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abril 02, 2015

Ragù de cosas

¿En qué se asemejan los vastos campos de centeno de los Urales y Curri Valenzuela? En que ninguna de estas dos cosas tienen nada que ver con el contenido de esta entrada. O tal vez sí, no lo sé, porque estoy en modo escritura automática, algo muy de moda hace más o menos un siglo, pero que uso poco. Sobre todo porque nunca había pensado en ello hasta ahora.

Ni siquiera tengo un título aún para esta entrada.

En la cocina borbotea un cazo donde se está preparando mi Famoso Ragù Para Todas Las Ocasiones. Lo uso, entre otras cosas, para condimentar pasta, para rellenar empanadas, para engrasar bisagras y como laxante de perros. Mi Famoso Ragù etc contiene todo lo que esté en la nevera a punto de estropearse, más carne picada y tomate. Todo cubierto por una generosa capa de aceite. Fue mi suegra quien me enseñó el secreto de las salsas de tomate: dejarlas hacer lentamente, durante una o dos eras geológicas a ser posible, en mucho aceite, hasta que se convierten o bien en petróleo o en algo delicioso, tan amalgamado que prácticamente es indiferente la composición inicial. En este caso, aparte del tomate y la carne picada: puerro, ajo, cebolla, chorizo picado y trozos de ADN. El ADN da un retrogusto delicioso a los platos. Os aconsejo probarlo. 


Esto va para largo, así que me levanto, remuevo un rato el mejunje, abro la nevera, corto un poco de queso (un Cueva Pregondón asturiano), abro una botella de vino (un kékfrankos que nos trajimos de Hungría), le pongo la mitad del queso y una copa de vino al osezno, y yo me tomo la otra mitad del queso mientras me bebo el resto de la botella. A morro. Las películas norteamericanas nos han enseñado que cocinar con una copa de vino tinto es lo más fashion, pero yo soy de pueblo y reinterpreto los conceptos a mi manera.

Es lo que siempre le digo a la juventud: el alcohol hace más bella la vida. Al menos, difumina las arrugas y otros defectos menores.

Esto es lo bueno de celebrar el Catholic Pride en casa: te puedes pasar la mañana haciendo experimentos contra natura en la cocina. Después de haberlos hecho en la cama. O en un sofá. Whatever. El kékfrankos va haciendo efecto. Otra de las cosas que uno puede hacer con calma: mirar Facebook. ¿También os pasa a vosotros que más de la mitad de las personas que te sugiere como amigos son tipos con los que habéis follado? El resto son primuñadas: palabra que me acabo de inventar y que significa mujeres de primos. Tengo muchísimos más primos que primas, y eso lo explica todo, excepto quién puso de moda estos peinados hípster tan horteras. Mis primuñadas tienen aficiones muy concretas: parir e intentar descubrir los secretos de mi Facebook. Van listas.

El osezno, mientras tanto, vuelve a ver viejos capítulos de Mujeres Desesperadas. Me siento muy identificado con las protagonistas de esa serie: soy maniático como Bree, torpe como Susan, feo como Lynette, y tiro a tonto del culo como Gaby. Pero ellas tienen casas más grandes y, posiblemente, vagina. Ayer, durante el café en el trabajo, nuestro compañero y sin embargo amigo P. nos ilustró acerca de la etimología de la palabra "vagina": ¿sabíais que proviene de la misma raíz que "vainilla"? Aunque yo nunca me comería un flan de vagina. Aparece Constantino, se sube a mi mesa e intenta colocarse delante de la pantalla del ordenador (descansar es más divertido cuando estorbas a alguien). Pero no contaba con mi protoborrachera: empiezo a morderle e intentar arañarle los ojos, así en plan amigo. Rodamos los dos por el suelo, él soltando pelos y yo caspa, hasta que puede el más fuerte: él.

