Conocí en el congreso a una chica brasileña que había estado trabajando una temporada en España. Me contó que una vez le habían robado el bolso en Madrid y que cuando fue a la policía a notificarlo, ésta se lo tomó como un asunto de gran gravedad. Más tarde la muchacha encontró tirados en el suelo sus documentos de identidad, pero no el dinero ni las tarjetas. En cuanto se lo dijo a los agentes de comisaría, éstos se quedaron mucho más tranquilos y dieron por cerrado el caso.
- Oiga, pero mi dinero y tarjetas no han aparecido.
- Ni aparecerán. Lo que nos preocupaba es que tuvieran su pasarporte. Lo demás, da igual.
La chica se quedó extrañada y preguntó a santo de qué la desaparición de su pasaporte había causado tanto revuelo. La explicación fue que los pasaportes brasileños tienen mucho valor en el mercado negro, mucho más que los de otros países. ¿Por qué? Porque Brasil es un país de mestizaje desde hace mucho tiempo y nadie desentona allí. Uno puede tener rasgos orientales, llamarse Gustavo y apedillarse Schmidt, siendo brasileño de tercera generación. Por ese motivo cada vez que un agente secreto en una película recibe un juego de pasaportes falsos, siempre hay entre ellos alguno de Brasil.
Esta anécdota viene a cuento porque a la hora de hablar de hombres del país, conviene irse olvidando del mito del brasileño mulato zumbón. Los brasileños vienen en todas las formas, tonalidades y tamaños. La ventaja, como decía antes, es que en ningún lado desentonas. La desventaja, al mismo tiempo, es que a nadie resultas exótico: seas como seas, y con la población que tiene ese país, los brasileños siempre habrán visto a veinte mejores que tú.
El mestizaje, además, produce belleza.
II
Hay tres cosas que me fascinan del clásico "la chica de Ipanema". La primera es de qué forma tan dulce pronuncia Jobim la palabra "sozinho": prueba irrefutable de que el portugués es más difícil de lo que parece, y de que el español es el idioma más fonéticamente sosainas que conozco. La segunda cosa que me fascina es lo escandalosamente pegadiza que es la canción: llevo diez días sin quitármela de la cabeza. Por último, lo tremendamente melancólica y triste que es (por muy tropical que sea), si uno se fija en la letra.
La historia, en versión resumida, es esta: el cantante ve pasar cada día a una muchacha que camina hacia la playa. Ella es hermosa, él siempre la sonríe, y ella ni siquiera le ve. La canción acierta de lleno en mi diana emocional, pues para mí la belleza ajena siempre ha tenido un punto doloroso. No estoy hablando del clásico resentimiento del feo hacia los guapos, sino de algo más profundo. Ves pasar ante tus ojos la belleza, te despierta un sentimiento de adoración, quieres ponerla en un pedestal, y sin embargo sabes que no solamente no podrás tenerla entre tus brazos, sino que además esa belleza es algo efímero, que en poco tiempo desaparecerá. Incluso te da algo de rabia que se desperdicie de esa manera.
Brasil está tan lleno de belleza, humana y también natural, que me entraban ganas de llorar.
Y eso que hubo al menos uno que sí que me vio y me devolvió la sonrisa.
III
Lo malo de viajar con el tiempo justo, a una ciudad pequeña, a finales de verano (de allí) y entre semana es que te pasas casi todo el tiempo trabajando, y cuando sales la mayor parte de los nativos están ocupados en sus cosas. El único día que nos llevaron a la playa, era miércoles y ésta estaba casi vacía.
Los chulazos, como los vampiros, salen al anochecer. Al caer la tarde los chicos salían a correr junto al río, y daba gloria mirar sus cuerpos bronceados (y frecuentemente tatuados, hay que ver qué afición le tienen en Brasil a la aguja) mientras hacían ejercicio. Pero a esas horas y con esa luz, no había quien los fotografiara. Por eso de este viaje no guardo casi ninguna foto de hombres merendables. Se queda lo mejor, me temo, en mi retina...
Me he pasado la noche en vela pensando en un título para esta entrada. Bueno, en realidad ha sido por la acidez de estómago, pero queda más intelectual lo primero. Estas últimas noventa y seis horas han sido tan intensas y tan ricas que un solo título no puede recogerlo todo. Por tanto, esta va a ser una entrada con muchos títulos, como la Duquesa. Y además hay un motivo adicional para llamarla así, como se verá hacia el final.
Resaca en Diferido
En estos días he viajado de Santander a Madrid, de allí a Granada, he asistido a una reunión muy intensa, he dado una charla en ella, he vuelto a ver después de muchos años a algunos amigos que la vida ha colocado geográficamente lejanos, he conocido gente nueva e interesante, he vuelto a Santander vía Madrid, he marchado a Bilbao, de allí a Alicante, de allí a Murcia, he tenido el honor de asistir a la boda del año, he desvirtualizado amigos, he bailado como un poseso, he maltratado mi hígado y he hecho el camino inverso. Hasta anoche me parecía que no era para tanto. Pero hoy me he levantado molido. Me duele todo: la cabeza, la espalda, el estómago, el culo. Pero mi principal dolencia es anímica. Estoy de bajón. Y es que se me ha hecho cortísimo, leñe. Volver a la rutina diaria tras unos días tan alegres y movidos es un poco triste. ¡Pero que me quiten lo bailao!
