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diciembre 01, 2016

1 de diciembre de 2016: dónde estamos

Un año más.

De nuevo celebramos (aunque celebrar no me parece ni mucho menos la palabra más adecuada en esta ocasión) el día mundial del SIDA, y me pregunto qué se puede añadir sobre el tema. Después de todos estos años, uno pensaría que ya está todo dicho.




Debe ser que no queda nada que decir, o por lo menos esa es la impresión que me llevo cada vez más a menudo, últimamente. Ya nadie habla de esas cosas.

Noto bastante la ausencia de la palabra SIDA en el discurso público. Como maricón que ha vivido su adolescencia a caballo entre los años ochenta y noventa, he crecido con esa palabra grabada a fuego en mi cerebro. Incluso he llegado a obsesionarme con ella. ¡Quién no! La veo por todas partes, incluso donde no está. De hecho, sobre todo donde no está, porque de un tiempo a esta parte prácticamente no aparece por ningún lado: ni en los periódicos, ni en la televisión, ni en la vida cotidiana. Ni siquiera en nuestros mundillos paralelos. Uno entra en las aplicaciones del follar y se encuentra con que por lo general el VIH  no se menciona, no se comenta y, a juzgar por la manera en la que la gente está prefieriendo practicar el sexo, por lo visto tampoco existe.

Tal vez debería alegrarme por ello. En esta era de los antirretrovirales milagro, de la TasP, de la PEP y de la PrEP (tan de moda en el mercado negro y en los foros de timadores últimamente),  tener o estar en contacto con el VIH ya no es una condena de muerte. Hoy en día, una persona seropositiva, si descubre su infección a tiempo y la trata adecuadamente, puede vivir tanto y tan bien como una persona seronegativa, y además desarrollar su vida normalmente sin miedo a transmitir el virus a otra persona. Y esto es algo maravilloso. 

Lo peor de la crisis, según parece, ha pasado.

Salvo que suceden cosas como lo que pasó en Santander esta primavera y te das cuenta de que bajo es "ya no hace falta hablar de esto" sigue subyaciendo el mismo miedo, la misma ignorancia y el mismo estigma de siempre. Que no hemos superado nuestro pánico colectivo, sino que lo hemos escondido debajo de la alfombra. Que seguimos no sabiendo nada o, peor aún, prefiriendo no saberlo. Todos muy modernos y enrollados y abiertos de mente, ya, pero en cuanto aparece una sombra del virus, ¡hoguera y linchamiento!


O salvo cuando nos da por pensar que los tratamientos son carísimos, y aunque aquí tenemos la suerte de poder disponer de ellos, nos olvidamos de que vivimos en una burbuja de privilegio: según la OMS, de los aproximadamente 37 millones de personas afectadas por el VIH en el mundo, más de 22 millones no tienen acceso a ningún tipo de tratamiento: ¡más de un 60%! 



En resumen: no, no puedo alegrarme por el silencio "moderno" que rodea al SIDA. Me alegraría infinitamente si fuera porque realmente hubiéramos superado la crisis, pero no lo hemos hecho: ni como personas, ni como sociedad, ni como nada de nada. Y poco podremos superar si evitamos hablar de ello.



diciembre 01, 2014

diciembre 01, 2012

Hoy toca repartir collejas

Hoy celebramos un año más el Día Mundial del Sida, y cuando digo "celebrar" lo digo en el mismo sentido que se celebra un entierro o un velatorio. Ha sido un año marcado por las malas noticias también en esto, con toda una batería de medidas de recorte y desatención por parte de nuestro Gobierno que me hacen hervir la sangre, aunque se veían venir. En Dosmanzanas está una nota de prensa que refleja muy bien el balance del primer año de gobierno de Rajoy:

y

La actuación del Gobierno sólo puede calificarse de canallesca y asesina: no solo desatiende la salud de los ciudadanos, sino que sus políticas se van a traducir en una aceleración de la expansión de ésta y otras epidemias a través de los sectores de la población que quedan fuera de la cobertura sanitaria. Esto es un crimen contra la humanidad y por lo tanto aprovecho para llamar desde aquí a Mariano Rajoy, a la ministra de Sanidad Ana Mato, al ministro de Hacienda Cristóbal Montono, así como al resto del despreciable Gobierno que tenemos la desgracia de padecer, lo que son: criminales, asesinos y malhechores.

