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septiembre 10, 2015

Feliz año nuevo

Ya lo he comentado en varias ocasiones: para quienes no hemos dejado nunca la academia, el año no comienza en enero sino en septiembre. Por eso, lógicamente, toca poner como fondo musical "Aguas de marzo":


¿Perdón? ¿Aguas de marzo en septiembre? Lógico, pues es un tema brasileño y en el Hemisferio Sur, recordemos, el otoño empieza en marzo: "são as águas de março fechando o verão, é a promessa de vida no teu coração". Últimamente estoy muy brasileño yo, y no solo por motivos profesionales.

En Santander el verano es una época lluviosa y cálida que comienza allá por San Fermín y termina más o menos por Santiago Apóstol. Es decir, hace ya tiempo que se acabó el verano, pero como he estado de viaje durante todo agosto yo no me había dado mucha cuenta hasta ahora.




No falla: llega el día uno y de repente los alumnos que tienen asignaturas para septiembre se acuerdan de ponerse a estudiar y a preguntar sobre sus dudas. El examen era el día dos. Los resultados no sorprenden a nadie, salvo tal vez a los propios alumnos, que viven en un perpetuo estado de estupor. Hay dos clases de alumnos que se presentan a los exámenes de septiembre: los que suspendieron en junio y los que dejaron la asignatura para el verano por motivos estratégicos. Los primeros muy rara vez aprueban: cuatro meses de no enterarse de nada seguidos por un verano de tampoco enterarse de nada suman exactamente la siguiente cantidad: nada. Los que dejaron la asignatura para centrarse en otras y atacan durante el verano, por otro lado, son algo totalmente distinto: bastantes aprueban y lo hacen con buena nota. He aquí la diferencia entre estrategia y tozudez.

Igual de desastre que los alumnos somos sus profesores. Organizo un congreso para la semana que viene. El plazo límite para registrarse era el 20 de agosto y por tanto, lógicamente, más de la mitad de los participantes se lo saltaron y se registraron durante la extensión de plazo que (evidentemente) concedimos. Ya estaba previsto: siempre es así. Lo que me ha sorprendido un poco (no mucho, la verdad) es que a cuatro días del comienzo del congreso aún haya gente apuntándose. No me voy a quejar: los congresos, como las orgías, son más divertidos cuanta más gente participe.

He vuelto también al gimnasio, a.k.a. Vanessolandia. El verano se ha saldado con un +2 kilos que hay que fundir. Esto en 88 kilos, mi máximo histórico, igualando a los que tenía a los 20 años, con la única diferencia de que antes yo era 100% tocino y ahora soy 80% tocino, 20% músculo. Los pantalones me aprietan, las camisas no me valen y tengo agujeros en los calcetines. Esto último no es culpa de mi aumento de peso, sino de mi vagancia a la hora de ir de compras. Mi gimnasio ha comprado un taller de coches que había al lado y lo ha transformado en un espacio para crossfit: putas modas. Lo bueno es que ahora los Vanessos se reparten entre ambos locales y tengo algo más de espacio para renquear y resolplar como un cachalote varado entre mancuernas y otros aparatos de tortura. En cuanto a los Vanessos en sí, el año comienza con unos cuantos ejemplares nuevos, incluyendo un par de esos que los ves y te entran unas ganas enormes de eyacularles en la cara.


El osezno, para equilibrar mi balanza energética, ha vuelto a los fogones por todo lo alto: ceviche de rape y langostinos, ensalada de toronja y aguacate y budín de pan con arándanos. Cómo cocina ese hombre, por Dior. Qué peligro. Delicioso peligro...




octubre 17, 2014

Soy mala persona

- Yo iba mucho academio espaniol. Pero dejo de ir porrque yo no necesita.

- ¡Claro que no! ¡Si hablas español mejor que yo mismo!
Este fragmento de conversación escuchado en el gimnasio ha bastado para sacar a la luz la bestia que llevo en mi interior. Una de ellas, al menos. Concretamente, la Marica Mala que hay en mí. 

Antes de continuar, tal vez convenga que el amable lector repase mi sistema taxonómico de gimnasio. Facilitará la comprensión del texto que viene a continuación.




La conversación que reproduzco al comienzo de la entrada tuvo lugar esta tarde entre La Follavanessos y Vishnú. Vishnú es un morenazo de tipo lagartijo tirando a ladrillo (podarcis pectoralia) con cuerpo de dios y muchísimos brazos, de ahí su apodo, mientras que La Follavanessos es una muchacha con cara de llamarse Irina o Miroslava. Ambos pelaban la pava junto a las máquinas como si su conversación tuviera algún tipo de finalidad, noción absurda donde las haya dado que desde el primer momento estaba cantado que ambos acabarán copulando, de forma inevitable, al margen de cualquier cosa que digan o hagan. A mí me encantaría trincarme a Vishnú, y por tanto mi Marica Mala interior me inundó al momento de oleadas de envidia desaforada.

Y es que mi Marica Mala interior odia a la Follavanessos con todas sus fuerzas. La Follavanessos es la clase de chica que va al gimnasio a levantar pequeñas pesas, a hacer ejercicios de glúteos y, fundamentalmente, a dejarse ver por los hombres. Su historial es intachable:

Primero estuvo saliendo una temporada con Empotrador. El Empotrador es una montaña (mostrenco giganticus) de mirada turbia y cabello empezando a encanecer que hace que todas las maricas del gimnasio -y somos muchas, no todas ellas en las duchas- mojemos nuestros aussiebums, y no por estar haciendo cardio precisamente: se trata de la clase de hombre que todos quisiéramos que nos desnucara a pollazo limpio contra una pared durante el descanso del partido de fútbol. Pero fue la Follavanessos la empotrada, hay que asumirlo.

