Mostrando entradas con la etiqueta Thespian. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Thespian. Mostrar todas las entradas

abril 29, 2016

The Book of Mormon

La lobá (consúltese el diccionario Mocho-Español) del viaje fueron dos entradas para ver The Book of Mormon, el musical más irreverente y chalado del West End. Y fue una lobá en toda regla: 97 libras y media por persona, sin contar el vinillo del intermedio. Pero mereció la pena: estuvimos en tercera fila, lo suficientemente cerca como para ver los esputos de los actores pero lo suficientemente lejos como para no ser rociados por ellos, y lo pasamos como enanos.







Curioso tema para un musical, el mormonismo. De todas las religiones absurdas que conozco, la mormona es una de mis favoritas, no solamente por sus orígenes surrealistas sino por lo de los títulos: una religión en la que el rango más bajo posible lleva el nombre de "elder" –anciano– es lo más parecido que existe a mi fantasía de fundar una sociedad secreta en la que nada más entrar ya seas "Gran e Ilustrísimo Maestre de las Siete Llaves del Contabernáculo Celeste con Ribetes Decorativos", y de ahí en adelante.

El tema se aparta del clásico argumento del típico musical (el tenor quiere follarse a la soprano, pero el barítono se interpone). Éste va sobre una parejita de misioneros mormones novatos (elders), uno un poco tontaina y bonachón y el otro un poco tontaina y ambicioso, a los que asignan su primer destino. Es el momento de hacer grandes cosas, de dejar huella en el mundo, de pasar a la posteridad los dos, pero sobre todo uno de los dos.


Ese uno de los dos sueña con que su primer destino sea el lugar más maravilloso y mágico del mundo, la tierra prometida a la que todos desean ir: Orlando

Lógicamente, les destinan a Uganda.

Los dos jóvenes llegan con toda la ilusión de evangelizar y se encuentran con una población que no puede estar menos interesadas en chorradas teológicas, teniendo como tienen que ocuparse de cosas más apremiantes como la tiranía de los señores de la guerra, la miseria, el SIDA, el hambre y las sequías. Cuando los mormones preguntan a los nativos qué relación tienen con Dios, éstos les responden con un tema que nos recuerda al Hakuna Matata de El Rey León: "Hasa diga eebowai". Literamente: "¡que te follen, Dios!" (en el coño).


Enfrentados a una misión imposible y a la pasividad de sus propios compañeros, los muchachos se ven obligados a elegir entre fracasar en su misión o hacer lo que se supone que un mormón nunca debe hacer (aparte de beber café): mentir como un bellaco.

Y esto da una idea del tono general del musical:  lenguaje no apto para menores, señores de la guerra obsesionados con la amenaza de los clítoris, jefes de misión con homosexualidad reprimida (o no tan reprimida), mentiras, metáforas, gente que se folla lagartos y mucha, muchísima mala leche. Eso sí, como ya estáis oyendo el nivel musical no es ni mucho menos el de un West Side Story, ni el de un Los Miserables, ni siquiera el de un Cats. Está más bien en la liga de un Spamalot, y casi igual de divertido.


We are the sunrise on the Savannah...
A monkey with a banana...
A tribal woman who doesn't wear a bra...

Curiosamente, aunque sea satírico The Book of Mormon no es un musical que deje particularmente mal parada a la religión. Solo se mete con los que se escudan en los altos ideales la religión para olvidarse de los problemas reales del mundo. Los propios mormones, que son listos como ellos solos, aprovechan en Estados Unidos para contratar publicidad en el Playbill: "ahora que has visto el musical, ¿qué tal si te lees el Libro?". ¡Tengo la sospecha de que la Iglesia Católica no tendría tanto sentido del humor en su lugar!




enero 26, 2016

Crítica cinematográfica: Star Wars

Creo recordar que fue en el blog de Mocho. Sí, definitivamente fue allí. El tito Mocho, como siempre un gurú en música, tendencias y todo tipo de complementos, fue el primero en anunciarme la llegada de la muy esperada versión porno de Star Wars.