Falta de lógica
El motivo de tanta kilometrada absurda, arriba y abajo por la Península, es en gran parte burocrático. Desde que entraron en vigor las nuevas normas del Ministerio para desplazamientos de trabajo, es prácticamente obligatorio empezar y terminar un viaje de trabajo en el mismo sitio y en las fechas más ajustadas posibles, aunque eso salga más caro que buscar un trayecto alternativo. España es un país en el que nos pensamos que poner muchas normas es lo mismo que ser organizados. Así nos va. Conozco al menos dos casos en los que esta normativa ha costado a la salud de compañeros míos, a sus proyectos de investigación y en último término al bolsillo de los contribuyentes miles de euros que podrían haberse ahorrado con solo posponer un viaje de vuelta uno o dos días. En fin. Un día de estos hablaré largo y tendido, soltando todo el vitriolo que llevo dentro, de la tiranía de los chupatintas, pero no hoy.
Caminando por Granada, creo que por la calle Elvira o por ahí, observé una placa muy llamativa: "Asociación Andaluza de Restaurantes Gastronómicos". Mi pregunta es: ¿existen los restaurantes (andaluces) no gastronómicos? ¿Qué pondrán en sus cartas, zapatos? ¿Tendrán su propia asociación andaluza?
En una de mis paradas aeroportuarias me entró el capricho de sentarme en un Starbucks y pedir uno de esos imposibles cafés con nombres tipo "strawberry caramel macchiato frappé with cinnamon swirls and aromatic organic cocoa drops", que sirven para que echando unas gotas de sirope el café de toda la vida cueste cinco euros más. Qué se le va a hacer, a veces uno cae en estos timos. Lo bueno del Starbucks es que los intolerantes podemos pedir nuestro café con leche de soja o leche sin lactosa. Así se lo pedí al camarero, un chulángano con nivel de follabilidad 9.5 en la escala de Sufur. El chulángano me hizo religiosamente el café con leche sin lactosa... y acto seguido procedió a cubrirlo todo bajo abundantes capas denata montada. Para haberlo estrangulado. Pero claro, luego el cabrón me lo sirvió con una sonrisa y guiñándome un ojo, y no fui capaz de protestar más que con un "hi hi hi" de colegiala histérica. Putas hormonas...
Un mundo de imanes y milagros
En ningún momento me he planteado el blog como una forma de hacer amigos. Me gusta que me lean y me comenten, pero sobre todo es una válvula de escape y un divertimento. No tengo una gran fe en la capacidad de la tecnología para facilitar la amistad. Por ese motivo suelo rechazar las ofertas para participar en "kedadas" (odiosa palabra) de bloggers.
Y sin embargo, en franca contradicción con el párrafo anterior, hay algo muy especial en este tipo de relación cibernética. Es algo va más allá del mero "el roce hace el cariño". Van pasando los meses y te vuelves asiduo de aquellos blogs cuyos escritores te cautivan por su inteligencia, su sentido del humor, su ironía, su forma de escribir.Empiezas a conocer un poco a personas a las que al principio solo identificas por nicks ridículos y avatares absurdos. Se convierten en parte de tu día a día. Y así, casi sin quererlo, empiezas a quererlos.
Pasan los años y por goteo empiezas a conocer en persona ("desvirtualizar") a algunos de ellos. Les pones rostro y nombre. A veces el contacto directo rompe la magia y ahí se acaba el acercamiento. Otras veces se confirma la buena impresión inicial y nace una relación real. Gracias al blog he conocido a figuras como Gaysinley, cuyo blog ya no existe, el osazo intelectual Hm (que para mi alegría también estuvo en la boda de la que voy a hablar a continuación), el escritor de éxito Pasaelmocho o el dulce y suculento periodista Nils: personas que enriquecen mi vida aunque nos veamos de pascuas a ramos.
El caso de Shepperdsen y el Sr. Skyzos es doblemente especial. Conocí sus blogs de forma independiente y luego me enteré de que formaban pareja en la vida real. Una noche de noviembre nos conocimos en Madrid los cuatro (ellos dos, el osezno y un servidor) y hubo química al instante. Nació una amistad a cuatro bandas, a pesar de la distancia, fundamentada una buena cantidad de experiencias comunes, grandes dosis de frikismo (en el caso del Sr. Skyzos y el mío), un trasfondo profesional similar (el de Shepperdsen y el osezno), gustos parecidos (tanto al osezno como a mí nos encantan por igual Shepperdsen y el Sr. Skyzos, je je) y, vaya, que son buena, pero que muy buena, gente los dos. Les queremos.
