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junio 24, 2016

Vidas Ejemplares de Políticos IX y de Santos (y Santas) VI

En estos momentos tan especiales y bonitos que estamos viviendo, es más apropiado que nunca que juntemos en una sola columna nuestra serie sobre Vidas Ejemplares de Políticos y nuestro Rincón de Hagiógrafo para hablar de 

Don Sísifo José de Pedralbes y Sopeña-Bífidus, Santo Patrón de los Ministros y Subsecretarios de Estado

Don Sísifo José, a diferencia de otros muchos notables de su Partido, no entró en política para forrarse, sino por puro y simple mandato divino.  

Lo tuvo muy claro desde pequeñito. En vez de jugar al fútbol en los recreos con sus compañeros de clase, el joven Sísisfo José se pasaba los ratos libres hablando con las voces ultraterrenas que sólo él era capaz de oír. Todas las tardes después de la merienda solía recibir visitas divinas, ya fueran del mismísimo Dios persona o, si Éste tenía algún problema de agenda, de algún sustituto apropiado, ya fuere de un ángel, querubín, serafín, potestad, principado o algún otro estamento de la jerarquía celeste. Sus padres estaban encantados, porque veían a su hijo crecer feliz y acompañado de presencias invisibles, con lo que se ahorraban un dineral en invitaciones a fiestas de cumpleaños y otras absurdas celebraciones sociales de compromiso.

Don Sísifo José crecía en sabiduría, en estatura y en Gracia para con Dios y los hombres, aunque más para con el primero que para con los últimos, y más para con éstos que para con las mujeres, que no se acercaban a él ni para tocarle con un palo. Tampoco es que él lo quisiera, siendo como era uña y carne con la Santísima Virgen, con quien tomaba café todas las mañanas después del Ángelus. Cabría haber esperado que un muchacho tan bien relacionado con las altas esferas celestiales se hubiese metido a cura, pero no: para sorpresa de todos, Sísifo José se metió en política. 

Fue el propio Dios quien se lo ordenó, una cálida mañana de enero: "Sísifo, cariño, te he elegido para que seas Faro de la Fe y Luz de los Pueblos, siempre y cuando esos Pueblos sean gente de bien, no moros ni rojos ni feministas ni perroflautas ni independentistas ni mierdas de esas. A esos, porrazo limpio y que aprendan lo que es bueno". 

"Qué ilusión", oró internamente el joven Sísifo mientras tiraba de la cadena (porque Dios, cuando se aparece, no se anda con miramientos ni se para a preguntar a su interlocutor si le pilla en buen momento o si prefiere que llame un poco más tarde), "¿voy a ser Papa?".   

"No", le respondió telepáticamente el Altísimo, "¿con esa pinta de besugo hervido que tienes? Estás tonto. Tú vas a ser algo mucho mejor que Sumo Pontífice, chaval: te voy a hacer Ministro"

Al día siguiente Sísifo José se presentó en la sede del partido y le dijo al conserje: "Hola, buenas, vengo porque unas voces me han dicho que me presente para lo de ministro". Aquello impresionó al conserje, porque era lo más sensato que había oído en ese lugar durante los últimos treinta años, así que, previendo que ese muchacho iba a llegar muy lejos, le abrió las puertas de la sede, le dio un recogedor y una escoba, y le dijo que lo dejara todo bien limpio para la mañana siguiente.

Comenzó así una de las carreras políticas más meteóricas que jamás se hayan visto. Don Sísifo José reunía en su persona todas las cualidades que definen a un gran hombre de estado: un completo alejamiento de la realidad, unas férreas convicciones (que le dictaba punto por punto su confesor) y la asombrosa capacidad de no estar nunca equivocado ya que, si alguna vez se le achacaba algún error, siempre podía echarle las culpas a algún ángel que no le hubiera transmitido bien los designios divinos.


Y tal como estaba escrito, don Sísifo José llegó a Ministro. Tuvo la sabiduría de rodearse de un Gabinete de personas preparadísimas para ayudarle en su gestión: en concreto, a la Primera Persona (o Hipóstasis) de la Santísima Trinidad la nombró Viceministra, a la Segunda Persona, Secretaria de Estado, a la Tercera Persona (también conocida como Paloma) la nombró Subsecretaria y a la Virgen la nombró Portavoz e imagen pública de los asuntos ministeriales. Las ruedas de prensa fueron sustituidas por Apariciones, las publicaciones en el BOE se incorporaron como versículos adicionales al Credo Niceno y el proceso de acceso al funcionariado por oposciones públicas fue reemplazado por un complicado pero elegante sistema de cónclaves y fumatas blancas o negras la mar de resultón. Algunas de las medidas más notorias de su mandato fueron la declaración de una Santa Cruzada contra los refugiados sirios, la ilegalización de los pechos femeninos y la concesión del título de Campeón de la Liga de Fútbol a Santo Tomás de Aquino. Ninguna de estas medidas resultó ser ni siquiera ligeramente controvertida, ya que toda discrepancia había sido declarada Contraria a la Fe y objeto de persecución por el tribunal de la Santa Inquisición, restituido a sus plenas funciones y poderes por el mismísimo Dios Nuestro Señor a través de su siervo, don Sísifo José de Pedralbes y Sopeña-Bífidus, Ministro de España por la gracia del Ídem. 

En un acto milagroso propio de él, don Sísifo José fue canonizado en vida, durante su mandato como Ministro en Funciones en uno de aquellos periodos tontos entre elecciones generales propios de la época, o al menos eso es lo que a él le dijeron al oído Las Voces.

Larga vida a San Sísifo José, santo patrón de los ministros, amén Jesús.



diciembre 22, 2015

Recapitulemos

A ver, la historia es más o menos como sigue:

Se celebra que hace unos dos mil años, década arriba década abajo, nació un niño mágico hijo de una paloma y de una mujer que, pese al hecho de llevar tiempo casada con un semita, era virgen. El niño mágico es además su propio padre. El niño viene al mundo de forma pobre y humilde, en un establo rodeado de vacas, asnos y reyes que le ofrecen oro y especias valiosísimas en la época.

El objetivo de todo esto es que el niño pueda crecer y ser torturado y asesinado. De esta forma se perdonarán de forma inmediata, retroactiva y proactiva los pecados de la humanidad. Estos pecados se originan porque una mujer, originada a partir de una costilla, hizo caso de una serpiente que hablaba y se comió una manzana (la mujer, no la serpiente).

La cosa se complica sólo muy ligeramente cuando consideramos lo del perdón de los pecados. El pecado de la manzana es el que se cura gracias al suicidio de Dios, de forma retroactiva, pero este perdón solo es válido si estás bautizado, por lo cual los niños que mueren antes de que un señor con faldas les moje la cabeza mueren en pecado. Estos pecadores no se sabe muy bien dónde van al morirse. Antes había un reino mágico llamado Limbo, como el baile, donde se guardaban las almas de estos pecadores inocentes, pero ahora el reino está recalificado como cielo no urbanizable. En cuanto a los adultos que no ha sido bautizados, después de morir van al infierno, que es un sitio tremendo, a salvedad de los que no se han bautizado por haber vivido en culturas o épocas alejadas de la del cristianismo. El niño mágico que es su propio padre y también un pájaro eligió nacer en Judea en vez de en la mucho más poblada China Imperial, y por algo será. Sus designios son inescrutables. El caso es que esos no bautizados por accidente geográfico también pueden salvarse, sin necesidad de mojarse la cabeza ni arrepentirse, sino simplemente por sus buenas obras y por buscar a un Dios que no saben que existe. Eso es una especie de premio de consolación.

Luego está el resto de los pecados, que no son el de la manzana aunque vienen por culpa de aquel, a pesar de que ya está perdonado. Esos pecados son los que comete uno oponiéndose a los deseos de este niño que es su propio padre y una paloma. Un ejemplo de este tipo de pecados es el de meter la colita en una vagina sin haberse casado con ella. Este tipo de pecados se solucionan con el arrepentimiento siempre y cuando éste se certifique por un señor con faldas.

Estos y otros pecados hacen del mundo un lugar horrible pero afortunadamente existe otro mundo donde todo es happy. Para ir a ese mundo solo hay que cumplir unos pocos requisitos: haberse mojado la cabeza por intervención de un señor con faldas para quitarse el pecado de la manzana, haberse arrepentido de los otros pecados y en presencia de un señor con faldas, y morirse uno. En ocasiones uno se muere sin haberse arrepentido pero también va al cielo porque un señor con faldas le ha extremauncionado a uno a tiempo.

El niño que es su padre y una paloma lo sabe todo y lo puede todo. Aun así, es conveniente hablar con él telepáticamente para decirle que le queremos mucho, no sea que se le olvide. En esos momentos de comunicación telepática también le podemos pedir cosas. En ocasiones se les pueden pedir cosas, también telepáticamente, a unos delegados que tiene y que se llaman santos.

