octubre 01, 2013

Inquietante a la par que hogareño

Tarde o temprano, toda mujer castellana que se precie acaba cayendo en la misma afición: hablar de la muerte. La muerte lleva siendo el tema de conversación más popular de las señoras de tierra adentro desde como mínimo el siglo XIV. Ellas sí que saben divertirse: nada anima más una reunión de amigas en la cafetería, en plena noche de enero, que un buen recital de esquelas recientes, aderezado si puede ser con escalofriantes detalles de convalecencias, dolencias y agonías varias.

Más inquietante, sobre todo para hijos y otros familiares cercanos, son las conversaciones prácticas sobre la muerte, en las que las señoras castellanas ilustran a sus descendientes sobre cómo quieren morirse, cuándo quieren hacerlo (si les es posible elegir), y de qué formas quieren que se les amortaje, embalsame y entierre. Los antiguos egipcios, con sus preparativos funerarios, eran unos mindundis al lado de cualquier señora de Palencia con más de sesenta años. Hasta llegar al punto de que para las señoras castellanas las últimas voluntades son más bien antepenúltimas, pues suelen tener bastante claro junto a quién no quieren que se les entierre varias décadas antes de abandonar este mundo.

Mi Santa Madre se resistió valientemente a la necrofilia castellana durante años, pero finalmente se ha dejado seducir por los encantos del velatorio. Desde hace un par de años, cada vez que viajo a Segovia y nos quedamos a solas ella aprovecha para repetirme el mismo ritual: qué propiedades hay que vender en caso de que tenga que ir a una residencia, Dios no lo quiera, porque ella prefiere morirse de un patatús antes que ir perdiendo la cabeza, y dónde ha escondido las alhajas de la familia para que no caigan en manos de fulanas si ella muere antes que mi padre, etc, etc. Este tipo de preparativos, en una mujer que aún no ha llegado a los sesenta y cinco, me resulta francamente doloroso, pero al mismo tiempo extrañamente reconfortante. De alguna manera me hace sentirme ligado una tradición centenaria, en la que el secreto de cómo morirse (morirse como Dios manda, se entiende) ha ido transmitiéndose de madres a hijos, generación tras generación, en una larga cadena de congojas en la que sólo cambian los detalles, pero cuya esencia se mantiene incorrupta. Hay algo paradójicamente consolador y juanramoniano en esta lúgubre entronización de la muerte como eje central de la vida:

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
 
Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostáljico...
 
Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.
Esencia mortuoria de Castilla. ¿Y cuál es esta esencia? En mi opinión, un último acto de autoafirmación por parte de estas mujeres, que vienen a decir: he cuidado de un energúmeno como marido durante años, he parido y criado a mis hijos, y ahora la única cosa importante que me queda por hacer es morirme, de modo que si lo voy a hacer, lo haré como es debido. Así que le ponen una ilusión a eso de morirse que a los demás nos deja mitad aterrados, mitad estupefactos.

Así ha transcurrido mi fin de semana, entre funerales, amenas charlas acerca de la muerte, y melancólicos paseos junto al Eresma (un río que va a dar a la mar, que es el morir) haciendo fotos otoñales. Una auténtica fiesta. Y luego me preguntan por qué cada vez voy menos frecuentemente a Segovia... 


Agua2
Alameda2
Alameda5
Alameda7
Alameda14
Alameda17
Muralla1
Alameda16
Plaza1
Plaza2
Plaza3
Acueducto2

10 comentarios:

Moriarty dijo...

Tremendas fotos. Eso sí que le pone a uno metafísico.

En cuanto a la necrofilia parental, mi señora madre sólo tiene una fijación, pero la viene repitiendo desde que tengo memoria: que la debemos incinerar. "Ni se os ocurra meterme en un nicho". Eso sí, respecto al destino final de las cenizas todavía no ha dispuesto nada (al menos que yo sepa). A lo mejor nos llevamos una sorpresa como la que nos dio mi padrino, que dejó escrito como última voluntad que sus cenizas fueran esparcidas en la isla Margarita. (Según se sale de Caracas hacia Trinidad y Tobago, a mitad de camino, a la izquierda, más o menos).

Eleuterio dijo...

Qué bello poema.

Muy gracioso, a mí me darían ataques de risa.

MM de planetamurciano dijo...

Fotazas, pa variar...
Me surge una duda...¿Y usted, qué planes tiene pa la mortaja? ¿Y pa´l funeral? Por no perder las costumbres es por lo que pregunto...

Blackmount dijo...

yo ya he dejado dicho que cuando me muera deseo que arrojen mis cenizas a la taza del baño, que sale mas economico. Bellisimas las fotos

starfighter dijo...

Pues en mi casa no se habla para nada del tema salvo alguna vez para decir que quiero ser incinerado. Pero desde pequeño sí que recuerdo que una vez al mes pasaban a cobrar las cuotas de la funeraria. Un señor que se llamaba D. Nicanor y para la empresa "El Ocaso". Sí, todo muy de TBO lo se.

Driver GT dijo...

No es exclusivo de Castilla, que ya le digo yo que en la Galicia profunda también se hace...

rickisimus2 dijo...

Pues tenías que ver a una señora de Palencia en un box de urgencias hablando de esas cosas a grito pelado, porque tenía una máscara de oxígeno... así estuve el 12 de septiembre.

Sufur dijo...

Gracias a todos por los comentarios, chicos:

Me gusta la última voluntad de su señor padrino, señor Moriarty. ¿El lugar lo eligió por alguna razón en particular?

El poema, señor Eleuterio, es del poeta Juan Ramón Jiménez, y a mí me emociona hasta límites insospechados, y eso que tengo la misma sensibilidad para la poesía que un melón maduro...

Señor MM: cuando muera, quiero que me incineren y esparzan mis cenizas sobre el paraje de cruising más popular de la provincia. Que la gente folle y disfrute sobre mis despojos.

Señor Blackmount: sus últimas voluntades rivalizan con las mías en cuanto a poético...

Muy de TBO, sí señor Starfighter: añoro un poco esa España de sainete. Se han ido yendo las tradiciones graciosas y sólo quedan las macabras.

Tiene usted toda la razón, señor Driver: mi mejor amiga es de Pontevedra, y a pesar de su juventud ya apunta maneras...

Menudo panorama, señor Rickisimus: sepa que les tengo a usted y a su madre en mi pensamiento a menudo...

Moriarty dijo...

Don Sufur: mi padrino fue emigrante en Venezuela durante los años sesenta, y amaba mucho ese país. También le gustaban mucho las bromas, y yo siempre he pensado que lo de las cenizas fue una forma de gastarnos la última.

Anónimo dijo...

Cada vez que he comentado que quiero que pase...recibo en mi casa la misma expresión: NO SEAS CENIZO.

Pero aquí donde me ve tengo hecho testamento y quiero incineración (el nicho está demodé). Y luego ya a gusto de la familia, muy COMO LAS ALAS AL VIENTO.

REDDER_2007@HOTMAIL.COM

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