Por eso fue un honor que nos invitaran a su boda, y un placer acudir a ella. Vivimos en un mundo de milagros cotidianos: de teléfonos móviles, realidad aumentada y reactores que atraviesan mil kilómetros en cuarenta minutos: con un poco de dinero y buena planificación, ya no hay distancias. ¡Cómo nos lo íbamos a perder!
No pongo foto de los novios para preservar su intimidad. Pero estaban guapos a rabiar.
Viva San Frutos (Pajarero)
El Sr. Skyzos y Shepperdsen, con gran devoción católica y pensando únicamente en mi honor de segoviano, tuvieron la amabilidad de celebrar San Frutos, patrón de Segovia, organizando su boda el 25 de octubre, día en que se celebra la sego-fiesta. San Frutos, ermitaño, santo, hermano de santos y quién sabe si padre de santos, fue un ascético varón que ya cuatrocientos años antes que San Francisco de Asís tomó la costumbre de hablar con los pájaros del campo. Siendo segoviano, imagino que después de hablar con ellos, se los comería.
Más desvirtualizaciones
Pudimos por fin conocer al alma creadora del desaparecido, pero no olvidado, Planeta Murciano, y actual mente maestra de Atroz con Leche. Y ya iba siendo hora. MM es un personaje que resiste todo intento de definición, por lo que lo mejor que puedo hacer es reproducir su propia introducción en el Atroz:
Venida de otro Planeta, el Murciano más concretamente, llevo más años
dando castigo por esas interneses de Dios que en el cuarto oscuro de la
Metropol, que ya es dicir. Absurda y cantamañanas, no tengo ni idea de
na pero hablaré de to como si fuera experta cum laude.
Soy la escritora de guardia y traeré las noticias frescas y en tira cual
papel higiénico pa limpiarse el culo. Además puntualmente, escribiré
sobre otros temas muy interesantes según las amebas.
Tengo que reconocer que yo iba nervioso, intimidado, al encuentro. El señor MM no es un blogger más. Es EL BLOGGER: centro y motor de todo un sistema planetario de cultura paralela, escritor deslumbrante, crítico apasionado, polifacético, referente, creador de un lenguaje personal propio e inconfundible, que lo mismo te habla de pollas o de farándula que te da una lección de humanidad doliente que te deja conmovido y hecho un trapo. Yo, como decía, iba asustado a la boda, temiéndome ir a quemarme como una polilla cuando se acerca a una luz demasiado intensa.
Me imaginaba su aspecto de otra forma, no sé por qué: tenía en mente algún tipo de oso huertano y barbudo de piel morena. Pero no: es un tiazo alto, de aspecto nórdico y ojos azules como brocas con punta de diamante. El osazo despampanante es su novio. Tras mis primeros momentos de nervios, estuve estupendamente con los dos. ¡Menudas risas!
La Marimesa
Éramos todo hombres en la mesa número 14: la mesa Noa Noa. ¡Y qué hombres! ¿Es que los novios no tienen amigos feos? Yo me los habría tirado a todos. En palabras de MM, aquella mesa olía a cuarto oscuro, a poppers y a glory hole. Y yo me pregunto, ¿a qué huele un agujero? Mi propuesta fue rebautizar la mesa como "Mesa Bukkake".
El tener una mesa solo masculina causaba pequeños problemas protocolarios a la camarera. Esa costumbre tan hispana de empezar a servir por la dama de mayor edad o rango social allí no se aplicaba. Esto llevó a despistes y pequeños momentos de incomodidad, como cuando parecía que no iba a llegar el sorbete que me faltaba. Al final todo se solucionó y no llegó la sangre al río. Yo, por el sorbete, mato.
The Croquette Report
Pero llegamos a la parte que todos estabais esperando: el informe de croquetas. Ya lo dijo Elvira Lindo: lo que nos hermana a todos los españoles, desactivando todo nacionalismo, son las croquetas. Una boda española sin croquetas es algo inconcebible (del mismo modo que una boda segoviana sin algún tipo de cachorro asado es algo imposible de considerar). Y da la casualidad de que yo, en mis ratos libres, soy reportero de croquetas. Ya me tocó hacer ese duro pero satisfactorio trabajo en la boda de Robin, y no iba a hacer menos aquí.
Por poco no lo cuento. Lo de las croquetas, digo. Estuve a punto de perdérmelas por culpa del jamón. Vaya jamones. Dos esforzados camareros se partieron la espalda cortando a cuchillo dos estupendos jamones de Guijuelo. Yo estuve unos valiosos minutos haciendo cola para conseguir un plato de la porcina delicia para mi corro de corbatas, y cuando volví las croquetas habían desaparecido, devoradas con unas ansias dignas de una manada de lobos famélicos. Menos mal que uno de los novios se apiadó de mi y le pidió a la camarera que me sacara unas pocas. Mi veredicto: sobresalientes. Se notaba el ligero picor que noto en la parte posterior de mi paladar cuando el jamón es ibérico. Pequeñas, bien formadas, crujientes, nada aceitosas. ¡Larga vida a la croqueta!