Un frikazo y un marrano como yo no podía dejar de verla. Pero, tal y como están las cosas, no pude hacerlo hasta ayer. Lo hice con una cierta ambivalencia de sentimientos: pagué por ver la película (un dólar, por un acceso temporal de 24 horas) y eso me produce cierta urticaria, no por no piratear (soy muy poco o nada pirata), sino porque no me gusta dar dinero a compañías que producen porno bareback. Cierto es que Men.com solo tiene vídeos con condón, pero su empresa madre MindGeek produce porno a pelo a través de otras filiales. Me quedo más o menos tranquilo porque mi perfil de consumidor sigue siendo fiel a la goma salvavidas, pero no las tengo todas conmigo. Más sobre mi postura ante el bareback, aquí

Bueno, volviendo a lo importante, la película, hay que aclarar una obviedad: no llegué a verla entera. ¿Existirá alguien que se haya visto una porno entera alguna vez?

De la parte que vi, esta es la crítica:

El comienzo, bien, aunque no sé, me da a mí que la música no es de John Williams. Aparecen unas letras en azul que ponen "Star Wars" y luego otras letras amarillas, inclinadas en un ángulo adecuado, que van subiendo narrando una introducción que nos ayuda a ponernos en situación: en una gaylaxia muy, muy lejana, hace mucho tiempo, la República se ve sumida en un tumulto. Los Cancaneadores Imperiales (Imperial cruisers), bajo el mando de Vader, recorren la gaylaxia provocando el caos a su paso. El joven Luke ha perdido a su familia, y vaga por un planeta desierto buscando compañía. Entonces se encuentra con el venerable Obi-Wan, quien le revela un secreto.

El actor que interpreta a Luke está ternasco, muy apetecible, y se nota que se mete mucho en el papel. Igualmente convincente resulta Obi-Wan, interpretado por uno de mis actores más queridos, Jessy Ares. Las canas de pega que le ponen le dan un aire maduro y respetable, pero solo en el pelo de la cabeza. A ambos actores se les ve muy entregados a la causa.




Luke se convierte en el aprendiz favorito de Obi-Wan y ambos deciden plantarle cara, y lo que haga falta, a Vader y sus muchachos. Para lo cual necesitan un piloto, que afortunadamente encuentran en un garito de mala muerte. El piloto se llama Han, como el chino de Gran Hermano, y se ofrece a llevar a los dos caballeros hasta el infinito y más allá, a cambio de un precio. Luke paga con su culo. El actor que hace de Han es bastante feo y tiene unas pelotas colganderas bastante grotescas. Con mucho, lo peor de la película.


Una vez entendidos entre ellos, los tres héroes de la República abordan un crucero del Imperio. Allí el grupo se divide. Han es hecho prisionero por los Cancaneadores y torturado por el propio Vader, ante la atenta mirada de sus hombres. No paree que Han sufra mucho con las sondas anales. Vader, por su parte, tiene una voz muy profunda, amplificada por el casco, lo que hace que sus orgasmos suenen como una vaca siendo degollada.

Luke intenta rescatar a su compañero de fatigas, pero se topa con un grupo de Cancaneadores. Se produce un animado tiroteo, y hay que decir que los efectos especiales de la película dejan bastante que desear (así como los decorados de exteriores). Afortunadamente, Luke ha avanzado mucho en su entrenamiento y logra usar los poderes de la Fuerza sobre sus enemigos, transformando la violencia en amor, mucho amor, que se derrama abundantemente sobre su cara, cuello y pecho.

La verdad es que no sé cómo acaba la película, porque llegados a este punto yo ya no daba más de mí. Cuatro pajas en menos de dos horas es algo que no recordaba yo desde que tenía veinte años, oiga. Y eso que la película es mala de narices, ¿eh? Pero a mi, cuando me tocan la fibra sensible del frikismo...


noviembre 12, 2015

Ocho apellidos segovianos

Tras el bombazo en taquilla de "ocho apellidos vascos", seguido del previsible (e inexplicable) exitazo de "ocho apellidos catalanes", ¡llega la nueva comedia de estereotipos regionales! Se trata de una historia de divertidos enredos, amores complicados y colesterol. Adelantamos una primera versión del argumento de la película, en absoluta primicia para los lectores de Here Be Dragons:




El joven Fuencislo de Frutos Marugán Yagüe Cubero Fuentetaja Matarranz Cañas Borreguero, segoviano de vigesimosexta generación, ha salido de la casa de sus padres a la tierna edad de cuarenta y cinco años para buscar trabajo, como todos los de su quinta, en Madrid. Allí, y a pesar de pequeños defectos físicos y de carácter fruto de la endogamia y la esmerada educación castellana, tales como la cabezonería, el tacañismo, la cejijuntez, la costumbre de hablar a gritos y el mal olor corporal, el mozo acaba conociendo a una chica, a la que seduce usando el adjetivo "maja". El problema es que la chica tiene un grave defecto congénito: es de Ciudad Real.
Jodiobobo, modorro, pajón, que eres más tonto que Abundio –le dice su padre el domingo en que Fuencislo se atreve a contárselo a la familia, en mitad de la comida. Fuencislo vuelve a casa de sus padres todos los fines de semana, al igual que sus hermanos que viven en Toronto y Singapur–. Anda que no habrá chicas majas en Segovia, que tienes que ir a buscártelas fuera.

Esa jodía papona no me gusta –dice su madre, sin conocer de nada a la interfecta–. La Henar sí que era buena para ti.

Madre, si usted no paró de meterse con la Henar todo el tiempo que estuvimos juntos...

Ya, pero ahora está muerta, que Dios la tenga en su gloria, y eso hace que gane muchos puntos. Y acábate las lentejas, que tienen mucho hierro.
A Fuencislo se le añusgan un tanto las lentejas con la retahíla, pero vaya si se las come, por la cuenta que le trae. En un acto de rebeldía sin precedentes en la provincia, decide desafiar no solo a sus padres, sino también a sus hermanos, sus tíos y sus primos hasta el tercer grado para vivir una loca historia de amor prohibido... eso sí, bien lejos de Segovia, y solo de lunes a viernes.
– Cariño, nunca hacemos nada juntos los fines de semana. Siempre te vas a Segovia.

– Anda, pues claro. ¡Nos ha jodío! Mi madre va a hacer asado. 
Fuencislo sigue yendo a casa de sus padres todos los fines de semana. Allí, al calor del hogar, su madre le cubre de torreznos e improperios, poniéndole la cabeza como un bombo.
Mi hijo es de género tonto –dice la señora Chon en la panadería.

El hijo de la Chon es de género tonto –comentan las clientas de la panadería en misa.

El hijo de la Chon es de género tonto –explican las de la parroquia en la peluquería.

El hijo de la Chon es de género tonto –murmuran los de la partida de mus mientras envidan a grande y toman su Dyc con hielo.
La chica de Ciudad Real empieza a estar hasta las narices del asunto y decide poner las cartas sobre la mesa. Tras consultarlo con sus amigas, elabora una estrategia. Baja al sexshop del barrio, se compra unas bragas y unos ligueros de fantasía, un corpiño y unos zapatos de tacón de aguja a juego. Se viste para su hombre y espera, palpitante de seducción, epítome de ardiente feminidad manchega, aljibe de deseos sensuales e inconfesables, a que él llegue del trabajo.
– Cariño: mírame. ¿A que estoy buena?

– ¡Estás más rica que el chorizo de Cantimpalos!

– Pues has de saber que esto se mira, pero no se toca. Todo lo que ves será tuyo dice la moderna Lisístrata, señalándose al organismo– si dejas de hacer caso a la bruja de tu madre. Hasta entonces, te quedas a pan y agua.
 – ¿Bruja? ¡Con lo que ella te quiere!

– Me quiere, pero asesinar. Que sé que me echa matarratas en los judiones cada vez que voy contigo a Segovia. Has de elegir, Fuencislo: o ella, o yo.
Y por tanto, el domingo siguiente Fuencislo se lamenta en casa de sus padres porque vuelve a estar soltero.
– Con lo maja que era esa chica para el tonto en vísperas de mi hijo se confía la Chon a las amigas el día siguiente–. Hay que ver qué mala suerte tiene el chico con las mujeres.
 




agosto 24, 2013

Mujeres que sufren mucho

El argumento es siempre como sigue, con minúsculas variaciones:

Linda (interpretada por Brigitte Schröder) es una mujer aún joven y atractiva, pero triste, que huye de un turbio pasado acompañada por su hija de ocho años, Molly (interpretada por la joven promesa de la interpretación Ute von Kaumpfmann). Recién enviudada tras un trágico accidente en Chicago (escena rodada en Stuttgart), Linda busca la paz en un idílico pueblecito de Wisconsin (planos localizados en las afueras de Bonn), donde una vez, de niña, fue feliz. Pero la antigua casa familiar lleva años abandonada y los lugareños, indiferentes ante quien consideran una forastera después de tantos años, la ignoran en su mayoría. Solamente tres personas rompen las convenciones sociales y se acercan a Linda: Elizabeth (Kerstin Zimmermann), quien fuera su mejor amiga en la escuela de primaria de la profesora Mrs. Wormwood (Antje Müller), y dos lugareños: por un lado el misterioso y apuesto vecino Roger (interpretado por el galán Jörg Wagner) y por el otro el criador de caballos y taquimecanógrafo John (Torsten Wiener).

