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diciembre 01, 2017
febrero 14, 2017
febrero 04, 2017
Una decisión histórica
En la tarde de hoy, viernes 3 de febrero de 2017, y con toda la solemnidad que la ocasión requería, se ha procedido a la lectura de un comunicado de la mayor importancia.
El comunicado ha llegado lo más rápidamente posible. Al fin y al cabo, el Club de Lectura para Señoras de Mediana Edad (CLeSME) de Bernuy de Porreros, Segovia, sólo se reúne el primer viernes de cada mes. En esta ocasión el libro que debía ser comentado era "Loca por las compras", de la ya veterana literata Sophie Kinsella. La señora Kinsella es sin duda una de las escritoras más populares entre las cinco socias aún vivas de la CLeSME, ya que sus obras se adaptan perfectamente a los estándares de calidad exigidos por el club de lectura, que consisten básicamente en tener algo que leer rápidamente y que poder comentar en cinco minutos para a continuación poder dedicarse todas a beber pacharán y hablar mal de los respectivos maridos, que es al fin y al cabo da verdadera razón de ser de la CLeSME.
Sin embargo en esta ocasión la alta literatura ha quedado relegada a un papel aún más insignificante, si cabe. El motivo ha sido, cómo no, la preocupante situación geopolítica:
A esta hora se desconoce todavía cuál será la respuesta oficial de la Casa Blanca, aunque es de esperar que el Presidente se encuentre en estos momentos profundamente preocupado y sienta unos deseos irrefrenables de enmendar su conducta. Al fin y al cabo, se le nota que es un hombre sensible, abierto al diálogo y preocupado por lo que piensen de él los demás. De este modo, cabe esperar que el comunicado de la CLeSME surta tanto efecto, si es que no mayor, como el resto de las declaraciones y protestas que se han emitido durante estas últimas semanas por otras instituciones que, si bien no tienen tantan solera ni son capaces de expresar su postura con tanta elocuencia como el club de lectura de Bernuy, también aportan su granito de arena a la hora de construir un mundo mejor.
– ¿Habéis oído lo del Trán, chicas? –preguntó nada más empezar la reunión doña Balbina, la de la carnicería.Este comienzo, que no queda otra que admitir que como inicio de un profundo análisis de la política internacional parece dejar un poco que desear, ha dado sin embargo pie a una de las reuniones más interesantes –y también más largas– de la CLeSME desde que esta asociación iniciara su andadura, allá por 1978. Al término de la cual la señora Presidenta, que ocupa también los cargos de Portavoz, Tesorera, Secretaria y Ministra de Exteriores de la asociación (además de ser la encargada de llevar las sillas plegables a la peña), ha leído el siguiente comunicado:
– ¿Trán? ¿Qué Trán? –respondió la señorita Milagros, farmacéutica y única integrante soltera de la CLeSME.
– ¡De qué Trán va a estar hablando, mujer! –intervino la señora Presidenta de la asociación, doña Eustaquia Remorillas–. ¡Pues del Dónal Trán ese, quién va a ser! El americano, ese de los pelos.
"Nosotras las aquí presentes, menos la Herminia que se ha abstenido porque está un poco sorda y creo que no se ha enterado bien de qué iba la misa la media, exigimos al señor Trán, presidente de América, que deje de hacer el indio de una vez, hombre ya, y deje que la gente entre y salga del país cuando quiera, siempre y cuando nadie se meta con nadie, faltaría más, y que no pase lo que ocurre aquí en el pueblo, que somos pocos y mal avenidos, pero al final todos nos queremos a nuestra manera y si hay que ir a un velatorio o algo a acompañar a la familia porque en esos momentos se pasa muy mal, pues se va y punto, como está mandado".El comunicado se ha extendido como la pólvora a lo largo y ancho del pueblo y rápidamente se han adherido al él, desde el calor de sus casas porque en esta época del año hace un frío considerable, el cura párroco del pueblo, don Kevin Oswaldo Garrido y la peluquera, señorita Fuencisla Palomo.
A esta hora se desconoce todavía cuál será la respuesta oficial de la Casa Blanca, aunque es de esperar que el Presidente se encuentre en estos momentos profundamente preocupado y sienta unos deseos irrefrenables de enmendar su conducta. Al fin y al cabo, se le nota que es un hombre sensible, abierto al diálogo y preocupado por lo que piensen de él los demás. De este modo, cabe esperar que el comunicado de la CLeSME surta tanto efecto, si es que no mayor, como el resto de las declaraciones y protestas que se han emitido durante estas últimas semanas por otras instituciones que, si bien no tienen tantan solera ni son capaces de expresar su postura con tanta elocuencia como el club de lectura de Bernuy, también aportan su granito de arena a la hora de construir un mundo mejor.
diciembre 30, 2016
Momentos de entrañable idiocia navideña
Siempre tiene que liarse alguna, coincidiendo con estas fechas tan familiares y hogareñas. Los paranoicos de la conspiración piensan que se trata de algún tipo de cortina de humo: los malignos Poderes Fácticos, así con mayúscula que queda más grandioso y esotérico, dominan la prensa y fabrican noticias absurdas para distraernos de la Terrible Realidad, también mayúscula, como parte de un Plan Siniestro que no alcanzamos a comprender.
Yo, sin embargo, pienso que se trata de un bonito regalo, un gesto amable, para los cuñaos.
Hay que entender que estas festividades están llenas de cenas y reuniones en las que se juntan familiares que no se ven más que una vez al año y que, en la mayoría de los casos, no tienen nada en común más allá del ADN mitocondrial. Son muchas horas para estar todos juntos, y los temas de conversación se acaban demasiado pronto. Los lugares comunes más socorridos, que son la lista de familiares recientemente fallecidos y las batallitas de juventud (esto es, de la época de los merovingios), tienen sus limitaciones y llega un momento en el que es necesario hablar de algo. La televisión ayuda un poco a mitigar los incómodos silencios, pero a estas alturas todos nos sabemos ya de memoria "Los diez mandamientos" y encima este año no ha habido gala especial de Raphael. Urge tener un asunto sobre el cual los cuñaos puedan explayarse, sentar cátedra y acabar la noche como Dios manda, es decir, con una discusión monumental y el deseo sincero de no volver a ver a tu familia hasta las próximas navidades o el siguiente entierro, lo que ocurra antes. Preferiblemente lo segundo.
Sabiendo esto, la prensa (libre) acude en rescate de las familias españolas proporcionando temas de conversación amenos, divertidos y sanamente polémicos, capaces de llenar de emoción ya sea cenas de empresa, reuniones de amigos o banquetes familiares. Los requisitos de estas noticias dadoras de vida social son sencillos: ha de tratarse de asuntos relacionados con la política, debidamente cercanos para parecer interesantes a niños y mayores y, lo más importante, que sean absolutamente irrelevantes, a fin de no acabar la cosa en Guerra Civil, que es algo que mancha mucho.
Carmena, en este sentido, está resultando un filón tonti-mediático.