Momento "Duchess of Alba"
El alcohol, fuente y a la vez solución de todos los problemas del mundo en palabras de Homero (Simpson), es un poderoso crecepelo, y si cabe alguna duda al respecto sólo hay que mirar la siguiente imagen:
Vaya napias que tengo. Nunca me había fijado
Murcia, qué hermosa eres, pijo
No tuvimos mucho tiempo para turismo, la verdad. Lo bueno de celebrar una boda por la mañana es que es mucho más llevadero para el organismo de las personas de avanzada edad, como yo, pero lo malo es que no deja mucho tiempo para apreciar el barroco. Lo poco que vi de Murcia me sorprendió muy agradablemente. Ya esperaba bastante gracias a los fotos y textos llenos de amor patrio del Planeta Murciano, pero verla en persona, y con este tiempo primaveral típico de finales de octubre en la era del Antropoceno, supera todas las expectativas. Dejo que las fotos hablen por sí solas añadiendo, eso sí, que soy de los que opinan que la nueva fachada de Moneo sí encaja bien, haciendo un buen contrapunto, frente a las puertas de la Catedral.
Pajas aeroportuarias
Alicante no sé si será o no "la millor terreta del món", como dicen ellos, pero desde luego sorprendente lo es un rato. En una de las boutiques del aeropuerto tenían como producto estrella esto:
Para aquellos ignorantes incultos y embrutecidos que no sepan lo que es un huevo Tenga, este aséptico dibujo puede ayudar a ilustrar su funcionamiento:
En el anterior dibujo, basta sustituir el elegante cilindro central por una buena polla tiesa para entender exactamente cual es la finalidad del invento. Yo soy un gran fan de los huevos Tenga, que proporcionan unos momentos la mar de entretenidos a la par que agradables, y los usaría mucho si tuviera dinero para poder permitírmelos. Lo que no es habitual es verlos fuera de mis sexshops favoritas, lo cual es una pena. Ojalá todos los aeropuertos del mundo sigan el ejemplo del de Alicante, lo cual ayudaría a contener la epidemia de ladillas que parece extenderse desde ciertos cuartos de baño de algunas terminales que todos conocemos...
Puntualidad germánica
Hay que decir que, para haber tomado doce medios de transporte distintos en pocos días, todo salió a la perfección, como un reloj. Las mayores esperas fueron las de la cola del control de seguridad del aeropuerto, y porque la gente es idiota. No, señora, su bote de laca del tamaño de un obús no puede pasar a la zona de embarque, por muy digna que usted se ponga y a pesar de que el pobre encargado de seguridad "no sepa con quién está hablando". Esta vez, por desgracia, no me cacheó ningún segurata buenorro. Todo lo demás -aviones, autobuses, coches, tranvías, carromatos, zepelines- funcionó como la seda. Al final va a ser verdad lo que me dijo una vez mi suegro: "va a resultar que sí que éramos un país muy rico, si después de que hayan robado tanto aún nos queda todo lo que tenemos..."
Y gracias a ese perfectamente engrasado mecanismo de emisiones de carbono y otros contaminantes, esta noche he podido caer semicomatoso en mi propia cama. ¡Viva el progreso!
Mayonesa, mi musa, anda de vacaciones estos días; ya no agita su poderosa batidora de varillas sobre mi noble testuz, transmitiendo en ondas aceitosas su mágica inspiración, y por lo tanto no se me ocurre qué escribir en ninguno de los blogs. Ya lo sé: es un descanso y un placer para mis lectores involuntarios, pero a mí me deja un poco insatisfecho, lo mismo que a Rajoy las relaciones sexuales con su mujer (y viceversa).
Había pensado en una entrada sobre cine, en la que iba a hablar de esta moda tan incómoda de hacer películas de todos los videojuegos (y videojuegos de todas las películas). Iba a contar noticias jugosas sobre el rodaje en West Hollywood de "Tetris: la Película", con Milla Jovovich en el papel de pieza roja en forma de L y Eddie Murphy como pieza larga verde, pero luego me acusan de hacer spoiler, así que mejor me callo. Lo único que puedo decir es que será una película con clasificación para adultos, dado que va a haber mucho acoplamiento explícito.
Tenía también en mente comentar como cada año los nuevos coleccionables por fascículos de la temporada, que este año ni siquiera han tenido la decencia de esperar a septiembre para empezar a plagar los kioskos. Una de las estrellas de esta temporada es la colección de "cascos de Star Wars", que ha dejado a la sombra otras igualmente apasionantes como "polainas de películas de James Ivory" o "peluquines de Antonio Resines". Pero está ya todo muy visto y francamente, Escarlata, me importa un bledo.
Se me pasó por la cabeza hacer una entrada calenturienta acerca del inminente Campeonato Mundial de Vela, que este año se celebrará en Santander, y de cómo la ciudad se llenará de suculentos marineros, pero visto que a estas alturas aún no se ha acabado ni una sola de las obras que estaban programadas para la inauguración, casi mejor me callo.