Por supuesto también incluyo en mi ataque a la jerarquía de la Iglesia Católica, por su obstinada guerra contra el único método de prevención medianamente fiable que existe, el preservativo. La (i)lógica religiosa lleva a la Iglesia a por un lado prohibir las relaciones sexuales con preservativo y por el otro a cuidar amorosamente de las personas que enferman por cumplir con esa misma prohibición; a sus ojos, lo segundo compensa con creces lo primero, pero su lógica hace aguas por todas partes. Ratzinger y la caterva de ancianos enjoyados que pueblan los palacios obispales se merecen también el calificativo de asesinos.

Pero no acabo aquí con mi oleada de ataques furibundos. Hay un tercer grupo a quien quiero dirigir hoy mis improperios, y ese grupo somos nosotros mismos.

Está muy bien criticar a la panda de sinvergüenzas que nos gobierna y al aquelarre de hipócritas que supuestamente vela por la salud de nuestras almas, pero la mejor crítica ha de empezar siempre por uno mismo. 

Durante los últimos años, el número de relaciones sexuales sin protección ha aumentado de forma alarmante tanto entre homosexuales como heterosexuales. Esto se debe en buena medida a que la existencia de fármacos antirretrovirales ha convertido el Sida (en la mayor parte de los casos, y solo en los países industrializados) en una enfermedad crónica, y eso nos ha hecho bajar la guardia. Pero también se debe al cansancio que experimenta la sociedad tras treinta años de campañas de concienciación. Se trata de un peligroso efecto rebote que los trabajadores sociales y los activistas conocen muy bien: la prevención implica restricción, la restricción crea un tabú, y no hay nada tan excitante como romper un tabú.

Admitámoslo: la fantasía del bareback (follar a pelo) está en su mejor momento. Las páginas web y productoras de porno sin goma proliferan como setas; salvo honrosas excepciones, la mayoría de las compañías de entretenimiento para adultos que se han resistido al bareback han entrado en quiebra. Mientras el debate público entre detractores y defensores de esta práctica continúa, las cifras de ventas y las predilecciones del pueblo (¡cuántas veces hemos oído la frase "yo es que si veo un condón se me va todo el morbo"!) demuestran que la  batalla la tiene ya ganada el bareback. Y estoy hablando exclusivamente del porno gay: en el porno hetero, la batalla ni siquiera llegó a empezar (la mayoría de las escenas han sido siempre a pelo). Por mucho que se diga que la fantasía es solo eso, fantasía, lo cierto es que al final se acaba filtrando a nuestros comportamientos, sobre todo cuando el alcohol y otras drogas debilitan nuestras inhibiciones.

Yo soy el primero que reconozco el poder tremendo y transgresor que tiene sobre mí el deseo de romper con el tabú del sexo seguro: al igual que tantos otros, fantaseo con imágenes de salvajes bukkakes, de tíos que se lo tragan todo y culos rellenos como pavos. Como primates humanos que somos, contradictorios y algo ciclotímicos, queremos jugar con el fuego, aun sabiendo que nos vamos a quemar.

Existe todo un movimiento filosófico e incluso un sistema ético centrados en defender las prácticas de riesgo, con un discurso sorprendentemente bien articulado que no es trivial rebatir; no voy a repetir aquí sus argumentos pero sí decir que hay personas que, consciente y meditadamente, se ponen en riesgo (y ponen en riesgo a otros) teniendo muy claras las probables consecuencias de sus actos. Ya no es solamente un problema de falta de información o de tener un desliz o un accidente: el efecto rebote al que antes aludía se ha materializado en un rechazo voluntario del sexo seguro entre un sector creciente de la población. Y esto, por mucho que pueda ser defendido como una opción personal, es un problema colectivo.

Así que también lanzo una colleja compartida hacia nosotros mismos: porque al final los responsables últimos de nuestra salud no son ni el Gobierno ni los clérigos, sino cada uno de nosotros. Si los primeros pueden ser acusados de asesinos, los segundos podemos serlo de suicidas. Separemos la fantasía de la realidad. No bajemos la guardia. Seamos solidarios: es un problema de todos, una batalla de todos. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad, como en todos los demás aspectos de la vida. Hoy y durante todo el año, protejámonos unos a otros.




abril 03, 2012

Catetos a babor y a estribor

Solo un breve comentario en el que, aviso, voy a abandonar toda mesura y educación. Estoy muy enfadado: 

Después de habérseles llenado la boca durante meses con el discurso de la excelencia y la competitividad, de haber ensalzado las virtudes del Nuevo Modelo Productivo Basado En El Conocimiento y la I+D+i, y de haberse quedado tan anchos, llega esto:



Era de esperar, conociendo el percal. Si en la época del "España va bien" rebajaron la inversión en ciencia y tecnología, qué no iban a hacer ahora.