Las primeras semanas de Linda en el pueblo se desenvuelven con una engañosa tranquilidad. Molly entra en la escuela local, que apenas ha cambiado nada en los últimos treinta años, Elizabeth se muestra amigable y dispuesta a ayudar a su vieja amiga, Roger se deja caer de cuando en cuando en la vieja casa para arreglar alguna tubería rota o algo por el estilo y John, desplegando todos sus viriles encantos, se dedica a cortejar a la recién llegada. Pero Linda se resiste, aún muy afectada por ese misterioso pasado del que viene huyendo.

Pero con el pasar de los meses la reticencia de Linda se va erosionado y, con el llegar de la primavera, ella y John se casan: es una sencilla ceremonia a la que solo asisten los contrayentes, Molly, los amigos íntimos y todo el pueblo, gallinas incluidas. Pero no todo el mundo es feliz: Roger, el misterioso vecino, observa todo con torva expresión desde la balconada de su casa. ¿Estará celoso por la felicidad de Linda junto a John?

Tras una magnífica luna de miel en Barbados (Mallorca) el matrimonio vuelve a casa para iniciar una vida de felicidad y amor conyugal… O eso piensa Linda. Pero gradualmente el antaño atento y sensible John se va comportando de una forma cada vez más violenta y despótica: empieza a criticar el chucrut de su mujer, hace comentarios sarcásticos acerca de la elección de cortinas para la salita, apunta mal de forma deliberada cuando va al baño y, lo peor de todo, descoloca las servilletas cuando se sienta a la mesa. Linda sufre, porque ve cómo su matrimonio se está convirtiendo en la clase de infierno que vivió junto al padre de su hija, el difunto Charles (Wolfgang Schwarz). Linda le abre su corazón a Elizabeth, contándole esos oscuros años al lado de un hombre insensible y poco organizado, pero aunque ésta entiende el dolor pasado de su amiga, se niega a creer que John pueda ser tan ruin como el difunto marido. En realidad, Elisabeth lleva unos meses secretamente enamorada del taquimecanógrafo, a quien idealiza como un hombre perfecto e intachable. 

El drama familiar de Linda se agrava cuando John empieza a meter a escondidas manzanas en la mochila de Molly, para que las coma en el recreo de la escuela. En un momento de gran tensión dramática Linda se enfrenta a John, acusándole de querer convertir a su hija en una vegetariana. John ríe malignamente, diciendo que por fin se ha cumplido su plan, y revela su oscuro secreto: en realidad se trata de su exmarido Charles, a quien todos creen muerto, pero que logró sobrevivir milagrosamente (y gracias a la robustez de la ingeniería alemana) al accidente de coche. Linda no le había reconocido hasta entonces gracias al astuto disfraz de Charles (unas gafas de Groucho Marx con nariz y mostacho postizos), pero ahora que el malvado hombre se ha desvelado, ella se de cuenta de cuán tonta ha sido: en realidad,  todo lo sucedido en los últimos meses ha sido parte de un retorcido plan de Charles para hacerse con el control de la Federación Nacional de Boxeo. 

 

Telefilms2

 

