha hecho una mesa informativa, se han colgado banderas en los ayuntamientos que han querido participar, se ha leído un manifiesto y un grupo de jóvenes han hecho una actuación de percusión y baile en la plaza, delante de un grupito de unas noventa personas, que para tratarse de esta santa ciudad no está mal.

Pero, por todo aquello en lo que acabo de contar, las veces que tengo la oportunidad de bajar a Madrid para el Orgullo siguen siendo especiales. Porque para mí lo central sigue siendo la manifestación, pero encima ahora puedo disfrutar mejor que antes todo lo demás.

Supongo que los actos públicos tienen el significado que cada uno quiera darles. Yo sigo yendo a la "cabalgata" con espíritu reivindicativo. Estuve allí cuando nos juntamos millón y medio de personas en la época de las manifestaciones homófobas del Foro de la Familia, y aquello fue toda una declaración: "somos más que vosotros". Y, además, nos lo pasamos mejor.

El resto... pues sí. Demasiados precios abusivos. Demasiado márketing. Demasiada gente. Demasiado ruido... demasiado de todo. Eso no lo puedo negar.

Por último, hay un fenómeno no tan curioso, y es que normalmente los afincados en Madrid, como Nils, suelen evitar Chueca durante esta semana, mientras que los que somos de fuera vamos de cabeza, como locos. No me parece tan extraño de entender: al fin y al cabo, vosotros tenéis Chueca a mano para ir cuando queréis. Los demás tendemos a conformarnos con un chute concentrado de País de Nunca Jamás al año. Vamos, nos damos un paseo, pagamos diez euros por un mojito rancio, si alguien nos toca el culo para robarnos la cartera -que no llevamos encima, porque somos provincianos pero no tontos- hasta nos hacemos ilusiones y tras unas horas de estar en Vázquez de Mella apretados como piojos en costura nos volvemos a casa tan contentos, rascándonos la boina y pensando "hay que ver cómo son los de la capital". No deja de ser un momento National Geographic.

2 comentarios:

Nyc dijo...

Mi último post iba un poco en el mismo sentido, una cosa es la celebración "oficial" y otra es cómo se acerca cada uno a esa celebración, cómo lo vive. Para mí, aunque lo oficial deje mucho que desear (y qué no), a nivel personal es un lujo y una gozada poder asistir.
Y también será que los de provincias somos así de catetos ;)

Don Otto Más dijo...

Hmmmm... jopeta, todos habláis de estas cosas y yo nada aún! :)
Yo voy, que me río mucho, hala... aunque sólo sea para que se ofenda la Iglesia en viéndonos :)

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