Este mundo, a diferencia del otro que llamamos cielo, es un asco. La gente enferma y muere y a muchos les pasan cosas horribles tales como recibir balazos, ir a conciertos de Pablo Alborán o ser abrasados por un volcán. Estas cosas malas se deben, en el caso de las atrocidades cometidas por el hombre, al libre albedrío: el niño/padre/paloma deja a la gente libertad para hacer lo que quieran, pero si no hacen lo que él dice, ah, entonces sufrimiento o infierno. Lo gracioso es que como el niño/padre/paloma lo sabe todo, ya sabe de antemano si la gente va a usar su libre albedrío para el mal desde antes de que nazcan. Aun así, le gusta ver la película entera. Él ya sabe lo que va a pasar pero tú eres libre. Un libre predestinado. Y si te parece que hay alguna contradicción en la frase anterior, es que no entiendes los designios del Señor. En ese caso, no te preocupes, ignorante, porque así es como deben ser las cosas. 

En el caso de las catástrofes naturales (incluyendo las almorranas) el sufrimiento que causan no es debido al libre albedrío, sino a que a Dios, que podría haber las cosas de otra manera menos incómoda, porque lo puede todo, le ha gustado hacerlo así. Amorosamente, eso sí. Un poco de agonía es buena para forjar el carácter. Cada vez que un huracán arrasa tu hogar y mata a toda tu familia, es porque Dios te ama. Él sabe lo que te conviene.

Sabemos todas estas cosas porque vienen en un libro. El libro, como todas las buenas trilogías, tiene precuelas, secuelas, apéndices y anotaciones. Hasta hay versiones en el cine. Hay muchos efectos especiales: el Sol deteniéndose en el cielo, agua convertida en vino, columnas de fuego y humo y dragones gigantes que arrancan las estrellas del cielo para arrojarlas sobre la tierra. Un verdadero best seller. El libro contiene la palabra de Dios inspirada telepáticamente a los hombres, y eso es así porque lo dice el libro, y lo que dice el libro es verdad porque lo dice el libro y todo lo que dice el libro es verdad.

Es verdad, pero metafórica. Hay que saber interpretarla bien. Para saber interpretarla bien te tiene que ayudar Dios. Telepáticamente. Lo dice el libro.

Si te piensas que tú puedes interpretar las metáforas del libro, es que eres un protestante. Los cristianos de verdad, es decir, los católicos, no pueden interpretar correctamente el libro. Se lo tienen que interpretar unos señores con falda. Esos sí que pueden hacerlo. Lo dice el libro, o al menos eso es lo que dicen los señores con falda. Y a ellos se lo ha dicho Dios (telepáticamente y/o a través del libro).

Visto así, la verdad es que todo queda bastante claro, ¿no?









marzo 12, 2014

Dioses menores

Para alegría de muchas almas bienpensantes, vivimos una época de renacimiento de lo espiritual y religioso. El nuevo Papa hace que se mojen las braguitas de miles de jóvenes monjas y fervorosas catequistas allá donde va, la Ministra de Trabajo pone en las competentes manos de la Virgen del Rocío la gestión de la crisis, otra Virgen recibe la Medalla de Oro al Mérito Policial y, lo que es aún más inquietante, la tal Madonna lleva ya más de una semana sin cambiarse de religión. En estos tiempos turbulentos, el hombre se asoma al abismo existencial y, viéndolo muy desaprovechado, decide recalificarlo, convertirlo en terreno consagrable y llenarlo de iconos, palitos de incienso y estampitas de una horterez incalculable. La proliferación religiosa se ha visto reforzada por el fenómendo de la globalización, produciéndose interesantes sincretismos gracias a los cuales podemos ver euskopagodas en Bilbao, altares cabalísticos en Hamburgo o templos  dedicados a Chtulhu en la calle Génova.

En este blog siempre hemos estado muy a la última moda, en lo que se suele llamar la avant-garde, y por eso no solo nos apuntamos al carro, sino que aportamos ideas; en este caso, recuperando del olvido de los siglos a algunos dioses menores que durante las oleadas de laicismo agresivo de la Ilustración perdieron su cuota de adoradores y que ahora, con un poco de suerte, pueden volver al "candelabro", como esas actrices del destape que pese a haber engordado noventa kilos vuelven hoy en día a las pantallas como musas de directores frikis.

Para no ser tildados de chovinistas, hablaremos de dioses alejados de nuestro politeísmo local, el catolicismo. No hace falta recurrir a nuestro vodevilesco santoral para encontrar adecuados objetos de adoración: otras culturas han sido igualmente esquizofrénicas, produciendo panteones de lo más ricos y coloridos. Tomemos como ejemplo a los griegos, con sus culebrones olímpicos, sus faunos, sátiros y musas; o al panteón nórdico, famoso de nuevo gracias a los pectorales de Chris Hemsworth,  con sus aesires, sus vanires, sus gigantes de hielo y sus señoras rubicundas y rollizas con coraza y casco a juego.

Otros panteones nos resultan menos conocidos por estar más lejanos temporal y geográficamente, o porque Hollywood aún no les ha visto el tirón suficiente. Pongamos el caso del panteón egipcio: todos conocen perfectamente a Horus, el dios con cabeza de halcón, o a Anubis, el dios con cabeza de chacal, pero nadie recuerda a dioses menores como Kacakulopedopis, dios del humor zafio y facilón, que usualmente es representado como un hombre con cabeza de perro llamado Mistetas, o como Cococoris, el dios con cabeza de periquito, que fue expulsado del panteón por repetir constantemente todo lo que decía Osiris. Pero en el continente africano existen muchos otros panteones prácticamente desconocidos para el hombre europeo, como por ejemplo los dioses de los Masai, que son todos vacas, o los dioses zulúes, de los cuales el más poderoso es el terrible Unkulunkulu y el menos poderoso, el lamentable Xuxho, el dios de los perritos de señora mayor.




En Norteamérica aún perviven algunas de las ancestrales religiones de las tribus indias. Eran éstas culturas de profunda espiritualidad, que ha generado dioses tan populares como Manitú o el Gran Espíritu, que ahora regenta un casino en una reserva de Arizona. Los antiguos Cherokees contaban entre sus dioses a los mellizos Guatapiti y Guataparti, dioses respectivamente del luto y de las fiestas. Los hermanos, aunque idénticos en poder y estatura, eran de personalidades opuestas, y uno ligaba muchísimo más que el otro. A Guatapiti se lo suele representar como un hombre avinagrado tocado con un penacho de plumas negras de pavo soltero, mientras que Guataparti viste según la ocasión tocados de plumas de ave del paraíso, cinturones hechos con bananas maduras, sombreros de frutas tropicales, boas de plumas y muchas, muchas lentejuelas.




Asia es sin duda el paraíso del buscador de patrocinio divino: desde los ricos panteones sintoístas del Japón, con sus dioses que se dedican a convertirse en animales que hablan para confundir al personal, a las miles de coloridas figuras divinas de los templos hindúes: allí es posible encontrar un dios adecuado para cada ocasión, como por ejemplo Prethâbutanopayasha, dios de la mortadela de aceitunas, o Phuttugluglulassififilomma, diosa de las llaves Allen.  La regla general, para no perderse, es que cuantas más sílabas tiene el nombre de un dios, más mindundi es.

No nos olvidemos de los desiertos australianos, donde los sabios aborígenes miraban a las estrellas y se preguntaban donde encontrar whisky a esas horas de la noche mucho antes de que en Europa descubriéramos las vacaciones pagadas. En la mitología aborigen, todos somos guiados por Sueños mediante los cuales los espíritus nos comunican sus deseos, como por ejemplo "cambia el canal de la tele, que está a punto de empezar un partido de Liga". La Serpiente Arco Iris es uno de los más poderosos espíritus, pero hay otros muchos más, como por ejemplo el Zorro Plateado, el Canguro de Color Entre Ocre y Parduzco, o la ya extinta Abubilla Fucsia,  que fue devorada por el Caimán Verde Oscuro. 

Como ven, nuestros ancestros nos han legado un tesoro de dioses, diosas y otras cosas que no se sabe muy bien qué son, pero a los que no conviene hacer enfadar demasiado, para que podamos elegir entre un amplísimo muestrario de seres sobrenaturales a los que confiar nuestras vidas, para que tomen decisiones por nosotros y para que nos envíen lluvia, sol, maná o puntos de Iberia Plus según lo vayamos necesitando. ¡Nunca antes la superstición había sido tan fácil!



febrero 14, 2014

Be My Valentine

Cuenta la leyenda que, allá por el año de maricastaña, un emperador romano bastante desconsiderado decidió prohibir que los jóvenes legionarios se casaran, en la creencia de que la soltería les llevaría a unos mayores furores guerreros y ansias conquistadoras. Pero el bueno de Valentín, defensor del amor y la familia nuclear cristiana, celebró miles de bodas clandestinas para unir en sagrado sacramento a las jóvenes parejas romanas. Porque el amor todo lo puede, y no hay nada mejor para llegar a ser santo que la desobediencia civil contra el pérfido laicismo imperante.

