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diciembre 26, 2016

Mi primer TimeLapse, chispas

Es muy corto (solo catorce fotogramas) y las imágenes no están muy bien alineadas, pero me siento bastante orgulloso de mi primer experimento con TimeLapse:



octubre 03, 2016

Burlando a Nyquist

Con la fotografía ocurre como con casi todas las aficiones, incluido el sexo: a medida que uno se mete más y más en el asunto, se va volviendo más y más exigente. Ojo, no quiere decir esto que se vuelva uno mejor en ello, pero sí más tiquismiquis.

A mí me pasa con la resolución de mis fotografías. No me basta con que la foto "me quede bonita". Siempre las amplío al máximo en la pantalla y espero que hayan quedado nítidas, bien enfocadas, con poco ruido. Esto cuando hay poca luz es casi imposible incluso con una cámara buena. Y con una cámara mala, como las de los móviles, es tarea prácticamente imposible. Ninguna foto hecha con un móvil es satisfactoria para mi gusto.

Aparte de que la óptica de las cámaras de los móviles no puede ser buena (por cuestiones fundamentales de distancia focal y también por precio), el software de los smartphone abusa de herramientas de compresión y de realce de bordes que hacen que aparezcan en seguida "fantasmas" y otros efectos espurios. Y por supuesto, existe el límite de Nyquist, que establece que la resolución no puede ir por debajo del tamaño del píxel. En las cámaras de los móviles, especialmente si se utiliza el zoom digital, el tamaño real efectivo del píxel es siempre peor que lo que anuncia el fabricante.

Pero todos estos problemas se pueden mitigar... a golpe de paciencia y de llenar las memorias del móvil y el ordenador con muchas imágenes de sobra durante un tiempo. Pongamos el ejemplo de esta imagen sacada con mi móvil, usando el zoom digital,  de la catedral de Segovia:


Birria de foto, ¿verdad? Ahora viene el truco, que no lo he inventado yo. Sáquense unas cuantas fotos en ráfaga de la misma escena (yo suelo hacer unas 20), moviendo ligeramente el móvil durante la toma de fotos (normalmente la vibración del pulso suele valer). Luego, en el ordenador, pedir a Photoshop o Gimp que primero amplíe las fotos (un factor x2 va muy bien, pero puede ser menor) y luego las alinee automáticamente. Después, combínense las fotos alineadas utilizando un filtro de mediana (el de promedio también valdría, pero el de mediana ayuda a quitar objetos móviles y píxeles saturados). Después de combinar todas las fotos, se puede (o no) deshacer la ampliación inicial. Resultado:


Que tampoco es una maravilla, pero está mucho mejor que la foto original. Obsérvese cómo han mejorado los perfiles de los tejados, la suavidad del cielo y el relieve de la torre. ¡Abajo con la tiranía de Nyquist y de las cámaras malas de los móviles!

enero 06, 2016

¿Me merezco tanto?

A pesar de que este año he hecho denodados esfuerzos por ser malísimo, los Reyes Magos, que por lo visto no se enteran de nada, me han traído montones de cosas en forma de regalos y auto-regalos geniales.

El mejor de todos, sin duda, es el habernos decidido a adoptar a Poe, un gato rescatado por nuestra protectora de gatos favorita. Al principio Constantino fue un tanto reacio a la llegada de un nuevo tirano doméstico, pero parece que ya se llevan medianamente bien y desde ahora, oficialmente, volvemos a tener dos gatos en casa.



El osezno se ha pasado tres pueblos, regalándome una camisa preciosa, una bandolera para llevar mis trastos por la calle (falta me hacía, porque la mía vieja estaba cayéndose a cachos) y un pedazo de abrigo largo estupendo y con un forro interior suave hasta el orgasmo. No contento con eso, me ha regalado además el último libro de Elvira Lindo y, conociendo mi enorme lado infantil, el último Mortadelo y Filemón:



La sección de madres, biológica y política, ha optado por la ropa, con pantalones y unos comodísimos calcetines de andar por casa. Soy de pies frioleros, y cuando tengo bien abrigados los pinreles estoy en la gloria bendita.


Mis cuñados nos han regalado un Chromecast para que podamos ver el porno que tenemos en los ordenadores en la pantalla grande de la tele sin necesidad de cables. También nos han regalado varios planes-regalo para que nos demos la vida padre en alguno de nuestros viajes.