Tras dejar a Empotrador la Follavanessos empezó a ser vista con el Eslavón Perdido. El Eslavón Perdido es un mullido-pornstar (merendabilis croatia) con cuerpo de cromañón y pasaporte de la antigua Yugoslavia que levanta mancuernas como quien manda un WhatsApp. Durante el tiempo que la Follavanessos y el Eslavón Perdido estuvieron juntos, él perdió un par de arrobas, que yo achaco a la erosión sexual. Paciencia.

Después la Follavanessos centró su atención en Mili, o tal vez fuera Pili. Pili y Mili son dos mellizos idénticos de subgénero cachorro en transición a atlético (gymnastica sportii puber), que aún siguen siendo guapísimos de cara a pesar de dedicarse al boxeo. No solo eso, sino que además deben conservar alguna que otra neurona. Durante el tiempo que estuvieron juntos, Mili no dejaba a la Follavanessos a solas pues, conociendo su historial, tal vez veía inevitable que ella acabara pegándosela con otra masa de músculos. Él se sentaba al lado de ella con cara de perro pastor enfadado mientras la muchacha tensaba los glúteos y tonificaba los pechotes. Y luego la esperaba a la salida del vestuario para llevarla a casa y, evidentemente, follarla con fruición. Grrr.


Su vigilancia no le sirvió de mucho. La Follavanessos es muy de volar libre y a las pocas semanas estaba muy acaramelada con un especímen del género musculoca, que no me dio tiempo a catalogar con un mote porque el verano descoloca todos los horarios y no lo he vuelto a ver. Pero es de esperar que ella lo disfrutaría con entusiasmo. Zorra suertuda...

Y así llegamos hasta la escena de hoy entre ella y Vishnú. Posiblemente a estas horas estén fornicando ya. ¡Qué puñetera envidia!

La criaturita está pasando de mano en mano por todo el grupo de Vanessos de mi gimnasio, como una pelota de rugby (o más bien como un buen par de balones), y ella tan contenta. Es imaginármela con todos esos tipos, siendo bombeada en oleadas de testosterona y analfabetismo, y preguntarme, ¿qué tiene ella que yo no?



Fácil: juventud, belleza, cierto descaro y tetas, muchas tetas. 

No se puede competir contra las tetas.


mayo 04, 2014

Sin nicho ecológico

Desde la noche de los tiempos, el hombre ha mirado a las estrellas y se ha preguntado: ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿dónde venden los mejores donuts de la ciudad?

Es una crisis de identidad que nunca se ha resuelto, ni siquiera con la llegada de Google. Esta mañana he vivido un nuevo acto de este drama al rebuscar entre mi ropa de entretiempo para ir medianamente decente a comer a casa de mis señores suegros.

Mi camisa favorita ya no me vale.

Ponérmela, lo que es ponérmela, puedo seguir haciéndolo. Lo único es que si quiero llevarla un tiempo tengo que prescindir de ciertos lujos gestuales, tales como moverme o respirar. 

Y no, no es que mi tripa la rebose. Es por el pecho por donde se me saltan los botones. Estoy desarrollando eso que Mocho llama pectoralia.com y Otto llama tetas. El gimnasio va dando ciertos frutos.

Debería estar contentísimo: al fin y al cabo siempre he querido tener pectorales en vez gelatina. Pero no termino de convencerme. Para empezar, me gustaba mucho esa camisa.

Status actual: de cejas hacia arriba, aparento tener cincuenta años. En torno a los ojos, las arrugas de expresión de un cuarentón, que es más o menos mi edad biológica. Por debajo asoma un cutis barbilampiño y propenso al acné propio de un adolescente pajero. Bajamos por mi pecho de incipientes músculos aún cubiertos de grasilla colgandera, con un poco de pelo a mi juicio insuficiente. Seguimos bajando y se intuye algo que podría ser tableta de chocolate abdominal, pero que solo abarca una franja de cinco centímetros, tras la cual se proyecta una barriga cervecera de un tamaño, forma y consistencia dignos de Tsathoggua. Complementan el juego unas nalgas que bajo el pantalón parecen turgentes y redondas, pero que al natural resultan fofillas y con un grano, y un número par de piernas de esas que van perdiendo el pelo en zonas estratégicas por el efecto de la edad y el roce con los pantalones. Ese pelo perdido de las piernas, de algún modo misterioso, acaba apareciendo de nuevo dentro de la nariz y las orejas.

Parezco Mr. Potato: un hombre hecho a retales.

Lo cual me sitúa fuera de los nichos ecológicos establecidos en el Ambiente y, desgraciadamente, fuera también de la cadena trófica

No tengo pelo suficiente ni la barba necesaria para ser un musclebear. No soy lo suficientemente joven para ser un cub. No estoy suficientemente delgado para ser un chaser. No tengo los músculos necesarios para ser una musculoca. No tengo la malnutrición de moda entre las huesilocas. No soy lo suficientemente anciano como para ser un daddy, ni soy lo adecuadamente feo como para ser un hombre de cuarto oscuro. No soy ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, ni joven ni viejo, ni guapo ni feo, no soy gótico ni butch ni hipster ni nada de nada.



Ni chicha ni limoná.

Habrá que mirarlo por el lado bueno: al no pertenecer a ningún subgrupo, tengo cancha para poder reírme por igual de todos ellos...

abril 12, 2014

Hombre Paulatino

Según la Wikipedia, el cine (abreviatura de cinematógrafo o cinematografía) es la técnica y arte de proyectar fotogramas de forma rápida y sucesiva para crear la impresión de movimiento. El ojo humano, combinado con ese órgano tan lamentable que llamamos cerebro, no es capaz de distinguir imágenes individuales que se proyecten con una frecuencia de más de dieciseis instantáneas por segundo: todo lo que vaya más rápido se percibe como un movimiento continuo.

A veces se produce el fenómeno contrario: un conjunto de imágenes se van proyectando tan lentamente que observamos un movimiento continuo como si fuera un conjunto de saltos discretos. Eso es lo que me pasa con el Hombre Paulatino de mi gimnasio.

Nunca he visto moverse al Hombre Paulatino.