Lo que no explica la leyenda, evidentemente, son las cuestiones verdaderamente interesantes, a saber: qué es lo que hacían los jóvenes legionarios solteros entre ellos, quién le había dado a Valentín licencia para casar, qué demonios tiene que ver el amor con el matrimonio y, lo que es más importante, si las croquetas de los banquetes de boda eran congeladas o no. 

Por lógica, todo esto conduce a ingentes beneficios para el Corte Inglés y otras ONGs por el estilo.

A mí me da igual lo estúpido que sea el origen de una fiesta: lo importante es celebrarla. Y total, en lo que a orígenes estúpidos se refiere, San Valentín no es ni con mucho la peor: fíjense si no en la Navidad, el Día de la Marmota o el Día de La Constitución. Esos sí que dan risa...

¡Felicidades, y a Amar Mucho!






junio 22, 2013

Vidas de Santos (y Santas) V


HOY:
Sor Güendolyna de Sfalcò
Ecónoma del Convento de Nuestra Señora de Alioli

Güendolyna de Sfalcò, cuando nació, no era monja ni nada. Todo lo más, se parecía a una ciruela pasa berreante, aunque por algún motivo todo el mundo alrededor mentía diciendo que era guapísima y que había sacado los ojos de su madre. Güendolyna creció, se desarrolló y acabó dándose a la mala vida, es decir: se convirtió en economista de prestigio.

En efecto, el interés de Güendolyna por todo lo que fuera pseudociencia y superchería la llevó a la prestigiosa International Business School de Wharton, Pennsylvania, donde nuestra heroína se graduó con honores en Economía y en Horóscopo Maya, con un minor en Vudú. Después se sacó un máster en Dirección de Empresas en Stanford, donde sobresalió en las asignaturas de Lectura de Posos del Café y en Homeopatía Aplicada III. Con este extraordinario currículo, Güendolyna no tuvo problemas para conseguir un empleo friendo extremidades de pollo en un Kentucky Fried Chicken de la localidad de Chattanooga, Tennessee, donde tuvo un corto romance con un asesino en serie la mar de majo, podador de arbustos de profesión.

La fama y el oropel le llegaron a Güendolyna a rebufo de la tristemente recordada Crisis Económica. Aplicando las rigurosas técnicas macroeconómicas aprendidas en sus años universitarios, Güendolyna fue capaz de predecir la crisis cinco años después de que ésta se produjera, es decir, notablemente antes que otros economistas de la escuela neoliberal. Esto la catapultó a la fama y a un puesto como Consejera Delegada en EVO Bank, anteriormente conocido como Caixa Galicia, desde donde realizó un excelente trabajo colocando participaciones preferentes a discapacitados mentales profundos (entre los que se encontraba su propia madre).  Güendolyna también fue fichada como tertuliana económica en Intereconomía, asesora de Finanzas del MINECO y presentadora de un programa de horóscopos de madrugada en Tele 5. A ella se atribuyen algunas de las medidas más celebradas de aquellos años, como la de prohibir la contratación de menores de 40 años como forma de favorecer el empleo juvenil y la de que Doña Sagrario, de Toledo, se gastara toda su pensión en llamadas al 902. 


Pero el estrés de la vida como directiva, consultora y estrella mediática se cobró su precio en la salud de Güendolyna, que en la madrugada de un martes de febrero fue ingresada en el Hospital (privado) de Nuestro Señor Ignacio González con un amago de infarto y fuerte halitosis. Tras su recuperación, Güendolyna decidió tomarse la vida con más calma.

Fue entonces cuando, dejando la televisión y prácticamente recuperada de su adicción a la coca, nuestra protagonista de hoy aceptó la oferta de trabajo de asesorar a las monjitas del Convento de Nuestra Señora de Alioli, en Murcia, cuya comunidad estaba pasando por un difícil momento económico.

Güendolyna aplicó su buen hacer para lanzar una agresiva campaña de márketing promocionando los productos artesanos del convento. La venerable comunidad ocupaba un privilegiado lugar en el seno de la Huerta murciana, poseyendo extensos terrenos de frutales, y bajo la dirección de Güendolyna todo ese antaño idílico vergel se convirtió en un bien engrasado mecanismo de producir zumos que, bajo la marca registrada de ZumoSorTM, invadieron el mercado, desplazando rápidamente a la competencia. Cada tetrabrik de ZumoSor, según la publicidad, contenía un 30% más de Fe, Esperanza y Caridad que otros zumos de la competencia, y ante semejante proclama (apoyada por la presencia en televisión de un spot protagonizado por Ana Rosa Quintana, vestida con una bata blanca en mitad de un decorado de laboratorio con osciloscopios y pantallas de realidad virtual añadidas por ordenador) las ventas se dispararon a niveles estratosféricos.


El trato con las dulces monjitas de la comunidad de Nuestra Señora de Alioli provocó un cambio interior en Güendolyna, quien abrazó la Fe Cristiana con entusiasmo. Como ella misma escribiría en sus Memorias unos años más tarde, "varias décadas de ejercicio del neoliberalismo económico habían reblandecido mi cerebro hasta el punto de que era capaz de creerme cualquier estupidez" (sic). Güendolyna no tardó en tomar los Votos de la Orden (Pobreza, Castidad, Obediencia y Prognatismo) y vestir los hábitos, prometiendo dedicarse en cuerpo y alma a la oración y la contemplación. Dadas sus habilidades financieras, fue rápidamente nombrada Ecónoma de la congregación.


Tres meses más tarde todo el convento, los terrenos de la congregación, la fábrica de zumos, la marca registrada y las propias monjas eran propiedad de la gigante multinacional Putiflax. Sor Güendolyna, por su parte, estrenaba mansión en las Seychelles, donde aún hoy vive rodeada de piñas coladas y atenciones por parte de sus asistentes. En 2012 fue nombrada Santa, caso excepcional por encontrarse ella aún en vida e inmejorable salud, sin que tengan nada que ver en ello las abundantes donaciones a la Iglesia Católica que ha estado realizando a través de cuentas en paraísos fiscales.

Que Dios la mantenga en la Gloria de las Seychelles, amén.





marzo 05, 2013

La PaPorra

Como este año no hay Mundiales de Júrgol ni EuroCaspa ni Jugos Olímpicos ni ná de ná, pero las ansias ludopáticas del personal han de salir por alguna parte, las casas de juego formales e informales están llenándose de apuestas para adivinar quién será el próximo Obispo de Roma: las famosas Quinielas Pontificias, también llamadas Porras Papales o, para abreviar, PaPorras.

Las apuestas están por las nubes y todos los tradicionales patrocinadores de juegos y loterías, desde la Mafia Rusa al PP de la Comunidad de Madrid Eurovegas, juegan duro y sucio para obtener información y manipular las probabilidades de sucesión. Conectamos con nuestro corresponsal en la Capilla Sixtina, que sigue con interés las fases previas del Cónclave:




¡Saludos cordiales! ¡Nos encontramos en la Ciudad Eterna, desde la cual retransmitimos en directo el enfrentamiento amistoso entre dos de los candidatos a Sumo Pontífice más prometedores!

A mi derecha, el Cardenal Angelo Scola (italiano, peso wélter). El arzobispo de Milán viene con calzones rojo oscuro, sotana con sobrias borlas doradas, ribetes de Agatha Ruiz de la Prada y estola de armiño afgano. Al hacer su entrada en el ring, las monjas enloquecen al grito de "¡Santo, Santo!", "¡Guapooo!" y "¡Queremos un Mesías tuyo!". El Cardenal saluda desafiante, levantando los brazos en bendición apostólica, y reparte unas cuantas hostias al aire, esperando a que haga entrada su competidor.

A mi izquierda llega el Cardenal brasileño Odilo Pedro Scherer (peso gallo), vestido con un clásico capelo cardenalicio floreado, faja en lycra, casulla lila de terciopleo y anillo de zafiros, diamantes y plutonio enriquecido. El brasileño, que tampoco se queda corto a la hora de repartir hostias a diestro y siniestro, sube al ring con un potente Totus Tuus! que levanta oleadas de fervor entre sus seguidoras, quienes le arrojan tocas, rosarios y algún que otro escapulario. 

Se va a iniciar el enfrentamiento. El Camarlengo se sitúa entre los dos rivales, recordándoles las reglas: nada en ensañamiento, prohibidos los milagros por debajo de la cintura y nada de resolver el problema de la teodicea antes del Fin de los Tiempos. Los contendientes asienten, mirándose el uno al otro a los ojos con aire desafiante. Una monja con hábitos holgados que dejan adivinar una faja térmica sube al ring, contoneándose con un cartel que indica que va a empezar el primer round. ¡Y suena la campana, señoras y señores!