Linda intenta denunciar la situación a las fuerzas vivas del pueblo, pero nadie le cree, y mucho menos Elizabeth, quien se pone claramente de parte de "John" e incluso le invita a una tradicional barbacoa americana a base de codillo y bratwurst. El maligno plan de Charles no tiene fisuras, y Linda sufre en silencio, como si tuviera unas hemorroides del tamaño de ensaimadas, mientras el resto del pueblo jalea y ensalza continuamente las virtudes de "John", a la sazón nombrado capitán del equipo de animadoras. Linda se ve obligada a permanecer en casa, intentando sin éxito hornear un apfelstrüdel sin que se le quemen los bordes, sometida al ostracismo social y a un intenso dolor de juanetes. Pero la gota que colma el vaso ocurre al llegar Charles a casa con un racimo de uvas para la pobre Molly: aun sabiendo que no tiene nada que hacer frente a la superior fuerza física de John/Charles, Linda lucha por su vida y por el sagrado carnivorismo de su hija. Como era fácil de prever, Charles se impone en la batalla, y está a punto de asestarle un golpe mortal a su esposa con un pollo de goma cuando, milagrosamente, es derribado por Roger, quien lo ha estado observando todo desde el inodoro. Roger y Charles pelean a muerte, usando solo sus puños y dientes, hasta que la casa estalla en llamas. Linda observa, aterrorizada, cómo su viejo hogar arde hasta los cimientos, creyendo que ambos hombres han muerto en la explosión. Pero en el antepenúltimo momento Roger consigue escapar de la conflagración de forma inaudita: vestido de conejo. En el penúltimo momento, aparece también Charles, casi muerto, lanzando un último ataque envenenado contra su rival con la primera arma que encuentra a mano. La primera arma que encuentra a mano es una mata de fresas, que por algún motivo (posiblemente exigencias del guión) no consiguen matar a Roger. Entonces Charles finalmente perece y, ahora sí que en el último momento, Linda descubre que en el fondo ha estado todo el tiempo enamorada de Roger, y por lo tanto se casa con Elizabeth, que tiene un dúplex en el centro. Y a partir de ese momento son felices y comen todos como cerdos.

Este es, detalle arriba o detalle abajo, el argumento de cualquier película que pongan en Antena 3 o Tele 5 un sábado después de comer: el osezno y yo llamamos a todos estos telefilms "películas de mujeres que sufren mucho", y a él le encantan. Nada mejor que una Película de Una Mujer que Sufre Mucho para echarse la siesta frente al televisor. 

mayo 30, 2012

Misterio entre bambalinas (XIII)


ESCENA XIII

(El interior de un camerino abandonado en el interior de un ala ruinosa del teatro. Es una habitación polvorienta y llena de telarañas, con un suelo de maderas medio podridas, un armario y un baúl al fondo. Del camerino se abren tres puertas, una al pasillo exterior, otra a una alcoba diminuta (también en escena) con un camastro apolillado y una tercera que, aunque no aparece en la escena, da a un cuarto de baño. Mike (a secas) está a solas, dando vueltas nerviosamente de un lado a otro. Va vestido con una gabardina y unos pantalones raídos, zapatos sucios y tres sujetadores en la cabeza. Alguien llama bruscamente a la puerta. Mike abre con cuidado. Entra el señor Casposa)
Sr. Casposa: Demonios, Mike. Hacía años que no pisaba esta parte del teatro. ¿Por qué me ha hecho venir? Soy un hombre ocupado. ¿No podría haber venido usted a mi oficina, como está mandado?

Mike: Lo siento, señor Casposa. Nadie debe saber que nos hemos visto. Tengo que hacerle dos preguntas, que son estas: ¿sabe usted qué hay escondido debajo del patio de butacas? Y segunda, ¿quiénes son las personas que han desaparecido en las últimas semanas?

Sr. Casposa: Respecto a lo primero, no tengo ni idea de lo que me está hablando, amigo. Bajo el teatro solo hay detritus, fango, piedras y caca: lo mismo que bajo el resto de la ciudad. En cuanto a su segunda pregunta, lo de las desapariciones se ha exagerado. Simplemente dos de los empleados de la compañía dejaron de venir a trabajar sin previo aviso: un tramoyista y el encargado de la carpintería. Es cierto que nadie ha vuelto a saber nadie de ellos, pero yo no lo llamaría una desaparición. La gente hace cosas raras, a veces, especialmente en esta profesión. Contraté sustitutos y la vida siguió adelante.

Mike: ¿Quiénes son los sustitutos?

Sr. Casposa: Y a mí qué me pregunta. De esas cosas se encarga mi secretaria. Hable con ella. Le aviso de una cosa: es tonta. De remate. Pero se le da bien la taquigrafía y se deja meter mano, cosa que no hace mi mujer. 
(De repente se oyen golpes titubeantes en la puerta. Mike maldice y hace callar al señor Casposa)
Mike: Rápido, escóndase. No pueden verle aquí hablando con un sujetador de sujetadores cualquiera. ¡A la alcoba!
(El señor Casposa pasa a la alcoba y se esconde bajo la cama. Mike abre la puerta. Entra Peggy, vestida con un traje negro ajustado que hace que parezca una morcilla)
Peggy: ¡Mike! Tengo una cosa importante que decirte.