El greatest hit del año pasado, todos lo recordaremos, fue la solemne estupidez de la cabalgata de Reyes: "jamás te lo perdonaré, Carmena... ¡jamás!". Aquella fue muy buena: la de risas que nos echamos todos con ello. Lo único malo fue que aquella noticia llegó ya acabando las vacaciones, cuando ya apenas quedaban cenas familiares que amenizar con sabrosa ideología.
Este año han andado un poco más rápidos y el top cuñao de la Navidad está encabezado por la noticia de la limitación del tráfico en Madrid por la alta contaminación, fruto por una parte de la pertinaz sequía y por otra parte de que somos unos guarros y unos descerebrados. Arde internet con ingeniosos memes, nacidos de las preclaras mentes de OK Diario, y la mismísima Esperanza Aguirre, santa patrona de los cuñaos de este país, ayuda a amenizar la tesitura con sus célebres "yo nunca dije aquello que aparece en las hemerotecas", tan celebrados. La campaña está siendo un completo éxito y las cenas navideñas están acabando tan calentitas que no hace falta ni encender la estufa, con las heladas que están cayendo. Todo ha salido a pedir de Milhouse.
Da lo mismo que la noticia sea más vieja que la tos y que este tipo de medidas se estén tomando desde hace años sin que pase absolutamente nada en ciudades como París, Milán o Berlín: esto es un escándalo. También da igual que no haya mucho donde rascar. El argumento es sencillo. Por un lado no tener libertad para poder coger el coche da mucho fastidio, y la gente no se mueve tanto al centro, lo que provoca pérdidas ecómicas ya que las ventas son menores que de la otra forma. Por otro lado, todos los años mueren unas siete mil personas en España por problemas directamente causados por la contaminación en las grandes ciudades, que hoy en día ya no se debe principalmente a la idustria, como en el feliz siglo XIX, sino a la circulación.
Es decir: en una mano pongo el dinero, mi comodidad y mi libertad para hacer lo que me de la gana, y en la otra vidas humanas (no la mía, sino la de otras personas a las que no conozco y que, por tanto, no importan). Evidentemente, hay que luchar a muerte por lo primero: ¡libertad y confort ante todo!
Pero no todo el mundo lo ve tan claro, empezando por la Carmena bolivariana, y por lo tanto ya tenemos una preciosa discusión de cuñaos para entretenernos en estas fiestas. La alternativa, que sería terrible, es prestar atención al abuelo, y ninguno queremos eso. Excepto, tal vez, el propio abuelo.
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diciembre 01, 2016
1 de diciembre de 2016: dónde estamos
Un año más.
De nuevo celebramos (aunque celebrar no me parece ni mucho menos la palabra más adecuada en esta ocasión) el día mundial del SIDA, y me pregunto qué se puede añadir sobre el tema. Después de todos estos años, uno pensaría que ya está todo dicho.
Debe ser que no queda nada que decir, o por lo menos esa es la impresión que me llevo cada vez más a menudo, últimamente. Ya nadie habla de esas cosas.
Noto bastante la ausencia de la palabra SIDA en el discurso público. Como maricón que ha vivido su adolescencia a caballo entre los años ochenta y noventa, he crecido con esa palabra grabada a fuego en mi cerebro. Incluso he llegado a obsesionarme con ella. ¡Quién no! La veo por todas partes, incluso donde no está. De hecho, sobre todo donde no está, porque de un tiempo a esta parte prácticamente no aparece por ningún lado: ni en los periódicos, ni en la televisión, ni en la vida cotidiana. Ni siquiera en nuestros mundillos paralelos. Uno entra en las aplicaciones del follar y se encuentra con que por lo general el VIH no se menciona, no se comenta y, a juzgar por la manera en la que la gente está prefieriendo practicar el sexo, por lo visto tampoco existe.
Tal vez debería alegrarme por ello. En esta era de los antirretrovirales milagro, de la TasP, de la PEP y de la PrEP (tan de moda en el mercado negro y en los foros de timadores últimamente), tener o estar en contacto con el VIH ya no es una condena de muerte. Hoy en día, una persona seropositiva, si descubre su infección a tiempo y la trata adecuadamente, puede vivir tanto y tan bien como una persona seronegativa, y además desarrollar su vida normalmente sin miedo a transmitir el virus a otra persona. Y esto es algo maravilloso.
Lo peor de la crisis, según parece, ha pasado.
Salvo que suceden cosas como lo que pasó en Santander esta primavera y te das cuenta de que bajo es "ya no hace falta hablar de esto" sigue subyaciendo el mismo miedo, la misma ignorancia y el mismo estigma de siempre. Que no hemos superado nuestro pánico colectivo, sino que lo hemos escondido debajo de la alfombra. Que seguimos no sabiendo nada o, peor aún, prefiriendo no saberlo. Todos muy modernos y enrollados y abiertos de mente, ya, pero en cuanto aparece una sombra del virus, ¡hoguera y linchamiento!
O salvo cuando nos da por pensar que los tratamientos son carísimos, y aunque aquí tenemos la suerte de poder disponer de ellos, nos olvidamos de que vivimos en una burbuja de privilegio: según la OMS, de los aproximadamente 37 millones de personas afectadas por el VIH en el mundo, más de 22 millones no tienen acceso a ningún tipo de tratamiento: ¡más de un 60%!
En resumen: no, no puedo alegrarme por el silencio "moderno" que rodea al SIDA. Me alegraría infinitamente si fuera porque realmente hubiéramos superado la crisis, pero no lo hemos hecho: ni como personas, ni como sociedad, ni como nada de nada. Y poco podremos superar si evitamos hablar de ello.
noviembre 09, 2016
El Señor Mayor que hay en mí
Asisto, aterrado, a un espectáculo perturbador: el de mis propias emociones.
No sé si habréis tenido alguna vez la inquietante experiencia de estar viendo las imágenes de un horrible accidente en carretera y no poder apartar la mirada. O de ver que hay un erizo aplastado en la calzada y no poder evitar acercarte a ver cómo han quedado desparramados sus intestinos. Hay algo dentro de muchos de nosotros que se regodea en lo catastrófico, que no puede dejar de contemplar lo truculento, que siente curiosidad por los detalles más dolorosos. Y no se trata solamente de asistir (con el metafórico cubo de palomitas de maíz en mano) al espectáculo de la desgracia ajena, sino también de revolcarse en la propia (que me lo digan a mí, que soy obsesivo-compulsivo y me paso el día todo entretenido repasando mentalmente mis momentos de angustia): esa fuerza interior que nos arrastra a admirar el desastre.
Me avergüenza mucho tener esa faceta.
Algo de esto me ha sucedido hoy. Me desperté a las seis de la mañana para ir a mear –mi próstata ya no es lo que era–, encendí el móvil para mirar cómo iba el recuento de votos en los Estados Unidos, y ya no pude volver a pegar ojo. Peor aún, no pude dejar de mirar la pantalla y refrescarla cada quince segundos. Ya estaba clarísimo cuál iba a ser el resultado, pero no podía dejar de mirar. Igual que con lo del erizo espachurrado.