El primer ataque lo realiza con rapidez el arzobispo italiano, quien se abalanza sobre su contrincante rociándole de agua bendita lanzada directamente a los ojos. El cardenal brasileño contraataca con un inicio de homilía en latín, pero tartamudea ante el ímpetu de su rival, pierde el hilo y no es capaz de terminar su alegato en contra de las minifaldas. El primer round acaba rápidamente con victoria parcial de monseñor Scola. La multitud de espectadores ruge y brama, sedienta de espectáculo de Fe, Esperanza y Caridad.

Los contendientes se retiran a sus esquinas, donde sus entrenadores y asesores espirituales les secan el sudor y les santiguan repetidas veces. Va a comezar el segundo round.

En esta ocasión el Cardenal Scherer sale mejor preparado, con una mano a modo de visera mientras con la otra prepara una excomunión. El arzobispo de Milán, que es perro viejo y ha combatido innumerables veces en el púlpito, utiliza una bula deflectora para rechazar el ataque. Ambos contrincantes colisionan y se enzarzan en una discusión acerca de cuántos ángeles caben en la cabeza de un afiler: el papable brasileño argumenta que al menos diez, si han venido en transporte público, y solamente cuatro si cada uno ha traído su coche. Monseñor Scola le rebate, diciendo que los afileres los hacen cada vez más pequeños, y que a los ángeles no les importa pagar un módico precio por meter sus BMWs en un párking cercano. El round termina en empate.

En el tercer round ambos contrincantes se enfrentan en el tradicional reto de ver cuál de los dos es capaz de pinchar más condones en un minuto. Para tratarse de dos carcamales al borde de la fosilización, ambos se mueven con una velicidad pasmosa: Monseñor Scola pincha noventa y cuatro preservativos, mientras que Monseñor Scherer logra batir el récord (ostentado previamente por Su Santidad Pío IX) con ciento quince profilácticos inutilizados. ¡Victoria en este round para el brasileño!

Los ánimos están caldeadísimos. Seguidores de uno y otro rival se increpan mutuamente, arrojándose palomitas de maíz y trocitos de pan ácimo unos a otros, hasta que el Camarlengo se ve obligado a intervenir poniendo orden: "Compórtense, por favor, que estamos en presencia de Padre, Hijo y Paloma". El público se calma y reza una novena pidiéndole a su deidad que, en su ira, no les convierta a todos en zarigüeyas.

Comienza el round decisivo. Ambos contrincantes se observan mutuamente, intentando encontrar un punto débil en su rival mientras dan vueltas uno en torno a otro blandiendo sus incensarios. La tensión se palpa en el ambiente mientras chispitas taumatúrgicas se forman en torno a ambos santos varones. Con tanta fe en el ambiente, es inevitable que se produzcan efectos secundarios: por toda la sala, el agua empieza a convertirse en vino, los panes y los peces a multiplicarse (por siete) y varias monjas se quedan preñadas sin comerlo ni beberlo. Curiosamente, un obispo también queda embarazado. De repente, Monseñor Scola rompe el empate lanzando anatemas y encíclicas sobre su rival. Éste contraataca con lluvias de ranas y latigazos con el cíngulo: por un momento las energías metafísicas de los dos rivales chocan y amenazan con rasgar el espacio-tiempo, provocar el Apocalipsis y convertirnos a todos en estatuas de sal, pero finalmente la maestría teológica de los rivales consigue domeñar las fuerzas divinas y enfocarlas debidamente. Con un bonito efecto de terremoto mientras el sol se para en el cielo. emerge un vencedor: Monseñor Scola, con la sotana un poco chamuscada. De su rival sólo quedan las clásicas botas humeantes y un vago olor a naftalina. Ahora sabemos que el brasileño ha quedado descartado en las PaPorras, pero nos contentamos sabiendo que su alma ha ascendido a los cielos, donde podrá seguir jugando al golf por toda la eternidad.

Seguiremos informando de los campeonatos. Se despide desde Roma su corresponsal, don Cernícalo Gómez Porrero.





enero 21, 2013

Olimpia Shore

A veces, con mis entradas de relleno y con mis fotos sacadas de la industria cárnica internacional, se me olvida que soy un hombre de letras; va siendo hora de dejar aparcada un tiempo mi frivolidad habitual y recordar que este es un espacio de cultura, filosofía y humanidades al que corresponde otra frivolidad mucho más sesuda y clasicista.

Estudios arqueológicos recientes han sacado a la luz un hecho sorprendente: ni Aristarco, ni Pitágoras ni mucho menos Anaxágoras vieron nunca la MTV. Esto nos lleva a una duda metafísica de primer orden: ¿cómo se entretenían los presocráticos sin televisión?

Existen varias teorías enfrentadas: la escuela alemana de Battenberg sostiene que la vida antes de Britney Spears era insoportablemente aburrida y que por eso no queda casi nadie vivo de la época de Platón, con la posible excepción de Sarita Montiel. Por contra, la escuela de Filadelfia defiende que una rebanada de pan untada de queso es el mejor desayuno imaginable.

Analicemos los mitos griegos para salir de dudas. Cuenta Apolodoro que en cierta ocasión Zeus el lujurioso, habiéndose prendado de la belleza de la ninfa Axágata, se transformó en un poderoso centauro con el fin de raptarla y seducirla, no necesariamente en este orden. Este hecho fue rápidamente aprovechado por la celosa Hera, esposa de Zeus y diosa de la familia y el matrimonio, para transformarse en un melón maduro con un agujero y así poder seducir a Tlepólemo, el más hermoso guerrero de Esparta. La simiente de Tlepólemo creció en el vientre de la divina Hera, quien a su debido tiempo dio a luz un hermoso repollo del que crecieron tres hermanos: Esplutelio, Flógenes y Climnestro. Hera, para evitar las iras de su esposo, hizo enviar a los tres bastardos a la ciudad de Pleurón, donde fueron adoptados como hijos propios por el sabio rey Pantúmaco, que por motivos ajenos a la historia no había tenido herederos. Es por ese motivo que a los tres hermanos se les conoce colectivamente como los Curetes Menores, y también como los Zangolotinos.



Con el pasar de los años los niños se convirtieron en audaces guerreros, excepto Esplutelio que abrió una peluquería de señoras. Climnestro se unió a los argonautas, lo cual fue considerado una mala idea ya que no sabía nadar, y de hecho pereció bajo las procelosas aguas del mar Jónico un día de espectacular resaca. Flógenes se quedó en la ciudad y fue nombrado heredero al trono por su anciano padre putativo.


Ahora bien, la diosa Démeter había jurado enemistad a la ciudad de Pleurón después de que sus habitantes se hubieran negado a rendirle homenaje poniéndose mofetas vivas en la cabeza a modo de sombrero. Para vengar semejante afrenta Démeter había reclutado la ayuda de Panflias, el gigante, quien causaba estragos en los campos alrededor devorando todos los caballos a su paso. El rey Pantúmaco estaba desolado y mandó hacer sacrificios de aguacates para recuperar el favor de la diosa, pero que si quieres arroz Catalina. Pantúmaco mandó entonces a sus mejores guerreros contra el gigante, sin ningún éxito: ninguno de ellos volvió con vida. Más tarde se supo que todos habían caído bajo el hechizo de la bruja Telésfora, quien sin motivo aparente decidió convertirlos a todos en griferías monomando para un chalet que se estaba haciendo construir en unos terrenos aún por recalificar.

Flógenes, habiendo heredado el coraje y el amor por las curcubitáceas de su padre, decidió enfrentarse él solo al temible gigante. Pero su padre, movido por el amor a su hijo y por el miedo a perder la línea sucesoria, prohibió tal empresa, encerrando al efebo en la Apple Store de la ciudad, de la cual ningún menor de 25 años había logrado escapar jamás.

Démeter estaba enemistada, a la sazón, con Afrodita, diosa del amor y la belleza, porque ésta última se negaba a compartir con ella su crema anticelulítica con coenzima Q-32. Tampoco se hablaba con Hyperopia, diosa de los zapatos, ni con Prímades, dios de la fruta pasada de temporada. Pero quien realmente le tenía ojeriza a Démeter era Antíbrota, diosa de las rozaduras provocadas por la ropa interior demasiado ajustada, que había perdido su plaza de aparcamiento en el Olimpo cuando ascendieron a Démeter. Antíbrota decidió interceder por Flógenes. En mitad de la noche y transformada en unas polainas, Antíbrota rescató al joven guerrero llevándoselo a los olivares de Triclosán. Allí le ofreció una espada irrompible, un escudo inoxidable y un depósito en un fondo de renta variable.