Queda consagrado el retorno, si alguna vez salimos de ella, a la España del catetismo y del "que inventen ellos".
 


Dicho lo cual, dejadme que de desahogue a gusto: solo hay dos posibilidades. Una: estamos gobernados por un hatajo de ignorantes, patanes descerebrados sin la más mínima inteligencia, memos de tomo y lomo, payasos sin fundamento. O dos: estamos asistiendo a un plan deliberado y maligno para desmontar por completo la ciencia española que, no lo olvidemos, es un recurso estratégico del que depende nuestro futuro.

Por lo cual acuso al actual Gobierno o bien de idiotez profunda, o bien de alta traición. Elijan ustedes.


diciembre 01, 2011

30 años de logros, 30 años de retos

¿Sabéis qué día es hoy?




Pero atención: no hay que bajar la guardia: clic y más clic.



Y no puedo evitar hacer un poco de política: por si alguien no lo sabe, actualmente no existe ninguna comunidad autónoma gobernada por el PP que tenga un plan de actuación contra el VIH. En las que se ha propuesto implantar uno, el mismo partido ha boicoteado la iniciativa siempre que ha podido. A pesar del peso de la evidencia y de la opinión de los expertos, la posición oficial del partido es que se trata de un problema del pasado al que hay que dedicar exactamente la cantidad de dinero que escribo a continuación: cero euros. Sistemáticamente se rechazan subvenciones a asociaciones y ONGs de ayuda a los afectados. Esto es lo que nos espera a nivel nacional a partir de ahora. Si alguno de vosotros, amables lectores, habéis votado a ese partido, pensando tal vez que estáis por encima de este problema, que nunca os va a afectar ni tampoco a ningún ser querido, no os sintáis raros: desde la época de Freud sabemos que los impulsos suicidas son, al fin y al cabo, bastante comunes...


junio 28, 2011

Es un momento maravilloso para ser homosexual

Estamos en una época estupenda en la que puedes vivir de puta madre siendo gay, siempre y cuando:
  • No estés en Irán, Arabia Saudí, Mauritania, Sudán, Yemen, Nigeria o Somalia, países donde tu orientación sexual es garantía de pena de muerte.
  • No vivas en Algeria, Angola, Botswana, Burundi, Camerún, Egipto, Eritrea, Etiopía, Gambia, Ghana, Guinea, Kenya, Lesotho, Liberia, Libia, Malawi, Mauricios, Marruecos, Mozambique, Namibia, São Tomé y Príncipe, Senegal, Seychelles, Sierra Leona, Swazilandia, Tanzania, Togo, Túnez, Uganda, Zambia, Zimbabwe, Afganistán, Bangladesh, Bhutan, Brunei, Burma, Kuwait, Líbano, Malasia, Maldivas, Omán, Pakistán, Qatar, Singapur, Sri Lanka, Siria, Turkmenistán, Uzbekistán, la Franja de Gaza bajo la Autoridad Palestina; Turquía, el Norte de Chipre, Antigua y Barbuda, Barbados, Belize, Républica Dominicana, Granada, Guyana, Jamaica, Grenadinas, Trinidad y Tobago, Kiribati, Nauru, Palau, Papúa Nueva Guinea, Samoa, las Islas Salomón, Tonga, Tuvalu o la Isla de Cook, países donde no te asesinan por ser homosexual pero sí te pueden castigar con la cárcel o trabajos forzados.
  • No hayas nacido en uno en uno de los 240 países que te niegan el derecho a unirte legalmente con tu pareja.
  • No vivas en una cultura machista.
  • No tengas residencia en una ciudad pequeña y tradicional o, peor aún, en una zona rural.
  • No seas pobre, viejo o feo.
  • No tengas pluma.
  • No tengas que ocultar a tus compañeros de trabajo, vecinos, familia o amigos que eres seropositivo.
  • No seas lesbiana.
  • No seas transexual.
  • No te cruces con una pandilla de cabezas rapadas con ganas de calentarse los nudillos.
  • No encajes en algún estereotipo de la subcultura gay dominante.
  • No profeses alguna de las religiones que te desprecian abierta o encubiertamente, es decir: todas.
  • No se te pase por la cabeza la odisea de adoptar un hijo.
  • No tengas que lidiar con las tensiones provocadas por el residuo de homofobia interna que te han regalado diez mil años de inercia cultural.
  • No acabes reduciendo tu vida en un ghetto formado solamente por amigos gays, sin darte cuenta.
  • No tengas que lidiar con la contradicción interna de querer votar a un partido en cuyo programa oficial figura volver a colocarte entre los ciudadanos de segunda categoría.