Fascinación morbosa por lo catastrófico. Debería hacérmelo mirar.
Pero hay algo peor aún. Otra faceta de mi personalidad de la que me avergüenzo más todavía: la pequeña parte de mi que se alegra porque haya ganado Trump.
Sí, como lo habéis oído.
Es esa faceta que yo llamo mi Señor Mayor Interior. Ese que está esperando que alguien cuente una mala noticia para poder decir triunfalmente:
O su variante:
Mi Señor Mayor Interior se alegra cuando pasan cosas malas, incluso si esas cosas malas le afectan a él, porque así se puede poner cínico, que es algo muy satisfactorio, y porque se siente superior a los demás al llevar la razón en que todo está fatal. Mi Señor Mayor Interior se alegra cuando oye hablar de un divorcio "porque se veía venir". Mi Señor Mayor Interior aplaude cuando alguien se da un trompazo con el coche porque "así aprenderá a conducir como es debido". Mi Señor Mayor Interior está deseando que se inunden las ciudades costeras de medio mundo para poder decir: "lo que yo decía, insensatos: ¡calentamiento global!". Mi Señor Mayor Interior se muere de ganas de que me caiga un buen castigo divino, preferiblemente en forma de enfermedad incurable, por mi estilo de vida ateo, hedonista y liberal. Así aprenderé lo que es bueno. A mi Señor Mayor Interior parece que Trump le va a dar mucho juego.
Estoy pensando ponerle a mi Señor Mayor Interior un taxi, para que pueda dar rienda suelta a sus comentarios. Preferiría darle en adopción y librarme de él, pero me temo que no va a ser posible. El Señor Mayor Interior está para quedarse.
Mi Señor Mayor Interior es uno de los monstruos que llevo dentro. Y hoy, más que nunca, los monstruos están de moda.
Fascinación morbosa por lo catastrófico. Debería hacérmelo mirar.
Pero hay algo peor aún. Otra faceta de mi personalidad de la que me avergüenzo más todavía: la pequeña parte de mi que se alegra porque haya ganado Trump.
Sí, como lo habéis oído.
Es esa faceta que yo llamo mi Señor Mayor Interior. Ese que está esperando que alguien cuente una mala noticia para poder decir triunfalmente:
"¿Ves? Lo que yo decía"
O su variante:
"No digas que no te avisé"
Mi Señor Mayor Interior se alegra cuando pasan cosas malas, incluso si esas cosas malas le afectan a él, porque así se puede poner cínico, que es algo muy satisfactorio, y porque se siente superior a los demás al llevar la razón en que todo está fatal. Mi Señor Mayor Interior se alegra cuando oye hablar de un divorcio "porque se veía venir". Mi Señor Mayor Interior aplaude cuando alguien se da un trompazo con el coche porque "así aprenderá a conducir como es debido". Mi Señor Mayor Interior está deseando que se inunden las ciudades costeras de medio mundo para poder decir: "lo que yo decía, insensatos: ¡calentamiento global!". Mi Señor Mayor Interior se muere de ganas de que me caiga un buen castigo divino, preferiblemente en forma de enfermedad incurable, por mi estilo de vida ateo, hedonista y liberal. Así aprenderé lo que es bueno. A mi Señor Mayor Interior parece que Trump le va a dar mucho juego.
Estoy pensando ponerle a mi Señor Mayor Interior un taxi, para que pueda dar rienda suelta a sus comentarios. Preferiría darle en adopción y librarme de él, pero me temo que no va a ser posible. El Señor Mayor Interior está para quedarse.
Mi Señor Mayor Interior es uno de los monstruos que llevo dentro. Y hoy, más que nunca, los monstruos están de moda.
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abril 07, 2016
¡Diez listas estúpidas que podrías encontrar en internet!
¡No lo creerás!
- ¡Diez actores acabados que antes eran guapos pero que ahora son feos!
- ¡Las diez mejores formas de fingir un orgasmo masculino!
- ¡Diez destinos paradisiacos que jamás podrás permitirte visitar!
- ¡Diez horribles formas de morir hoy en día!
- ¡Los diez Reyes Godos más cool de la lista!
- ¡Diez asombrosos tipos de uñas!
- ¡Diez cosas que no le importan a nadie!
- ¡Los diez mejores dígitos del sistema decimal!
- ¡Los diez parásitos intestinales de moda!
- ¡Diez famosos cuyo trabajo consiste únicamente en aparecer en listas de Facebook!
marzo 19, 2016
febrero 22, 2016
La Búsqueda (IV y último)
Hoy en día existen, para el investigador con recursos, decenas de métodos de localizar a una persona a través de su número de teléfono: triangulación por vía satélite y redes wifi, geolocalización GPS, aplicaciones de seguimiento, troyanos informáticos que contaminan el sistema operativo de los celulares y traicionan su posición, por sólo mencionar unos pocos. Yo, naturalmente, no tenía a mi alcance ninguno de ellos.
Le pedí a Émile que me trajera la guía telefónica, a ver si había suerte.
– Siento dejarte con este marrón en tu churrería –le dije, señalando al cadáver del presentador que tenía delante–. Espero que esto no te cause problemas con la pasma.Émile se marchó llevándose al hombro el diminuto cadáver del televisivo y yo me quedé a solas con las seiscientas páginas de la Guía Abreviada de Teléfonos de Boo de Piélagos. Antes de llegar a la C de Casimiro, ya me estaba quedando sopa. Aquello no iba a funcionar.
– Quite, quite, señor Mike –respondió él, sin darle mayor importancia–. Ya estamos acostumbrados a que se nos muera gente. Lo raro es que haya cascado antes de probar nuestros churros, no después. Y además –añadió–, un mundo sin Pablo Motos es un mundo mejor. Usted no se preocupe de nada. Ya me encargo yo de hacer desaparecer el fiambre. Mañana está usted invitado a croquetas de carne que va a preparar mi mujer.
– Gracias... supongo –respondí, dubitativo–. Ya me pasaré, si eso. Es que estoy en mitad de un caso, ¿sabes?
Decidí ser eso que ahora llaman "proactivo", que creo que es algo que tiene que ver con los lácteos. Le pedí a Émile un par de yogures de fresa, los pagué con el dinero que le había sisado al difunto, les quité la capa de moho que los cubría ("es sirope de menta", me dijo el camarero), me los comí y luego, utilizando el envase de uno de ellos para distorsionar mi voz, llamé por teléfono al número que tenía anotado en la foto de la Campos.
– ¿Qué coño quiere? –interpeló una voz melodiosa, de locutora veterana, al otro lado de la línea.Pero la ex Reina de las Mañanas se las sabía todas y no se dejaba embaucar por el viejo truco de tomarla por mocita. Con bastante poca paciencia, me espetó:
– Buenos días, señorita –dije–. ¿Puedo hablar con su mamá?