Pasan los minutos, el ragú borbotea, y creo que va siendo hora de cerrar esto. En un par de horas, macarrones. Y yo sin elegir un título. Me aguarda una tarea importante: elegir una ruta segura para esta tarde. Viene la señora de la limpieza, y nos encanta no estar presentes cuando ella hace su trabajo, no sea que le de por hablar. Saldremos a dar una vuelta, aprovechando que luce el sol y no dan tantas ganas de suicidarse como otros días santanderinos. Pero hoy es el Catholic Pride, y habrá procesiones. Ya bastante malo era encontrarse el domingo pasado con las calles infestadas de rameras, lo de hoy puede ser catastrófico. ¿Dónde nos meteremos? Y, más importante aún, ¿habrá alcohol barato?

Respecto a la imagen: yo qué sé. A mí qué me contáis... Estoy más borracho que vosotros, pero menos que Liza Minelli después de desayunar

diciembre 30, 2014

Catar un vino

Cenas, comidas, reuniones de amigos y fiestas navideñas: todas estas cosas saben mejor con una buena botella de vino o, si la reunión es con la familia, con cinco o seis botellas. Quien más quien menos, hoy a todos nos gusta dárnoslas de entendidos en vino; de ahí el éxito de aplicaciones y foros como Vivino o Drync. Y sin embargo todas las experiencias tradicionales de cata se centran únicamente en tres sentidos: vista, olfato y gusto, dejando de lado el resto de capacidades sensoriales accesibles al ser humano o, en su defecto, al consumidor medio. Es por esto que yo, en mi capacidad de enólogo estrella aún por descubrir, ofrezco por módicos precios (70€ por persona, pero también se me puede pagar en tapas de yogur) cursos de Cata Integral para hipsters y snobs de hoy en día. Como ejemplo de mis capacidades, ofrezco libre de tasas mi valoración de uno de los vinos del momento:
Señorío de la Pernada - Crianza 2010
Bodegas Facinero S.A.
D.O. Bártulos del Cancaneo
Uvas: Tempranillo, Garnacha y Cucufán
Se trata de un vino en el que la cuidadísima elaboración y mimo del enólogo Purulencio Retrancas se notan desde el momento de la vendimia, allá por marzo, hasta el reposo en barricas de roble austrohúngaro de setecientos años de antigüedad. A partir de viñas de pie franco cultivadas en un terreno de suelos arcillosos de esquisto metamórfico del cuaternario a 1314 metros de altitud, Retrancas elabora unos caldos con un carácter propio. En este caso, se trata de un carácter irónico, algo desconfiado, pero con buen fondo: la clase de vinos que perdonan una ofensa, pero a los que no conviene pedir dinero prestado.




El Crianza de 2010 se caracteriza por un color rojo mandril el celo, con ribetes cárdenos catedralicios; el caldo es límpido, sin posos ni partículas en suspensión dignas de mención. La lágrima es espesa, lo que indica su alto contenido fenólico, y cuando la lágrima cae en la arena una olita atrevida hacia el mar se la lleva.

En nariz el vino sorprende por su complejidad: sobre los elementos afrutados (frutas del bosque, plátano y macedonia de frutas en almíbar) se dejan entrever, o mejor dicho entreoler, notas de canela, vainilla de Madagascar, mirra, sándalo y tarta de zanahoria del Starbucks. Si se sumerge la nariz dentro del vino y se respira hondo, se produce un característico atragantamiento seguido de toses saludables o, si se mantiene la nariz dentro, la muerte por asfixia. 

En boca el Señorío de la Pernada es un vino redondo, tánico, con un perfecto equilibrio de alcoholes, fenoles y coles. Se recomienda servir a una temperatura de noventa grados, a la cual el vino impacta fuertemente en el paladar y escalda la lengua provocando una deliciosa sensación de picor tras la cual notamos los matices de pimienta de Jamaica, ajonjolí y polonio enrarecido. El sabor perdura en la boca con retrogusto a maderas nobles y muebles de Ikea. Se trata de un vino ideal para acompañar escabeches de antílope, quesos semicurados y yogures de fresa desnatados.

Al oído se trata de un vino sereno, reposado, salvo cuando se le agita en batidora. Servido en copa Borgogne, al acercarlo a la oreja se percibe un rumor de olas que nos evocan las mareas de Saint-Malo. Es un vino ideal para escucharlo en compañía de esa persona especial que está a punto de concederte una hipoteca. Combina bien con las notas Fa y Re, y también con las sinfonías de Mahler, excepto con la cuarta.

