junio 23, 2009

Carta a Genoveva

Querida Genoveva:

Tendrás que disculpar a esta pobre vieja por haber tardado tanto en contestar a tu última carta. Conociéndote, sé que a estas alturas debes estar mortalmente preocupada. No temas: tanto Adelina como yo nos encontramos divinamente y conservamos una salud de hierro. Simplemente, hemos estado ocupadísimas, ella con su condena en la prisión turca y yo afanándome en las sencillas tareas del día a día: el cuidado del jardín, cocinar pasteles para los niños del orfanato, algún que otro linchamiento ocasional y, cómo no, las actividades de la parroquia.

Han sido precisamente estas últimas las que han absorbido mi tiempo más de lo habitual. Como sabrás, en nuestra pequeña aldea hemos sido siempre Luteranos Adventistas Redentoristas de la Séptima Alianza de los Santos Mártires Iconoclastas Reunidos; nuestro anciano pastor, Mr. Barnaby, era un abuelete todo lleno de bondad, cuya salud delicada no le impedía hacer vigorosos sermones ni perseguir picaronamente a los monaguillos al grito de "¡es que van provocando!". ¡Le queríamos tanto! Notarás que hablo de él en pasado: el buen y despistado sacerdote tuvo el desliz de comerse accidentalmente uno de los pasteles de ruibarbo de la señora Swallows, lo cual fue mortal de necesidad. Descanse en paz su alma, amén.

El sustituto que nos envió el arzobispado fue Mr. Butterham, un jovencito pusilánime y a mi juicio demasiado influenciado por las ideas modernas, hasta el punto de insinuar que la Tierra es redonda y otras memeces por el estilo. Con él las misas de los domingos fueron languideciendo, sustituyéndose la parte más divertida de la liturgia, la de los anatemas, por la insulsa actuación de un grupo de jóvenes melenudos tocando la guitarra y cantando lalalás; la situación se volvió francamente intolerable y las veteranas del club parroquial decidimos tomar cartas en el asunto. Nos enteramos de la fecha de cumpleaños de Mr. Butterham, le encargamos a la señora Swallows un pastel de ruibarbo, se lo regalamos al párroco, le pusimos una velita, la encendimos y salimos todas corriendo. La explosión se oyó en diez leguas a la redonda. Descanse en paz su alma, amén.


Pero ya era tarde: los buitres de la Iglesia Reformada Episcopaliana Baptista Metropolitana del Templo de Dios Omnipotente y Todopoderoso, presintiendo la debilidad de nuestra comunidad espiritual, habían aprovechado para abrir una parroquia en el pueblo, recurriendo a las tácticas más sucias para captar feligreses. El vicario del nuevo centro de culto, Mr. Shaftswood, atrajo de forma inexplicable a un gran número de feligresas y también a un pequeño pero significativo grupo de feligreses. Acostumbraba a decir misa con sotanas ajustadas y al despedirse de sus parroquianos dándoles la mano de una forma francamente lasciva. ¡Un verdadero escándalo!

Como sabes, los episcopalianos baptistas metropolitanos del Templo [...] sostienen que el Espíritu Santo es una paloma torcaz, mientras que nosotros los luteranos adventistas redentoristas [...] mantenemos que se trata más bien de una tórtola de collar europea; en eso ambas iglesias nos diferenciamos de los Protestantes Metodistas Reunidos de Geyper, que basándose en ciertas traducciones al griego del libro de Ezequiel creen (erróneamente) que en realidad estamos hablando de un vulgar pichón común. Como quiera que sea, nuestras diferencias teológicas son irreconciliables y en poco tiempo nuestra querida aldea, antaño tan pacífica, se encontró dividida por la fe.

Nuestro nuevo párroco, Mr. Pottax, promovió una campaña de reevangelización en toda regla; grupos de catequistas voluntarios, cargados de panfletos ilustrativos, recorrían el pueblo llamando puerta a puerta. Tras unos pequeños primeros incidentes (descansen en paz sus almas, amén) los catequistas empezaron a presentarse equipados con chalecos antibalas de kevlar. Por su parte, los episcopalianos baptistas etc. contraatacaron con una agresiva campaña de prédicas balísticas: comandos misioneros se reunían por las noches, rondaban por la aldea y arrojaban a las casas folletos de salmos envolviendo piedras, ladrillos o, en contadas ocasiones, granadas de mano.

La situación se hizo un poco tensa. El pastel de ruibarbo que las chicas y yo le enviamos a Mr. Shaftswood nos fue devuelto intacto y acompañado por la cabeza ensangrentada del mensajero (descanse en paz su alma, amén). Tuve que deshacerme de mis amadas hortensias para convertir parte del jardín en una trinchera donde pudieran apostarse nuestros francotiradores, y "Fluffy", el perrito de Ethel Forks, quedó convertido en una nube de protones al desenterrar una mina antipersonas confundiéndola con un hueso de pollo. Tuvimos que aprender a tomar el té con máscara antigás por los frecuentes escapes de gas mostaza de los laboratorios de nuestra casa parroquial y nuestro programa para crear un ejército de supersoldados zombies fue un fracaso casi completo. En la parte hereje de la aldea las cosas no iban mucho mejor: la guardería parroquial fue sustituida por un cráter radioactivo de treinta metros de diámetro, los mutilados de agolpaban en un hospital improvisado sito en el Almacén de Tocino de René Swein y, lo peor de todo, el racionamiento de agua arruinó las famosas gardenias del jardín de Gunilla McPeanut.

Por fin llegamos a una cierta tregua, ayudados por las Fuerzas de Pacificación de la OTAN. Las negociaciones fueron complicadas, pero al final los Luteranos Adventistas bla, bla, hicimos valer nuestra antigüedad y conseguimos mantener la única parroquia del pueblo. Los reformistas episcopalianos bla, bla, bla, por su parte, hicieron las maletas y se fueron a invadir el condado de Surrey, dejándonos en paz.

Y de este modo que te cuento volvió la paz a nuestro pequeño y encantador pueblito de la campiña, dejándonos a los supervivientes con la satisfacción de haber demostrado ante los ojos de Dios y de la Tórtola que somos Buenas Personas.

Sin más, me despido de tí con todo mi afecto. Siempre tuya,

Margaret




8 comentarios:

Totó dijo...

Como la vida misma...

Estudios demuestran que eso le pasa al pastel de la Señora Swallows por utilizar levadura de una compañía que fabricaa para otras marcas, sin micropartículas activas.

Peritoni dijo...

Ay que yo era de Geyper y ahora soy ateo!!!!, ahhhhh jajajjajajajajajjaja

Nyc dijo...

Aynnsss, las guerras de religión ya no son lo que eran...

Thiago dijo...

Coño, cari... que se hagan Thiaguistas plateadas, jajaa. Ahora bien, tu ya sabes que yo soy ateo y no creo ni en la mia que es la verdadera... pero si hay algo que no soporta en una iglesia es esos jovencitos y no tan jovencitos con aire de pogres que no rompen un plato, cantando con las guitarras que dios viene a mi, viene a mi, viene a mi... y toda esa gilipollada de felicidad que fingen. Casi prefiero el latín, no me extraña que hubiera hasta muertes en esta iglesia, jajaja

bezos

hm dijo...

Amén.

Y relamente el pájaro es una grulla, a esos herejes ni caso.

Nyc dijo...

Genoveva y Margaret?

Nyc dijo...

No sé por qué últimamente no me salen los enlaces:

http://www.banksy.co.uk/indoors/grannies.html

Sufur dijo...

¡Muy bueno, Nyc!

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