– ¿Quién porras es usted y cómo tiene mi número privado?Se hizo un breve silencio al otro lado de la línea. Luego, con una mezcla de desconfianza y anhelo, la señora de Arrocet concedió:
– Hola, mi nombre el Edelmiro Washington Yasmín y quisiera hablarle de una sensacional oferta que tenemos para usted en...
– ¡Voy a colgar! –me interrumpió.
– ... ¡laca! –me dio tiempo a meter en la conversación telefónica–. Laca de primera calidad, producto profesional de peluquería recomendado por el mismísimo señor Don Rupert Tenesesito, con precios con hasta un 80% de descuento, si se adquiere al por mayor....
– Siga hablando.Me inventé una historia acerca de un cargamento de seiscientas toneladas de laca decomisadas en una redada policial y que ahora estaban, merced a los contactos de Vasile, a disposición de las grandes estrellas de Telecinco a precio de ganga.
– Por supuesto, usted ha sido la primera persona con la que nos hemos puesto en contacto –dije.Acordamos la entrega de la hipotética mercancía para esa misma noche en unos almacenes abandonados del puerto, en las condiciones habituales para este tipo de trapicheos: a solas, desarmados y sin intervención de la policía. A la Campos le pareció todo de lo más natural.
– ¡No me haga la pelota, pollo! –me volvió a cortar, y luego añadió con un tono más conciliador–: ¿Seiscientas toneladas, dice? Déjeme pensar... tendría para un par de meses, más si duermo con redecilla. ¡Me interesa!
Yo, naturalmente, no tenía ni la menor intención de respetar el trato. Sabía perfectamente que no podía enfrentarme yo solo contra semejante mujer: mil veces había visto a la malagueña reducir hombretones seis veces su tamaño a guiñapos llorosos en ¡Qué tiempo tan feliz! Necesitaba ayuda, a ser posible de gañanes rudos, fuertes y sin escrúpulos morales ni sentimientos de ningún tipo.
Mi primera opción, por supuesto, era mi compañero (y sin embargo amigo) J. Arístides: un hombre capaz de matar a la madre de Bambi tronchándole el cuello para comérsela con salsa de queso de Tresviso, dejando vivo al cervatillo por si se quedaba con hambre para el postre. Pero J. Artístides estaba a la sazón fuera de circulación, acogiéndose bajo la falsa identidad de Duquesa Sofía Carlota de Baviera al Programa de Protección de Testigos, a la espera de testificar en el juicio contra Filippo "El Reflexólogo Podal", peligroso capo de la Mafia y rey del contrabando de Phoskitos. No se le podía molestar, y menos ahora que estaba preparándose para su puesta de largo.
El resto de matones que conocía y que podían haber servido para el trabajo tenían todos un pequeño inconveniente: deseaban sin excepción verme muerto o agonizando de la forma más indecorosa.
Era hora de cobrarse un favor. Agarrando de nuevo la Guía Telefónica, di con el número que estaba buscando y marqué.
– Sylvie, soy Mike. Necesito tu ayuda.Sylvie, antigua agente secreta de alto espionaje internacional y femme fatale con un serio problema de apreciación estética a la hora de elegir vestuario, era una vieja conocida de uno de nuestros primeros casos. En aquel entonces había sido una peligrosa enemiga y luego una reluctante aliada; gracias a nuestra compasión, la habíamos librado de verse envuelta en una enmarañada instrucción policial, aunque a cambio se había pillado un resfriado de aúpa, y desde entonces nos debía un favor. La nuestra era una clásica relación de amor-odio: yo la quería con locura y ella me odiaba a muerte. Pero Sylvie era una mujer que siempre pagaba sus deudas. Tras aquel viejo caso, y alejada ya de su peligroso trabajo como agente triple al servicio simultáneo de la KGB, el Mossad y la Policía Municipal de Lugo, se ganaba la vida como ninja por horas. Fue precisamente así, por la N de Ninja, que la encontré en la guía.
Solo tuve que esperar media hora a que ella llegara. No oí su aproximación: cuando Sylvie quería moverse en silencio, sus pasos eran sigilosos como los de la pantera. Tampoco sentí la más mínima corriente de aire que delatara su aproximación: cuando Sylvie así lo deseaba, podía desplazarse sutil y liviana como el humo. Y tampoco debería haber sido capaz de verla llegar, vestida como venía con las prendas negras propias de los guerreros shinobi, de no ser por los brillantes calcetines reflectactes de Bob Esponja que me traía la chica y que se veían desde tres manzanas de distancia.
– Veo que no has cambiado nada en estos años –dije. Me refería a su gusto por los calcetines horteras, aunque en honor a la verdad hay que decir que seguía estando buenísima.Tras intercambiar ésta y otras lindezas, le expuse sucintamente la situación.
– No como tú, Mike, que estás hecho un cascajo. Yo estoy bien porque me cuido y nunca cojo frío en los pies –respondió ella–. Tú no sabes cuántas muertes provocan al año los catarros de tobillo.
– Te ayudaré, Mike –dijo ella–, porque te debo un favor y porque yo siempre he sido más de Ana Rosa. Pero después de esto, ya no te deberé nada.Estuve de acuerdo. Nos dirigimos hacia el punto de encuentro que había convenido con doña María Teresa Campos. En el camino, intenté mantener algo de conversación con Sylvie, interesándome por cómo iba el negocio de asesina oriental a sueldo. Pero ella no soltaba prenda. Finalmente, llegamos a nuestro destino.
Los almacenes de Pringo S.A. llevaban abandonados desde que, hace ya más de una década, la empresa de profilácticos del mismo nombre se declarara en quiebra, arruinada tras haber apostado todo su capital en el lanzamiento de un preservativo con sabor a queso de cabrales. Allí solo iban gatos callejeros y algún que otro turista japonés despistado. Era el lugar ideal para un encuentro furtivo. Hice un gesto a Sylvie para que se escondiera y entré en la nave abandonada.
Dentro estaba oscuro. Un único haz de luz se colaba desde un roto en una de las ventanas cubiertas de polvo, creando una mancha de luz en el suelo de la nave. Era lo más parecido a un foco que podía encontrarse en el lugar y por tanto, inevitablemente, era allí donde me esperaba la presentadora. Su peluca la envolvía como una coraza de mechas caoba cobrizo. Llevaba una Colt de calibre .38 en la mano derecha, con la que me apuntó nada más verme.
– ¿Quién eres, sabandija, y qué has hecho con Pablo Motos? –me dijo tras un tenso silencio–. No creerías que iba colar tu mentira de la laca... sólo tuve que hacer una llamada a Vasile para saber que tu historia no era cierta. ¡Yo que ya me había hecho ilusiones!La gente, es que no tiene palabra. De entre las sombras salieron sus asociados, a cual más temible: Terelu, Parada, Mariló Montero y Ramonchu. Mientras Terelu me ataba las manos y me obligaba a sentarme en una silla, doña Campos se acercó a examinarme de cerca.
– Vengo desarmado –dije–. Sólo quiero respuestas.