De entre todos los chulazos apetecibles que pueblan mi gimnasio, el Hombre Paulatino no es ninguno de ellos. Todo lo contrario, es uno de los seres humanos de aspecto más lamentable que he visto nunca, ligeramente por detrás de Carmen de Mairena y de Esther Cañadas en horripilancia. Física (por sus sensuales formas) y anímicamente (por su dinamismo) se parece a una pera conferencia. Como una imagen vale más que mil palabras, he aquí un dibujo que ayudará a que nos hagamos una idea de cómo es el Hombre Paulatino:



Como decía antes, jamás he visto moverse al Hombre Paulatino. Lo único que me hace pensar que no es una estatua de cera es que en ocasiones le he oido respirar.  Nunca le he visto en movimiento, pero a lo largo de varios meses le he visto en distintas posiciones, lo que me ha permitido reconstruir lo que creo que es su rutina de gimnasio:

El Hombre Paulatino se acerca gradualmente al gimnasio, dando un paso cada cinco o diez minutos. Entre paso y paso, mira al horizonte y resopla. Entra despacito en el gimnasio y va bajando las escaleras hacia el vestuario, a razón de un escalón cada cuarto de hora. Una vez en el vestuario, se sienta en uno de los bancos y mira hacia la nada una media hora. Luego se va desvistiendo parsimoniosamente, mostrando sus grandes y generosos pechos y ocultando su pene diminuto bajo ondulantes pliegues sebáceos. Con flemática calma, se pone un bañador del tamaño de la vela mayor del HMS Victory, se levanta y, apoyando sus pequeñas manitas en sus riñones, se dirige escalonadamente hacia las duchas. Se queda entre veinte y cuarenta minutos obturando el paso, quieto, mientras mira hacia el techo. Luego vuelve sin haberse duchado y en lenta progresión invierte el procedimiento, solo que tardando más en subir las escaleras hacia la calle.

Es inquietante.

Entiendo las ganas de estar en los vestuarios masculinos de un gimnasio, y yo mismo me quedaría a vivir allí si tuvieran wifi, pero lo del Hombre Paulatino es muy raro.

Como soy un científico tengo la necesidad de encontrarle la explicación a todo, y como estoy chalado no tengo problema en inventármela si me apetece. Por eso me he imaginado esta escena:
Cardiólogo: según estas analíticas, usted debería llevar varios años muerto y enterrado. Hágame caso: necesita usted ir al gimnasio de tres a seis horas por semana, o acabará generando un campo gravitatorio propio.

Hombre Paulatino (después de un silencio incómodo de hora y cuarto): Así se hará.
Y lo cumple religiosamente. Al fin y al cabo, es innegable que pasa mucho tiempo en el local del gimnasio...

 



marzo 16, 2013

Marica mala

Lo admito: tengo un monstruo de crueldad y maledicencia viviendo dentro de mí. Los psicólogos new age y los libros de autoayuda hablan de esa tontería tan encantadora que es el "Niño Interior". Pues bien: yo tengo una Marica Mala Interior. No he llegado a ponerle nombre, pero tiene una cara tremenda de llamarse Anastasia Beaverhausen. Como detesto a las maricas malas, procuro mantener a raya a esa parte de mí que no se llama Anastasia, pero hay veces que se escapa y empieza a soltar veneno a diestro y siniestro. Uno de los sitios y circunstancias en los que esto ocurre es estando yo en ese zoológico que llamo gimnasio, y tecleando mensajes a través de whastapp con mi amigo suculento. Como muestra:
15 de mar., 19:30 - Sufur: Mostrenco nuevo en el gimnasio. Está saludando con entusiasmo a tu personal trainer.
15 de mar., 19:30 - Amigo suculento: Todos son supercoleguis.
15 de mar., 19:31 - Sufur: Paso a describírtelo de forma somera:
15 de mar., 19:32 - Sufur: Unos cuatro metros de estatura, con una nube llena de relámpagos sobre la cabeza (lo que no logra disimular un peinado francamente deplorable).
15 de mar., 19:33 - Sufur: Tatuajes que representan runas y jeroglíficos varios.
15 de mar., 19:33 - Sufur: Número de brazos: unos ocho o diez.
15 de mar., 19:33 - Sufur: Número de piernas: una o ninguna.
15 de mar., 19:34 - Sufur: Un rostro hierático y hermoso como el de la esfinge. Es decir: sin nariz.
15 de mar., 19:35 - Sufur: Pectorales como ensaladeras.
15 de mar., 19:35 - Sufur: Cutis terso y fresco como el de las papas arrugás.
15 de mar., 19:36 - Sufur: La frente despejada y noble de un australopiteco.
15 de mar., 19:37 - Sufur: Y lo que a primera vista parecen ser agallas, pero que vistas de cerca resultan ser los pliegues de unos deltoides tapando una especie de cuello vestigial.
15 de mar., 19:37 - Sufur: Al verle, creo que me he enamorado súbitamente de todos los demás de la sala.
15 de mar., 19:38 - Amigo suculento: Te superas por momentos, hahahaa. Por la descripción, creo que me suena de un libro de Naturales de EGB, algo sobre reptiles... Por qué todos llevan peinados "francamente deplorables" y tatuajes de algo?
15 de mar., 19:38 - Sufur: Me parece que es una especie de epidemia zombi o algo así
15 de mar., 19:39 - Amigo suculento: Hahaha, tu leitmotiv
15 de mar., 19:39 - Sufur: Sí me tienes calado.
 Menos mal que es poco probable que me vaya a comer mi móvil, porque creo que me envenenaría...

 

octubre 10, 2012

Guía del Ambiente santanderino

Es lo que tiene vivir en una vibrante metrópolis como es Santander (bella tierruca), Santander (montañesuca): que un martes por la noche, tras comer unas rabas repelentes en un bar que otrora fue bueno, el fuckbuddy pregunta dónde se puede ir a ver mariconeo.  Entonces es cuando tú y tu osezno procuráis no descojonaros en su cara, por educación, y le lleváis a hacer una ronda que sabéis de antemano que está abocada al fracaso.