Si tienes la suerte de no pertenecer a ninguna de las anteriores categorías, ¡enhorabuena! Relájate y disfruta de un cómodo y alegre día del Orgullo Gay. Si por contra perteneces a esa insignificante minoría para la cual el ser homosexual sigue planteando problemas de una forma u otra, celébralo también, pero no olvides para qué tenemos este día.

mayo 20, 2011

¿Qué hacer?

Se acercan unas elecciones que serán, en cualquier caso, un desastre para la izquierda, y también para el Partido Socialista. Tras las elecciones vendrán las palmaditas en la espalda del partido de Camps, Esperanza Aguirre y Mayor Oreja, y acto seguido los recortes en educación, en sanidad y en decencia humana. Es posible que durante unos meses, acabada la campaña, se deje un poco en paz a los inmigrantes porque ya no haga tanta falta inmediata tener un chivo expiatorio, pero durará poco. Se consolidará el asalto mediático de la derecha a las televisiones. En aras de un modelo económico con el que nadie nos ha preguntado si estamos de acuerdo, y con la potencia que da el enfado generalizado de millones de votantes frustrados, vamos a dar nuestro consentimiento a que se termine de desmontar el legado de cincuenta años de socialdemocracia europea.

Yo no quisiera que pasase.

¿Pero qué puede hacer un ciudadano cualquiera? Poco, muy poco. Por más que le doy vueltas, solo se me ocurren algunas pequeñas consignas que ni siquiera llegan a decálogo:
  1. Vota, pero no a ellos. Nuestra, ejem, "democracia" es esquizofrénica: por un lado la única manera de influir un poco en la vida pública que tiene un ciudadano común es ejercer su derecho al voto cada cuatro años. Por otro lado, la política (no solo la española, sino la de todos los países occidentales) se ha vuelto cada vez más electoralista. Se ha perdido (si alguna vez la hubo, y parece que sí) la idea del hombre de Estado que mira a treinta años en el futuro y se la ha sustituido por una casta política que sólo mira a las próximas elecciones y que es capaz de hacer lo que sea por ganar un puñado de votos. Están mercadeando con nuestros votos. Hay que cambiar esto, y para eso hay que conseguir dos objetivos: a) quitar de enmedio a los actuales líderes políticos y b) reformar la Ley Electoral. Y, salvo que decidamos acabar como en Libia, la única forma de hacerlo es con el voto. Votar en blanco es un gesto que tal vez resulte dignísimo en Escandinavia, pero en España tiene exactamente el mismo efecto que una pataleta infantil. Admítelo: a tu alcalde, al presidente de tu Comunidad, al Presidente del Gobierno y, lo que es peor, a sus homólogos en la oposición se la suda que metas un papel en blanco en una urna: al final son votos para ellos igualmente. Votar en blanco, en este país, es lo mismo que decir "voto a caballo ganador, pero me da vergüenza decirlo". Abstenerse es aún peor. Por todo esto me despierta bastante simpatía el movimiento #nolesvotes: vota a alguien que pueda (aunque solo sea por pura sorpresa), introducir algún cambio. Eso si, mi consejo es que no votes a la Falange...

  2. Mantente informado. Cada vez somos más (porque yo por desgracia no me libro) los que, ante lo mal que pintan las cosas, seguimos la estrategia del avestruz. ¿Cuánta gente conocéis que diga orgullosamente "yo ya no veo telediarios ni escucho la radio ni leo periódicos, solo veo series de televisión y me entero de las cosas por Facebook"? Picotear información por internet está bien y en ocasiones descubres cosas que los medios de comunicación oficiales callan, pero existe un peligro serio en encerrarnos en una burbuja en la que solo entra la información que nos agrada. Un ciudadano responsable tiene que esforzarse no solo en estar al tanto, sino en contrastar y criticar lo que le dicen.