Mike: ¿Cómo sabías que estaba aquí?

Peggy: Soy muy amiga de la secretaria del señor Casposa. Oí cómo le daba el recado de de que se encontrara contigo aquí.  Verás, lo que tengo que decirte es que...
(Tocan de nuevo a la puerta. Mike, visiblemente alterado, empuja a Peggy hacia la alcoba haciéndole gestos para que permanezca callada. Peggy obedece, entra en la alcoba y se tumba encima de la cama, hundiendo el colchón. Se oye un quejido ahogado desde abajo. En el camerino, Mike abre la puerta. Entra el Fantasma de la Ópera)
Fantasma: Hola, pollo. Pasaba por aquí y he pensado en enseñarle los últimos arreglos que he hecho para mi futura ópera. Se trata de una apasionada aria en la que Seagal se lamenta por el avance incontenible de su papada, y...

Mike: Muy interesante, señor Cifuentes, sí, pero ahora no es el momento... Por cierto, ¿cómo sabía que me encontraría aquí?

Fantasma: ¡Oiga, un respeto! Que soy el Fantasma de la Ópera: yo lo sé todo, yo lo veo todo.

Mike: Entonces, sabrá decirme quién estuvo rondando por el teatro hace dos noches...

Fantasma: Naturalmente: yo. Es mi trabajo, y lo hago estupendamente. La duda ofende. Hoy está usted de lo más antipático.

Mike: ¡Me refiero a aparte de usted, vieja momia! Sé de buena tinta que un par de intrusos estuvieron husmeando por la zona del patio de butacas buscando algo. Puede que en relación con unos arenques, o unas excavaciones, o ambas cosas a la vez. Sospecho que uno de ellos intentó matarme anoche.

Fantasma: La gente ya no tiene modales. En mis tiempos, antes te arrojaban un guante a la cara, por lo menos. Por cierto, ¿ha dicho intrusos? Eso explicaría lo del aroma... Aquella noche antes de irme a la cama me extrañé por el olor a hembra fértil que flotaba en esa sala. Me chocó: las limpiadoras son todas señoras menopáusicas y huelen peor. ¿De qué se sorprende? Yo estas cosas las noto, ¿usted no?

(De nuevo llaman a la puerta. Mike obliga al Fantasma de la Ópera a esconderse dentro del baúl. Hace su entrada Ramona, también conocida como Scarlett Bustillo)
Mike: ¡Scarlett! ¿Cómo me has encontrado?

Scarlett: Le pregunté al Fantasma de la Ópera. ¡Oh, Mike, estaba preocupada por ti! ¿Dónde coño te has metido? Ayer no viniste a trabajar. Tampoco vino uno de los tramoyistas, el nuevo. Pensé que podría haberos pasado algo malo...

Mike: Nada fuera de lo común: estuve haciendo unas investigaciones, alguien intentó pegarme un tiro, desayuné churros... cosas de detectives, ya se sabe. ¿El tramoyista nuevo, has dicho?

Scarlett: ¡Churros! Me encantan. La próxima vez, invítame...
(Un fuerte aporreo en la puerta interrumpe la conversación. Mike conduce a Scarlett al cuarto de baño y le dice que se esconda tras la cortina de ducha. Luego se dirige a la puerta principal y la abre. Entra una mujer morena, escultural. Viene vestida con un un abrigo que no impide apreciar sus curvas. Lleva la palabra "pecado" escrita en la cara. Al verse reflejada en el espejo, se detiene y se retoca el maquillaje hasta borrar las letras. Aprovecha para retocarse los labios con una barra en la que está dibujada una calavera negra)
Mike: ¿Quién...