Discoteca cutre: cerrada.

Bar pretencioso: cerrado.

Bar número dos: cerrado.

Bar que no es de ambiente pero a ratos lo parece: cerrado.

Y así sucesivamente. Al final acaban los tres protagonistas de esta historia tomando unos gintonics pésimamente preparados en un sitio que de tan pijo que quiere ser resulta hortera.




Y la pregunta es: ¿dónde se esconde el mariconeo santanderino entre semana? La respuesta es sencilla: en mi gimnasio.




Una semana más tarde (es decir, ayer) este es el recuento de mi sesión de entrenamiento:
  • Haciendo press inclinado, Acechador: treintañero latino con pareja y una gran afición por enjabonarle la espalda a quien se deje. Gáyer.
  • A los bíceps mancuerna, Osote y un amigo. Osote fue quien me subió la autoestima varios puntos, entre otras cosas, al tirarme los tejos a la salida de un supermercado hace tiempo. Gáyers.
  • En el bíceps barra, Dios, así llamado porque es la perfección encarnada. Según Acechador, que dice que un amigo suyo se lo ha tirado, gáyer. Mi regla es no fiarme nunca de las historias que empiezan por "un amigo me ha dicho...", así que pongo una interrogación.
  • Al femoral, el Lechuguino. Tiene cara de poquita cosa pero un cuerpo peludete bastante mono. Lleva siempre calzoncillos de Aussiebum, es decir: gáyer.
  • A las dorsales: Tattooman. Se trata de una masa de músculos, tatuajes y piercings de metro noventa de estatura que en su perfil de Grindr se define a sí mismo como "un tipo normal que busca a tipos normales". Normalísimo todo. Gáyer.
  • Corriendo en la cinta, Don Flexible: eso sí que es pura fibra y no los cereales All Bran. Se hizo un perfil en Facebook cuyos apellidos eran "Muytra Gon", pero le obligaron a cambiárselo. Gáyer. 
  • En la bici estática, la Marica Mala. Detestable en todos los aspectos, pero tiene una herramienta de palmo y medio. Gáyer, pero regáyer.
  • En el vestuario, Cejacas: peludete, cajero de supermercado, un feo-guapo. Tal y como mira, gáyer fijo.
  • En las duchas, el Tirillas. Hace tiempo que ya ni se molesta en ir a la sala de musculación. Ahora ya directamente se pasa la tarde entre la sauna y la ducha. Decir gáyer es poco.
  • Pululando por ahí, el osezno y un servidor. ¿Adivinan qué? Gáyers.
Y eso no es nada. Los sábados por la tarde (antes de salir de copas) la cosa se pone aún peor...  ¡Propongo que declaren a mi gimnasio Lugar de Interés Turístico pero ya!


junio 21, 2012

Los Vanessos

Vayas a la hora que vayas, están allí.

Los lunes por la tarde están allí. Los miércoles por la noche están allí. Los sábados por la mañana están allí. Los domingos a la hora de comer es posible que estén allí, pero yo nunca lo comprobaré. Todo gimnasio tiene su maldición, y la del mío son ellos.


Se trata de los Vanessos. No sé cómo se llaman de verdad ni me interesa saberlo, pero si fueran chicas se llamarían todas Vanessa, Jenni o Brandine. Su principal ocupación: adueñarse del press banca durante horas, hacer corrillo observándose los unos a los otros, hablar de estupideces, estorbar lo máximo posible e intentar impresionar a los demás, cuando no solamente no están buenos, sino que además son más feos que Picio.

Así son las cosas: si estás usando una máquina, se te acercarán y te preguntarán insistentemente cuántas series te quedan. Si la están usando ellos, olvídate de hacer ese ejercicio ese día. Si la máquina parece libre, no te hagas ilusiones: al acercarte, uno de los Vanessos se saldrá del corrillo donde está cotorreando, te interceptará a toda velocidad y te dirá que la máquina está ocupada por él, y para demostrarlo te enseñará una toalla sudada que no ha pasado por la lavadora desde que Filipo II de Macedonia hizo la primera comunión.  Porque no tienes ganas de quedarte sin dientes, y sobre todo porque no tienes un lanzallamas a mano para desinfectar el aparato, desistirás y a otra cosa mariposa.



El número de Vanessos es variable, pero existe un núcleo duro compuesto por tres especímenes a cual más lamentable:

Está Herman Vanesso, también apodado el Catedrático, el más viejuno de los tres. De H. Vanesso se aprecian varias cualidades, entre las cuales destaca a primera vista la deformidad física, que se ve acentuada por una preferencia por los culottes y mallas ajustados que desafía todo sentido de la estética. Físicamente, recuerda a un cacahuete pinchado en un alambre: un ensanchamiento desaforado por la zona de los hombros, unas lorzas incipientes alrededor de un culo enorme y mal puesto y unas piernecicas que da pena verlas. El Catedrático se dedica a asesorar a sus colegas Vanessos acerca de cómo, cuándo y donde ingerir aminoácidos, ya sea en forma líquida, sólida o gaseosa, y es una auténtica enciclopedia en materias de L-carnitinas, creatininas y cretinas. Por lo demás, parece ser completamente analfabeto.

Está Melanino Vanesso, el único de los tres que tendría un pase de no ser por su cara de idiota y por sus problemas dermatológicos. M. Vanesso combina a la perfección un peinado teñido de rubio con una piel chamuscada por los rayos ultravioleta, lo cual hace que se parezca asombrosamente a la vecina vieja de "Algo pasa con Mary". Complementa su aspecto con camisetas de tirantes que permiten apreciar en todo su esplendor la multitud de ampollas, peladuras y escoriaciones que adornan su epidermis. Su principal virtud consiste en ser el más callado de todos los Vanessos, y puede que llegue a convertirse en un miembro útil de la sociedad si sobrevive al melanoma.