  3. Sé legal. El fatalismo español, unido a una tradición centenaria de picaresca typical Spanish, nos lleva a una situación en que vemos como normal que "todos roben". La idea generalizada es: tanto los de derechas como los de izquierdas roban cuando están en el poder, pero al menos los de derechas "generan riqueza". Dejando aparte que me encantaría que alguien me explicara qué porras significa esa frase hecha de "generar riqueza", tenemos que cambiar nuestra manera de pensar. No podemos propagar esta cultura nuestra de tolerancia ante la corrupción. Y para ello, aparte de protestar cada vez que un político adjudica una obra a un amigo o acepta regalos por hacer un trabajo, tenemos que predicar con el ejemplo. La culpa de la corrupción la tenemos todos. No tenemos legitimidad para criticar la corrupción si insistimos en emplear trabajadores sin contrato, en pagar "en B" siempre que podamos, en evadir impuestos o en aceptar regalos por hacer un trabajo por el que además nos están pagando un sueldo. Existe en este país la idea de que el que cumple las normas es tonto, y el que se las salta es "un crack". Esto que voy a decir va a ser tremendamente impopular, pero ahí va: no solo no deberíamos evitar estos comportamientos, sino que deberíamos denunciarlos cuando los observamos.

  4. Sé social. ¿Alguno de vosotros cree realmente ser autosuficiente? ¿Sois capaces por vuestros propios medios de cultivaros los alimentos, recogerlos, elaborarlos y tratar los desperdicios, podéis construir escuelas, tenéis la capaciadad de fabricar quinientros metros de fibra óptica para vuestro internet y sabéis administraros la quimioterapia cuando enfermáis de cáncer? Somos capaces de vivir porque lo que decía Margaret Tatcher no es cierto. Hay que cuidar lo común y usarlo con responsabilidad: desde el medio ambiente a la Seguridad Social. Y no aceptar que nadie lo deteriore y mucho menos en nuestro nombre. Esto incluye, por muy poco popular que suene, pagar impuestos religiosamente... y exigir que se empleen de forma correcta.

  5. Indígnate. No seas pasivo. No seas conformista. No te calles. Vives en un país en el que, por ahora, puedes hablar de casi todo. Expresa tu opinión, aunque solo sea de una manera tan lamentable como escribiendo en un blog tan poco leído como éste. Manifestarse en este país es casi exactamente igual de efectivo que votar en blanco: también se la suda. Pero sale más en los periódicos. Y puedes hacerlo más a menudo que una vez cada cuatro años.




Y al final vuelvo al inicio: de todas estas cosas, la más inmediata y directa es la primera. ¡Vota!



diciembre 01, 2010

No day but today

Lo siento, este año no me siento tan retórico como el año pasado. Dedicar una entrada al Día Mundial del SIDA es algo que en cierto sentido me parece hasta frívolo: el VIH no es algo en lo que solamente debamos pensar un día al año, sino una realidad con la que todos, independientemente de nuestro estado serológico, hemos de convivir en todo momento.


La primera vez que pensé seriamente en ello fue hace unos doce años. Por supuesto que antes había oído hablar del SIDA, pero hasta ese momento la información que tenía no había calado realmente en mi interior. Y cuando lo hizo fue de la manera más tonta posible: con una canción.

Tuve suerte. No hube de tomar conciencia por las malas: por aquel entonces no conocía a nadie afectado, al menos que yo supiera. Creo que lo que me fue sensibilizando fue mi estancia en los Estados Unidos. Yo vivía cerca de San Francisco y allí los temas relacionados con el VIH son más visibles que en España; los centros comunitarios, los grupos de apoyo y los memoriales están a pie de calle.

Una noche fui a la ciudad para ver una obra de teatro. Se trataba de la gira por la Costa Oeste del musical Rent, con los actores del reparto original de Broadway. Me emocionó. Y una de las partes que me causó auténtica conmoción fue la que está ambientada en la reunión de grupo de apoyo para seropositivos, que a continuación os dejo en varios fragmentos, mezclados del musical y de la película en él inspirada.

Qué es lo que tendrá la música, que a veces una simple canción es es capaz de llegarnos más profundo que diez campañas informativas.







Esta es la misma canción, pero en la versión de Broadway, que me gusta más:





Por último, la parte final del musical, con su mensaje positivo de afirmación a la vida: "no day but today".





There's only us
There's only this
Forget regret-- or life is yours to miss.
No other road
No other way
No day but today



diciembre 01, 2009

Buenas y malas noticias

Hoy es el uno de diciembre, Día Mundial del Sida.