Del mismo modo, mi entrada anual acerca de cómo fracaso en mi Operación Bikini anual se ha quedado en agua de borrajas por ser tan absolutamente obvia que sobra por completo.
Y tenía otras pocas entradas más a medio cocer en el cráneo, pero todas se me han borrado al quedarme hipnotizado por este par de nalgas pertenecientes a un tal Bryan Hawn, a.k.a. Culo Perfecto:
Lo han logrado: no me gusta hacer publicidad, pero mira por cuanto voy a acabar haciéndola...
Esta es la sutilísima publicidad futbolera que, con motivo del Mundial (que sigue existiendo, por lo visto), ha lanzado una conocida marca de mari-ropa interior:
Si todos los partidos de júrgol fueran (o fuesen) así, yo no me perdía uno...
Llevaba sin ir al cine con mis padres un tiempecito: creo que la última vez fue para el estreno de "El último cuplé", si la memoria no me falla. Mi padre se encuentra en un estado anímico bastante particular: acaba de jubilarse y, tras recibir su primera pensión en la cuenta, tiene la novedosa y fugaz sensación de que la vida no es una mierda pinchada en un palo. No creo que le dure mucho. Pero entre tanto, mi Santa Madre y yo estamos aprovechando la racha y el sábado, sin ir más lejos, conseguimos llevarle a ver una película... ¡y encima española!
Nos gustó. A los tres. Algo totalmente inaudito. Hombre, bien es cierto que mi progenitor no pudo abstenerse de hacer algunos comentarios políticos en contra del cine español y sus maléficos actores y directores (recordemos que mi padre opina que Intereconomía es un canal para progres y rojazos de mierda), pero tampoco se le puede pedir peras al olmo.
La película en cuestión, "ocho apellidos vascos", es por todos conocida y no voy a hacerle más publicidad, que para eso está toda la mercadotecnia de Mediaset. Me reí, pasé un buen rato y... me enamoré perdidadmente.
Reconozco que no conocía a Dani Rovira de antes: no soy seguidor del Club de la Comedia, por falta de tiempo más que otra cosa. Fue verlo y sentir un flechazo instantáneo. Qué se le va a hacer: siento debilidad por los chicos narizotas y un ligero estrabismo. Un feo-guapo, como diría el osezno. Yo diría más bien: adorable.
Pero es que además de mono, está buenorro. No en vano el muchacho estudió Educación Física. Los guionistas han tenido la amabilidad de sacarle un buen rato descamisado, y poco me ha faltó para atragantarme en un mar de babas.
Al parecer actúa también en una serie de televisión, haciendo de becario bonachón. He estado mirando la página web de la serie y me debato en un mar de dudas: es cierto que sale él, pero la serie parece ser un truñaco de solemnidad.
Creo que mis hormonas no llegan a tanto. Me conformaré con ver sus monólogos en YouTube, y al menos me echaré unas risas a su salud. ¡Ay qué rico!
Antes de nada, tengo que pedir disculpas anticipadas a mis gurús operísticos, los señores Eleuterio y Pasaelmocho, por la cantidad de tonterías que puede que diga a continuación. Yo de canto sé tanto como un yogur caducado sabe de macroeconomía: para mí, cantar es una de esas cosas que algunas personas hacen en la ducha, como mear o meneársela, normalmente bien lejos de mí. Para un servidor, una octava es cada una de las ocho porciones en las que se divide la pizza a la hora de repartirla y tesitura es una circunstancia en la que se halla uno. Digo esto para dejar bien claro que a) soy un ignorante como la copa de un pino y b) la culpa de casi todo lo que viene a continuación la tiene la wikipedia.
Dicho esto, me meto manos a la obra afirmando que dos de las voces más extraordinarias, ricas y frikis del siglo XX fueron las de Yma Sumac e Ivan Rebroff. Yma Sumac es algo así como la diva oficial de este blog, una vieja gloria de la moda exótica de los años 50 que se vio envuelta en una descacharrante leyenda tan excesiva y ridícula que impidió que se la tomara todo lo en serio que su voz hubiera merecido. Dicha voz sostiene, hasta donde yo sé, el récord en grabación de número de octavas emitidas por un solo humano. Además, por lo visto era capaz de cantar con una especie de "doble voz" bastante desconcertante. El siguiente vídeo es un ejemplo perfecto de ambas caras de su carrera: la extraordinaria riqueza de su voz, digna rival por si misma de un estudio de grabación de efectos especiales sonoros, y lo estrafalario de su imagen pública:
El otro ejemplo de voz sorprendente y vida estrambótica lo tenemos en el menos conocido Ivan Rebroff: un alemán que se fingía ruso para tener éxito en Grecia, donde vivía, y que grabó numerosos álbumes de ópera de ínfima calidad a pesar de no tener formación operística (en realidad era un cantante folk con obsesión por aparentar). Pese a todo, su voz abarcaba desde el bajo profundo a la coloratura de soprano. Este otro vídeo muestra todo el recorrido, especialmente al final de la grabación que es cuando estallan los fuegos artificiales:
¿Y por qué hablo hoy de todo esto, con la que está a punto de caer en Siria? Pues precisamente por eso, claro está.