Por último, está Cuscús Vanesso,  alias el Adolescente Insoportable. C. Vanesso tiene la cara llena de granos, mide unos dos metros de altura y recuerda a un regaliz rojo tanto en la forma, como el color, como el número de neuronas que contiene. Siendo de natural flaco a la par que idiota, C. Vanesso está intentando muscularse a base de repeticiones, clembuterol y pizzas, lo que augura para él un prometedor futuro como ejemplar de esa subespecie humana conocida como Flacos con Barriga. Este Vanesso ha conseguido algo que parecía imposible: des-erotizar para mí algo que hasta ahora había sido uno de mis fetiches sexuales, el piercing de pezón, colocándose unas bolitas de color rosa y no cuidándoselo hasta que el pezón se le ha puesto como una galleta campurriana. Ni los más ancianos del lugar recuerdan una sola ocasión en la que haya dicho algo interesante, cosa que no le impide no parar de hablar en todo momento.




Otros miembros esporádicos del club de los Vanessos son Pollón, el Monitor Creído, Putillas, Pin y Pon, Mastuerzo, Raquero y otros cuantos más que aún no tienen mote, todos ellos bastante detestables también aunque sin llegar a los límites de los otros tres.

Puede dar la sensación de que odio a los Vanessos. Nada más lejos de la realidad: yo siempre veo el lado positivo de las cosas, y por eso me alegra la presencia de gente así a mi alrededor. Al fin y al cabo, me paso el día rodeado por personas más inteligentes que yo tanto en casa como en el trabajo, y eso a la larga acaba pasando factura a la autoestima. Ponga un Vanesso en su vida, y verá qué listo se siente en comparación.






PD. Si habéis llegado aquí, os propongo un pequeño concurso: ¿cuál de las anteriores fotos es de uno de los mamíferos que habitan en mi gimnasio? Es fácil...

junio 08, 2012

Decíamos ayer...

Después de este último mes de interludio musical, HBD vuelve a su actividad habitual, es decir: producir entradas dispersas de ínfima calidad y dudoso interés. Como muestra de esto último, he aquí un resumen de algunas de las cosas que habría escrito durante este tiempo de no haber estado pasándomelo teta con las andanzas de Mike (a secas):
  • Vigorexia: mis médicos me siguen insistiendo en que lo mejor que puedo hacer para mi salud física y mental (y ambas cosas son lo mismo, porque la mente es producto de un órgano) es hacer más ejercicio. Así que por primera vez en mi vida estoy cumpliendo a rajatabla mi programa de entrenamiento, y eso que este año no voy a ir a la playa y por tanto no ha habido operación bikini como tal. Como resultado, he tenido que pedirle al zapatero de mi barrio que me haga un nuevo agujero en el cinturón. El último mes ha sido muy interesante, panorámicamente hablando, porque todo el mundo anda como loco intentando sacarse el máximo partido de cara al verano, por lo que las duchas están preciosas de un tiempo a esta parte. 

  • Docencia: por fin he acabo las clases, aunque aún quedan los exámenes. Este año ha sido más agotador que de costumbre y he acabado aún menos satisfecho conmigo mismo que en otras ocasiones, y eso que he tenido buen alumnado... en su mayoría. Por primera vez en mi vida me he visto forzado a ponerle un cero patatero a unos alumnos en un trabajo. Empecé a mosquearme cuando vinieron a decirme que habían decidido qué trabajo hacer (de los de la lista que propuse) cinco días antes de la fecha de entrega. Después vinieron con excusas bastante inverosímiles para intentar retrasar la entrega. Por fin me dieron el trabajo, que está copiado palabra por palabra de la Wikipedia (en su mayor parte) y del Rincón del Vago (en la parte restante). Los muy cenutrios ni siquiera se molestaron en quitar los hipervínculos a la hora de hacer corta-y-pega. Yo lo lamento mucho, porque soy un profesor blandurrio y me encanta que los alumnos aprueben, y también porque soy un viejo verde y uno de los alumnos del grupo está como para ponerle un piso en la Gran Vía, pero hay un límite a lo que uno está dispuesto a permitir. En el otro extremo del espectro, mi alumna de proyecto fin de carrera hizo un trabajo excepcional y se ganó merecidamente un 9.5 final, a pesar de que como luego me dijo el tribunal a mí se me había ido un tanto la mano proponiéndole un trabajo demasiado ambicioso para el nivel de un licenciado. No sé si me estaré haciendo viejo y cínico, pero me da la sensación de que, al igual que pasa con la brecha entre ricos y pobres, la separación entre buenos alumnos y malos es cada vez mayor en las aulas. Me asusta pensarlo.

  • Viajes: es osezno y un servidor pasamos un fin de semana extendido en Londres. El motivo: asistir a la gala que la Reina había hecho en nuestro honor como parte de las celebraciones de su tropecientos aniversario. Estuvo encantandora, graciosísima como siempre, e insistió en que el Duque de Edimburgo nos llevara a caballito por todos los jardines de Kensington. Unas risas... Aparte de eso, hicimos las cosas habituales que se hacen en Londres: desayunar huevos fritos, salchichas y black pudding, picotear chips, comer frituras, merendar té con scones y clotted cream, cenar curry, beber cerveza, mirar escaparates, pasear por magníficos parques, ver empotradores y mariconear. Fue un fin de semana de cierta insolitez. Los temas de conversación de los indígenas de Soho se centraron sobre todo en el jubileo de la Reina y Eurovisión; a todos les parecía de lo más indignante que RTVE le hubiera sugerido a Pastora Soler (Shepherdess To-Be-Usually), según un insistente rumor, que hiciera el favor de no ganar el concurso para no tener que organizar el festival el año que viene. Un gibraltareño bastante mono aunque con más pluma que un criadero de pollos, cuya primera y muy loable intención era la de follarme hasta que se percató de que iba acompañado, hizo un encendido discurso contra el gobierno español en el que se mezclaban al mismo nivel los tejemanejes eurovisivos con la manipulación del asunto de los pescadores del Peñón; me llamó mucho la atención su uso de la palabra "despicable", que yo pensaba que nadie (excepto mi pedante compañero y sin embargo amigo P.) utilizaba en estos tiempos incultos; en otro momento dado hicimos acto de presencia en XXL, que se ha trasladado a un nuevo (y peor) local, donde cayeron más cervezas y trabamos contacto con Chistopher, un musclebear bastante majete y drogadísimo que después de entrarle al osezno de una forma bastante elegante nos presentó a sus amigos... con quienes la conversación volvió a derivar en la Reina y Eurovisión. Observé con desmayo que mis poderes de invisibilidad en cuevas osunas empezaban a fallar, debido tal vez a mi indumentaria o más bien falta de ella, según se mire, y como estamos mayoras nos entró la modorra justo cuando la discoteca empezaba a llenarse en serio. Al final, como buenos señores de mediana edad que somos, nos fuimos a, ejem, dormir a una hora prudencial.