Desconocida: ¡No hables, Mike! ¡No rompas este mágico momento! No finjas: sé perfectamente que sabes quién soy. He visto cómo me mirabas cuando nos cruzábamos por los pasillos. Yo también te miraba... con deseo. No hay nada que me ponga más caliente que un hombre con sujetador. Oh, Mike... sé que soy una simple actriz secundaria y tú eres un hombre de mundo. Entiendo que Samantha Whopper es poca mujer para tipo duro como tú, que puede tener a todas las hembras que desee, pero no puedo dejar de pensar en ti. Quiero que tus firmes brazos me rodeen, que tus labios me saboreen, que tus dedos me recorran entera: ¡hazme tuya! (la mujer se desabrocha el abrigo y lo deja caer: debajo está totalmente desnuda).

Mike (retrocediendo): Señorita Whooper, se equivoca...

Samantha: Ambos lo estamos deseando... tócame... ¡bésame!
(Vuelven a tocar a la puerta. Mike suspira aliviado, y hace que Samantha se esconda en el armario. Ésta parece muy contrariada e intenta desesperadamente arrancarle un beso a Mike, mientras éste empuja con fuerza la puerta del armario para que los enormes pechos de la mujer puedan entrar en el reducido espacio. Luego se dirige a abrir la puerta del camerino)
Pizzero: ¿Han encargado una con doble de queso y salchichas?

Fantasma (saliendo del baúl con un teléfono móvil en la mano): he sido yo. Me entró hambre y...
(Vuelven a tocar a la puerta)
Mike: ¡Rápido, vejestorio, vuelva a meterse en el baúl! Y tú, ¡detrás de esa cortina! La pizza se queda conmigo.

(Los dos se esconden mientras Mike pega un mordisco a la pizza y abre la puerta. Entra Tyrone Morecock, vestido con un traje negro)
Morecock: La vida es un vasto erial de ánimas en pena, Mike. Vagamos sin propósito ni guía en un yermo hostil y aterrador. Vengo del funeral de mis amigos. No ha hecho falta incinerarles: venían ya carbonizados. Qué práctico y qué poco glamouroso a la vez. Todos me abandonan envueltos en llamas: primero Véronique, luego mis amigos. Estoy solo en la vida.

Mike: Mi más sentido pésame. No sé qué decir...

Morecock: Hay algo que no entiendo. He estado hablando con el encargado del Bananas, que también ha estado en el entierro, y me ha dicho que estuviste haciendo preguntas sobre mí anoche. Bueno, no me dijo exactamente que fueras tú, pero al referirse a "un tipo calvo horripilante con pinta de batracio grimoso" supe que no podía tratarse de otro. Poco después un tipo disfrazado de Wilfried Knight estuvo preguntando por ti y en cuanto le dijeron por dónde te habías ido salió disparado en tu busca. ¿Qué está sucediendo, Mike? No lo entiendo, probablemente porque soy tonto de nacimiento. Y algo putón. ¿Se trata de eso? ¿Es algún lío de celos? Tengo muy mala memoria: no recuerdo haberme entrometido entre ninguna pareja durante la última semana...

Mike: No, no es eso. Esto no tiene nada que ver contigo.

Morecock: Peor aún. Sonará raro, pero la idea de que una pareja se peleara por mi cuerpo me animaba un poco. Significaba al menos que alguien me quería, y ya no estaría tan solo y triste...

Mike: Filiberto, estás muy afectado. Creo que deberías irte a casa, darte un baño e irte a dormir. Verás cómo mañana todo lo ves mejor.


Morecock: Necesito compañía esta noche, Mike. Aunque sea la de un esperpento subhumano como tú.
(Morecock se va desnudando ante los atónitos ojos de Mike)
Morecock: Mike, abrázame. No te arrepentirás... hazme el amor. Y ya de paso cuéntame qué pasa exactamente. Clávame tu dardo y dime todo lo que sabes... Sobre todo esto último...
(Tyrone acorrala con facilidad a Mike y empieza a achucharlo. Mike finge resistirse durante un rato. Pero cuando la situación empieza a calentarse de veras alguien llama a la puerta una vez más. Mike suspira, indica a Tyrone que se esconda en el armario y abre la puerta. Entran tres coristas sobrealimentadas y con grandes domingas, acompañadas por Madame Giry)
Mme. Giry: Venimos a recoger los sostenes de estas tres muchachas. Los necesitan para la función de esta noche...
(Con el peso de tantas personas en tan poco espacio, el suelo cede. En medio de un gran estruendo y gritos desesperados, todos caen hacia el abismo)
(continuará)

LinkWithin

Blog Widget by LinkWithin

Adoradores