Existe un noble oficio sin el cual nuestra Civilización no sería como es ahora y al que, sin embargo, apenas sí dedicamos un triste pensamiento muy de cuando en cuando. Yo mismo, pese a ser un hombre sensible y preclaro, llevaba años sin reparar en ello hasta ayer por la noche, momento en el que por circunstancias ajenas a mi volición -y que espero que no se repitan- tuve una serie de visiones que involucraban este ilustre mester.
Estoy hablando, por si quedaba alguna duda, de la elaboración de vídeos para karaokes.
Se trata de una rama aparentemente minusvalorada del Séptimo Arte, a la que sin embargo aspiran los directores e intérpretes más consagrados. Ayer, mientras deleitaba mis retinas con esas cúspides de lo audivisual al tiempo que mis amigos berreaban sus versiones de standards tan nuestros como "Échame una mano Prima" o "La Magia del Amor", pude visualizar cómo podría ser la grabación de una de esas perlas del vídeo casero.
Pongamos por caso el hit "Dos hombres y un Destino", inmortalizado por dos gigantes de la interpretación patria como son David Bustamante y un tal Álex a quien nadie recuerda:
El rodaje del vídeo para karaoke fue rodado en los prestigiosos estudios de la Warner del Bajo Ampurdán y dirigido por el cineasta, caballero del Imperio Británico y coleccionista de tapones de lejía sir Ridley Scott. Para las escenas de exterior se eligieron los imperiales jardines que rodean el Museo del Corcho de Palafrugell, ubicación a la que se desplazaron al efecto los mejores equipamientos de fotografía, videocámaras de alta resolución, iluminación, sonido y minibar disponibles en la casa del cuñado del productor del vídeo, un tal Emiliano Casquete. El rodaje en sí fue precedido por un riguroso cásting en el cual centenares de candidatos y candidatas fueron cribados hasta ser elegidos, tras un duro proceso, los protagonistas del vídeo: la dama de las fiestas del pueblo del año anterior, que a la sazón era hija del dueño del bar, y un precioso perrito cruce entre pekinés y chihuahua que respondía al nombre de Napoleón III, "Bicho" para los amigos.
La canción narra el enconado enfrentamiento entre dos hombres, los mejores amigos posibles, que se ven rivalizando por el amor de una misma mujer: de las inspiradas estrofas del poema apenas se intuye, si ahondamos en las múltiples capas de significación que el autor quiso imprimir en su obra, que al final la mujer gana unas oposiciones a peluquera oficial de Luis Bárcenas y acaba muriendo por intoxicación de gomina, pero esto no es importante a corto plazo el planteamiento del tema musical.
Para reflejar adecuadamente las complejidades emocionales y existencialistas de la canción, sir Scott instruye a la actriz para que pasee lánguidamente entre los aligustres del jardín, paseando al perro. La hermosa chica viste faldón de lino, zapatos de tacón de aguja, collares de bisutería que harían morir de vergüenza ajena a Mr. T. y un escote que enseña hasta la rabadilla. Del maquillaje se encarga doña Adelaida Pallarols, antigua participante de la Movida que nunca se ha recuperado de su adicción a esnifar pegamento, mientras que el peinado de la actriz ha corrido a cargo de la Berta, una chica del pueblo que lleva siete años estudiando primero de peluquería con un curso de CCC.
Mientras suenan los inspirados compases de la canción, la joven promesa del cine, futura ganadora de innumerables premios Goya y de varios cupones-regalo del supermercado Eroski, retoza por el jardín mientras el perro se huele el culo a sí mismo. Para dar a la escena un adecuado halo de misterio, sir Scott ha instruído al cámara para que coloque un calcetín de ejecutivo sobre el objetivo de la lente: esto provoca que la imagen se vea difuminada y evanescente, a la vez que se consigue un inquietante efecto nocturno sólo ligeramente malogrado por los 'tomates' del calcetín y un inefable olor a queso emmental que se expande por el área de rodaje a pesar de la vigorosa brisa marina.
La tensión entre los dos hombres que luchan por un mismo destino -básicamente, follarse a la chica y luego no mandarle ni un triste whatsapp al día siguiente- se refleja metafóricamente en el videoclip cuando la lozana muchacha duda entre si refrescarse lamiendo a cámara lenta un Calippo de melón o relajar sus cansados músculos sentándose a horcajadas sobre un bolardo vertical. La duda y la zozobra se reflejan a través de interminables primeros planos de la cara de la chica, que intenta mover sus facciones para transmitir su agonía interior (sin ningún éxito, sobre todo debido a que las gruesas capas de engrudo que constituyen su maquillaje han solidificado y adquirido la consistencia de una coraza antitanque). "¡Corten!", grita sir Scott, sólo que lo hace en inglés. Enfadadísimo, el director reprende a la chica diciéndole que su personaje no es creíble: que tiene que mirar a la cámara proyectando de forma unívoca el tipo de angustia que sufre una mujer entre los veinte y los veintitrés años cuando empieza a experimentar el drama vital que es retener líquidos, pero que en su lugar sólo consigue parecer que sufre aerofagia ocasional producida por cenas demasiado copiosas. La actriz, ofendida, abandona el área de rodaje diciendo que ella es una estrella, que ha participado en numerosas ferias de ganado, y que no tiene por qué soportar los insultos de un directorucho venido a menos, sobre todo teniendo en cuenta que ella no ha aprendido jamás una sola palabra de inglés.