La buena noticia es que el VIH no es tan fácil de contagiar como la gripe y que sus probabilidades de transmisión pueden reducirse muchísimo simplemente mediante la adopción de unas sencillas medidas de profilaxis. La mala noticia es que pese a ello el número de nuevos infectados continúa aumentando año a año, si bien más lentamente que hace unos años.

La buena noticia es que, al menos en los países desarrollados, los tratamientos con antirretrovirales han conseguido 'cronificar' el virus, aumentando la expectativa de vida de los portadores del virus en muchos años. Gracias a este alargamiento de la esperanza de vida se ha alcanzado el récord histórico de personas vivas con VIH, con 33.4 millones de casos (sobre todo en África y resto de zonas del Tercer Mundo). La mala noticia es que estamos aún muy lejos de conseguir una vacuna, que no todo el mundo tiene acceso a los fármacos necesarios y que, incluso con ellos, la combinación de la enfermedad y los efectos secundarios de los fármacos provoca serios problemas de salud entre los afectados.

La buena noticia es que, si el VIH se detecta a tiempo, es posible mantener la carga viral en niveles muy bajos y llevar una vida normal. Por eso es tan importante hacerse la prueba. Se puede vivir con el VIH. La mala noticia es que no solo cuenta la salud física, sino también la psicológica. Las personas seropositivas se enfrentan a un estigma social que no decae y a todo tipo de discriminaciones. El inconsciente colectivo está cargado de un prejucio pseudo moralista que aplica a las personas seropositivas un sanbenito muy dañino y que todos conocemos. Debido a estas indeseables connotaciones, muchas personas seropositivas sufren serios traumas psicológicos y graves problemas de soledad y baja autoestima.

La buena noticia es que la pandemia parece estar 'congelada' y, salvo en días como hoy, ya no ocupa grandes espacios en los medios de comunicación. La mala noticia es que, precisamente por eso, se ha relajado el nivel de alarma en casi todos los niveles, desde el Gobierno a los ciudadanos. La mayoría de los ciudadanos sigue pensando que el VIH es 'algo que no va con ellos', produciéndose un alarmante aumento de prácticas de riesgo sobre todo entre la gente joven. Conviene recordar que en números absolutos, de los nuevos casos de VIH registrados en España cada año, el 50% tienen su origen en relaciones heterosexuales, el 25% en relaciones homosexuales y el 12% por intercambio de jeringuillas. El 35% de los nuevos casos se están dando entre el colectivo de inmigrantes. En términos relativos, sin embargo, se encuentra que la mayor proporción de contagios se da en relaciones homosexuales sin la debida protección, y el grupo de hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres es el único para el que la tasa de infección se está incrementando en vez de reduciendo. En ciudades como Madrid, se estima que entre un 10 y un 20% de los varones homosexuales son seropositivos. Independientemente de la orientación sexual, se da el caso de que la mayor parte de las personas seropositivas no saben que lo son.

De todo ello se deduce que sigue siendo imprescindible mantener un nivel alto de alerta, no bajar la guardia en ningún momento y apoyar fuertemente la labor de las instituciones y los grupos que trabajan enfrentándose al VIH.



La buena noticia es que es muy fácil hacerse la prueba del VIH (y de otras enfermedades de transmisión sexual) de forma gratuita, anónima y confidencial en todas las comunidades autónomas. Hacerse la prueba es una buena forma de controlar la propia salud, ayudando a realizar diagnósticos precoces que luego contribuyen a mejorar significativamente la calidad de vida de las personas seropositivas, y también de poner coto a la expansión del virus a otras personas. La mala noticia es que muy poca gente se hace la prueba, tal vez por lo angustioso que resulta esperar entre diez y quince días para recibir la respuesta (yo, al menos, siempre lo paso fatal). Afortundadamente las nuevas técnicas en implantación permiten acortar el tiempo de espera a unos pocos minutos. Las campañas de concienciación cada vez hacen más énfasis en la necesidad de hacerse la prueba, intentando transmitir a la vez un mensaje positivo e incluso lúdico, como este cartel en el que Mr. Gay Europe 2009 (el despampanante español Sergio Lara) enseña carne por una causa:


Quedan muchos frentes abiertos: contra el virus en sí mismo, contra el avance de la enfermedad una vez contraída y, no menos importante, contra la discriminación y el rechazo hacia las personas seropositivas:



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