– ¡Pues quien quiera saber, que vaya a la escuela! –espetó ella–. No tengo nada que decirte, y no estás en condiciones de preguntar nada. Soy yo quien hace aquí las preguntas. Además, no he venido sola...
– Calvo, de piel amarillenta, abotargado, con forma de pera y expresión estúpida... ya sé quién eres.Decidí intentar sacar partido al divismo y a las divisiones internas que evidentemente reconcomían por dentro el grupito. Poniendo voz de suprema inocencia, pregunté:
– ¡Homer Simpson! –gritó entusiasmada Mariló Montero.
– No, cretina –dijo la Campos–. Es ese inútil de detective que la Jefa de Estado y su marido han contratado para buscar un nuevo presidente. No sé cómo ha sido capaz de dar con nosotros, si según todos mis informes no es capaz ni de atarse los zapatos sin ayuda... Habrá que librarse de él, como hicimos con los otros.
– Pero, Tere... –respondió la Montero–, ya sabes que luego el olor a ácido no se va de la ropa ni a tiros.
– ¡Te he dicho que no me llames Tere! Hay que evitar que nos reconozcan. Hay que usar los nombres en clave: yo soy la Líder Suprema, tú eres Zorra Cateta, Ramonchu es Batman Rural, y así sucesivamente.
– ¡Pero si ya nos conoce todo el mundo! –protestó Parada.
– Ya, pero hay que seguir unas normas. Todas las Conjuras Secretas usan nombres en clave. Lo he leído en alguna parte.
– ¿Por qué Líder Suprema? ¿Se ha muerto Belén Esteban o qué?Tras un rato de tirones de pelos y forcejeos varios, y restablececidas por fin la calma y la cadena de mando, la Líder Suprema se volvió hacia mi, me arreó dos guantazos con manos de dedos como macarrones sujetos por alambres y me dijo:
– ¡Huy no! –dijo Mariló–. Esa es Vicepresidenta In Péctore.
– ¡Calla, Zorra Cateta!
– ¡Cállate tú, bicha mala! ¡Que eres mala!
– Muy listillo, te crees tú. Como si eso fuera a servirte de algo. Crees haber adivinado el complot, ¿no es así? No tienes ni idea. ¡Nadie tiene ni idea de lo que es llevar el peso de la opinión pública en un país de mierda como este! Sí, lo admito: somos nosotros, los líderes de audiencia de las televisiones, los culpables de que no haya todavía un gobierno. La gente se piensa que son los telediarios y los periódicos los que forman la opinión, pero no tienen ni idea. Son los programas de la mañana y la sobremesa los que dirigen el alma de una nación. Somos nostros quienes siempre hemos mandado en España ¡Pero es una tarea muy dura e ingrata! E ineficiente. Gobernar en la sombra es un coñazo. Y por eso hemos decidido que es la hora de colocar a los nuestros en el gobierno, de una santa vez, para no tener que andarnos con zarandajas ni medias tintas. Estamos moviendo los hilos para colocar un gobierno a nuestra imagen y semejanza: Bertín Osborne, el hombre más querido de España, como candidato de consenso, y Belén Esteban como Vicepresidenta Económica y Militar. ¡Volveremos a situar a este país en la gloria! ¡Arrasaremos en Eurovisión! Hoy, la Moncloa, mañana... ¡la Federación Mundial de Boxeo! ¡Bwah-ah-ah-ah!El resto de presentadores se unieron a las risas de villana de operta. Dejé que rieran un rato a gusto. Ya había oído lo suficiente. Ahora lo entendía todo. Cuando por fin se calmaron las carcajadas, dije.
– ¿Saben una cosa? Yo tampoco he venido solo.Y, con un remolino de pequeños piececitos (enfundados en sus calcetines de Bob Esponja) y manitas moviéndose en gráciles piruetas, más veloces de lo que es capaz de seguir la vista y dirigidos estratégicamente a lugares muy concretos de las anatomías masculinas, femeninas o neutras de mis captores, Sylvie se dejó caer desde las vigas del techo donde había estado escondida hasta entonces, provocando a su paso pequeños y exquisitos mundos privados de dolor y agonía. En menos de tres segundos, mis captores estaban todos en el suelo, encogidos de dolor y Sylvie me liberaba.
– Veo que no has perdido tu toque –dije.Agarré a la Campos y la incorporé, colocándola en la silla. Era soprendentemente ligera, hasta que uno se daba cuenta de que tres cuartas partes de su volumen corporal estaban constituidos por la peluca. La desperté dándole unos ligeros guantazos en ambas mejillas.
– Ni tú tu olor a perro sarnoso –respodió ella, arrugando la naricilla.
– Mira, encanto –dije–. Francamente, me importa un bledo a quién queráis colocar como presidente del Gobierno. No hacía falta tanta conspiración, ni desde luego intentar matarme. A mí me han encargado buscar un candidato, y vosotros tenéis uno. De acuerdo: es un ser despreciable y absurdo, un imbécil redomado y representa lo peor de esta sociedad podrida, pero sigue siendo mejor que la mayoría de candidatos o presidentes que he conocido hasta ahora. Así que, por mí, viva y bravo: ¡larga vida al Presidente Osborne!Y, fiel a los convenios del género negro y sin mirar atrás, encendí un cigarrillo, me calé el sombrero y me fui con la música a otra parte.
– ¿Y eso es todo? ¿Cada uno a su casa y ya está?
– No, no es todo. Vosotros os volvéis a vuestros platós y seguís con vuestro plan de Sojuzgar el Mundo. Yo me vuelvo a hablar con doña Regina Powers y le digo que le he encontrado un candidato: el vuestro. Yo me llevo el mérito, vosotros seguís dominando los hilos desde las sombras, y aquí paz y después gloria.
– ¿Y mi laca?
– En eso, encanto, no puedo ayudarte. Adiós, reina. Fue bonito mientras duró, pero ahora debo volver a mi vida. No volveremos a vernos.
febrero 18, 2016
La Búsqueda (III)
Cuando crees que ya nada puede irte peor, la vida te sorprende con nuevas y desagradables putadas, sólo para tenerte entretenido y que no te confíes. En Boo de Piélagos, la expresión "llueve sobre mojado" no es una simple frase hecha: el aguacero constante que inunda esta ciudad de pecado es tal que nos arrastra a todos, haciendo imposible tocar fondo en el pozo de nuestra miseria.
Digo todo esto para dejar entrever cómo me sentía cuando, justo después de salir del Lonely Bluesman, fui recibido en la calle por una ráfaga de balazos emitidos desde detrás de la ventanilla abierta de un sedán negro que, pasando a toda velocidad frente a mí, me salpicó de arriba a abajo con la mezcla de agua pútrida, aceite de motor y pis que cubría el asfalto.
Dios, odio que me salpiquen.