Todo esto esaba siendo observado desde el Olimpo por el poderoso Hefesto, que era tío por parte de madre del gigante Panflias. Para evitar que Flógenes asesinara a su pariente, Hefesto provocó un potente terremoto, y desde entonces a aquella tierra se la llama la Paxatarquía, que quiere decir "país donde se derrocha en efectos especiales". El terremoto tuvo la virtud de despertar de su largo sueño a la serpiente ctónica Yuyufis, tres mil años antes de que sonara el despertador: como se puede comprender Yuyufis estaba de muy mal genio y devoró a tres mil soldados hoplitas sin adobarlos antes ni nada. A todo esto, el astuto a la par que lozano Flógenes aprovechó el escándalo para escurrir el bulto y sorprender a Panflias mientras éste hacia un brunch ligero a base de caballo al pil pil.

La batalla que siguió a continuación habría sido una gesta épica cantada por el mismísimo Homero si no fuera porque Panflias era sin saberlo alérgico al caballo: cuando Flógenes llegó se encontró al gigante todo cubierto de ronchas del tamaño de un campo de fútbol y rascándose como si le hubieran echado por encima seis toneladas de polvos pica-pica. Flógenes, apiadándose del pobre gigante, lo roció con gasóleo y le prendió fuego. Y de este modo demostró ser un digno sucesor del rey de Pleurón y por tanto los dioses le recompensaron con una suegra aún de buen ver con la que poder ponerle los cuernos a la desgraciada de su esposa. Porque una historia de la mitología griega no está completa sin unos buenos cuernos para darle vidilla.

Y fueron todos felices y comieron caballos.


enero 14, 2013

Fossabanda reloaded

Las voces profundas, graves, solemnes de mis hermanos se alzan en canon a mi alrededor, llenando de ecos el espacio que se extiende entre las nobles pero decrépitas paredes de la capilla mayor de nuestro monasterio de Santa Croce in Fossabanda. Normalmente, el canto del Ángelus es para mí un momento de éxtasis místico y estético, en el que mi alma se eleva, cual surtidor en espiral, hasta llegar a tocar, casi, el rostro bendito de nuestro Señor Jesucristo. Atrás quedan todas las cuitas del mundo material, del mundo perecedero que se extiende más allá de los muros de nuestro santuario y de las debilidades del cuerpo envejecido que aprisiona temporalmente mi alma inmortal. Sin embargo, hoy no consigo alcanzar ese estado de bendita transfiguración.

Estoy preocupado por el futuro de nuestra congregación. A lo largo de su dilatada existencia, la orden de los Melanios Calzados No Intervencionistas se ha enfrentado a numerosas dificultades, como aquella vez que el ejército garibaldino acampó junto al monasterio y a la soldadesca le dio por usar nuestros santos muros para hacer aguas menores y mayores, enturbiando así la calidad de la atmósfera monacal; pero temo que la presente crisis pueda ser la definitiva. En este siglo de feroz laicismo y falta de cristiana vocación, cada vez somos menos monjes y la Orden, antaño próspera y rica, se ve abocada a la más espantosa de las miserias.


Los signos de deterioro son sutiles, pero ahí están, expuestos a la mirada de cualquier observador atento. Gran parte del monasterio permanece vacío y abandonado, las instalaciones comunes están cada día más desvencijadas (con la excepción del gimnasio del hermano Pierfabrizio) y hasta las gallinas parecen cabizbajas y cariacontecidas. Los establos, los talleres y el huerto languidecen por falta de mano de obra: los hermanos Bettino, Matteo y yo mismo hacemos lo que podemos, pero ninguno de los tres somos ya precisamente jóvenes, y además los otros dos monjes parecen dedicar más tiempo y esfuerzos a intentar asesinarse el uno al otro que al honrado trabajo manual. Las arcas de la comunidad están vacías: subsistimos apenas con los magros productos que consigo extraer de nuestra huerta, los pocos huevos que nos proporcionan nuestras famélicas gallinas, los encurtidos y las salmueras que prepara el hermano Giuseppe, algo de leche que nos ofrecen generosamente los aldeanos y, en el caso del hermano Pierfabrizio, barritas de proteínas compradas al por mayor a través de internet. Los tapices y los frescos de la Capilla Mayor se decoloran por los estragos combinados del paso del tiempo y de la lluvia que se cuela por el agujero, del tamaño de una tanqueta, que se ha formado en el techo. El hermano Guglielmo lucha valientemente para preservar nuestro patrimonio cultural, repasando con rotulador las líneas del Pantocrátor del ábside, pero ni siquiera su pericia es rival para el paso implacable de los siglos. Incluso el retrato ecuestre de nuestro fundador, Melanio de Caltanisetta, que preside la sala capitular y que está atribuido nada menos que al famoso pintor florentino Annabello della Sborra (más conocido por su nombre artístico, “Zoccolino”), está tan deteriorado que ya no se sabe cual de las dos figuras corresponde al santo varón y cual al caballo. Con un patrimonio artístico tan depauperado las visitas de turistas admiradores del arte sacro han caído en picado, agravando aún más la situación. 
Por si fuera poco el disco de versiones en gregoriano de canciones de Kylie Minogue que grabamos el año pasado a instancias del hermano Pierfabrizio no nos ha dado casi ningún beneficio: si bien es cierto que el disco fue un éxito de ventas, la mayor parte de la recaudación se la ha quedado un tal Teddy Bautista, por motivos que no alcanzo a comprender, y al Monasterio sólo le ha quedado en limpio un disco de platino para colgar en la pared (en realidad es de latón pintado con purpurina) y un nebuloso contrato para realizar en algún momento dado una gira de actuaciones por las iglesias y monasterios de un lugar llamado Chueca, del que nunca había oído hablar antes anteriormente.

Consciente de esta lamentable situación, nuestro Padre Superior, fray Lucrezio, nos reunió a todos (monjes y gallinas por igual) el otro día después de las Vísperas. Fiel a las tradiciones de transparencia y democracia que gobiernan nuestra Orden desde sus orígenes, el Superior estaba dispuesto a escuchar todas nuestras ideas, sopesarlas cuidadosamente, meditarlas en comunión con Cristo Nuestro Señor y, finalmente, ignorarlas por completo y hacer su santa voluntad de acuerdo con lo que tuviera pensado desde el principio. Fray Lucrezio nos informó del desastroso estado de las cuentas de la Orden, conminándonos a aportar ideas para el reflote económico del monasterio y rogando al Espíritu Santo para que iluminara nuestras, cito literalmente, “miserables cabezas de chorlito”


Como no podía ser de otra manera, la mayor parte de los hermanos propuso como solución perseverar en la oración. Fray Guglielmo sacó a colación el caso de San Porfirio de Spamia, quien rezó siete novenas dedicadas a la Virgen de los Remedios y fue recompensado con varios pozos de petróleo. El abate Roger de Westfalia, por el contrario, no las rezó y fue por ello castigado por Dios, quien lo convirtió en un pollo tomatero. Acto seguido, fray Guglielmo nos exhortó a contar esta historia a otros cinco monjes antes del fin de la Cuaresma, si no queríamos acabar como el abate Roger (concretamente, en pepitoria). 

Como lo cortés no quita lo valiente y el segundo lema de nuestra orden es “a Dios rogando y con el mazo dando” (el lema principal es “nunca combines calcetines blancos con sandalias”), el Padre Superior decidió que, sin olvidar por supuesto la oración, el monasterio debía realizar su propio aggiornamento, adaptarse a los tiempos y sacar rendimiento de los caprichos imperantes en la actual coyuntura macroeconómica. Para lo cual dio luz verde a un par de iniciativas sugeridas por el hermano Pierfabrizio, que está más enterado de lo que sucede en el mundo exterior.

La primera consiste en potenciar nuestro pequeño negocio de artesanía. Por algún motivo, la gente parece considerar que los monjes de Fossabanda somos especialmente hábiles en la fabricación de artículos de cuero: se nota que no conocen al hermano Matteo, quien repara los odres de vino perforados pegándoles un chicle masticado sobre el orificio. Hasta ahora sacábamos partido de esta inocente confusión ajena comprando a través de internet algunas artesanías made in Taiwan y revendiéndolas a la puerta de la iglesia. Según el hermano Pierfabrizio, es hora de entrar en el business de forma seria: se ha puesto en contacto con un mayorista alemán especializado en la producción de hábitos y otros adminículos de cuero para el uso de hombres piadosos, y desde hace unas semanas nos hemos convertido en distribuidores oficiales en la región. Cuando no está atendiendo sus salmueras en la cocina, el hermano Giuseppe se encarga de atender a los caballeros que van llegando a la tienda, pidiendo ora unas fustas, ora unos látigos, ora algún que otro arnés para sujetarse a la Cruz durante las procesiones de Semana Santa. El negocio parece ir bien, pero de nuevo el margen de beneficio es escaso por culpa del impuesto sobre el valor añadido de los bienes de lujo.