Por un momento parece que la inversión de cuarenta y siete euros -un 80% de ellos cedidos generosamente por instituciones de patronazgo cultural como son la Generalitat de Catalunya y los Supermercados Paqui- que se ha hecho en el vídeo va a caer en saco roto, hasta que finalmente el genial Ridley Scott salva la jornada disfrazandose el mismo de moza con una peluca comprada en los chinos, y haciendo que el perro sonría misteriosamente al final del vídeo. Total, nadie notará nunca la diferencia. Y así fue como se rodó el popular vídeo. Todo esto, a su vez, se ve reflejado con mayor detalle en el telefilm de cuatro horas de duración "Cómo se Hizo el vídeo para karaoke de Dos Hombres y Un Destino", dirigido por James Cameron y con comentarios de Robert de Niro, Meryl Streep y Sandra Bullock en el papel de Meg Ryan.
Uno de los nombres más desafortunados, a mi entender, de la historia de la Física es el de la Teoría de la Relatividad. Como los seres humanos somos muy dados a apropiarnos de palabras sin entender antes bien qué significan, a lo largo de los últimos años se ha extendido una costumbre muy desagradable que consiste en colar lapidariamente en cualquier discusión la frase "como dijo Einstein, todo es relativo", para defender la solemne majadería de que todas las opiniones son igualmente buenas y que todo depende del color del cristal con que se mira, dotándola al mismo tiempo de una suerte de respetabilidad científica.
Estoy convencido de que Einstein se revolvería en su tumba si supiera que su nombre está siendo usado tan a menudo para defender el relativismo pseudo intelectual del "todo vale". Porque la Teoría de la Relatividad busca todo lo contrario: formular las leyes de la Física de forma que tengan validez para todo los observadores, independientemente de en qué estado se encuentren.
En la vida cotidiana las observaciones aparecen relativas al observador. Nos encontramos dentro del tren cuando éste empieza a moverse suavemente y por un momento tenemos la ilusión de que nosotros estamos quietos y que son los andenes los que se mueven retrocediendo. Si me pongo a correr con velocidad v dentro del tren que se mueve a velocidad V, un espectador que se encuenta quieto en el andén me ve pasar con velocidad v+V. Estamos acostumbrados a esta relatividad y la incorporamos de forma natural a nuestra forma de pensar sin darle más vueltas.
Sin embargo, esta intuición falla. Si estoy en el mismo tren que se mueve con velocidad V y disparo un rayo de luz hacia delante que tiene velocidad c, el observador que está quieto en el andén no ve un rayo de luz con velocidad V+c, sino con velocidad c. Esto es así porque la velocidad c de la luz es una constante fundamental de la Naturaleza. Si la velocidad de la luz fuera distinta para mi y para el observador en el andén eso significaría que las leyes de la Naturaleza son distintas dependiendo de si voy en tren o no, y eso convertiría en una locura cualquier pretensión de universalidad de la Física.
No: la Relatividad lo que hace precisamente es reinterpretar el movimiento relativo, de forma que la Física es la misma para el observador dentro del tren, el que está en el andén y para cualquier otro. La primera consecuencia es que el cambio de coordenadas que tenemos que hacer entre un observador y otro debe afectar no solo a las posiciones que miden cada uno de ellos, sino también a cómo miden el tiempo: éste deja de ser un tic-tac idéntico para todos y se integra en un espacio-tiempo cuyas coordenadas concretas se transforman según el estado del movimiento del observador siguiendo unas ciertas reglas de simetría: en otras palabras, el pasajero del tren y el pasajero del andén miden el tiempo de forma distinta. Sus relojes no marchan al mismo ritmo. El observador del andén vería el reloj del pasajero del tren avanzar más despacio que el suyo y, lo que puede parecer raro al principio, al revés ocurriría exactamente lo mismo.
Ahora los observadores no se ponen de acuerdo en la hora a la que ha ocurrido un determinado suceso, y ni siquiera en si dos sucesos dados son simultáneos entre sí o no, pero a cambio ambos comparten un mismo conjunto de leyes físicas (incluyendo la velocidad de la luz) y pueden ponerse de acuerdo acerca de conceptos fundamentales como la causalidad (qué causas producen qué efectos).