Al tacto se demuestra como un vino ligeramente pegajoso, que mancha los dedos de morado. Es ideal para echárselo por el pelo, que queda apelmazado en el más puro estilo Francisco Correa. Vertido sobre los ojos, provoca un atrevido escozor, conjuntivitis y ocasionalmente ceguera crónica. Es además ideal para el tratamiento tópico de la soriasis. 

Por todo ello, nos atrevemos a dar a este excelente vino la calificación de 98.3 sobre 100. Una excelente elección que podrá arrojar a los ojos de sus invitados en la próxima cena de Nochevieja. ¡Esperamos que lo disfruten!


noviembre 24, 2014

Operación Bonobo con Calcetines Blancos

En el centro de esta moderna Gomorra que es Boo de Piélagos existe un lujoso y exclusivo spa en el que, por un precio adecuado, jóvenes y expertos, a la par que esculturales, masajistas cubren tu cuerpo de exóticos aceites, ungüentos y aromas, exfolian tus poros, te bañan en raras mixturas, relajan y tonifican tus músculos, desentrañan tus contracturas, adecentan tu epidermis y miman con esmero tus órganos y glándulas anejas. El final feliz suele consistir, para unos los pocos afortunados que lo consiguen, en salir de ese lugar con algo de dinero residiendo aún en la cuenta corriente. Y por eso, amén de mi proverbial pobreza solo comparable a la de una rata muerta hace seis horas, yo me tengo que relajar metiendo los pinreles en un barreño de agua tibia con jabón Lagarto, en mi propia oficina.

 
De esta guisa, con los pantalones remangados y los juanetes chapoteando en un agua vagamente jabonosa de color vertido industrial, recibí aquella tarde a mi nuevo -y único aquel lustro- cliente. Yo volvía a estar solo ante el peligro: mi compañero y sin embargo amigo J. Arístides se encontraba de safari, cazando ladillas en el barrio chino, y nuestra secretaria la señorita Bustillo había pedido unos días libres para poder cuidar de su madre, gravemente enferma de halitosis. 
 - Buenas tardes -dijo el recién llegado-. ¿Es esta la agencia publicitaria Kaspo S.A.?
Dudé un instante. El hombre se había equivocado de dirección, claramente, pero yo llevaba varios meses alimentándome de sopas de sobre que robaba a las monjas y me vendrían muy bien algunos ingresos.
- ¡Pase, pase, caballero! -le dije-. Bienvenido a Kanto S.A.
- Kaspo S.A. -me corrigió él.
- Eso, eso: Kaspo S.A.: soluciones creativas a todos sus problemas de marketing. ¿Quiere un eslógan? Los tenemos estupendos. ¿Algo con rima, tal vez? ¿Qué le parece algo tipo abbaabb baab? ¿Le gustan los versos alejandrinos?  ¿Paga usted por adelantado? 
- ¿Qué hace usted criando percebes en un barreño? 
- ¡Estoy creando! Usted no lo entendería, caballero...
Él se quedó callado, dudando, unos instantes, que yo aproveché para observarle detenidamente con mi entrenado ojo de detective privado. Con un rápido golpe de vista evalué su paquete, culo, pantorrillas, bíceps, zapatos y rostro, por este orden, llegando a la siguiente conclusión: me encontraba casi seguro frente a algún tipo de ser humano. Vestía ese tipo de ropa completamente normal, comprada en el Zara, que indica claramente que su usuario está haciendo esfuerzos denodados por ir de paisano. Es un hecho comprobado: nueve de cada diez hombres que visten de Zara, Springfield o Pull&Bear son en realidad agentes de la secreta o tienen una grave enfermedad neurológica.
- ¿En qué puedo ayudarle, agente? -dije, rompiendo el silencio.

- ¿Cómo ha sabido…?

- Los publicistas tenemos facultades especiales, ¿sabe? Es por la droga...

- Eso lo explica todo. Permítame que me presente: Soy el agente Flanagan. Remigio Flanagan. Agente judicial del Juzgado de Instrucción nº 30 de Boo de Piélagos.