La segunda iniciativa del hermano Pierfabrizio me resulta un poco más extraña: alquilar partes de nuestro bienamado monasterio para el rodaje de una película. Ya he escrito en alguna otra ocasión que el hermano Pierfabrizio, pese a su juventud, tiene más pasado (y más misterioso) que todos los demás monjes juntos: siempre nos está hablando de lugares, personas y posturas que son para nosotros totalmente desconocidas e inimaginables. Pues bien, parece ser que nuestro novicio conoció hace unos pocos años en cierto festival de cine independiente a un famoso director de cine, un tal Kristen Bjorn –por el apellido deduzco que debe ser un neorrealista sueco–, con el que entabló rápida y profunda amistad. Recordando en la hora de nuestra penuria que el susodicho director manifestaba siempre interés en encontrar parajes de singular belleza natural o arquitectónica para emplazar la acción de sus películas, al hermano Pierfabrizio le vino en mente que tal vez podríamos prestar, durante un corto tiempo y a cambio de una generosa donación económica, nuestros venerables edificios de piedra y ladrillo al afamado director.

El padre Lucrezio al principio no estaba muy convencido. “Porque a ver qué clase de película pretenden rodar, ¿eh?”, dijo, “no quisiera que nuestro santo lugar de retiro se convirtiera en escenario de una de esas horribles producciones llenas de disparos y explosiones. O, peor aún, una película supuestamente histórica sobre comunistas”. El hermano Pierfabrizio se apresuró a tranquilizarle, asegurándole que en la película no habría nada de violencia sino, por el contrario, grandes dosis de amor y otras virtudes igualmente cristianas. Más aún, había hablado con el señor Bjorn y ambos habían acordado rodar una película sobre la apasionante biografía de nuestro Fundador. Ante tales argumentos el padre Lucrezio se mostró muy complacido y dio luz verde al proyecto. La película tiene como título provisional “Abbey of Lust”, cuyo significado se me escapa por no saber ni una palabra de inglés, pero que suena francamente bien de los labios del hermano Pierfabrizio.

Hace unos días que empezó el rodaje, a puerta totalmente cerrada. El señor Bjorn llegó en una camioneta, acompañado de un equipo de fornidos técnicos de imagen y sonido que manejaban un equipamiento en apariencia complicadísimo. Acto seguido llegaron en dos furgonetas los aún más fornidos actores, encabezados por el algo simiesco galán latino Jean Franko –aparentemente muy conocido por la calidad de su interpretación, según el hermano Pierfabrizio–; al tratarse de una producción histórica ambientada en un monasterio, todos los actores son de género masculino. Por último, apareció ante nuestras puertas una motocicleta transportando una diminuta maleta de mano marcada con la etiqueta “vestuario”

Por motivos técnicos se nos prohíbe a los monjes acceder a las zonas donde se está rodando, no sea que en nuestro torpe desconocimiento del mundo del cine vayamos a interrumpir alguna escena delicada o, peor aún, romper algo. La única excepción a esta regla son el hermano Pierfabrizio y el hermano Guglielmo. Al primero el director le ha ofrecido, en aras de la vieja amistad, un pequeño papelito en la película: se trata del joven pecador que, sorprendido en actos impuros, recibe severa admonición por parte del santo Melanio y tres de sus seguidores, quienes le imponen una justa penitencia, expulsando de su cuerpo los espíritus malignos y conduciéndolo a la gozosa redención. Como he dicho antes, a los demás monjes no se nos permite acceder al área de rodaje, pero colocándonos detrás del muro a veces podemos escuchar parte de lo que en ella sucede, y puedo asegurar que los gemidos y suspiros de dolor y éxtasis místico que recita el hermano Pierfabrizio resultan de lo más convincentes y conmovedores. En cuanto al hermano Giuglielmo, su participación en la película es meramente técnica y surgió por pura casualidad. Durante el segundo día de rodaje uno de los asistentes de producción, que realizaba la pintoresca e incomprensible (para mí) función de "fluffer" de actores, sufrió un lamentable accidente laboral, dislocándose la mandíbula. Inmediatamente el productor se dispuso a buscar un reemplazo, necesitando una persona con "grandes cualidades orales". El hermano Giuglielmo, con su excelente dicción alcanzada tras años leyendo en voz alta las "Vidas de Santos", parecía la opción más lógica. Fray Giuglielmo está contento con su nuevo trabajo, que al parecer le llena bastante a juzgar por la perpetua expresión de felicidad que ilumina su cara últimamente.

Espero que estas iniciativas contribuyan a reflotar nuestra maltrecha economía y, tal vez, a hacer que nuestro pequeño monasterio sea mejor conocido allende nuestros muros. Tal vez de esa forma la gente joven reciba más claramente la Llamada del Señor y empiecen a llegarnos las nuevas vocaciones de las que estamos tan desesperadamente necesitados.

Amén.

octubre 08, 2012

Woody Allen hace una película maja

Oh, sorprendente noticia: Woody Allen hace otra película maja.

Aprovechando que anoche habia nosequé de un partido de fúmbol, el osezno y un servidor tuvimos el placer de ir al cine sin tener que padecer hordas de adolescentes con granos comiendo palomitas e intentando copular en los asientos de última fila. Teníamos ganas de nuestra cita anual con Woody Allen, conocida en esta caso como "A Roma con amor": una de esas cosas que ahora llaman historias corales con la Pé (hemana de la Mó), Roberto Benigni, Alec Baldwin y otra serie de personas cuyo nombre no recuerdo.

Como ya he reconocido que soy un inculto cinematográfico, no esperen ustedes una crítica bien hecha de la película.

No hay nada como una buena ramera para hacerte un hombre, chaval

Ya saben que me encanta Woody Allen; también que (a diferencia de casi todo el mundo) prefiero sus obras escritas a sus películas; se trata de un director al que recurro fundamentalmente para sonreir. Sus obras más serias no terminan de conectar conmigo (debo ser el único ser humano vivo que dice abiertamente que Match Point no le pareció ni fu ni fa) y soy demasiado joven y poco "cinéfalo" como para conocer bien los años dorados de Annie Hall y demás. Mis favoritas son Poderosa Afrodita, Granujas de medio pelo y esa chispeante delicia que es La Maldición del Escorpión de Jade, y con eso lo digo todo.

La Fama cuesta

A Roma con amor es una película maja, sin pretensiones. Es bastante sencilla y aun así tiene buenos puntos (la delirante historia que protagoniza Roberto Benigni es magnífica, y lo del tenor en la ducha está muy bien aunque la idea no me resulte demasiado novedosa). Por lo demás, un poco lo de siempre: enredos sexuales y sentimentales, miedo a la muerte, bromas sobre psiquiatras, burlas hacia el pedantismo intelectual, personajes que dialogan con versiones suyas de cuarenta años atrás y muchas postales de Roma. El propio Allen reconoce abiertamente que sus películas europeas tienen mucho de panfleto turístico -no hace falta ser un lince para darse cuenta de ello- presentando versiones idealizadas de ciudades europeas para burgueses norteamericanos. Aceptando esto, y siendo además cierto que Roma es una ciudad increíble, la película me ha dejado con unas ganas locas de volver a pasear por el Trastevere.

Un ejemplo de reacción visceral incomprensible: esta actriz siempre me provoca un odio profundo que no soy capaz de explicar


Sali de cine, en definitiva, diciendo: qué majo todo. No esperen una obra maestra del séptimo arte, pero verán qué película tan maja.


septiembre 23, 2012

Memorias estivas 10: visita al museo del mejillón

Bruselas es una ciudad traicionera y peligrosa: no solamente corres el riesgo de tropezarte con un eurodiputado a las primeras de cambio, con el susto y el mal rato que eso conlleva, sino que además el clima es inhóspito y cruel. Pueba de ello fueron los cuatro días que pasamos visitando a mis cuñados: íbamos preparados para la lluvia y el frío, y en su lugar nos asaltó una ola de calor pegajoso de casi cuarenta grados. No había quien respirara. Los chocolates se derretían en los escaparates, los pétalos de la alfombra floral de la Gran Plaza estaban más mustios que la papada de Ana Obregón y hasta el Manneken Pis estaba que no se sabía si meaba o sudaba. Un asquito, oigan, pasar más calor (y de peor especie) en Bélgica que en Grecia.





Para colmo de males, en esas latitudes pasa con el aire acondicionado lo que a nosotros nos pasa con las raquetas de andar por la nieve: es una cosa que sabemos que existe, pero que es para que la usen otros. La mayor parte de los edificios están tan preparados para resistir el calor como nuestro Ministro de Educación lo está para comprender un texto de nivel de segundo de primaria. De modo que en vez de hacer lo habitual, que sería recorrer las calles en busca de fotografías y/o pastelerías, nos dedicamos a visitar museos, que era donde al menos se estaba fresquito.