  • Libros: como todos los años, hice mi tradicional escapada a la Feria del Libro de Madrid. Como ya he dicho otras veces, la FLM es como la visita a un museo o como la masturbación: un placer solitario. Así que esta vez tampoco quedé con nadie. Cayeron un ejemplar firmado de la revista satírica Mongolia,  el segundo tomo del Ómnibus de Jeeves & Wooster, una obrita de teatro de Woody Allen y algunos cómics (en idioma santanderino, "chistes").  Aparte de eso, en formato electrónico ando leyendo el brutal Foreskin's Lament, por recomendación de Babelia y, más importante aún, de Allau. No puedo dejar de admirar ciertas cosas de la sociedad norteamericana: si un escritor español hubiera publicado un libro diciendo sobre el catolicismo lo que Auslander dice sobre el judaísmo, le habrían llevado a la hoguera como a Krahe. 


  • Frikismo: contra todo pronóstico, me gustó mucho la película de los Vengadores.  Y eso que ni Thor ni el Capi enseñan nada de nada...


Y creo que con estas acabo por hoy, porque tampoco es plan agotar todos los temas de un plumazo. Aunque tampoco es que importe mucho. De aquí a nada empezarán los Tontos de Verano...

octubre 19, 2011

Científico despistado


¿Quién es ese hombreeee...


..que me mira y me saluda en el vestuario del gimnasio? Mejor dicho: ¿quién es ese chulazo tan merendable y por qué me saluda tan simpático? Esas son las preguntas que he venido haciéndome esta semana con creciente insistencia. ¿Habré ligado? ¿Se estará confundiendo con otro calvorota que conoce? ¿Me habré confundido yo y realmente está saludando siempre a alguien que está detrás de mi?

Finalmente he dado con la respuesta: ¡es el hijo de la vecina de abajo! Total, apenas cuatro años cruzándome con él en la escalera, y aún no le reconozco. Claro que en la escalera le suelo ver vestido, y eso cambia bastante las cosas. Aun así, lo de mi despiste es cada vez más gordo...



Cambiando de tema solo ligeramente, el monitor mutante radioactivo del gimnasio me ha sometido a una rutina post-verano totalmente destructiva, y cada día estoy peor de agujetas. Y encima me ha dado por recortarme (que NO afeitarme, ojo) el vello del pecho, que andaba yo últimamente como muy asilvestrado, y ahora me pica. ¡Qué incómoda es la vida del metrosexual!

octubre 10, 2011

Vuelta al cole

Para los que seguimos vinculados a la Universidad, el año no empieza en enero, sino en septiembre. Para mí este año ha empezado un poco más tarde por lo de Londres, pero al final llega inevitablemente el momento Garci.

No hay muchas novedades. Contra todo pronóstico ha vuelto a la facultad mi ex alumno brutal, más buenorro que nunca, pero no se ha matriculado en ninguna de mis asignaturas. Han llegado algunos nuevos doctorandos, y otros pocos se han ido. Hay preocupación por los recortes que se avecinan. Otro año más son las fiestas de mi barrio y ayer el osezno me trajo churros del puesto que han colocado en nuestra calle a la cama. Otra vez vuelven los horarios de madrugar y de acostarse con las gallinas. Se prolongan los días inusualmente claros, pero ya se empieza a notar el frescor de octubre. Hemos empezado con brío la temporada de cine y teatro, esperemos que la cosa dure. Y, con mucho esfuerzo, he vuelto al gimnasio:


¡Tengo agujetas hasta en el occipucio!


noviembre 03, 2010

Cosas veredes, amigo Sancho...

A mi avanzada edad, creía haberlo visto todo. Pero no: aún quedan sorprendentes revelaciones, misteriosos enigmas, fascinantes novedades y pasmosos sobresaltos por descubrir.

Como el del otro día en el gimnasio.

Es bien conocida mi opinión de que las partes más interesantes del gimnasio son la piscina y los vestuarios; de alguna manera, uno nunca se cansa del panorama. Para decribir lo que vi el otro día me voy a servir de una imagen, que vale más que mil palabras:


Y diréis: pues vaya cosa. La clásica línea de bronceado, más vista que el tebeo. La marca del bañador tiene fervientes defensores y acérrimos detractores: muchos piensan que es algo de horteras y de antiguos que no se atreven a ir a playas nudistas. Yo soy más bien de los primeros: me gustan esos culetes blancos contrastando contra una piel bronceada. Es como estar vestido y desnudo a la vez, un adorno corporal más (bastante más fácil de quitar y poner que un tatuaje) y una forma de remarcar unas nalgas besables o incluso merendables.

Sin embargo lo que vi yo el otro día en el vestuario iba algo más allá de la mera tan line y daba un paso más en esa espiral en descanso que conduce al colapso de nuestra civilización. Para explicarlo, volveré a servirme de un gráfico que he preparado para esta ocasión:


Mediante una frontera de nitidez espeluznante, el culo blanco y peludo daba paso a una piel morena y tersa como la de una rana. Estupefacto me quedé. ¡Ya no saben qué inventar!