- ¿Y en qué puede ayudar una persona como yo, un pobre creativo publicitario que nunca, repito, nunca ha trabajado como detective privado, a todo un Juzgado de Instrucción?

- Pues verá… se nos ha acabado la inspiración, y eso está entorpeciendo mucho el avance de la Justicia.

- ¿Disculpe?

- Sí, sí, lo que oye: ya sé que usted y todos los ciudadanos tienen una fe inquebrantable en la Justicia española y en su rapidez y eficacia, pero lamento decirle que somos seres humanos, no los dioses que ustedes creen que somos. Porque los españoles valoran y respetan nuestra profesión, ¿verdad?

- Muchísimo -mentí.

- Pues bien, esa merecidísima fe se vería resquebrajada si la opinión pública supiera lo que le voy a contar: ya no se nos ocurren nombres que poner a las operaciones anticorrupción.

- ¿Perdone? -volví a interrumpir, como un idiota.

- Lo que oye: salen como media docena al día. Operación Gürtel, Operación Malaya, Operación Púnica… al principio todo era sencillo. Bastaba abrir el diccionario y había montones de palabras estúpidas que nadie había utilizado nunca antes. Luego la cosa se empezó a complicar. Los escándalos se sucedían y la gente empezó a aburrirse. Ya sabe usted que lo importante de nuestro trabajo es entretener y divertir a las masas. Empezaron a aparecer nombres cada vez más surrealistas: Operación Chicle Usado (contra la trama de secretarios de estado que revendían cupones de la ONCE), Operación Mastectomía (contra la red de corrupción de adiestradores de serpientes), Operación Culo de Vaso (contra el gang de monjas evasoras de mantecados), Operación Urticaria (para desactivar una trama corrupta en la Pensión Loli)… supimos que la cosa se nos estaba yendo de las manos cuando el mejor nombre que se nos ocurrió para el caso de las Suegras Mafiosas fue Operación Elefante Flatulento. Se nos acumulan los casos y nuestras mejores mentes están saturadas intentando pensar nombres de operaciones que sean pegadizos para la prensa. El Ministerio de Justicia ha decidido tomar cartas en el asunto y nos ha autorizado a contratar a servicios externos de creatividad y marketing...
- ¿Y eso de usar fondos públicos para pagar a puteros y drogadict publicistas no será interpretado como otro escándalo de malversación?
- Ahí le ha dado, caballero: su primer trabajo será pensar el nombre de la Operación que dirigiremos para incriminarnos a nosotros mismos. Por diez euros la respuesta, ¿cómo se llamaría esta operación?

agosto 19, 2014

Segunda parte


Bueno, pues al final esta segunda semana de vacaciones no fue tan terrible.


Segovia, como de costumbre en esta época del año, estaba estupenda: mañanas frescas como una ministra en una rueda de prensa amañada, tardes luminosas como los ojos de un banquero ante un nuevo paquete de ayudas públicas a su negocio, atardeceres encendidos como el culo de un mandril hembra en celo, noches perfumadas como una cena de divorciadas. Muy bonito todo. 


Tuve un poderoso déjà vu. Estaban de visita mi amigo E. hijo de E. hijo de M., su mujer y su hijo E. hijo de E. hijo de E. hijo de M., para abreviar E3.0. Resulta que E3.0 es una copia exacta de mi amigo E2.0 cuando era niño, hasta el punto de que si no fuera por las cicatrices del parto que tiene la madre yo juraría que el niño se generó por mitosis a partir del padre. El hecho de ser capaz de recordar nítidamente cómo era E2.0 cuando tenía dos años es algo a la vez espeluznante (por lo que implica de viejo que soy) y entrañable (porque da idea de la antigüedad de la amistad que nos une a E2.0 y a mi).

Pasé la tarde del domingo en La Granja de San Ildefonso con mi amigo J. La Granja es un pueblo idílico y versallesco cuyo único defecto consiste en estar ubicado en el centro de España en vez de el centro de Francia. Todos los intentos de desplazar el pueblo al país vecino han fracasado hasta la fecha. Yo, en el lugar de ellos, seguiría intentándolo.