El Real Museo del Mejillón ocupa un moderno edificio de diecinueve plantas, entre las que se distribuyen los más de cincuenta mil metros cuadrados de exposición dedicados a la biología, etología, historia y perspectivas de este insigne molusco de la familia de los mitílidos, sin cuya existencia no podría comprenderse la Bélgica moderna. Al entrar el osezno y yo por las augustas puertas del edificio, un sonido de fanfarrias salido de la nada estuvo a punto de provocarnos un infarto. ¡BIENVENIDOS!, se leía en un cartel luminoso, que continuaba diciendo: "Enhorabuena, acaban ustedes de convertirse en los visitantes número 1 y 2 de este museo en lo que va de año". La recepcionista, visiblemente emocionada, nos hizo unas señas para que esperáramos. Mientras se secaba las lágrimas de las gafas, nos dijo: "Es una visita tan inesperada... llevábamos soñando con esto desde que se inauguró el Museo en 1972. Si se esperan un poco, el propio Director del Museo bajará para ofrecerles una visita guiada, totalmente gratis". 





Fue de ese modo como conocimos al Director del Museo, Mr. Ludovico van Mosselen, un hombrecillo de aspecto nervioso y mostacho estilo Napoleón III que, según supimos después, es considerado el belga vivo más importante después del Rey Alberto. El señor Mosselen, deshaciéndose en halagos y parabienes hacia nosotros, nos empezó a guiar por las ochocientas noventa y tres salas del museo amenizándonos la visita con cientos de interesantes anécdotas, de las cuales mi cerebelo ha podido retener solo unas pocas:
  • ¿Sabían ustedes que los primeros habitantes neanderthales de lo que ahora conocemos como Bélgica usaban las conchas de los mejillones del mismo modo que ahora los jóvenes usan los smartphones? Se pasaban el día mirando y toqueteando las conchas de sus mejillones y, absortos, no veían venir a los mamuts hasta que era demasiado tarde. A nadie extraña que se extinguieran echando puñetas.
  • Otro dato poco conocido es que no se empezaron a consumir mejillones como alimento hasta que el Cristianismo se asentó en estas tierras desplazando a las religiones antiguas. Anteriormente, se consideraba que los mejillones eran seres divinos inmensamente superiores en sabiduría y poder al ser humano. Curiosamente, la ciencia moderna ha conseguido establecer que al menos la primera parte de aquella superstición era totalmente cierta.
  • Las primeras recetas conocidas de mejillones datan del siglo III y se atribuyen a San Honorato de Scheldt. En aquella época, se tiraba el bicho al mar y se comía la cáscara, aderezándola con perejil y mayonesa. San Honorato murió de gastritis aguda muy joven.
  • Contrariamente a lo que se suele pensar, el cante jondo y otras muestras de folklore relacionadas no se originaron en Andalucía, sino en la zona que rodea a Gante: de ahí el término "flamenco" para este tipo de música. Las castañuelas, claramente, evolucionaron a partir de un instrumento musical antiguo consistente en dos conchas de mejillón atadas la una a la otra. 
  • Se cree que existen unas trece mil especies diferentes de mejillón, de entre las cuales la más sabrosa es el mejillón Kobe: una selecta familia de mejillones que sólo se cultivan en una instalación supersecreta del gobierno belga y que se alimenta exclusivamente a base de langostas que a su vez han sido alimentadas con carne de ternera de Kobe. Un plato de mejillones Kobe con mantequilla viene a costar algo así como el producto interior bruto anual de todos los paises escandinavos juntos. La producción integral de mejillón Kobe se destina abastecer los bocadillos de mejillones en escabeche que se sirve a los eurodiputados durante los vuelos domésticos que realizan en primera clase todas las semanas entre sus lugares de descanso y Bruselas, donde tampoco hacen nada en absoluto.
  •  ¿Sabía usted que gente tan importante como Marie Curie, Abraham Lincoln, Rasputín u Olga Ramos comieron mejillones en algún momento de sus vidas? El museo cuenta con tres plantas dedicadas a dioramas que representan a personajes históricos cocinando, comiendo o excretando mejillones.
  • Antes de que se inventaran los pistachos, la gente solía llevarse bolsas enormes de mejillones para picar en el cine. Después de la llegada de esos frutos secos, también.
  • El idioma neerlandés cuenta con setenta palabras para describir tipos distintos de patatas fritas, doscientas veinticinco para clasificar mejillones al vapor, y cero para decir "buen apetito".
  • La mayor causa de mortalidad en toda Bélgica, por delante de los accidentes de tráfico y los ataques de jaurías de eurodiputados, es la gota.
  • Los belgas sostienen que la caída de Alemania en la Segunda Guerra Mundial fue debida a unos mejillones. Según la leyenda urbana, una célula de la Résistance belga complotó el asesinato de Hitler enviándole una lata de mejillones en mal estado.  Como mala hierba nunca muere, el führer no pereció, pero durante unos días estuvo yendo mucho al baño por mal de tripita. Eso le tuvo un tanto distraído y despistado durante un tiempo, lo que le llevó a autorizar por error el ataque a Stalingrado, cuando lo que él realmente hubiera querido era invadir Andorra. Una cosa llevó a la otra y Hitler acabó tomándose un bocadillo de cianuro.
Estas y muchas otras cosas de igual trascendencia nos contó el señor Director durante las veintisiete horas que duró nuestra visita, tras las cuales nos invitó, de su propio bolsillo, a comernos un menú del día en la cantina del museo:






  1. Entrante: sopa fría de mejillón, con tropezones de mejillón
  2. Primer plato: mejillones con mantequilla o mantequilla con mejillones, a elegir
  3. Segundo plato: mejillones gratinados o rebozados
  4. Postre: flan de mejillones o fruta (macedonia de mejillones con patatas fritas: en Bélgica se les considera fruta por su alto contenido en vitamina E)
El señor von Mosselen, por contra, pidió tortilla de patata. "Soy alérgico a los mejillones", nos confesó todo contrito. 



marzo 13, 2012

Santa Croce in Fossabanda

Esta semana gran parte de mis compañeros –y sin embargo amigos– se encuentran de viajes laborales en distintos puntos de Italia, y yo no he podido acompañarlos. El motivo: las @#&ç% clases.

Soy lo que suele llamarse un culo inquieto. Esta misma mañana le comentaba a uno de los pocos compañeros –y sin embargo amigos– que quedan en Santander que cuando pasa más de un mes que no tengo un viaje fuera del país empiezo a sentirme inquieto, como atrapado. El cambio de aires es necesario para mi cada vez más escasa salud mental. Así que estoy deseando acabar las lecciones y poder ir a una reunión, aunque sea para pegarme con los cretinos de IQ mayor de 160 de siempre.

Pero solamente puedo viajar con la imaginación y la memoria, y es precisamente con ésta que recupero esta historia, que escribí hace tantos años en cierto hotel monástico de la Toscana citerior y que sé de buena tinta que le gusta a Ripley:



SANTA CROCE IN FOSSABANDA

Las cinco de la mañana. Todo es paz en la noche quieta y serena de nuestra pequeña ciudad toscana. El hermano Matteo recorre en solitario, como cada mañana, los pasadizos sombríos y frescos del monasterio de Santa Croce in Fossabanda. Pasa junto a las celdas silenciosas de mis compañeros los monjes, atraviesa con un leve crujir de las maderas del suelo la callada biblioteca y llega a la base de la torre. Como todos los días, comienza a tocar la vieja campana del monasterio, llamando a maitines: ta-clannn, to-clonnn, ta-clannn, to-lonnn. El sonido metálico de la campana se extiende en lentas ondas por el aire, recordando a los monjes que comienza un nuevo día de retiro y de oración, creando ecos en las arcadas del claustro, adentrándose en la vecindad desde la cual, como cada mañana, al punto responde el rumor de las primeras actividades de nuestros amables vecinos: en concreto, las habituales voces gritando "vaffanculo!", "io vi ammazzo, frati di merda!", "ma chè palle!" y otras simpáticas manifestaciones del argot popular.

Gradualmente vamos saliendo de nuestras espartanas celdas. Camino de la capilla nos detenemos un momento en el pilón para lavarnos rápidamente la cara con agua helada. Todos, excepto el hermano Pierfabrizio, que madruga más que el resto porque sus abluciones requieren algo más de tiempo: concretamente, unos tres cuartos de hora repartidos entre exfoliación, mascarilla hidratante, limpieza de cutis y lavado y acondicionamiento del cabello. El suyo es un carisma cristiano bastante especial.

Nos reunimos, los siete monjes y las cuatro gallinas que quedamos en el monasterio, en la pequeña capilla. Allí, frente a la atenta mirada de Pantócrator y bajo la dirección de nuestro Padre Superior, fray Lucrezio, celebramos los maitines. Las gallinas, como de costumbre, están a lo suyo y malogran un poco la solemnidad del momento. Durante el rezo del Padrenuestro, mi mente divaga y mis ojos se clavan en el retrato del fundador de nuestra Orden, don Melanio de Caltanisetta, en proceso de beatificación. Como en tantas otras ocasiones, me pongo a pensar en su apasionante figura.

