junio 02, 2014

¿De qué se sorprenden?

Resulta que empieza la semana con la noticia de que un tal Juan Carlos de Borbón abdica, y toda la Red se llena de comentarios sorprendidos y alarmados. Pues menuda novedad, digo yo. Esto es algo que se veía venir desde hacía un par de meses como poco, como bien sabrán todos los monárquicos de pro, desde Peñafiel a Cuca García de Vinuesa. Estaba cantado.

Puedo entender parte de la sorpresa en este país porque abdicar, en el fondo, es más o menos lo mismo que dimitir, y eso es algo que está en contra de toda la genética y la sociología hispánica. Pero recordemos que don Juan Carlos I, que pasará a la historia con el sobrenombre de El Campechano, tiene de español lo que yo de despampanante actor porno.

La gente lo achaca a un montón de estupideces, desde los resultados de las elecciones europeas a cuestiones de salud: nuestro ex-monarca ya tiene una edad y no es capaz de irse de putas con los mismos bríos que antes. Sea cual sea el motivo, el hecho está en que el juancarlismo estaba sentenciado desde marzo por lo menos. Y esta es la señal que lo preconizaba:

 clic

Hay dos cosas que son fijas en la vida: que todos vamos a morir, y que las reinas jamás se cambian el peinado. Fíjense en una foto de Su Graciosa y Tronchante Majestad Isabel de Inglaterra de 1960 y otra de 2014: rizo más, rizo menos, el mismo estilo "abuela con cistitis". Lo mismo pasa con nuestra ex-reina Sofía, que lleva cuarenta años sosteniendo al gremio de fabricantes de laca con su eterna melena "pulpo encogido". Existen motivos prácticos y protocolarios para ello: las reinas deben transmitir una imagen de estabilidad y permanencia, que las haga iconos femeninos de Estado, y deben ser fácilmente reconocibles en sellos, billetes, estampas y redadas policiales. Una vez que una reina asciende al trono, cada uno de sus folículos ha de conocer perfectamente su sitio y no abandonarlo ni bajo bombardeo alemán.

Lo mismo le ocurría, dicho sea de paso, a la Princesa Leia en "la guerra de las galaxias". Hasta que reventaron Alderaan y se pudo quitar de una vez las puñeteras ensaimadas de las orejas.




Pues bien, desde marzo Letizia I, La Locutriz, luce un "falso Bob" que refleja sencillez, elegancia, discreción, sobriedad y absoluta falta de imaginación, cualidades todas ellas que ha de tener la esposa de un Borbón reinante. Yo, al ver el falso Bob de nuestra nueva Ama y Señora, supe que a Juan Carlos le quedaban dos padrenuestros (y un avemaría, como mucho) en el Trono.

Todo esto nos lleva a dedicarle unos instantes de reflexión a la que probablemente sea la profesión más aburrida del mundo, en dura pugna con la de sexador de pollos: Peluquero Real.

- Majestad, ¿qué va a ser hoy?

- Lo de siempre, Rufus.

- Oh, no, ¿otra vez? ¿No quiere que le haga un flequillo discreto? ¿Unas patillas? ¿Un moño, tal vez? Al menos déjeme que le ponga unas mechas...

- Ni de coña, Rufus. Lo De Siempre. Ya sabes lo que hay. Los experimentos, con Leonor, que a ella le queda aún tiempo...

- Pero es que Doña Leonor me muerde y me da patadas...

- Ay qué rica. Ha salido a su primo...


6 comentarios:

Moriarty dijo...

Ya que estamos, yo propondría que, en vez del sosainas de Felipe, fuera coronado el mozo cuya efigie aparece en el primer enlace sorpresa. Atributos y cualidades no le faltan.

Blackmount dijo...

deberia a su vez abdicar en ese que apuñala a sus primos con pinchos morunos

desgayficando dijo...

Si, Froilan Rey por favor, incluso presidente del gobierno, que coño Froilán Amo del universo, sería todo tan divertido

Driver GT dijo...

¡Aúpa Froilán!

un-angel dijo...

Lo de la abuela con cistitis y el pulpo encogido me ha causado un descacharre total, jajajajaja. Es verdad, no me imagino esas dos despeinadas por ejemplo en plan saliendo-de-la-ducha, con todo el pelo así chorreando y pegado a la cara... Aah, ¿que usarán gorrito de baño?

Deric dijo...

Siempre tan perspicaz. Genial

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