Llegó el día de mi cumplaños y con él ese viejo ritual de elegir restaurante por el que se caracteriza mi núcleo familiar. Empieza con mi Señor Padre diciendo algo así:
- Mañana comemos donde queráis.

- Ah, vale, pues he pensado que podemos ir al Restaurante A.

- No, ese no.

- Bueno, pues al Restaurante B.

- No, ese tampoco.

- Bueno, pues di tú a cuál quieres ir.

- Al que digáis vosotros.

- ¿Qué tal el restaurante C?

- No, ese no.
Este año la agonía se prolongó más de lo habitual con Inesperados Giros del Guión. Mi Señor Padre llegó a obligarnos a ir a ver por dentro un restaurante nuevo que han abierto, para ver si nos gustaba, para después en el último momento hacernos ir a otro diferente, también nuevo. Total, si al final en todos se come lo mismo (cerdo). Este tipo de juegos psicológicos permiten hacerse una idea de por qué a mi Santa Madre se le cae tanto el pelo.

Por la tarde vinieron a alegrarme el día el osezno, que a la sazón pasaba unos días en la casa de mi cuñado en El Escorial, y el Sr. Shepperdsen, que se vino desde Madrid a pesar de que al día siguiente tenía que madrugar para trabajar. Faltó el Sr. Skyzos por imposibilidad geográfica. Pasamos una agradable tarde de paseos y terrazas, y luego nos cenamos medio cerdo y una botella de Pago de Carraovejas en el José María. Luego, una copa en Menorá.





El resto de los días en Segovia fueron tranquilos, solitarios, insulsos. Cumplí mi plan de no pisar la casa más que para las comidas y para dormir. Hice muchas fotos y desarrollé aún más esa afición que he cogido últimamente a beber vino de Rueda a todas horas. La vida es mucho más entretenida y agradable cuando uno está borracho.



Llegó el jueves, me despedí de mi Señor Padre y de mi Santa Madre y me fui a reunirme con el osezno en El Escorial. Mis cuñados viven en una urbanización de las que ya no quedan, con árboles del tamaño de... bueno, árboles como es debido, y piscina. Allí me enfrenté a mi incomodidad TOC de estar a pezón descubierto al aire libre, al menos durante un rato.


No existen fotos del especímen, pero puedo prometer y prometo que el socorrista estaba de toma pan y moja. Casi sufro una fusión del núcleo cuando le vi pasar el limpiafondos con el torso desnudo. El osezno dice que no era para tanto, pero qué se le va a hacer: tengo un morbo especial por los mozos de piscina. Todos tenemos algún tipo de fetichismo por alguna profesión, ya sean bomberos, azafatos, toreros o camareros. Mis morbos profesionales son los mozos de piscina, los jugadores de fútbol australiano, los taxidermistas y los notarios.

El viernes agarramos nuestros mantones de manila, nuestros claveles y nuestras cestitas de mimbre y nos bajamos a Madrid a las fiestas de la Paloma donde, curiosamente, no vimos al Sr. Mocho (culpa nuestra).  Llegamos a las Vistillas temprano, a esa hora en la que sólo están en la calle los madrileños de hoy en día: esos que han nacido en Quito, Lima o Bogotá. Elvira Lindo decía ya hace años que los españoles nos hemos vuelto tan tontos que nos pasamos el día encerrados en nuestras casas y los únicos que disfrutan la calle y los parques de nuestras ciudades hoy en día son los inmigrantes. Esta frase es totalmente cierta y no tiene ni un ápice de xenofobia: al contrario, dice bastante poco a favor de los españoles que por esnobismo, miedo o mera tontuna hemos ido renunciando al espacio público, y encima dejando que Ana Botella lo degrade a su antojo. Hoy en día es difícil encontrar a un madrileño de tercera generación andando por el centro a las seis de la tarde en un día festivo: todos se han ido a vivir a un adosado espantoso en Las Rozas. En esto, Madrid sigue el triste ejemplo de Londres, sólo que en el caso de Londres hay que cambiar "madrileños" por "londinenses" y "colombianos" por "madrileños".