Don Melanio, ¡santo varón!, estaba llamado a la vida eclesiástica desde muy niño. Al fin y al cabo, era algo que llevaba en la sangre: su padre era a la sazón obispo auxiliar de Palermo y su madre, monja perteneciente a la Orden de las Raulianas Perforatrices. Pese a ello, una vena de rebeldía hizo que de joven Melanio se labrara una prometedora carrera como bailarina de foxtrot en los casinos de la zona. Menos mal que una torcedura de tobillo le hizo apartarse del vicio, ver la luz y dar un giro profesional a su vida. Decidió hacerse Fundador profesional. En efecto, aparte de nuestra Orden (Melanios Calzados No Intervencionistas) fundó otras dos órdenes, ahora extintas: la de los Monjes Benedictinos Asamblearios (que pronto votaron por la autodisolución de la orden y la venta a la Mafia de sus terrenos) y la de los Hermanos Propensos del Sagrado Colirio (formada principalmente por hipocondríacos). Al igual que San Ignacio de Loyola (a quien él cariñosamente llamaba "Nachete"), su visión revolucionaria consistió en añadir a los conocidos votos de pobreza, castidad y obediencia un cuarto voto: en el caso de nuestra Orden, el de no invadir militarmente Birmania.

Mi ensoñación termina con la admonición de fray Lucrezio y me dirijo, en silencio y en compañía de mis hermanos (y gallinas) al refectorio, donde nos espera nuestra frugal colación: un trozo de pan sin sal por cabeza, medio arenque en salmuera, un tazón de leche de las vacas del monasterio y, en el caso del hermano Pierfabrizio, un batido de proteínas con aminoácidos ramificados. Desayunamos sin hablar. Los primeros rayos de sol van entrando por entre las rendijas del ventanuco. Mientras comemos, el hermano Guglielmo, que también hace de bibliotecario, nos va leyendo edificantes pasajes de las "vidas de santos". Hoy toca la de uno de mis santos favoritos, San Teóforo Pirómano, quien alejaba de sí a la tentación mediante un lanzallamas. ¡Santo varón también él!

Empezamos sin más nuestra dura jornada de trabajo. Primero, cada uno limpia y ordena su celda. Después cada uno de los hermanos se dirije a sus quehaceres, en una atmósfera de laboriosidad y recogimiento propia de un monasterio de tanta solera como el nuestro.



El hermano Guglielmo se retira a su pequeña biblioteca, donde se dedica a copiar pacientemente antiguos códices. Su especialidad es el miniado y su dedicación, envidiable. Lo malo es que tiene una vena traviesa que le impulsa a pintarle bigotes a las santas, pero el Padre Superior, en su infinita paciencia, hace la vista gorda, sobre todo porque el resto de los monjes o bien son negados para la pintura, o están aquejados de Parkinson o, como es mi caso, somos prácticamente analfabetos.

El hermano Matteo es el manitas del monasterio. Él se encarga de mantener en buen uso los aperos de labranza de la huerta, de alinear las ruedas del carro, de arreglar los desperfectos del edificio y, lo más importante, de tener siempre los cilicios y las fustas de los hermanos limpios como los chorros del oro. También es el encargado del campanario.

El hermano Pierfabrizio es el miembro más joven de la Orden. Llegó hace unos dos años, en plena noche, y de alguna forma sólo necesitó pasar media hora a solas con el Superior para entrar en nuestra pequeña comunidad. Desde entonces, las reuniones privadas entre ambos monjes no son algo infrecuente. El hermano Pierfabrizio habla poco de su pasado, pero cuando lo hace no entiendo ni torta de lo que dice, no se qué acerca de unas saunas y unas fiestas de espuma. Deduzco que debió ser fontanero. Desde luego, bíceps no le faltan para dicha tarea. Al hermano Pierfabrizio se le permiten varias excentricidades, como la de ser el único que lleva un hábito de Gaultier ajustado y sin mangas en verano, por su estrecha relación con el Padre Superior y también debido a que se ha convertido en una pieza indispensable de la economía del monasterio. Es él quien sabe comprar por internet las piezas de artesanía de cuero made in Taiwan que luego vendemos a los turistas, a quince veces su precio original, como hechas por nosotros.

El hermano Giuseppe es el cocinero de la Orden. Su especialidad: los arenques en salmuera. También cocina otros platos exquisitos, como sardinas en salmuera, anchoas en salmuera y aceitunas en salmuera. En cuanto a los postres, mi favorito son las natillas en salmuera, que le quedan deliciosas, con el toque justo de arenque. Cuando no está cocinando, es habitual encontrar al hermano Giuseppe meditando junto a la alberca del monasterio, que es donde el hermano Pierfabrizio se suele bañar desnudo todas las tardes.

De las gallinas, las vacas y el burro de la orden se ocupa el hermano Bettino. Se trata de un apacible hombretón con una buena mano (la derecha) para los animales y otra mano (generalmente la izquierda) para el hermano Pierfabrizio. La vista del hermano Bettino ya no es lo que era y a veces intenta ordeñar al burro en vez de a las vacas, o viceversa, o más habitualmente al propio hermano Pierfabrizio, pero por el momento no ha habido heridos y dejamos que la situación se mantenga tal como está.

Nuestro Padre Superior, fray Lucrezio, hace también las funciones de Ecónomo y se suele retirar pronto a su celda, desde donde intenta cuadrar las cuentas de la comunidad. Es difícil mantener a flote una comunidad tan pequeña y empobrecida como la nuestra. Con los dineros que sacamos del obispado y con lo que timamos a los turistas apenas da para mantener en pie las viejas paredes del monasterio, por no hablar de las necesidades de materia prima para hacer las salmueras del hermano Giuseppe, el forraje para los animales, la madera para mantener caliente el horno en los crudos días del invierno y la ropa interior de Aussiebum del hermano Pierfabrizio. Debido a estas dificultades económicas, el padre Lucrezio está siempre preocupado, irritable y cariacontecido, excepto después de sus sesiones catecumenales con el hermano Pierfabrizio.

Por último, un servidor se ocupa del pequeño huerto del monasterio. Mis días transcurren en contemplación de la paciente obra de Nuestro Señor en las pequeñas cosas de la Naturaleza: los jacintos de la floresta, los tomates y calabacines del huerto, el ir y venir de las abejas en los meses de verano, ese tipo de cosas. A veces el hermano Pierfabrizio me echa una mano en el huerto y entonces compruebo que no todas las cosas de la Naturaleza son precisamente pequeñas. Otra de mis obligaciones consiste en cuidar del jardincito del claustro, sin duda mi lugar favorito del monasterio. ¡Se respira tanta paz en él! Excepto, claro está, cuando los hermanos Matteo y Bettino se ponen a discutir.



La rivalidad entre los dos hermanos es triste, poco cristiana y viene de antiguo: ya nadie recuerda exactamente cómo empezó todo, aunque probablemente tenga algo que ver con aquella vez en que el hermano Bettino tiró al pozo al hermano Matteo y empezó a arrojar piedras dentro. Sea como fuere, su mutua animadversión es evidente y es motivo de continuas tensiones en nuestra comunidad. Discuten al hacer la colada, riñen en misa, se miran de malos modos y hasta en una ocasión se les descubrió intentando hacerse vudú el uno al otro. Ayer mismo tuvimos un nuevo capítulo de esta rivalidad: como cada tarde, el padre Lucrezio nos encargó retirarnos a nuestras celdas para meditar y hacer luego una redacción (en buena caligrafía, sobre papel reglado en cuaderno del número cinco) sobre el tema de nuestras cavilaciones. Nos reunimos antes de la cena para poner en común nuestros trabajos; el hermano Matteo había escrito sus "meditaciones sobre la Serena Belleza de Dios", mientras que el hermano Bettino manifestó que había meditado acerca de "la Bella Serenidad de Nuestro Creador". Al punto, el hermano Matteo puso el grito en el cielo, acusando al hermano Bettino de espionaje de meditación y llamándole "copión" (sic). La cosa llegó rápidamente a las manos y probablemente alguno de los dos habría salido herido de no ser porque el hermano Pierfabrizio, siempre dispuesto a establecer la paz, se quitó el hábito, se embadurnó de aceite e interpuso su cuerpo entre el de los contendientes. ¡Santo varón!

Y así transcurren nuestros días, en oración y armonía pese a las dificultades, en este nuestro monasterio de Santa Croce in Fossabanda. Y ahora debo dejaros, porque tenemos ensayo en la capilla. Para intentar solucionar nuestra acuciante penuria económica, el hermano Pierfabrizio, que es el que más sabe acerca del siglo, nos ha convencido a todos para que intentemos grabar un disco de canto gregoriano. Vamos a adaptar al latín algunas canciones de una cantante cristiana que él conoce, una tal Kylie Nosequé. Me voy pitando, que llego tarde y si me retraso el hermano Pierfabrizio se enfadará conmigo y no vendrá mañana a echarme mano en la huerta.

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