junio 30, 2014

La importancia de no llamarse Chrystian

Los antiguos indios Tepanaka de la Polinesia citerior creían que el Mundo empezó con una Palabra. En esto, su mitología no se diferencia de las de otras tantas culturas con leyendas similares, salvo por el hecho de que la Palabra primigenia de los Tepanaka era "cacafuti". Esto explica en parte la mierda de vida que llevaban; los Tepanaka habitaban en enormes chozas comunales de juncos en las que convivían con sus animales domésticos, a la sazón cotorras flatulentas, muy apreciadas por sus vistosas plumas de colores con las que los indígenas se hacían vestidos para los carnavales. Las cotorras anidaban en las vigas de las chozas y defecaban abundantemente sobre los miembros de la tribu, que ya estaban acostumbrados y se tomaban las cosas con filosofía. Al fin y al cabo, peor era el caso de sus vecinos y rivales los Turimambos, que vivían con vacas sobre sus cabezas.

Traigo esto a colación porque los Tepanaka, pueblo sabio y poderoso que afortunadamente se extinguió hace siglos durante una epidemia de diarrea avícola, conocían una verdad fundamental del Ser: que las palabras tienen poder. Para los Tepanaka, al igual que para otros pueblos igualmente iluminados, conocer el Nombre Verdadero de alguien te confería autoridad sobre su vida y su muerte y, lo que era más importante aún, sobre sus cotorras. Por eso los Tepanaka guardaban celosamente el secreto de sus nombres y se llamaban unos a otros "eh, tú, el de la caca en párpado izquierdo" o cosas por el estilo. No era muy práctico, pero qué importa la comodidad cuando se tiene una creencia.

La sabiduría de los Tepanaka sigue siendo válida hoy en día. Hablaba yo el en la anterior entrada del gogó Chrystian Freitas, que amenizó con sus gomosas y cauchificadas carnes la fiesta del Orgullo del mari-bar Runner de Santander: un nombre espeluznante que evoca escalofríos y pesadillas de dislexia. Al menos, ante un tipo que se llame Chtulhu uno sabe a qué atenerse: esclavitud eterna y fin de la civilización como la conocemos, pero nadie sabe por dónde puede salir alguien llamado Chrystian. Inquietante, muy inquietante.

Los nombres marcan a las personas: si has nacido en Albacete y te llamas Güendoline es mucho más probable que acabes en Gran Hermano XXVII que de presidenta del Tribunal Constitucional. Esto es así, y alguien tenía que decirlo.

Pero no solamente los nombres marcan a las personas, sino que también ocurre al revés. Pero en este caso el proceso suele llevar generaciones, salvo para los diplomáticos. Este último caso es especial y ha sido estudiado en detalle por Eduardo Mendicutti en su novela "Mae West y yo".  Según parece, el número de nombres de los diplomáticos va aumentando a mendida que éstos avanzan en la carrera: uno empieza llamándose José Luis Pérez cuando entra como secretario del agregado consular, y cuando quiere darse cuenta acaba siendo Luis Enrique Federico-Valls de Canard y Haute-Borgogne Roncesvalles y Pi, embajador en la República del Congo. Otro caso especial es la realeza europea, donde si no tienes quince nombres y veintisiete apellidos en activo ni figuras en las listas sucesorias. 

Pero lo habitual es justo lo contrario: ver cómo los nombres involucionan a lo largo de generaciones, a medida que familias antaño gloriosas decaen en la estupidez y la inanidad. Uno empieza llamándose Antonio Vallejo-Nájera y currándoselo duro para prosperar durante el Franquismo con teorías misóginas y racistas, y acaba teniendo nietos que se llaman Colate. La idiotez permanece constante, pero al menos el abuelo sabía hacer la O con un canuto. 

Y es aquí adonde quiero llegar: un Chrystian es inquietante, pero un Colate es algo francamente aterrador. Dan más yuyu las Curri, Cocolas, Pilucas y Luchis que las Vanessas Desirée y las Yésicas. La moraleja es: si no tienes la decencia de llamarte María, Concha o Ludolfo, nombres perfectamente sensatos, al menos llámate Yénifer o Kevin, pero nunca te hagas llamar Cuca García de Vinuesa. 



4 comentarios:

daniel westk dijo...

¡Eres lo más grande de la blogosfera, Sufur! jajajajajaja. Cuca García de Vinuesa fue a Supervivientes o algo así, ¿no? Mi memoria falla cada vez más, lo mismo que Antonio Vallejo-Najera. Creo recordarle de mis apuntes de Literatura de la carrera, que unía cosas del castellano con los cantos de guerra de los invasores germanos medievales... ¡Menudo flipado!

Leonardo Mur dijo...

Me meo de risa con tu post, se lo he leído a mi madre, que tiene mogollón de amigas con nombres idiotas, como Churra, Potoya, sí sí, Potoya!! Menchu, Mayte.... Chichi.... si sí, CHICHI.

Ella se llama Mercedes, menos mal.

Nos hemos reído mogollón con la historia.

Sufur dijo...

¡Feliz me hace poder hacer reír! Últimamente tenía el blog un poco soso...

rickisimus2 dijo...

Ay, me has dado en lo más sensible. Si hay un personaje al que no aguanto es a la Cuca García de Vinuesa. Gracias a gente como ella entran ganas de que llegue a España un República... eso sí, República Islámica.

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