Soy un gran defensor de las tradiciones, siempre y cuando estas tradiciones impliquen comer o beber. Nos tomamos un bocata de deliciosas y aceitosas gallinejas, y habríamos ido después a por los entresijos si no nos hubiera interceptado antes el puesto de churros (y porras). La atmósfera del parque en esos momentos estaba compuesta en un 40% por nitrógeno, en un 6% por oxígeno y en un 54% por grasa. 



Protegidos por esa capa de lípidos, estábamos ya preparados para el garrafón. Anochecía y nos fuimos hacia la parada de metro de La Latina, donde habíamos quedado con J. (no confundir con el J. de La Granja, qué culpa tengo yo de que todo el mundo se llame igual), un amigo del osezno. J. es un ser humano que parece la viva imagen de un esqueleto, tal y como sería el esqueleto si estuviera cubierto por ochenta kilos de músculo duro, apetitoso y turgente. Yo podría utilizar la espalda de J. como pizarra en la que hacer la demostración completa de las ecuaciones de Maxwell. Entre otras cosas.

Entendí por qué a las Fiestas de la Paloma las llaman el Orgullo Chico. Allí había más maricones por metro cuadrado que en una pool party del Circuit. Descubrimos que J. es ciertamente popular en el mundillo gay madrileño: se paraba cada treinta centímetros de camino para ser saludado y besado por alguno. Con esos deltoides, no me extraña lo más mínimo.

Empiezo a estar un poco harto de las barbas. Más concretamente, de no tenerlas. Hemos llegado a un punto en el que todo gay que se precie debe tener al menos una.  Hay algunos, como nuestro conocido Barbarrara, que tienen hasta dos o tres. El osezno, por supuesto, tiene una bien hermosa. Hoy en día, no eres nadie en el ambiente si no tienes barba. Ni tampoco, ya puestos, en el mundo hipster, aunque eso sea otro tema. Pues bien: yo no tengo barba. No me salen más que cuatro pelos mal puestos. No hay manera. Lo que me condena al más oscuro ostracismo. La frase más dolorosa de la noche me la dijo un chulángano (barbudo) frente a la barra del Sixta:
- Estás bastante bueno. Qué lástima que no tengas barba. Adiós.





Acabamos fatal. ¿Habéis probado a volver desde Madrid a El Escorial a las seis de la mañana, borrachos y en autobús de línea? Me río yo del antiguo servicio militar en Melilla.

Volvimos a Madrid al día siguiente, más muertos que vivos, a comer con nuestra amiga R. y a hacer unas compritas. El cockring que me regaló el dependiente de SR no me vale: o bien no sé ponérmelo, o bien tengo unas medidas inusuales. Tal vez debería habérmelo probado in situ, pero me dio palo. El descubrimiento de la tarde, en la librería y lugar de peregrinación personal Generación X, fue este:



Juro que ayer el osezno se hizo daño en el diafragma de tanto reírse.

La vuelta fue en el Alvia, antiguamente conocido como Talgo, y aproveché para ver la película que había alquilado para las vacaciones pero que no había tenido tiempo de ver hasta entonces: 300, el origen de un imperio. Una puta mierda, pero la de torsos que se ven, y lo bien que se les da el Photoshop a los de Hollywood...



Y todo esto para llegar a Santander y descubrir que estaba lloviendo. Viva.




julio 22, 2014

Copas, combinados y "coteles"

Anoche, en un bar de moda (rancia), me hicieron La Pregunta.

Estábamos como ocho amigos en ese sitio. Es la Semana Grande de Santander, también conocida en círculos cosmopolitas como Santander's Fat Week: la ciudad se llena de casetas de bares, hay pinchos a tutiplén y la gente se pone un pañuelo azul al cuello para fingir que Santander es una ciudad enrollada y popular. Salimos a beber vino malo, comer brochetas de carne de dudosa procedencia con salsa de Mejor No Preguntes Qué y contar jerseys alrededor del cuello sobre polos con logotipos de caballos.