Si el tipo que me estaba disparando hubiera sido un buen tirador, yo estaría ahora mismo criando malvas, en vez de contando esta historia. Pero su mano temblaba más que un flan de gelatina en pleno terremoto de Messina, y la gran mayoría de balas pasaron inofensivamente a mi lado, para estrellarse contra los carteles de Teresa Rabal (Gran Gira Mundial 1993) que cubrían la pared que estaba a mi espalda. La única bala que llegó a acertarme tuvo el detalle de hacerlo contra el relicario de acero de San Carlo Masi, patrón de los caballeros necesitados de cariño, que siempre llevo junto a mi corazón, y gracias al cual me libré de importantes daños a mi organismo. ¡Bendito sea San Carlo!
Me sentí profundamente ofendido. Como detective privado permanentemente al borde de la quiebra económica y moral, estoy perfectamente acostumbrado a los intentos de asesinato: acreedores, tipos vengativos a los que he ayudado a enchironar, esposas celosas, (ex)amigos timados: rara es la semana en la que no intentan matarme cuatro o cinco veces. Pero en mi barrio nos conocemos todos de toda la vida y solemos tener la decencia humana de al menos llamar por teléfono antes de un conato de homicidio, para preguntar si nos viene bien la hora y ese tipo de detalles propios de la más elemental urbanidad. A nadie se le ocurre matar sin al menos quedar a tomar un café y unos sobaos pasiegos antes. Por eso este tiroteo totalmente injustificado me indignó y al mismo tiempo me hizo sospechar que el francotirador motorizado no era de por allí.
Estaba oscuro y apenas pude ver a quien me había disparado. Sólo pude captar los detalles más destacados de su fisonomía: se trataba de un fulano de felpa, color violeta, con una sola ceja muy grande y poblada que le llegaba de oreja a oreja, labios marcados con dos dientes sobresalientes, antenas, ojos saltones y una expresión completamente malévola y desquiciada.
Pablo Motos había sobrevivido al accidente: mala hierba nunca muere. No habían tenido tanta suerte sus hormigas de felpa, incluida la que había intentado coserme a balazos, que habían quedado convertidas en trapos de cocina de color hortera. El coche estaba hecho unos zorros. Me acerqué con cautela y al ver que el grimoso presentador de televisión estaba indefenso y malherido, le di una patada en los dientes con todas mis fuerzas. Yo soy así: un hombre encantador y sencillo al que le encanta desahogar su rencor pegando a los canijos y a los débiles. Seguí arreándole coces hasta casi dejarle sin dientes. No es que eso fuera a estropear mucho más su aspecto. Cuando me quedé algo tranquilo, y antes de dejarle del todo inconsciente, le agarré por el cuello y, zarandeándole con violencia, le pregunté:
Registré rápidamente el cadáver. El color violáceo de su boca y su lengua enroscada como el rabo de un cochinillo indicaban que el tipo se había forzado a sí mismo a ingerir una cápsula de veneno, posiblemente estricnina. Lo que hace la gente con tal de no confesar un crimen, pensé. En sus bolsillos solo había tres barritas de proteínas, un billete de catorce euros con veinte y una fotografía autografiada de María Teresa Campos. El autógrafo rezaba: "Con cariño, la Líder Suprema". Por detrás de la foto estaba apuntado un número de teléfono. "Esto", pensé, "debe ser lo que en las pelis llaman una pista".
– ¡Acelera, Barrancas! –le oí gritar–. A éste se le van a quitar las ganas de meterse donde no le llaman...El coche giró rápidamente al callejón de la derecha para darse a la fuga. El callejón de la derecha no tenía salida, algo que un oriundo de Piélagos ("pelagueño" o "pelagato", según a qué académico se pregunte) hubiera sabido. Se oyó un sonido de derrape, seguido de un chapoteo y sucedido a su vez por un ¡CRASH! de lo más cuco. Me asomé con cautela a mirar los restos de la colisión.
Pablo Motos había sobrevivido al accidente: mala hierba nunca muere. No habían tenido tanta suerte sus hormigas de felpa, incluida la que había intentado coserme a balazos, que habían quedado convertidas en trapos de cocina de color hortera. El coche estaba hecho unos zorros. Me acerqué con cautela y al ver que el grimoso presentador de televisión estaba indefenso y malherido, le di una patada en los dientes con todas mis fuerzas. Yo soy así: un hombre encantador y sencillo al que le encanta desahogar su rencor pegando a los canijos y a los débiles. Seguí arreándole coces hasta casi dejarle sin dientes. No es que eso fuera a estropear mucho más su aspecto. Cuando me quedé algo tranquilo, y antes de dejarle del todo inconsciente, le agarré por el cuello y, zarandeándole con violencia, le pregunté:
– ¿Quién demonios le envía, malandrín? –no soy un hombre demasiado imaginativo en sus insultos–. ¿Por qué han intentado matarme?Ante lo cual, no pude hacer otra cosa que saltarle un par de dientes más a bofetones. Soy de la vieja escuela, en materia de interrogatorios.
– ¡No diré nada, salvo que sea delante de las cámaras y en horario de máxima audiencia! –contestó él, desafiante.
– ¡Vale, vale! ¡Hablaré!Y sin muchas ceremonias le arrastré a Chez Émile, mi churrería francesa favorita, que estaba a pocas manzanas de distancia. Allí, a salvo entre las mullidas (por las capas de mugre y grasa acumuladas) paredes del local, pedí un café, dos tazones grandes de chocolate, seis docenas de churros, dos de porras, un par de tortillas de patata de tamaño familiar, una ración de torreznos, un plato de callos a la madrileña, medio kilo de tiramisú y, para Pablo Motos, un vaso de agua del grifo.
– Pero no en este lugar –dije–. Acaba usted de estrellar un coche contra un muro. Vale que esto sea España, pero incluso aquí los accidentes de circulación acaban atrayendo atención. Gradualmente, al menos.
– Paga usted, por supuesto –le dije–. Y ahora, desembuche o le saco a guantazos los pocos dientes que le quedan.Pero el muy maleducado no me respondió. En su lugar, se dedicó a agonizar sobre la mesa, echando unos espumarajos por la boca la mar de desagradables, que por poco me quitan el apetito. Cuando yo ya estaba a punto de preguntarle si estaba tonto o qué, el conocido locutor y presentador televisivo decidió morirse. Menudo contratiempo.
– No sabes dónde te estás metiendo –me dijo–. Hay intereses muy grandes detrás de todo esto. Gente muy chunga y muy poderosa. ¡Te estás creando enemigos terribles!
– ¿Por lo de mi olor corporal? No es culpa mía si todos los desodorantes me abandonan...
– No, idiota –respondió él, cariñoso–. Por lo del caso que estás llevando. Lo del presidente.
– ¿Cómo sabe usted eso?
– La gente de la Televisión lo sabemos todo –dijo él–. Eso, y que has estado pregonando tus intenciones en el bar de antes, claro está.
– Cierto, tiene su lógica –admití–. ¿Y qué pasa si ando buscando un presidente del gobierno? ¿Cuál es el problema? ¿No es lo que quiere todo el mundo?
– Sí, pero no vale cualquiera. No podemos permitir que nadie interfiera con nuestros planes. ¡Hay demasiado en juego!