Finalmente, en el apartado de autoindulgencia han caído otros dos pantalones de una marca que es complicado encontrar en Santander y que, todo hay que decirlo, marcan culo y paquete que da gloria verlos. Y, por supuesto, libros, muchos libros:




Y un juego friki, faltaría más:


¡Visto lo visto, creo que para el año que viene voy a intentar ser más malote todavía!

diciembre 02, 2015

Unas señoras estupendas

Estoy encantado con Netflix, la verdad. No solo me ha permitido disfrutar de ciencia ficción de la buena (amén de verle el culo a un montón de tipos estupendos) en Sense8, sino que además me está dando la oportunidad de disfrutar de dos señoras estupendas como son Lily Tomlin y Jane Fonda en "Grace y Frankie".


¿Se puede uno reinventar a los 70 años? Dos mujeres que son como la noche y el día (la una, una pija perfeccionista y maniática del orden y la otra, una mística caótica y flowerpower) se encuentran viviendo juntas cuando sus respectivos maridos se divorcian de ellas (¡para poder casarse entre ellos!) y teniendo que aprender, cuando ya pensaban que lo tenían todo hecho, a salir adelante y a llevar una nueva vida.

Todo esto en una comedia sin estridencias y sin risas enlatadas, muy alejada del estereotipo de la sitcom americana tradicional, y disfrutando no solo de las dos grandes protagonistas (guapísimas a sus casi ochenta años las dos), sino también de un interesante elenco de secundarios de lujo, como Martin Sheen y Sam Waterston. ¡Un lujazo!







noviembre 04, 2015

Mi Kindle ha muerto, ¡larga vida a mi Kindle!

A lo largo de todos estos años, el osezno me ha hecho regalos maravillosos. El mejor de ellos, su compañía y paciencia conmigo. Pero en lo material, tal vez el regalo al que más partido he sacado y con el que más horas he disfrutado ha sido mi viejo Kindle

Me ha durado muchos años. El osezno me lo regaló cuando los libros electrónicos eran una novedad. No existía la tienda española de Amazon y tuvo que encargarlo a los Estados Unidos. Aún recuerdo mi ilusión al desempaquetarlo y mis primeros pinitos en la lectura digital.

Desde entonces, mi Kindle y yo hemos sido inseparables. Con su casi inacabable batería (qué raro se hace cargar un dispositivo electrónico una vez al mes) me ha acompañado a todas horas en mis desplazamientos, ya sea en el autobús urbano o en viajes al otro lado del planeta, y me ha dado miles de horas y páginas de lectura amena e interesante. Con su diccionario integrado me ha ayudado a mejorar mi pobre inglés y con su enlace a la tienda de Amazon ha contribuido a que yo no salga de pobre. Pobre, pero contento.

No significa eso que yo haya dejado de comprar y leer libros en papel. Estoy de acuerdo con quienes mantienen que el placer sensorial y estético de un buen encuadernado es algo que no debería perderse, y me gusta contribuir a la subsistencia de las librerías de barrio. Pero hay que reconocer que la comodidad de llevar toda tu biblioteca contigo en un aparato que pesa doscientos gramos es enorme.

Hace una semana, después de más de cinco años de servicio, mi Kindle empezó a fallar. No se encendía bien y había que reiniciarlo cada dos por tres. Me dio una pena enorme.


No me podía quedar sin mis libros. No esperé a que mi Kindle terminara de estropearse del todo. Entré en la tienda y busqué el modelo más parecido a mi viejo libro electrónico:


¡Larga vida a mi Kindle! Espero que este me dure al menos tanto tiempo como el anterior.



octubre 22, 2015

Salsa holandesa

Pasando unas horas en Ámsterdam, me acerqué por Warmoesstraat a ver el ambientillo y comprar unos pocos souvenirs. Punto obligado en la visita era la tienda madre de Mister B, negocio al que tengo gran apego y que me provee de todo tipo de adminículos con los que aderezar mi vida erótica. Mi primera intención era pillar un par de camisetas, una para el osezno y otra para mí, y un par de tubos de 100 ml de lubricante,  cuya consistencia, baja viscosidad y cómodo formato resultan ideales para mis inocentes hobbies. El dependiente, Valerio aquel día, fue un encanto. Resulta sorprendente cómo un mostrenco rapado y politatuado de casi dos metros de altura y vestido de cuero puede resultar tan cálido y amable. Así vende de bien: al final acabé comprando no solo lo que me había propuesto sino también un cockring ajustable, un elegante grifo de ducha anatómicamente adecuado para la higiene del caballero moderno y el primer ejemplar de la revista Wings. Al pagar, Valerio me preguntó si no me apetecía llevarme también un par de frascos de poppers y me hizo notar que las camisetas que llevaba eran de tallas distintas. A lo primero le dije que no, gracias, y a lo segundo le expliqué que algunas eran de regalo para el osezno. Valerio debe ser un romántico, porque le encantó el detalle y me regaló un dos pares de lo que yo llamo "gafas putón", unas para mi y otras para el osezno



Un poco más abajo en la calle está la Condomerie, la primera tienda que hubo en el mundo dedicada a ese pequeño salvavidas de goma. La Condomerie parece una tienda de golosinas, toda de colores alegres, llena de muñequitos de látex y piruletas-preservativo. La dependienta era una chica todo dulzura y candidez. Me llevé un imán para la nevera (tenemos nuestro frigorífico cubierto de imanes de todo tipo) con la forma de un condoncito amarillo alegre, y un paquete de gomas extra fuertes para momentos de gran entusiasmo.