PD. Sí, el culo al menos era resultón. Si no fuera por eso, se me habrían quitado las ganas de hacer deporte durante una temporada...


octubre 28, 2010

Deportes de diseño

Cada vez que me da por mirar el cuadro de actividades deportivas que ofrecen en mi gimnasio (en vez de mirar a los chulos, que es lo que haría cualquier persona sensata) me entran unos sofocos y una pereza de agárrate y no te menees. No solamente por la cantidad de calorías que desprende tan solo el pensar en hacer tanto deporte, sino por lo ridículos y pijos que suenan los nombres de algunas de las actividades. ¿Quién demonios sabe exactamente en qué consiste el Power Plate o en qué se diferencian exactamente el Pilates-Stretch y el Pilates-Condition Latino? Parece que no importa tanto ponerse en forma, cosa totalmente demodè y para pobres, como poder decirles a las amigas que practicas un deporte cuyo nombre acaba en -ing. Si es que ya no saben qué inventar...


Pues no. Es que aún no se habían topado con mi imaginación enferma: no todo está dicho en el mundillo de los pseudodeportes de diseño. Aún se pueden inventar estupendas actividades pijo-deportivas con las cuales terminar de rellenar los gimnasios de gente loca por decorar sus vidas con cosas que acaban en -ing. He aquí unos pocos deportes de diseño que estoy seguro que causarán furor la próxima temparada:
  • Acqua-swimming: exactamente igual que nadar como se ha hecho toda la vida, pero cincuenta euros más caro.
  • Gastro-dance: se pone música de Bisbal y se menea el ombligo en movimientos a lo Shakira. Si se realiza después de haber comido una fabada, los efectos son espectaculares. Con dos pañuelos de raso y medio kilo de lentejuelas, se puede cobrar el triple a los alumnos diciéndoles que van a aprender a bailar la danza del vientre.
  • Tzu-jian-tah: parece un arte marcial milenaria, pero en realidad la inventó un señor de Alpedrete. Sirve para armonizar las energías del chi y para que el señor de Alpedrete se haga un chalet.
  • Slow classic spinning: se monta a un grupo de doncellas en miriñaque sobre bicicletas estáticas. Suena música a ritmo de minuet. Se pedalea a ritmo de tres ciclos por minuto, pero se adelgaza por culpa de los armatostes que se llevan encima.
  • Banana stretching: para gordos golosos. Se coloca un plátano (tal vez untado de chocolate) en el extremo de un palo, y se atan las zapatillas del gordo goloso al suelo. El plátano se va alejando del gordo goloso mientras éste se estira para intentar alcanzarlo. Es buenísimo para los tendones. Si el gordo goloso alcanza el plátano, puede comérselo, pero el truco consiste en que el chocolate está envenenado y produce diarreas que potencian la acción adelgazante del ejercicio. Setenta euros la sesión.
  • Fist fucking: no es exactamente un deporte, y además ya está inventado, pero sería novedoso verlo practicar en las salas de musculación. Muchos sudarían la gota gorda.
  • Scaffolding: una vez se ha reunido un grupo de alumnos lo suficientemente amplio, cada uno de los cuales habrá pagado doscientos cincuenta euros de matrícula, se les provee de mono de trabajo y casco de obra. El ejercicio consiste en montar un andamio sobre la fachada del gimnasio, cambiar la mampostería y pintarla de un color alegre. Todo ello con música de Madonna. En la versión indoor los deportistas pagan por alicatar los baños.
Ya sabéis, con estas ideas y otras que tengo podemos montar un gimnasio y forrarnos, como Zaplana en la política, así que si alguno queréis ser mi inversor ya sabéis dónde encontrarme...

octubre 17, 2010

Sábado triunfal

Tras un septiembre y un comienzo de octubre de sol y buenas temperaturas que han dejado a julio y agosto a la altura del betún, el frío y la lluvia han llegado por fin a Santander. Y digo "por fin", sin que sirva de precedente, porque por una vez tenía ganas de que llegara un fin de semana de mal tiempo para poder acurrucarme tranquilamente en el calor del hogar.

Del párrafo anterior podría deducirse que me he pasado el sábado yendo de la cama al sofá y del sofá a la cama. Nada más lejos de la verdad. Estoy en la fase activa de mi ciclo maniaco-depresivo y en estas circunstancias lo que más me gusta es madrugar el sábado para sentir que tengo todo el fin de semana por delante. A las siete de la mañana estaba en pie.

Me pasé toda la mañana cocinando. El secreto de un buen ragù –lo que en España se ha llamado toda la vida salsa boloñesa– es mantener la salsa al fuego lento y removiendo suavemente durante un mínimo de tres o cuatro horas; yo jamás pretenderé ser capaz de cocinar un buen ragù, pero al menos espero llegar a uno aceptable. Aún teníamos algunos tomates de la huerta del señor padre del osezno, pero a cambio no nos quedaba apio: tendría que improvisar. Al final, tras tres horas y cuarto, conseguí mi objetivo –un ragù aceptable–, y ese fue el primer triunfo de la jornada. La pasta elegida fueron unos pici que había conseguido en una tienda para gourmets donde importan productos toscanos. Eso sí, en vez del sangiovese de rigor nos ventilamos un Rioja la mar de rico, faltaría más.




Mientras el osezno dormitaba su bendita siesta, yo terminé por fin de organizar y arreglar mis fotos del viaje de agosto a Grecia. Eran más de dos mil fotos y algunas me gustan bastante, lo que constituye el segundo triunfo del día.






Fíjense en el pezón de este caballero, la foto se puede agrandar...