– Cuéntemelo todo, o le vuelvo a atizar.
– ¡No! ¡Ya he dicho demasiado! Debo... debo... deboooo....
– ¿Qué debe? Aparte de pagar la cuenta, claro... oiga, ¿por qué se pone usted azul? ¿Le ha sentado mal el vasito de agua?
Registré rápidamente el cadáver. El color violáceo de su boca y su lengua enroscada como el rabo de un cochinillo indicaban que el tipo se había forzado a sí mismo a ingerir una cápsula de veneno, posiblemente estricnina. Lo que hace la gente con tal de no confesar un crimen, pensé. En sus bolsillos solo había tres barritas de proteínas, un billete de catorce euros con veinte y una fotografía autografiada de María Teresa Campos. El autógrafo rezaba: "Con cariño, la Líder Suprema". Por detrás de la foto estaba apuntado un número de teléfono. "Esto", pensé, "debe ser lo que en las pelis llaman una pista".
febrero 14, 2016
Be my Valentine
Pues mira, iba a dedicar la entrada de hoy a compartir algo que he visto en Facebook, con lo que estoy totalmente de acuerdo, y que me ha gustado mucho: el siguiente alegato en contra del amor romántico:
Es un cartel con el que estoy muy de acuerdo no porque no crea en el amor –no creer en el amor es una estupidez tan grande como no creer en la gravedad–, sino porque comparto la idea de que el amor romántico, esa ficción que nos venden las novelas, las películas, la música y los consejos de la abuela, es un concepto peligroso y dañino. La biología, la psicología y la antropología dejan claro que el discurso romántico está muy alejado de la experiencia humana real. Perpetuando el ideal del romanticismo nos hacemos daño a nosotros mismos y, sobre todo, a los jóvenes, que tienden a ser más crédulos con este tipo patrañas.
Pero luego he pensado que hoy tampoco me apetece mucho meterme en soflamas. Del mismo modo que puedo ser un aguafistas de tomo y lomo, soy un celebrador convencido. Me encanta celebrar cosas: desde los cumpleaños a la Navidad a la muerte, a ser posible dolorosa, de la gente que me cae mal. Tú dame una fiesta, y yo me apuntaré sin pensármelo dos veces.
Al final gana mi lado lúdico. No tiene mucha lógica que me lance hoy a meterme con el ideal romántico cuando tengo esperando en la cocina una tarta de chocolate con forma de corazón para zampármela con mi osezno, a ser posible desnudos y manchándonos mucho los labios de berretes de cacao.
Así que ya me podré pesado otro día.
Hoy, a celebrar todo muchísimo. Y si de paso escandalizamos a unos cuantos homófobos de mierda, mejor que mejor.
Pero luego he pensado que hoy tampoco me apetece mucho meterme en soflamas. Del mismo modo que puedo ser un aguafistas de tomo y lomo, soy un celebrador convencido. Me encanta celebrar cosas: desde los cumpleaños a la Navidad a la muerte, a ser posible dolorosa, de la gente que me cae mal. Tú dame una fiesta, y yo me apuntaré sin pensármelo dos veces.
Al final gana mi lado lúdico. No tiene mucha lógica que me lance hoy a meterme con el ideal romántico cuando tengo esperando en la cocina una tarta de chocolate con forma de corazón para zampármela con mi osezno, a ser posible desnudos y manchándonos mucho los labios de berretes de cacao.
Así que ya me podré pesado otro día.
Hoy, a celebrar todo muchísimo. Y si de paso escandalizamos a unos cuantos homófobos de mierda, mejor que mejor.
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diciembre 19, 2015
noviembre 05, 2015
Vidas ejemplares de políticos (IX)
En ocasión de las tan deseadas elecciones generales, ya a la vuelta de la esquina:
Hoy: Don Estefanío Monastrell, el mandatario que les salió del PITO
Corrían buenos tiempos para el Partido Institucional Teocrático Omnímodo –siempre eran buenos tiempos para los miembros del PITO–, pero los tecnócratas del Departamento de Pronósticos y Vaticinios Electorales avisaban de que la buena racha creciente no podía durar eternamente. La cúpula del Partido envejecía e inevitablemente con el tiempo acabarían saliendo a la luz muchos de los trapos sucios y los problemas de la jerarquía de partido, a saber: alopecia galopante, halitosis, dispepsia y, en al menos un par de casos, combustión espontánea por haber roto la disciplina de voto. También algunos chanchullitos y corruptelas por valor del producto interior bruto del Canadá, es decir, sin importancia. No era cuestión de dejar que el poder se les fuera de la mano, como aquella vez en la que el Sargentísimo había tenido la mala idea de morirse antes de tiempo.
– "Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi" –dijo entonces uno de los senadores del Partido, uno de los pocos con estudios.
Y en consecuencia los vetustos líderes del Partido comenzaron la búsqueda de un candidato idóneo para el nuevo proyecto. Había de ser alguien joven, pero con un intachable historial ideológico de ultraderecha moderada, y guapo, de una guapura especial: la clase de muchacho que toda madre desea tener como hijo y toda abuela desea follarse. Tras largos meses de búsqueda encontraron al pelele ideal en la figura de Estefanío Monastrell, oscuro numerario de las juventudes del PITO.
– Ahora tú te sales del partido y nosotros haremos como que no te conocemos –dijo le dijo al joven Estefanío otro de los senadores–. Ya pondremos cara de susto cuando montes tu chiringuito.
Así a los pocos meses nacía "Solidarios", el nuevo y flamante partido de Estefanío Monastrell. Le acompañaban en tan espontánea aventura democrática otros jóvenes igualmente guapos, listos, profesionales y bien vestidos. Aquello parecía "Los niños del maíz".
"Solidarios" obtuvo resultados discretos, tirando a malos, en las primeras elecciones a las que se presentó. Esto no sorprendió a nadie, y mucho menos al propio Monastrell, que en ningún momento perdió su sonrisa y su candor: "esto ha sido una gran fiesta de la Democracia", decía a todo aquel que se le acercaba en esos momentos. Se notaba que tenía madera de político.
El programa de "Solidarios" estaba lleno de sensatas propuestas de Centro: prohibir la tortilla francesa en todas las cocinas del país, por antipatriótica, bajar los impuestos a los miembros del PITO, exterminar a todos los hugonotes y, lo más importante, regenerar la vida pública. En este último sentido, la propuesta de "Solidarios" consitía aplicar la homeopatía como remedio regenerativo de probada eficacia. Este programa tan sabio y juicioso ganó poco a poco el corazón y la mente de un gran sector de los ciudadanos, hartos ya de los continuos escándalos relacionados con los hugonotes y con la tortilla francesa que aparecían en los medios de comunicación, a la sazón todos ellos afines al PITO.
– Si obtenemos los votos suficientes –solía decir el buen Estefanío en aquellos tiempos–, pactaremos con el PITO para solucionar los problemas ocasionados por el PITO.