Einstein va más allá. Pensemos ahora en un ascensor rápido como los que hay en ciertos rascacielos. Cuando subimos hacia arriba experimentamos una fuerte aceleración que nos hace sentirnos más pesados; cuando empieza a bajar por unos instantes nos sentimos ligeros y notamos un cosquilleo en el vientre por la falta de peso. Si alguien cortara el cable del ascensor, durante un breve tiempo estaríamos en caída libre y nos sentiríamos ingrávidos. Del mismo modo, si estuviéramos en un ascensor herméticamente cerrado y sin ventanas que ascendiera por el espacio exterior con una aceleración constante adecuada, experimentaríamos una sensación de peso análoga a la que tenemos en la superficie de la Tierra y, dado que no podemos mirar afuera, no tendríamos manera de saber si el ascensor está efectivamente viajando por el espacio o cómodamente situado sobre una roca a nivel del mar. Esta equivalencia le llevó a Einstein a postular que el efecto de la gravedad podía ser descrito puramente como el de un cambio de coordenadas entre un observador que está acelerado y otro que está en reposo.
Bajo esa intuición, uno siempre puede encontrar el cambio de coordenadas que convierte las observaciones de un observador sometido a la gravedad en las de uno que está cayendo libremente, y por lo tanto formular leyes físicas para el observador que cae libremente y convertirlas mediante la transformación de coordenadas mencionada al sistema de referencia del observador sometido al campo gravitatorio.
En cristiano: las leyes de la Física se pueden formular de forma universal de forma que ignoran la gravedad (y luego utilizarlas de modo que predigan las observaciones que hará alguien sometido al campo gravitatorio). En otras palabras, la gravedad no es una fuerza como tal. Es solo una ilusión provocada por estar en un sistema de referencia "malo".
Ya, pensaréis: la gravedad será todo lo ficticia que quieras, pero si me caigo desde un quinto piso me mato igual.
Exacto: si te caes desde un quinto piso, durante tu caída estarás en el sistema de referencia "bueno" en el que no notarás la gravedad. Te moverás sin fuerzas que te opriman durante tu breve caída hasta que te topes con el suelo, que está sujeto al sistema de referencia "malo" (que no se mueve libremente). Y será el suelo el que te mate, no la fuerza de la gravedad... que no existe.
Lo que existen son transformaciones de coordenadas en el espacio-tiempo, y estas transformaciones son unas u otras dependiendo del campo gravitatorio. Es decir: la geometría de la transformación viene dada por las masas vecinas. O, como se dice popularmente: el espacio-tiempo se curva debido a la presencia de masas. La gravedad, fuerza inexistente, es la manifestación de la curvatura de espacio-tiempo provocada por las masas vecinas.
Pero en el fondo, y eso es lo importante, sabemos formular leyes físicas de validez universal que, tranformadas a través de esos cambios de coordenadas, conservan su sentido y su efectividad (son covariantes bajo las transformaciones del grupo de simetría que relacionan unas coordenadas con otras).
Eso hace que aparezcan unos efectos nuevos que inicialmente parecen muy raros. Por ejemplo, los relojes marchan más lentos en la vecindad de un cuerpo masivo (como por ejemplo la Tierra) que en el espacio profundo. Otro ejemplo es el corrimiento al rojo gravitatorio de la luz: si yo te mando una señal con una linterna desde la Tierra hacia el espacio, verás el haz de mi linterna más rojizo que yo. Si tú me respondes desde allá arriba, veré el haz de tu linterna más azulado que tú. También explica por qué pueden existir objetos como los agujeros negros, de los que ni la luz escapa, o por qué uno puede usar la gravedad como si fuera una lupa gigante para ver galaxias tan lejanas que de otra forma no serían detectables ni por el más potente de los telescopios. Pero al margen de lo antiintuitivos que nos puedan parecer estos fenómenos, lo realmente importante es que hemos alcanzado la "absolutidad": con esta teoría, ahora podemos extender un mismo conjunto de leyes físicas a cualquier observador, independientemente de sus estados relativos de velocidad y aceleración.
Todo esto pueden parecer pajas mentales y especulaciones que solo satisfacen a teóricos y frikis como yo, pero ha sido rigurosamente comprobado mediante experimentos y además tiene una influencia drástica en nuestra vida cotidiana.
Debido a que los relojes marchan más despacio cuanto más dentro del pozo gravitatorio de un planeta estén, los relojes atómicos que hay en la Tierra y los que hay a bordo de los satélites de navegación GPS sufren un desajuste promedio de unos 35 microsegundos al día. Eso parece una birria, pero dada la velocidad a la que se mueven las señales del GPS con las que se triangula nuestra posición, ese pequeñísimo error, si no se corrige adecuadamente, implicaría que, tras solo un día de vuelo de los satélites, ¡el GPS daría nuestra posición con un error de casi diez kilómetros! No podríamos usarlo para conducir ni para navegar; al cabo de pocos días el GPS sólo podría decirnos con cierta precisión en qué continente estamos... nada útil, en definitiva.
Así que si alguna vez alguien os pregunta para qué sirve la Relatividad, aparte de para que gente como yo pueda largarse un rollo como este de vez en cuando, respondedle que si no fuera porque alguien ha estudiado estas cosas no podríais usar Grindr para saber que el chulazo de tus sueños está a menos de 90 metros de ti.