Animado por lo bien que iba todo y aún en fase de hiperactividad, decidí ir al gimnasio. Total, iba a tener que salir de casa de todas formas: había que comprar pan si queríamos cenar la Torta del Casar que nos habían regalado. Como todos los sábados, había poca gente en el gimnasio. Me saludó el Osazo, un tío joven, bastante guapo, grande y peludo con el cual había cruzado miradas en alguna ocasión y sobre el cual tenía la firme sospecha de que podría pertenecer al Gremio. Pues bien: ya no es una sospecha. Tras un escrutinio mutuo en las duchas de varios GeV de intensidad me escabullí con mi habitual cobardía, me vestí rápidamente, salí del gimnasio y me fui a la panadería del súper. A la salida estaba esperándome el Osazo.
- Hola, me llamo Osazo, ¿y tú?

- Encantado, yo soy Sufur, de los Sufúrez de toda la vida.

- ¿Vienes mucho por el gimnasio, no?

- Cuando puedo, sí.

- Así que vives por aquí cerca...

- Sí, por ahí cerca.

- ¿Vives solo?

- Eehhh... pues no... vivo con mi pareja.

- Pues vaya. Eso tiene poca escapatoria, ¿no?

- Uh, eh... Algo de eso se ha comentado, sí.

- Bueno, pues ya nos vemos, ¿ok?

- Errr... chau
Reconozco que mi parte de la conversación fue tirando a patética. Pero qué podía esperarse: ligar con un tiarrón en el gimnasio es una cosa que suele me ocurrir con un cierta frecuencia. Concretamente, frecuencia cero (el Tirillas no cuenta, porque no me gusta). Lo raro es que no me diera un síncope allí mismo. Pero en cualquier caso, por muy ridículo que haya sido todo, el subidón para la autoestima fue considerable. Y ese fue el tercer triunfo del día.


Hacía mucho tiempo que no se veía carne en mi blog
¿Me estaré amariconando?

septiembre 20, 2010

Esta semana comienza...

Esta semana comienza el otoño. Según las efemérides astronómicas para el año 2010, el equinoccio otoñal será el jueves 23 a las 3:10, Tiempo Universal (las 5:10 en la España peninsular).


Casualmente, justo el mismo día comienzo las clases. El curso se presenta movidito: conservo las dos asignaturas del año pasado más una parte de una nueva asignatura del Grado... sí, el famoso Plan Bolonia nos invade. Voy a tener que dedicar más tiempo a la docencia, y creo que "no gano para disgustos" se va a convertir en mi lema oficial. Tengo motivos para ello: este año en septiembre sólo ha aprobado un quince por cierto de los alumnos convocados a examen, y eso significa que este curso tendré el aula llena de repetidores. Espero que tengan la decencia de no pisar el aula, porque si no tendré que contener continuamente mis impulsos de estrangular a algunos de ellos...

Puestos a comenzar, esta semana empiezo a trabajar en un nuevo despacho. Se ha producido una vacante y uno de los codiciados despachos de la primera planta se ha quedado vacío; por antigüedad -qué mal suena eso- me iba tocando tener despacho propio, así que abandono a los chicos del 018 y me voy al otro lado del pasillo. Me da mucha pena dejar a P. y al Castor y al otro P., pero al fin y al cabo no es como si me fuera a Katmandú... ¡y ahora tendré más espacio para meter mis libros y mis porquerías! Aún tengo que decidir la decoración: dudo entre un estilo clásico y sobrio (una fuente rococó con querubines meando en el centro de la sala, rodeada de enanitos de jardín y galgos de porcelana del Todo a 100), algún tema étnico (alfombras de piel de cebra y leopardo, cabezas de rinocerontes disecados en las paredes y un esclavo nubio medio en bolas para abanicarme), algo más nuestro (estanterías llenas de conservas de bonito en aceite, anchoas y latas de espárragos, barricas de vino peleón y jamones colgados del techo) o bien crear algo de ambiente más adecuado para la revisión de exámenes (argollas, cadenas, potro de tortura con equipamiento completo, dama de hierro, grilletes y, para los alumnos que lo merezcan, un buen sling). ¿Alguna sugerencia?

Mientras tanto, inauguro el nuevo despacho con un poco de jazz otoñal.





Después de un verano entregado a mis ineludibles (y gozosas) citas con la ciencia-ficción, también comienzo la temporada de ensayo con "On being certain", un libro divulgativo sobre neurología y ciencia cognitiva que trata de lo que pasa en nuestros cerebros cuando estamos absolutamente seguros de algo aunque en realidad ese algo no sea cierto... cosa que nos sucede casi todo el tiempo. Por lo visto las partes del cerebro que procesan el pensamiento racional y las que producen creencias (incluyendo la creencia de estar seguro de algo) no solamente están bastante alejadas entre sí, sino que además están pésimamente conectadas la una con la otra: por eso nos pasa lo que nos pasa. Me han recomendado este libro como buena herramienta para fortalecer el pensamiento crítico, empezando por la crítica hacia uno mismo. Ya os contaré... ¡y prometo ser muy crítico!


Hablando del final de verano, el otro día apareció en El País una columna de Almudena Grandes que consiguió que se me hiciera la boca agua. No sé si sería coincidencia, pero justo seis días después el pijérrimo restaurante santanderino Deluz organizó una cena-degustación de despedida del verano en la que todos los platos (postre incluído) llevaban como ingrediente estrella algo de tomate. El osezno nos invitó a un servidor y unos amigos y tuvimos una velada agradable a la par que rica en licopenos... aunque hiciera un poco de frío para estar en el jardín.

Hablar de cenas y cuchipandas me lleva a pensar que tengo que comenzar de nuevo las sesiones de gimnasio. Entre pitos y flautas este verano ha sido demoledor con mi organismo y cada día me parezco más a un saco de patatas relleno de gelatina y untado de mantequilla; ahora que preveo al menos un mes y medio sin viajes largos espero poder establecer una rutina de cuatro visitas semanales a esa moderna sala de torturas que estoy pagando. Me temo que no me va a dar tiempo a recuperar mi peso antes de la boca de E., pero al menos espero no tener que comprarme un pantalón nuevo porque el traje me esté pequeño...

Ay, cuántos comienzos. ¡Feliz Año Nuevo!

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