Tan lógica propuesta hizo furor entre los electores, agobiados por el peso de una tremenda crisis existencial causada por ellos mismos, según los medios de comunicación afines al PITO: esto es, todos. "Solidarios" subía como la espuma y el resto de partidos –salvo el PITO, en la intimidad de sus castillos– empezaban a mostrarse nerviosos. De cara a la galería el propio PITO era el mayor perjudicado:
Naturalmente, la psicología inversa funcionó a las mil maravillas y en las elecciones generales, convocadas en plenas vacaciones de verano, "Solidarios" arrasó en las urnas, con un 78% de los 1209 votos depositados. Don Estefanío Monastrell fue investido Presidente del Gobierno. Sus primeras medidas fueron para una americana haute couture y unos pantalones italianos a juego. Sus segundas medidas estuvieron dirigidas a la formación de un gabinete de gobierno a su altura: todos guapos, jóvenes, inteligentes y sobradamente preparados para ejercer el latrocinio y la mamandurria con una elegancia y "savoir faire" nunca vistos.
– Pedimos a nuestros viejos votantes desencantados que no ejerzan el voto de castigo apoyando a "Solidarios" –decía en sus mítines doña Lucrezia Borjamari, secretaria general del PITO–. Nosotros somos el Verdadero Centro. Repito: no intenten castigarnos votando a "Solidarios".
– El Pueblo Soberano ha hablado –declaró una ciudadana, entusiasmada, en entrevista al Telediario–. Ha llegado la hora del cambio y queremos que quienes nos recorten los derechos sean personas fotogénicas. ¡Basta ya de gente fea en la política!La tercera medida de don Estefanío Monastrell fue subirse el sueldo. La cuarta, volver a subírselo. Y la quinta fue cambiar el nombre de su partido a PITO, por si la cosa no había quedado clara. Y fueron felices y todos se rieron mucho a costa de la broma.
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octubre 01, 2015
Con la voz bien alta
La nueva campaña de la FELGTB es una de las mejores que he visto en mi vida, tanto en España como fuera de ella. Enhorabuena por un vídeo perfecto que ha llegado a emocionarme, y por un mensaje que sigue siendo enormemente importante hoy en día, cuando muchos piensan que todo está conseguido. No es así.
Yo soy uno de esos afortunados homosexuales que nunca ha sufrido problemas de discriminación ni de violencia verbal o física, pero esto se debe principalmente a dos motivos: a que salí de mi pueblo y de mi ciudad diminuta muy joven, y a que siempre he sido miedoso y precavido. Tengo buena capacidad para prever los problemas e irme por otro camino cuando sospecho que va a presentarse una situación incómoda. Empecé a ser valiente solo cuando tuve seguridad económica, laboral y social en una ciudad más grande y lejos de la gente cuya reacción podría haberme herido. Eso tiene poco mérito.
La situación que muestra el vídeo es digna de elogio, porque presenta la respuesta civilizada y responsable de los ciudadanos que ayudan a la pareja de turistas. Pero no olvidemos que es un vídeo grabado en pleno Chueca, y que probablemente haya sido editado dejando fuera las reacciones desfavorables. La campaña es acertada y emociona porque muestra lo mejor de nosotros, pero hay que tener en cuenta precisamente eso, que este tipo de reacciones son unicamente la cota superior del comportamiento español en el barrio más tolerante de la ciudad más grande del país.
Os animo a todos a difundir este vídeo todo lo posible.
julio 06, 2015
Reflexiones acerca del fin del mundo de esta semana
Queridos hermanos, cuñados y otras gentes de mal vivir: Grecia ha votado "no", y eso sólo puede significar una cosa: el fin de los yogures tal y como los conocemos. Eso, y que Varoufakis tiene un buen polvo. Ante la crisis de valores que sacude Occidente, en el que la Economía de Mercado no cierra los lunes a pesar de que todos sabemos que ese día es imposible encontrar buen pescado fresco, las instituciones se tambalean y por eso yo digo: ¡basta ya! Son dos palabras muy socorridas, que lo mismo valen para un default que para una sobremesa que se alarga demasiado, y las digo sin que me duelan prendas. Esa es una de las grandes ventajas de que el mundo se acabe en verano: las pocas prendas.
¡Basta ya!, y lo repito en lenguaje técnicamente correcto en esta época de Ley Mordaza: blubliblú blablablá y tal. Es la hora de acabar con las injustificadas prebendas de los almogávares y con la tiranía de las heladerías. Ya no quepo en casi ninguno de mis pantalones. He solicitado un crédito a la troika para comprarme unos nuevos, pero ellos sólo aceptan unos términos que incluyen la liposucción. Y yo, por ahí, no paso. Uno tiene su dignidad democrática.
Pero tranquilos: estamos en buenas manos. En buena mano, realmente: la Invisible. Los mercados se regulan a sí mismos, vivimos en el mejor de los mundos posibles, y por eso Leibniz ligaba tanto. Se hartó a follar, el muchacho: ventajas de ser filósofo en la época de las pelucas. Daba igual ser calvo o no. Yo, por contra, no me atrevo a ponerme peluquín y por eso vivo en un desierto sexual y opino que las cosas, sobre todo en lo que a la macroeconomía respecta, dejan bastante que desear. No es que Dios haya muerto, como decía un señor con bigote, sino que está silbando y mirando hacia otra parte, fingiendo que la cosa no va con Él. Esto, con Zaratustra no pasaba.
En momentos, como estos, de zozobra y duda, la gente mira hacia nosotros, los científicos y los intelectuales, buscando un cigarrillo gratis. Pero la mayor parte de los intelectuales de ahora se han pasado al cigarro electrónico, lo que demuestra que la intelectualidad está sobrevalorada. Ya lo decía Vonnegut: a un lado de un cigarrillo hay un fuego encendido, y al otro un idiota. Los intelectuales de hoy en día son idiotas sin fuego, es decir: idiotas tristes. A los economistas se les da de vicio predecir crisis de forma retroactiva, a los neurolingüistas explicar cosas que ya sabía mi abuela y a los doctores en cosas nos encanta demostrar nuestra conciencia social publicando banalidades que sólo leen nuestros amigos, y el señor Ministro del Interior (bendito sea su santo nombre) en Facebook.
Por eso, este es mi consejo: limpiaos bien las uñas. Usad ropa interior impoluta. Lavaos los dientes. Uno nunca sabe cuándo le van a obligar a salir del euro, y de repente todo el mundo te mira mal, y se comenta que has dejado preñada a la Cati, la hija del charcutero, y eso es vivir por encima de tus posibilidades, y de repente tú tienes la culpa de un montón de cosas, aunque no seas católico. Qué menos, en esos casos, que tener buen aliento. Also sprach Schäuble. Y yo añadiría más aún: ante la duda, el yogur va con miel. Nunca con sirope.
junio 28, 2015
¡Feliz Orgullo 2015!
Aprovechando además que dentro de poco será legal que Rita Barberá se case con otra mujer en EEUU, ¡Feliz Orgullo!
mayo 25, 2015
mayo 24, 2015
mayo 23, 2015
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