De modo que acabamos en ese bar de copas pijas donde para ser camarera no hace falta saber poner copas, sino tener mechas y tetas como melones maduros. La clientela estaba compuesta en su mayor parte por ese tipo de mujeres de edad indeterminada (tirando a de Bronce) teñidas de rubio, maquilladas con seis litros de aceite y la piel como cuero revenido por culpa de los rayos UVA que, por alguna razón que la ciencia moderna aún no ha sido capaz de explicar, se comportan como si fueran hermosas, y por hombres engominados tratando desesperadamente de parecer casuales mientras meten tripa. Es agradable comprobar de vez en cuando que los heteros, cuando salen, pueden ser igual de ridículos que los gays.

De modo que ahí estaba yo, con un dolor de pies inenarrable y una copa de gintónic con enebro, flores exóticas, aromas de pingüino y moléculas, muchas moléculas, cuando uno de mis amigos me hizo La Pregunta, que es a lo que yo iba:
- Ah, ¿tú también te has apuntado a la moda de los gintonics?

- No, nene. Llevo bebiendo ginebra con tónica desde los tiempos en los que sólo había en los bares ginebra Gordon's, MG y, si me apuras, Fockink. Me pasé a ella cuando descubrí que me daba mucha menos resaca que los mejunjes de ron con bebidas azucaradas que solía tomarme.
Cosas de ser viejo pellejo.


Lo de la moda de las ginebras premium vino después, cuando a mí ya me gustaba el invento, y he decir que lo he disfrutado como un enano. Hay mucha idiotez en el mundo de la ginebra, pero está muy bien que haya por fin variedad de formas de arruinarse las conexiones neuronales en bares y discotecas.

Pero la moda se está agotando y las paredes de los bares de copas están empezando a llenarse de otras bebidas. Es el momento del vodka-tónic y otros inventos del mismo pelaje. Yo, que soy un hombre de ideas y gran visión de futuro, propongo nuevos e interesantes universos de combinados que aunan la tradición con la modernidad, lo local con lo cosmopolita, lo arriesgado con lo posiblemente venenoso:


  • Orujo-tónic: en copa Martini, se mezclan tres partes de orujo El Coterón con una parte de tónica Fentimans sin romper la burbuja, se añaden unos granos de mostaza de Nueva Guinea, se aromatiza el borde de la copa con coliflor y se llama al Instituto Nacional de Toxicología.
  • Spritz pasiego: se sirve en vaso Tumbler y se elabora de la siguiente manera: sobre una base de sobao El Macho se vierten a partes iguales Campari, cava y mantequilla derretida. Se adorna con flores de Pascua y anchoas y se da el pésame a la desconsolada viuda.
  • Caipirán: se exprime el jugo de una lima, se mezcla con una cantidad generosa de azúcar moreno, se añade mucho hielo picado y se sirve en vaso Old Fashioned con un buen chorro de pacharán Zoco, sin decorarlo de ninguna forma, que eso es de nenazas.
  • Sol y Sombra Sunrise: se sirve en una copa Collins bien fría, en la que se mezclarán anís El Mono, Chinchón dulce, Veterano y unas bolitas de naftalina. Estas últimas se pueden sustituir por alcanfor o directamente matarratas. 
  • Shangai Surprise: se mezcla cuidadosamente un 75% de nitrato de potasio, un 15% de carbón y un 10% de azufre, se coloca la mezcla en una copa Hurricane de boca ancha, se coloca una bonita bengala de cumpleaños, se sirve en la mesa, se enciende la bengala y se huye rápidamente.
  • Santander Mai Tai: se sirve agua del grifo en copa de champán y se cobra a 25€ la unidad. 
  • The Big Bang: se agitan hadrones y leptones en el acelerador de partículas LHC hasta que alcanzan velocidades próximas a la de la luz, se mezclan con sus correspondientes antipartículas y se sirve todo con traje de plomo, acompañado de un chorrito de radiación gamma. 
  • Crisantemo: la respuesta castellana al famoso Margarita. Se prepara con cazalla, jugo de remolacha y cuádruple seco, que es un licor de Palencia que se prepara a base de arena caliza y feldespato. Se sirve en botijo, habiendo untado previamente el pitorro de manteca de cerdo, sebo y ajo machado en mortero.



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