Un poco más allá del barrio rojo está el Underground, otra tienda de pelaje similar a Mister B pero con algo menos de fijación por el cuero. El dependiente, al entrar yo, se ofreció a ayudarme en lo que necesitara. Y me ofreció un café o un té. Elegí té y me lo sirvió con una galletita de speculoos. Ahí estaba yo, con mi tacita de té en mano y el meñique levantado cual abuela inglesa, entre arneses, máscaras, látigos, fustas, pinzas para los pezones y dildos de tamaños comprendidos entre el de un dedo pequeño y el de Minnesota. A este dependiente sólo le compré unas pocas postales, más que nada porque se me había acabado el presupuesto.





¿Y a santo de qué cuento todo esto? Porque me encantan Holanda en general y Ámsterdam en particular por la forma que tienen sus habitantes de quitarle dramatismo a la sexualidad de cada uno. Y no estoy hablando solamente de ser maricón o no. Me refiero a todo el abanico de gustos, morbos, fantasías y juegos, desde el vainilla al kink más extremo. Si hay un país en el que la frase "me gustan los gatos, la cocina italiana, Stravinski y recibir lluvia dorada" pueda sonar natural, ese es los Países Bajos. Nos puede parecer que con Chueca y el Gaixample, con Castro y el Soho, estamos súper liberados y de vuelta de todo, pero no es así. Aún nos queda un trecho para llegar a lo que tienen los holandeses, que es la normalización absoluta: en Ámsterdam no hay apenas barrio gay porque no hace falta establecer distinciones. Las tiendas de fetichismo parecen pastelerías, son luminosas y tienen grandes escaparates abiertos a cualquier transeúnte, y no pasa nada. De acuerdo: también en Madrid, pero ¿desde cuando? La Condomerie lleva abierta desde 1987. En esa época en España aún era un escándalo ver el pezón de Sabrina rebotando en la televisión. Esa es la ventaja que nos llevaban y nos siguen llevando aun hoy en día.


Naturalmente, no fue eso lo único que hice ese día. De todos los días que he pasado en Países Bajos, aquel fue el único en el que salió un poco el sol. Y eso, conmigo, solo puede significar una cosa: ¡fotos!





















julio 03, 2015

Ganas de viajar

Mis ganas de viajar, siempre grandes y limitadas únicamente por mi escasez de tiempo y dinero, se ven multiplicadas por cien en verano. Cuando el cielo se aclara y permite ver las montañas a lo lejos siento deseos irrefrenables de cruzarlas y ver qué hay al otro lado. Me imagino a mí mismo recorriendo los senderos, cabalgando entre praderas, atravesando el país en un descapotable o sobrevolándolo en avioneta. Lo importante en mi sueño no es el destino, sino el ir más allá.

Porque mis sueños viajeros de verano no se limitan a conocer Praga o a bañarme en alguna playa del Golfo de Méjico. Los viajes que yo quisiera hacer son un poco más complicados de realizar.









Lo hablaba el otro día con un amigo: creo que sería capaz de alistarme a una expedición tripulada de solo ida a Marte, si me dejaran. Pero como no hay expedición, y si la hubiera yo no podría aportar nada a ella, me tendré que conformar una vez más con viajar con la imaginación.

El verano es la estación de la ciencia-ficción.

Para esta temporada me he hecho con los siguientes títulos:


Alastair Reynolds es mi escritor de ciencia-ficción actual favorito. Sabe de lo que habla (es astrofísico y trabaja para la Agencia Europea del Espacio) y además escribe historias interesantes, con que enganchan, con miga. ¿Elefantes africanos en el espacio exterior? Todo es cuestión de proponérselo...


De Ann Leckie no tengo ninguna experiencia, pero hay que probar cosas nuevas y esta novela se llevó el año pasado los tres pesos pesados de los premios de la ciencia-ficción: el Hugo, el Nebula y el Locus. Tiene buena pinta.

Y en el rato de mis vacaciones que no esté leyendo, estaré jugando al Civilizations: Beyond Earth. Ya puestos...



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