septiembre 26, 2014

Monumento al traductor (casi) anónimo

Qué profesión tan ingrata, la del buen traductor.

Mi amigo el señor Johnny Idea me hizo otro estupendo regalo (sus regalos son siempre memorables) estas pasadas navidades: El Último Deseo, un conjunto de relatos breves del escritor polaco Andrzej Sapkowski. Yo, me avergüenza reconocerlo, fui inicialmente escéptico ante el libro.



El motivo es que hace ya muchos años que renegué del género literario fantástico, entendiendo por "fantasía" la acepción bastarda de "espada y brujería", que es lo que se vende en las estanterías de la sección de libros de El Corte Inglés. De joven fui un gran entusiasta del género, y de hecho aun hoy en día sigo pensando que la obra de Tolkien es una de las cosas que más me ha hecho disfrutar en la vida, pero con los años fui perdiendo interés al comprobar que los temas se repetían una y otra vez sin aportar casi nada nuevo, y ofreciendo una calidad literaria prácticamente nula.

En ese sentido, distingo claramente entre la ciencia ficción y la fantasía. Ambos son a primera vista géneros "escapistas" que recurren a mundos imaginarios para entretener al lector, pero mientras que la primera (cuando es buena) busca despertar la curiosidad y hacer pensar al lector planteando temas de interés universal en contextos sorprendentes que permiten arrojar nueva luz sobre ellos, la segunda suele caer en planteamientos maniqueos llenos de moralina trasnochada (el antihéroe bondadoso que se enfrenta al Señor Oscuro malo malísimo) o en repeticiones incesantes de depliegues de pirotecnia y efectos especiales (batallas desesperadas, sortilegios, bolas de fuego, dragones, etc).

Bueno, el caso es que recibí El Último Deseo con escepticismo, pero rápidamente cambié de opinión. Sapkowski escribe de maravilla, mezclando aventura con costumbrismo y drama con unas buenas dosis de humor socarrón que me recordaban un poco a las aventuras de El buen soldado Švejk del checo Hašek. Me llamó mucho la atención el lenguaje usado por los personajes, un castellano lleno de términos en desuso y pintoresco sabor popular, que en más de una ocasión me hizo tener que recurrir al diccionario (algo que no me ocurría desde hacía años), y también la cantidad de palabras referentes a la cultura eslava que curiosamente tienen traducción al español: así, por ejemplo, aparecen vaiovdas (wojewoda) y lansquenetes (landsknecht), estriges (strzyga) y rusalkas (rusalki). Junto a ellos, personajes que hablan con arcaismos y vulgarismos, tacos, blasfemias, ripios y muletillas; campesinos que hablan como campesinos, nobles que hablan pomposamente, juegos de palabras, anacronismos bien situados... poco a poco me fui enamorando de los personajes (personajes que no solo hacen cosas fantásticas, sino que mean y cagan y follan y meten la pata y tienen que buscarse el sueldo para pagarse un trozo de pan) y las historias, divertidas pero también complejas, y narradas de una forma muy elaborada.

Decidí comprarme otros libros de Sapkowski. Movido por la costumbre, entré en Amazon y me compré para el Kindle dos libros ambientados en la misma saga, esta vez en inglés: The Blood of Elves y Time of Contempt. No fue lo mismo.

Mi inglés hablado es mediocre, pero mi inglés escrito es excelente. No tengo el menor problema en leer cualquier obra literaria en ese idioma. De hecho, leo más en inglés que en español. Pero algo me fallaba en esos libros: no conseguían engancharme del mismo modo que los relatos de El Último Deseo.  A lo mejor era que Sapkowski era buen escritor de relatos cortos pero no tan bueno de novelas.

Pues no. Era el traductor.

El traductor del polaco al inglés era correcto. El traductor del polaco al español, José María Faraldo, es excelente. Un virtuoso.




Mi amigo y mentor T., traductor de ruso entre otras muchas profesiones, me contó una vez: para ser traductor no es suficiente conocer bien la lengua que vas a traducir. También tienes que ser un experto en la tuya propia, que es algo que se suele olvidar. Tienes que conocer ambos idiomas profundamente. No solo eso, sino también ambas culturas. Ese es el motivo por el que yo soy tan malo traduciendo del inglés al español: es porque no hablo lo suficientemente bien el español.

Compré otros tres libros de Sapkowski traducidos al español por José María Faraldo y volví a disfrutar como un enano. Qué maestro. Sapkowski es un gran escritor, pero Faraldo es un artista.

Ahora estoy acabando el último, con el que se acaba la saga de Geralt de Rivia (el protagonista de El Último Deseo),  y me debato entre dos fuerzas casi irresistibles: quiero seguir leyendo más y más, pero no quiero que se acabe, por lo que intento retrasar el momento de ponerme con el siguiente capítulo... ¡qué pronto se acaba lo bueno!








4 comentarios:

Allau dijo...

Con los años me he vuelto muy sensible a las (malas) traducciones. Ya prefiero conformarme con entender el 80% de un original en inglés que con entender el 100% de una mala traducción al castellano o al catalán.

Christian Ingebrethsen dijo...

Te haré caso y le echaré un ojo a la obra del escritor, no es la primera vez que leo buenas críticas suyas pero no tan entusiastas.

Anónimo dijo...

Siguiendo tu buen criterio, he buscado las 8 novelas, las tengo en pendientes, pero con muchas ganas. Quiero evadirme a base de bien. Gracias, Sufur por compartir!!!! @redder_2007 en tuiter ;)

Driver GT dijo...

Con los libros pasa como con las películas, que un mal doblaje estropea el resultado.

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